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Sábado, 24 de agosto de 2019
Historia de un monumento: 1°parte

Antes del MIR: El próspero complejo industrial de la UP en Panguipulli

Manuel Salazar Salvo

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Complejo Forestal y Maderero Panguipulli durante a la Unidad Popular. Foto: Villa Grimaldi.
Complejo Forestal y Maderero Panguipulli durante a la Unidad Popular. Foto: Villa Grimaldi.

Con la declaración de monumentos históricos del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, Retén de Carabineros de Neltume y el Campamento 83 del MIR -y la posterior polémica levantada por la UDI, partido que criticó la medida ejecutada por el Ministerio de la Cultura- INTERFERENCIA recoge en una saga de tres partes la historia de la zona, que en 1981 fue foco guerrillero.

En la precordillera de la actual Región de los Ríos, en lo que era la provincia de Valdivia, se ubica una gigantesca superficie de bosques calculada en cerca de un millón de hectáreas, poblada de maderas nativas finas como raulí, ulmo, alerce, coihue, tepa, laurel, maitén y canelo, entre otras. Allí la explotación maderera se inició a comienzos del siglo XX, luego de concluida la denominada Pacificación de la Araucanía, a cargo del coronel Cornelio Saavedra. Muchas comunidades mapuches fueron desplazadas hacia la cordillera y sus integrantes debieron buscar trabajo en las ciudades de la costa o emigraron hacia Argentina.

En 1900 Panguipulli ya tenía ferrocarril. La empresa Camino Lacoste y la Cía. Ganadera San Martín se apropiaron de grandes extensiones de terreno y empezaron a sacar las maderas en barcazas, a través de los lagos Panguipulli y Riñihue. También se transportaron los troncos en colosos tirados por tractores y en camiones que viajaban por caminos muy riesgosos. Desde Panguipulli a Lanco se construyó, además, una red ferroviaria de 50 kilómetros, exclusiva para el transporte de la madera.

Las condiciones de trabajo eran deplorables. Los obreros forestales no recibían salarios; a cambio de su labor les entregaban vales o fichas que eran cambiados por alimentos y provisiones en las pulperías que mantenían los mismos dueños de los predios y de las faenas. Cada cierto número de años hubo huelgas y tomas que fueron violentamente reprimidas por fuerzas policiales y militares.

La primera toma que se realizó fue la de Carranco, uno de los fundos que visitó el ministro del Interior de la Unidad Popular, José Tohá, en su segundo viaje destinado a investigar las denuncias de la Democracia Cristiana sobre la posible existencia de focos guerrilleros en esa región. En el fundo Carranco trabajaban alrededor de 70 obreros. Era la cuarta vez que había sido tomado. En la lucha de hoy aún participan compañeros que estuvieron peleando en esos tiempos. Estos trabajadores tienen una tradición de combatividad. Sus casas fueron quemadas muchas veces, y se les llevaba amarrados hasta Villarrica, a la cárcel.

El 23 de noviembre de 1970, poco después de que el Congreso Pleno refrendara el triunfo en las urnas de Salvador Allende, los trabajadores del fundo Carranco ocuparon el predio y dieron inicio a una escalada de tomas que solo concluyó tras la ocupación de 24 fundos, cuyos tamaños oscilaban entre las ocho mil y las 36 mil hectáreas. Los obreros exigieron que esos fundos fueran expropiados, petición que el gobierno de la Unidad Popular aceptó, iniciándose los trámites de traspaso en 21 fundos.

De todos ellos, sólo uno tenía su posesión conforme a derecho. En marzo de 1971 llegó a la zona el ingeniero forestal Rodrigo Undurraga Cruzat, quien asumió como interventor de los predios y el 17 de octubre de 1971 se constituyó formalmente el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, dependiente de la Corfo.

Los fundos expropiados se dividieron en cinco áreas. En la cordillera, al norte de Panguipulli, se situó el sector número uno, integrado por los predios Trafún (más de 22 mil hectáreas, o has), Paimún (4.130 has.) y Carranco (28 mil has). En el sector número dos se integraron los predios de Pirehueico (16.886 has.), Neltume (8.403  has.), Pilmaiquén (58.831 has.) y Huilo Huilo (60 mil has.). En el sector tres quedaron los fundos de la ribera del lago Panguipulli: Releco, Puñir, Toledo y Paillahuinte. En el sector cuatro se ubicaron los fundos de Quechumalal, Chan Chan, Enco y Mae. Finalmente, al sur de la zona, se emplazaron los fundos Arquilhue (36.562 has.), Maihue (14.074 has.), Carrán, Huinahue (420 has.), Rupumeika (3.000 has.) y Tralún Sur (12.500 has.).

Todos estos predios dieron forma a la empresa Complejo Forestal y Maderero Panguipulli Limitada, con el 95 % de la propiedad en manos de Corfo y el 5 % en la estatal Maderera Pilpilco.

El complejo tenía 3.600 trabajadores y la administración central se encontraba en las oficinas de Huilo Huilo. Bajo el director ejecutivo que era el ingeniero forestal Rodrigo Undurraga, titulado en la Universidad Austral, seguía el Consejo de Administración, formado por cinco personas: dos consejeros de gobierno y tres consejeros elegidos por los trabajadores.

El transporte terrestre estaba compuesto por una flota de camiones de variadas marcas y jeeps de origen rumano. En la estiba lacustre había vapores, barcazas y una lancha rápida para las urgencias. Por aire, prestaba servicios un avión privado que trabajaba para el complejo en caso de urgencias extremas.

Las comunicaciones funcionaban con radiotransmisores, semejantes a los usados por carabineros en aquellos años. Con ellos se mantenía contacto con los predios y con las oficinas del Complejo en Panguipulli, Valdivia, Concepción y Santiago. También, un ingeniero estaba instalando una red interna de teléfono inalámbrico para toda la empresa, desde Choshuenco a Panguipulli.

Los requerimientos energéticos de las faenas, la producción y los servicios eran satisfechos por pequeñas plantas de energía eléctrica instaladas en caídas de agua, además de grupos electrógenos y locomóviles.

Toda la infraestructura que montó Corfo sirvió para producir en cada temporada unas 60 mil pulgadas de madera por predio; es decir, más de un millón de pulgadas en todo el Complejo. Pero, no sólo se producía madera; también la agricultura era muy importante. En el año 1972, sólo en el predio de Arquilhue, se cosecharon ocho mil quintales de trigo y nueve mil de avena. Había, además, producción de leche, de miel y crianza de ganado vacuno.

En pocos meses el Complejo empezó a elevar rápidamente el nivel de vida de los trabajadores madereros y agrícolas. Los habitantes de la zona, alejada de los centros urbanos, conocieron las radios, el tren, nuevos alimentos y víveres, mejores casas y consultorios de salud. Cada uno de los 18 predios tuvo su propia escuela, donde en horario vespertino los trabajadores y sus familias concurrían a terminar sus estudios básicos y a aprender oficios diversos. Cada cierto tiempo llegaba personal de Chilefilms a proyectarles noticieros, documentales y películas.

Al hacer el balance del primer año de funcionamiento del Complejo, Lautaro Hodges Soto, gobernador del Departamento de Panguipulli, en su memoria anual, período 1970- 1971, escribió:

“Durante el año el Complejo ha ido afiatando su organización, administración y formas internas de trabajo. Esto ha permitido que se haya seguido produciendo, en base a elementos con que contaba cada predio al momento de expropiarse [...] En este año la marcha general del Complejo se estaba afinando y sus diversas actividades entraban a canales normales de tranquilidad en lo sindical y laboral. En lo laboral se duplicó la cantidad de obreros, dando trabajo estable a cerca de mil cesantes, por la desocupación o disminución de las faenas de los mismos fundos expropiados. De esos nuevos trabajadores había un buen porcentaje de indígenas de comunidades adyacentes, a las que de paso se les restituyó tierras usurpadas por los particulares, propietarios de los fundos que hoy ocupa el complejo”.

Lautaro Hodges agregó: “Al finalizar el año 1971 se hizo volteo de árboles por cinco millones de pulgadas y se construyeron una infinidad de caminos para el madereo. Se exportaron miles de pulgadas de maderas a Argentina y Cuba”, y aseguró que “lo producido en pulgadas dentro del primer año, en ningún caso fue inferior a lo que cada fundo producía separadamente antes de la formación del Complejo”.

En sus Memorias del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, Segundo Benavente Flandez, contó: “Toda la belleza de la región, con lagos como el Pirehueico, Panguipulli, Pullinque, Calafquén, Pellaifa, Neltume, Riñihue, Maihue y las cascadas del Huilo Huilo, mostraba la armonía del bienestar social, formando un paisaje de gente feliz. Por esa razón, los compañeros salieron a defender sus logros con todo lo que tenían. El miedo de revivir un pasado de explotación y humillaciones, se hizo presente el 11 de septiembre de 1973”.

DESPUÉS DEL 11: EL PROYECTO DE CONTINUIDAD DE UN CORONEL

El desarrollo del Complejo se interrumpió violentamente con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. En la represión hubo tres momentos culminantes: la ejecución de los prisioneros de Neltume en Valdivia; la masacre de 17 campesinos en las termas de Chihuío y el asesinato sobre el río Toltén, a la entrada de Villarrica, de otros 15 prisioneros. 

A fines de ese mes la dictadura designó al coronel delegado René López García para realizar una evaluación del Complejo. El objeto era reunir antecedentes para fundamentar una política económica en su manejo. El informe titulado Breve Síntesis del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli Ltda. (Cofomap) está fechado en Valdivia el día 8 de enero de 1974 y afirma que había una estructura orgánica operable, que la producción para 1973 era la programada y que aumentaría rápidamente si se contara con medios mecánicos y transporte adecuados.

El informe del coronel López García matiza que el programa agropecuario del Complejo consistía en “producir los alimentos para la población del Complejo, asegurar la alimentación y manejo adecuado para la masa ganadera de la empresa y aumentarla, participar en la medida de su desarrollo y potencial productor de los programas productivos a nivel nacional, ampliar la superficie utilizada de aptitud agropecuaria en la zona a objeto a aumentar el recurso en la región. Con el logro de estos fines se pretende en lo inmediato: generar trabajo, evitar dependencia en algunos alimentos ya sea de consumo humano o animal, generar ingresos, solucionar en parle la estacionalidad ocupacional en la labor de montaña”.

En lo relativo a las metas futuras del Complejo, el coronel designado describe la existencia de planes de manejo, proyectos industriales de mediano y largo plazo y programas de construcción de infraestructura que permitirían habilitar nuevos caminos matrices, plantas de energía eléctrica e instalaciones de salud y comunicaciones.

López García releva que el Complejo apoyará a la industria y a la economía regional, además de abastecerla de materias primas y de diversos productos terminados como casas, muebles y otros. También recalca que existían proyectos industriales con Finlandia y Japón. Con el primero: inversión en el sector social y politécnico, inversión de planta de tableros y terciados. La empresa japonesa Marubeni realizaba un estudio de factibilidad para una planta de celulosa.

En el área del turismo el Cofomap se aprontaba a iniciar un proyecto para aprovechar racionalmente la pesca, caza, esquí y camping. Con la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel) y Compañía de Teléfonos de Valdivia se había emprendido un plan de comunicaciones.

El coronel René López García, luego de conocer y evaluar el funcionamiento del Cofomap, enumera los fundamentos que justificaban la continuidad de la empresa como un todo en manos del Estado. Destaca razones de orden económico, técnico y social. En suma, entrega todos los antecedentes que hacían no solo viable su existencia, sino que, además, sería un gran aporte para el desarrollo del país.

La evaluación del coronel Rene López García concluye que:

1.- El complejo Forestal y Maderero Panguipulli, fuente de riquezas de recursos renovables, debe continuar en manos del Estado, por las posibilidades económicas y sociales que representa para el país y consecuencialmente para la región.

2.- El Estado es la única entidad que garantiza y permite responsablemente las mejores condiciones y posibilidades en su manejo científico y racional, para que esta riqueza sea permanente.

3.- Se hace especial hincapié en estas conclusiones que las perspectivas de nuevas industrias o inversiones afines no pueden cambiar en lo inmediato la política de Unidad Económica en manos del Estado. 

La dictadura de Augusto Pinochet no respetó la evaluación técnica, altamente positiva que hizo del Cofomapel el coronel René López García. Muy por el contrario. Los fundos que constituían una de las mayores unidades productivas del país fueron transferidos a la Conaf, instancia que pasó a depender de Corfo. Bajo esa figura legal el 95% de las tierras quedaron en manos de la Corfo y el 5% restante a cargo de la Sacor, Sociedad Agrícola, filial de Corfo, creada en 1964. Todo bajo el control de Julio Ponce Lerou, el yerno de Pinochet.

Con la nueva administración, el Cofomap, registró una pérdida tributaria de 1.200 millones de pesos anuales y se empezaron a licitar las tierras y los bienes que eran patrimonio del Estado. De los múltiples remates, ventas directas y licitaciones no hay registros conocidos, solo algunos escasos antecedentes recopilados en el Informe de la Comisión Investigadora encargada de analizar presuntas irregularidades en las privatizaciones de empresas del Estado ocurridas con anterioridad al año 1990, creada por la Cámara de Diputados el 4 de agosto de 2004 y cuya redacción final fue evacuada el 18 de octubre de 2005. Algunos abogados e investigadores han acusado directamente a Ponce Lerou de iniciar su enriquecimiento a partir de la administración del Cofomap. Nadie, sin embargo, ha podido comprobarlo.

Información tomada del libro Todo sobre Julio Ponce Lerou; Uqbar Editores; 2015

Mañana, segunda parte 

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Hay muchas otras fuentes, para obtener buena información de esa zona, en realidad el MIR estuvo presente desde temprano en el complejo, les pongo uno de los tantos artículos sobre el sujeto, a ver si el autor de la nota se despabila y consulta otras fuentes y no un sólo libro, que parece parcial. Neltume en la memoria José Liendo, el comandante Pepe, llamó por teléfono al juez de Panguipulli Juan Guzmán. “Le comunico juez que vamos a ocupar otro fundo pero, como siempre, todo será pacífico”, le dijo. Recibida la información el magistrado habló con Carabineros y partió aperado a caballo bajo la lluvia con un piquete, a encontrarse con los hombres de Liendo en el lugar señalado. Ambos bandos permanecieron unas horas mirándose frente a frente, casi sin palabras, y sin acciones de fuerza. Luego el juez y el piquete se retiraron. El joven juez Guzmán sabía que no era posible impedir la nueva ocupación, a no ser con el inicio de una verdadera guerra en el área. El Complejo Maderero y Forestal Panguipulli había crecido ese día en otras decenas de miles de hectáreas. Corrían los meses de 1972 en los alrededores de Neltume, en la precordillera de la X Región, 170 kilómetros de Valdivia al este. seguir leyendo: https://sergiomedinaviveros.blogspot.com/2018/05/neltume-en-la-memoria.html

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