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Miércoles, 28 de octubre de 2020
Macri y Fernández miden fuerzas

¿Capitalismo financiero o popular? El debate económico que marca las primarias argentinas

Pedro P. Ramírez Hernández

El domingo 11 de agosto en Argentina se celebrarán elecciones primarias legislativas y presidenciales. Tanto en el oficialismo como en la oposición no existen rivales internos, por tanto la elección es considerada como una pulseada antes de la primera vuelta presidencial de octubre. Es también la oportunidad de Macri de acortar la brecha que lo separa en las encuestas de la dupla Fernández, que es favorita.

"Si uno mira los balances de las empresas, si una mira su desarrollo económico, cuando más dinero ganaron, cuando más crecieron, fue en el marco de los gobiernos que podríamos llamar populares. En donde hay consumo, en donde -bueno- hay capitalismo", declaró hace poco la ex mandataria y candidata a la vicepresidenta por el Frente de Todos, Cristina Fernández de Kirchner. 

A 15 días de las próximas primarias legislativas y presidenciales, la agenda electoral de Argentina comienza a correr contra el cronómetro y entrar en su recta final. De esta forma, la dupla Alberto Fernández y Cristina Férnandez -favoritos conforme a las encuestas- y el presidente en ejercicio y candidato, Mauricio Macri, sacan filo a sus argumentos y comienzan a confrontar sus propuestas de cara a las elecciones más polarizadas desde la que siguió al corralito financiero que azotó a los argentinos en 2001.

La elección es polarizada -primero- porque el kirchnerismo -derrotado por el propio Macri en 2015- ha crecido hasta sobrepasar la opción del presidente argentino, que aspira a la reelección.

Esto, pues el país está pasando por una crisis económica y firmó recientemente un rescate financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que despertó varios de los fantasmas de la época del mencionado corralito. También, porque las políticas de Macri -al intentar incentivar al sector financiero y productivo- terminó disminuyendo drásticamente el gasto fiscal y la protección de la industria nacional, poniendo en contra rápidamente a gran parte del campo popular y a los obreros de la manufactura nacional -las bases del kirchnerismo- quienes como contrapartida no han visto llegar ni la inversión, ni el empleo.

Así, al igual que en el resto de la región, en medio de un escenario de deslegitimación de la política en general, crítica a las instituciones, investigaciones por corrupción y falta de renovación de liderazgos, los argentinos están tomando posiciones y se aprontan a elegir el camino a seguir.

Las opciones son dos, les guste o no, porque la salida a la crisis tiene dos interpretaciones posibles desde quienes hoy pueden conducir el estado. 

Esto explica que aunque Macri y Cristina Fernández, líderes indiscutidos de sus coaliciones, despiertan innumerables anticuerpos, son los únicos que logran agrupar y ordenar hacia atrás las dos visiones que hoy disputan el control del gobierno y del Congreso argentinos. 

En esta línea, ambos bandos hoy apuntan a los independientes, aquellos que a regañadientes tendrán que alinearse detrás de cada bloque y a quienes las campañas comienzan a apuntar de forma teledirigida. 

A LA CAZA DE LOS INDEPENDIENTES 

Macri cerró la semana con una carta de apoyo de 150 figuras intelectuales argentinos, muchos de ellos reconocidos críticos del gobierno, alineados bajo una postura anti Cristina Fernández. Esa que representa un estado más que pesado, con un excesivo gasto fiscal y sobre todo, con clientelismo y corrupción. 

Bajo esta lógica, Macri incorporó dentro de su candidatura al senador peronista Miguel Ángel Pichetto como postulante a vicepresidente, no sin tratar de ir antes por otros dirigentes más populares del peronismo anti-kirchnerista, quienes le cerraron las puertas. De esta manera, Cambiemos, la coalición oficialista, pasó a ser Juntos por el Cambio, incorporando a una capa del peronismo más conservador que se distanció de la visión de estado con la que gobernaron los Kirchner -Néstor y Cristina- desde 2003 hasta 2015.

“El mundo está con nosotros” rezan desde el oficialismo y repitieron los intelectuales en la misiva, porque saben que en estas primarias se juegan elementos importantes, como la credibilidad del mercado internacional.

Las PASO, abreviatura de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, constituyen un mecanismo para elegir los candidatos dentro de cada partido, pero esta vez, ni Mauricio Macri ni Alberto Fernández, quien va a la cabeza del Frente de Todos, tienen rivales internos. En este caso la votación oficia como una suerte de pole position, un macrosondeo para medir fuerzas antes de las generales que tendrán lugar el 27 de octubre.

Sin embargo, si la pareja Macri-Pichetto no logra acortar o congelar la diferencia de 6 puntos con que algunas de las principales encuestas favorecen a la dupla Fernández, el oficialismo entiende que perderá credibilidad ante el mundo financiero y la comunidad internacional, siendo posible que se experimenten aún más turbulencias económicas antes del balotaje. En Argentina tienen claro que la viabilidad del acuerdo con el FMI depende de su capacidad de gobernanza y de estabilizar la economía. 

Para alivio del gobierno, en las últimas semanas algunos sondeos muestran una brecha más corta entre ambos bloques, lo que le daría un respiro al gobierno dejándolos en un eventual empate técnico. 

De la vereda contraria, el Kirchnerismo ha desplegado toda su estructura, desde manifestaciones y ollas comunes, hasta encuentros con círculos empresariales en busca de los indecisos. 

Cristina Fernández, quien dejó sus aspiraciones y rebajó sus pretensiones de la presidencia a la vicepresidencia, realizó una jugada clave y negoció la incorporación de Alberto Fernández como candidato de la jefatura de estado. 

El otrora ex jefe de gabinete de Néstor Krichner fue un asiduo crítico durante el segundo gobierno de Cristina y su ascenso en la papeleta muestra una señal de unidad. Detrás de ambos se agrupan los partidos, organizaciones y sindicatos más importantes del progresimo. Al mismo tiempo, Fernández aprendió la lección que dejó Lula da Silva, por lo que -siendo investigada por el caso de los Cuadernos K- su candidatura a la vicepresidencia la blindó a ella y a su coalición. 

Ambos candidatos kirchneristas se han dividido las provincias. Alberto se pasea por el país levantando actos electorales y Cristina presentando su libro, Sinceramente, junto al periodista Marcelo Figueras, disfrazando con glamour su campaña electoral. Desde ese estrado, Cristina se defiende de los ataque del oficialismo y de la prensa. En la última semana, la ex presidenta ha endurecido su discurso ante la crisis económica y en una clara señal hacia el empresariado se la ha jugado por la antigua máxima de la doctrina K, que teóricamente apuesta por un capitalismo normal, pero regulado y con políticas redistributivas. 

En Mar del Plata la ex mandataria compartió una anécdota en la que aseguró haber cenado junto a un empresario controlador de una multinacional del rubro alimentario, a quién le habría afirmado que su gobierno fue mejor para el mundo empresarial que la actual administración: “Durante nuestra gestión, los supermercados rebosaban de mercaderías todas de primeras marcas [...] ahora hasta te venden productos que dicen ‘producto lácteo’ en lugar de leche. ¡Qué es esto! ¿Esto es capitalismo?: no, no, no. Capitalismo era cuando estaba Axel [Kicillof] de ministro de Economía, cuando la gente compraba y consumía".

BUENOS AIRES: LA PIEZA CLAVE POR TRES 

El guiño de Cristina Fernández a su ex ministro de economía no es menor. Este año, el calendario electoral nacional coincidió con las elecciones locales en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Históricamente el partido que gana en la provincia se queda con la presidencia y esta vez, en la más decidora de las batallas, la contienda será triple: gobernación, legislativas y presidenciales. 

Debido al peso del megadistrito, as aquí donde ambos bandos han concentrado sus esfuerzos de campaña. Por el lado de Juntos por el Cambio va una de las dirigentes más leales a Macri, la actual gobernadora, María Eugenia Vidal. Por el Frente de Todos, va Axel Kicillof.

El oficialismo ha apostado en Buenos Aires por atacar los vinculos del kirchnerismo con la corrupción y aguantar el chaparrón económico con la ayuda de los medios de comunicación, expertos internacionales, intelectuales y aplicaciones móviles, con quienes han construido un relato que culpa a la administración anterior y que pide tiempo para que las reformas estructurales hagan efecto, esperando que los planes de felxibilización laboral y baja de impuestos reactiven la inversión y el mercado financiero. 

Junto a estos puntos, Vidal también ha personificado en Kicillof el estigma clientelista e ineficiente que carga sobre el peronismo tras los casi 15 años de administración K. La gobernadora ha vinculado al ex titular de economía con el grupo La Cámpora, fundado y liderado por el hijo de Néstor y Cristina, Máximo Kirchner, actual diputado, quien en 2006 fundó la agrupación, en un símil de la antigua Juventud Peronista que levantó la inserción territorial del peronismo y que llegó a administrar grandes porciones del estado. 

Kicillof, por su parte, no ha dejado pasar los ataques y al igual que Fernández ha criticado duramente el momento económico por el que pasa el gobierno y el aumento de la pobreza que ha experimentado Buenos Aires: “Más allá del marketing, si uno usa el sentido común y observa que se han duplicado la pérdida de empleo y la pérdida del poder adquisitivo ¿Qué podía pasar con el delito?”, cargó el candidato del Frente de Todos, en medio de una contienda que expresa el escenario nacional. 

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