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Lunes, 21 de septiembre de 2020
81% de los nuevos casos son de la capital

Así enfrenta Santiago el brote crítico de Covid-19 luego del fracaso de la política de ‘retorno seguro’

Andrés Almeida
Maximiliano Alarcón G.
Camilo Solís

El gobierno -junto con ampliar las cuarentenas a Cerrillos, Quilicura, Recoleta y Santiago- empezó a culpabilizar a la ciudadanía por el fracaso de su estrategia de realizar cuarentenas selectivas, según la información epidemiológica de cada comuna. Más allá de eso, la Región Metropolitana tiene algunos de sus servicios de salud cerca de copar su capacidad de atención de camas UCI y a su personal clínico con señales importantes de desgaste.

Si hay alguna comuna del país a la cual el gobierno ha prestado bastante atención durante las últimas horas es Maipú. Sin embargo, la comuna no presenta información epidemiológica particularmente preocupante, ni tampoco sus recintos hospitalarios han dado noticia. De hecho -en medio de la incorporación de nuevas comunas de Santiago a la cuarentena- Maipú no está incluida.

De hecho, Maipú -la segunda comuna más grande de Chile- presenta 64 casos con una tasa de incidencia del 11% cada 100.000 habitantes, por debajo del mismo indicador de la Región Metropolitana (21%). 

La razón de la figuración de Maipú en la voz gubernamental es porque ahí durante la noche del sábado aconteció una fiesta de 400 personas, la cual contravino varias disposiciones gubernamentales.

“La situación está empeorando y la gente no está cumpliendo con las normas. Esta pérdida de respeto a las medidas y a este enemigo portentoso se puede traducir en sólo una cosa: aumento de los casos y en unas semanas más, aumento de las hospitalizaciones”, dijo Mañalich a propósito del caso de la fiesta maipucina en su reporte de datos epidemiológicos del 3 de mayo.

En tanto, horas después, la ministra vocera Karla Rubilar twitteó: “No lograremos ganar la batalla contra el Covid-19 si, como anoche, más de 400 personas que se creen invencibles, en pleno toque de queda, van a fiesta clandestina poniendo en riesgo su salud y la de los demás ¿Qué más tiene que pasar para entender que esto no es un juego?”

Un hecho que viene como anillo al dedo a la idea del gobierno de responsabilizar a la ciudadanía por el aumento explosivo de nuevos casos de Covid-19, los que ya superan los 1.000 diarios, y cuyo principal brote es el Gran Santiago, concentrando el 81% de los nuevos casos. 
 

El fracaso de retorno seguro

Sin embargo, no son los fiesteros de Maipú los principales responsables del aumento del Covid-19, ni tampoco quienes van a Meiggs, como también acusó Mañalich en su conferencia de prensa de ayer 3 de mayo, ni son los transeúntes que fueron a la reapertura del Apumanque en Las Condes, y ni siquiera lo es el alcalde Joaquín Lavín, quien lo promovió para retractarse al día siguiente.

El responsable de este aumento de casos en Santiago es la autoridad sanitaria, Jaime Mañalich y su plan de retorno seguro a una nueva normalidad, con el que buscó conciliar las necesidades sanitarias con las económicas; a fin de evitar que las cuarentenas empobrezcan al país al punto en que estas conlleven en sí grandes nuevos problemas sanitarios.

Una política que desde el principio una y otra vez entregó mensajes contradictorios, en los que se combinó dosis importantes de triunfalismo contra la pandemia, y medidas restrictivas cambiantes y difíciles de seguir, los que tuvieron el efecto lógico de crear una sensación de control y seguridad, que a la luz de los nuevos datos, eran falsos.

Desde el primer caso de Covid-19 detectado en Chile, el pasado 3 de marzo, las medidas de salud pública impulsadas por el gobierno de Sebastián Piñera han sido cuestionadas por distintos actores políticos, técnicos y la ciudadanía. Esto tanto por los datos dudosos en los reportes entregados por La Moneda como por las acciones para prevenir los contagios.

Recién el 26 de marzo el ejecutivo implementó cuarentenas totales en las comunas más afectadas de la Región Metropolitana: Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes, Providencia, Santiago, Ñuñoa e Independencia. Pero antes de que el gobierno incluso anunciara esta medida, los empresarios venían presionando por evitarla, argumentando el impacto que esta tendría en la economía.

Hasta que llegó el lunes 13 de abril La Moneda ya había decretado levantar el confinamiento en Independencia, Lo Barnechea, Vitacura y Providencia, mientras que en Ñuñoa y Santiago Centro se mantuvo de manera parcial en el sector norte de estas dos comunas.

De a poco el gobierno impulsaba en sus políticas el fin del aislamiento social en pro de la economía. El domingo 19 de abril Sebastián Piñera mostró datos de nuevos contagios que llevaban al triunfalismo y a concluir que la curva de contagios estaba siendo aplanada. Pocos días después, el pasado 24 de abril, el presidente anunció el Plan Retorno Seguro, una iniciativa del gobierno que venía a forzar el regreso a la rutina habitual de los chilenos, esto bajo el concepto acuñado por La Moneda de la nueva normalidad.

Esta medida consideró que trabajadores del servicio público –excepto los grupos de riesgo– y el sector privado volvieran a sus funciones, además del retorno a clases de los estudiantes. Todo esto matizado con medidas sanitarias tales como la sanitización, el distanciamiento social y el uso de mascarillas.

Dentro de esto, una de las medidas más polémicas fue la implementación del Carnet Covid-19, el cual está destinado a las personas que contrajeron el coronavirus y cumplieron su período de cuarentena. Esto causó controversia puesto que hasta el día de hoy no existe certeza de que las personas que contrajeron el virus sean inmunes a este posteriormente.

Con todas estas decisiones, el discurso en pro de la economía por sobre de la incertidumbre que provoca esta enfermedad se fue endureciendo en la voz del presidente Piñera. El pasado 1° de marzo, para la conmemoración del Día del Trabajador, el mandatario expresó:

“Tenemos que poner en marcha nuestra sociedad porque si todos nos quedamos acuarentenados en nuestras casas vamos a tener una crisis social de desempleo, de quiebra, que va a producir un daño gigantesco a la calidad de vida y por eso retorno es volver a retomar nuestras actividades y seguro es hacerlo con una prioridad y preocupación principal en la salud”, dijo.

Esto, en instancias en las que hay evidencia en Estados Unidos que sugiere que reabrir estados eleva el riesgo de que el coronavirus surja en otros estados, tal como reportó Stat, un sitio de información médica estadounidense que ha cobrado relevancia durante esta pandemia. 

Sin embargo, el principal error de ‘Retorno Seguro’ fue creer a pies juntillas en la información del Minsal, desoyendo las voces críticas que señalaban que con el nivel de testeo de Chile no era posible aplicar planes quirúrgicos de aperturas, cierres y reaperturas de cuarentenas locales. Si bien es cierto que Chile es el país latinoamericano que más test PCR aplica por cada millón de habitantes, también es cierto que lo hace en niveles mucho más bajos que países que han adoptado estrategias intensivas en el conocimiento del comportamiento del virus, como Alemania, con una diferencia de 8.000 y 25.000 entre ambos países.

Mañalich justificó el alza de casos aduciendo que se están tomando más exámenes, lo que es evidente y está en la base de las críticas al gobierno cuando creyó e hizo creer a los chilenos que se aplastó la curva, cuando lo que estaba pasando era que no había manera de describir dicha curva con los test PCR disponibles, tal como advirtió tempranamente INTERFERENCIA.

El problema sería que el ministro insista en su papel de aprendiz de brujo, sin tener la información básica para seguir abriendo y cerrando comunas, al toque de su varita mágica.

Así está la red de salud metropolitana para resistir el brote

Al menos para el sector público -y tomando la información recogida por el consultor en infraestructura hospitalaria, Sergio Teke, a partir de datos del Minsal y de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi), con fecha al 3 de mayo- Santiago enfrenta un brote por Covid-19 con una tasa de ocupación de camas de unidad de cuidados intensivos (UCI) del 75%.

Una cifra que llama a una relativa calma, considerando que la tasa ideal de ocupación -en tiempos normales- es de 80%, por lo que se observan ciertas holguras, las que se traducen en 191 camas UCI disponibles.

Sin embargo, el dato es alto en relación a la situación general del país, cuya tasa de ocupación de camas UCI es de 67%, y ya hay antecedentes de centros asistenciales que han vivido momentos de máxima ocupación de esta infraestructura hospitalaria, como pasó con el Hospital del Salvador el pasado miércoles 29 de abril.

También es relevante el análisis de la información según cada servicio de salud metropolitano, pues ahí se observan diferencias importantes.

Por ejemplo, mientras que los servicios Norte y Oriente, tienen tasas de ocupación de menos del 70%, todos los demás tienen tasas por sobre los 80%: Central (88%), Occidente (83%), Sur (85%) y Suroriente (91%).

Según Teke, quien fue jefe de la división de presupuesto e inversiones en el Minsal durante el primer gobierno de Michelle Bachelet y Consultor BID para el Minsal en el segundo período, "los establecimientos más afectados podrían llegar a ser aquellos de referencia de los servicios de salud antes mencionados, que al día de hoy superan el 83% de ocupación de camas UCI, tales como la ex Posta Central y el Hospital San Borja Arriarán [Servicio de Salud Metropolitano Central], el Hospital Barros Luco [Sur] y Sótero de Río [Suroriente]".

Sin embargo, esto no es lo que más preocupa a Teke, pues de algún modo, si alguno de los hospitales llega a su máxima ocupación puede derivar al paciente extra que le llegue a otro centro asistencial de la misma ciudad. 

En cambio, a Teke sí le genera mayor preocupación lo que está ocurriendo con el personal de atención, "el cual está enfrentando un fuerte estrés, cansancio, con muchos ya enfermos o en cuarentena y con bajos niveles de protección en muchos casos”. Según el experto, esto puede derivar en que en algún momento "no tengamos capacidad de atención por falta de profesionales capacitados en ventilación mecánica específicamente”.

“Con los  674 ventiladores disponibles que declara el Minsal, debería tener un ‘batallón’ de 2.584 profesionales y técnicos disponibles a moverse”, dice conforme un cálculo que él mismo realizó a propósito de la estructura de turnos de médicos, enfermeras, auxiliares, paramédicos y kinesiólogos en camas críticas.

Habla el personal clínico

Estas preocupaciones de Teke las comparte buena parte del personal de las redes asistenciales. INTERFERENCIA se comunicó con fuentes al interior de diversos hospitales de la Región Metropolitana para conocer el estado de esos servicios de salud, y principalmente de sus urgencias. 

Desde el Hospital San José, ubicado en la comuna de Independencia en el norte de Santiago, una funcionaria señaló que los casos de Covid-19 han aumentado, pero que no aún de manera alarmante. Sin embargo, uno de los hechos relacionados con el Covid-19 que más preocupación generó en ese hospital fue el cierre de un servicio entero. “Hubo que cerrar el Servicio de Urología completo porque llegó un paciente que nadie sabía que era positivo para Covid-19. Se trataba de un reo. Debido a eso los 30 funcionarios que trabajan ahí tuvieron que irse de cuarentena”, dijo esa funcionaria. 

Al cierre de esta edición el San José cuenta con 38 funcionarios positivos y más de 140 en cuarentena. “Además, hay una doctora que por largo tiempo ha estado en estado grave, incluso entubada”. señaló esta fuente. 

INTERFERENCIA informó algo relacionado a esto, cuando publicamos que la plana directiva de ese hospital había quedado en cuarentena por un caso positivo en la Urgencia de ese hospital.

Nuestro medio también se comunicó con funcionarios del Hospital San Juan de Dios, de la comuna de Quinta Normal. Allí se nos mencionó que se ha observado un aumento sostenido en el número de pacientes con Covid-19 pero que tampoco en una magnitud que haga pensar en un colapso inminente. Un funcionario de ese hospital nos mencionó que el número de camas con ventilación mecánica es del orden de 30, pero que se han reconvertido algunas dando un total de 50. De esa forma el número de camas con ventilación mecánica libres en este momento es de entre 10 y 15 camas. 

En el Hospital de Urgencia Asistencia Pública -conocido comúnmente como la ex Posta Central- se da otra situación. Una fuente en el interior de este hospital dice que “la Posta Central siempre trabaja a tope, casi nunca hay demasiadas camas para pacientes críticos que estén disponibles, así que no observamos que estemos más cerca del colapso que en otras oportunidades”. 

De la misma forma este funcionario piensa que la situación cambiará. “Se complica todo con el aumento masivo de los casos este fin de semana. Esto hace pensar que va a haber un cambio proporcional importante del número de pacientes graves. Ahí vamos a ver si la capacidad ventilatoria de la Región Metropolitana es suficiente”. 

El hospital más grande de Santiago es el Hospital Sótero del Río, entregándole atención a un gran número de personas en la comuna de Puente Alto y todo el sector sur oriente de la capital. Nos comunicamos con funcionarios de ese hospital, y también nos señalaron que trabajan de manera habitual muy cerca del colapso. Sin embargo, señalan que los casos Covid-19 han aumentado y han significado complicaciones adicionales al ritmo habitual de este centro asistencial. Principalmente en lo relacionado a funcionarios contagiados.

Desde ese hospital se nos informó que hay un número de al menos 49 funcionarios con Covid-19 positivo y 181 con cuarentena preventiva. “Es complicado que nuestros compañeros vayan cayendo en cuarentena. Esto deja cojo el servicio, porque los turnos quedan con menos gente, y ahí sí que se sobrecarga el trabajo y la atención”. 

En todos estos hospitales se nos señaló que en las semanas anteriores ha habido pocos pacientes en urgencia que no fueran Covid-19, debido a que la gente prefería no asistir a los centros de atención para evitar contagios. Las fuentes consultadas señalan que esto se ha ido reactivando, ya sea por la gravedad de las enfermedades como por el llamado a la ‘nueva normalidad’. 

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