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Jueves, 15 de abril de 2021
Sacerdote Mauricio Montoya Márquez

El desconocido caso del ex director de un colegio salesiano imputado por abusos sexuales a menores

Lissette Fossa

Este religioso debe enfrentar dos acusaciones. Una, respecto de un menor de tres años, cuando era director del Manuel Arriarán Barros. Y otra, de adolescentes, de cuando era profesor del Oratorio Don Bosco. Las denuncias fueron derivadas por los salesianos a Fiscalía, y hay cursos de investigación canónica. Hasta febrero de 2019 Montoya trabajó en un colegio de la congregación en Buenos Aires.

“Si tuviera que definirlo en una palabra: perverso”, sentencia Andrés, respecto del sacerdote salesiano Mauricio Montoya Márquez, magíster en Teología Dogmática de la UC, hoy de 50 años. Andrés es uno de los denunciantes que acusó ante la justicia a este sacerdote por el delito de abuso sexual a menores de edad, hechos que habrían ocurrido mientras Montoya era profesor del Oratorio Don Bosco, colegio de la congregación salesiana, ubicado en Santiago.

Andrés no es el nombre real del denunciante. Ha sido cambiado a solicitud del entrevistado, con el fin de proteger su identidad y evitar su revictimización. Pero, su caso consta en el expediente judicial penal que existe contra Montoya, tal como lo pudo comprobar INTERFERENCIA, en el cual el religioso está en calidad de imputado, por este testimonio, entre otros. 

Montoya -quien entre 2008 y 2012 se desempeñó como encargado de pastoral de la Universidad Silva Henríquez y luego como vicerrector de Identidad y Desarrollo Estudiantil de la misma casa de estudios- actualmente está siendo investigado por la Fiscalía de la Zona Metropolitana Sur y aparece como imputado por dos causas de abuso sexual; una como supuesto autor de abuso contra un menor de tres años y medio, y otra contra adolescentes mayores de 14 años, pero menores de edad. La primera denuncia es de mediados del 2018, mientras que la segunda, de febrero de este 2019. Ambos delitos habrían sido cometidos entre 2002 y 2005, según los testimonios y documentos a los que accedió INTERFERENCIA.

Previo a estas acusaciones, el sacerdote se mostraba como un destacado educador de la congregación salesiana en Chile. A inicios de los años 2000 trabajó como profesor de religión, asesor del centro de alumnos y encargado de la pastoral juvenil del Oratorio Don Bosco, ubicado en la esquina de calle San Isidro con Coquimbo, en Santiago centro. Según varios ex alumnos con los cuales este medio conversó, el sacerdote era visto como el cura choro: cercano a los jóvenes, jugaba con ellos en los recreos, los preparaba para las misiones (actividades de voluntariado) y para sacramentos como la primera comunión. El Boletín Salesiano lo destacó en 2007 por haber finalizado su posgrado con nota siete y por sus actividades pastorales con jóvenes.

Es en el Oratorio Don Bosco -que en esos años era una escuela particular subvencionada sólo de varones- donde habría abusado de varios jóvenes y mantenido un abuso especialmente reiterado con un joven, al que le habría realizado tocaciones y masturbaciones desde los 14 hasta los 16 años. Actos que finalmente fueron denunciados ante los salesianos y ante el Arzobispado de Santiago, en una investigación canónica que acaba de terminar este mes. También estos denunciantes presentaron los antecedentes ante la justicia ordinaria.

“En el Oratorio Montoya tenía un séquito de alumnos, como los elegidos. Tenía círculos de confianza, y los más cercanos a él eran alumnos de buenas notas, que participaban en la pastoral. Yo vi contacto de piel hacia a ellos. O eran abrazos, a veces con caricias debajo de la polera. Otras, a empujones o combos, pero con mucho roce, tocando el cuerpo. O a veces te abrazaba, muy apretado. A mí eso no me gustaba, y se lo dije, por eso me decía que yo era chúcaro, que no me dejaba abrazar”, recuerda Andrés, quien fue alumno de ese colegio y partícipe de las actividades pastorales.

“No recuerdo haber visto abusos, nunca vi nada de ese tipo de actitudes a los alumnos, aunque el cura era de abrazos. Pero sí recuerdo que una vez me abrazó muy fuerte, yo justo estaba jugando con un palo y me abrazó por atrás. Me apretó el torso, y del susto le pegué con el palo. Ahí me soltó y quedó sangrando”, cuenta un ex alumno, quien también participó en la pastoral del colegio. “Creo que ahí se produjo un alejamiento con él, quizás no pensó que yo me iba a defender”, agrega este ex alumno, quien también habló a condición de no revelear su identidad.

Otro alumno de esa época del Oratorio, recuerda que el sacerdote lo tomó desde los hombros hacia atrás, en un recreo, lo que se tomó como una broma, pero le provocó una fuerte desconfianza hacia el religioso. 

Andrés agrega que sólo en una ocasión, siendo menor de edad, Montoya le habría tocado las piernas debajo de una mesa, mientras almorzaban en la Casa Inspectorial de los Salesianos, en una visita que le realizó junto a otros amigos. “Lo miré feo, como que le iba a pegar, y sacó la mano”, cuenta.

Hace siete años atrás, uno de los mejores amigos de Andrés le comentó que también sufrió abusos por parte del sacerdote, durante dos años.

“Fuimos a misiones a Lonquén dos veces, mientras éramos alumnos del colegio. Mauricio siempre quería dormir a su lado, ya sea en misiones o en otras actividades. Eso nunca me gustó. Recuerdo haberlo visto abrazando a mi amigo, como cucharita y de frente, mientras dormían. Hace algunos años este amigo me contó que el padre Mauricio Montoya lo besaba, lo masturbaba y le hizo tocaciones en los genitales durante años”, afirma Andrés, quien cuenta a INTERFERENCIA que este amigo fue uno de los testigos en la investigación canónica que se realizó para investigar al sacerdote. Andrés espera que también pronto declare en la investigación judicial.

Andrés rememora que en esos años era normal que los jóvenes, durante los retiros o antes de la caminata al Santuario de Los Andes, durmieran en las habitaciones de los sacerdotes. También, durante los paseos y las misiones.

“Una vez, en un paseo, no recuerdo si era de misiones o retiro, mi amigo jugó a la pelota bajo la lluvia y quedó todo mojado y comenzó a tener fiebre. Mauricio primero actuó como papá, lo retó. Siempre al principio era así, paternal. Luego, insistió para llevárselo y cambiarlo de ropa. Años después mi amigo me dijo que mientras se cambiaba, el cura tocó sus genitales”, narra a INTERFERENCIA.

En 2003 Mauricio Montoya salió del colegio abruptamente, sin entregar muchas explicaciones al alumnado. A los alumnos cercanos les señaló que tenía fuertes diferencias con quien en ese momento era director del colegio, el sacerdote Galvarino Jofré. 

Para los entrevistados por INTERFERENCIA, ex alumnos de esos años, Montoya habituaba a actuar como un padre. En general era exigente, pero conversador con los jóvenes.

“Montoya es el rey de la manipulación”, comenta Andrés. El joven agrega que en variadas ocasiones, tras su salida del Oratorio, el sacerdote le habría hablado por Messenger y por Facebook y que siempre lo invitaba a “tomar algo” los viernes y los sábados en la noche, aunque él nunca aceptó.

En febrero de este 2019, Andrés supo que se desarrollaba una investigación canónica sobre el actuar de Mauricio Montoya. Decidió declarar sobre las tocaciones que vió, las que vivió personalmente por parte del sacerdote y la experiencia de abusos de su amigo. El testimonio, tomado por el sacerdote David Albornoz, vicario provincial de los salesianos, fue derivado a la Fiscalía y ratificado ante la justicia por Andrés, lo que abrió una investigación en contra del sacerdote, imputado por abusos sexuales a menores de edad. 

Según el abogado de Montoya, Javier Gamboa, estas acusaciones sólo dieron pie a una investigación canónica y no una de la justicia ordinaria. Contactado por INTERFERENCIA, Gamboa asegura que no han sido notificados por Fiscalía de que esta denuncia esté siendo investigada. 

A pesar de estas afirmaciones, Andrés asegura que la Fiscalía lo contactó y él ratificó su denuncia y su testimonio, lo que está refrendado en el expediente al que accedió este periódico, con el nombre real de este testigo.

"EL HOMBRE MALO"

Luego de salir del Oratorio Don Bosco, Montoya estuvo varios meses sin contacto con jóvenes y niños, en la casa Inspectorial de los Salesianos, en barrio República. Entre junio y diciembre de 2003 asumió como párroco de la parroquia Epifanía del Señor, ubicada en Providencia.

En 2004 Montoya entró como director al Liceo Manuel Arriarán Barros, de La Cisterna. El sacerdote oficiaba las misas en la parroquia, a un costado del colegio, y recibía a los alumnos y apoderados cada mañana en la entrada del recinto educativo.

Una de las apoderadas que lo saludaba era M.N. Ese mismo año, ella matriculó a su pequeño hijo al curso medio menor del jardín infantil. Ella lo define como un niño feliz en ese entonces. "Le encantaba ir a clases, era comunicativo y sociable".

En marzo de 2005, el menor comenzó a ir a clases de pre kinder. A mediados de marzo, le llamó la atención que su hijo no quisiera entrar a clases.

“El niño comenzó a llorar, a esconderse en la entrada del colegio, le cambiaba la carita, decía que no quería ir a clases. La primera vez que hizo eso, la tía del pre kinder lo convenció de entrar, y me explicó que ella asustaba a los niños diciendo que si no se portaban bien, el auxiliar se los iba a llevar. Ella dijo que por eso mi hijo tenía miedo. Pero al día siguiente fue igual, y cuando mi hijo vio al cura y al auxiliar, gritó y lloró y no lo llevé más al colegio”, cuenta M.N. a INTERFERENCIA.

Al igual que con Andrés, no se otorgan señas de identidad precisas para M.N., de modo que quede resguardada la identidad del menor.

Ya más calmado, en su casa, el menor le explicó a M.N. que “unos hombres malos” lo sacaban de clases, junto a otros niños, y lo habrían llevado a otra sala, cerca de la casa donde dormían los religiosos, al interior del colegio. Allí, los sujetos le habría tocado sus piernas, sus genitales y su ano. El mismo día, llevó al menor a un médico, quien emitió un certificado que diagnosticaba signos de abuso sexual en el niño.

Al día siguiente, y con el certificado en la mano, M.N. fue a conversar con Mauricio Montoya, director del colegio. El sacerdote le pidió el certificado médico original, pero ella solo le entregó una copia. La apoderada solicitó que despidieran al auxiliar.

“El cura al principio fue simpático, dijo que me iba a ayudar, pero me dio solo excusas porque dijo que no podía despedir al auxiliar, sólo podía moverlo para que trabajara en la parte de la enseñanza media. Pero después me llamó y habló solo incoherencias, no me apoyó en nada. A los días después le pedí explicaciones y se puso nervioso. Yo pensé que él estaba encubriendo al auxiliar”, cuenta M.N.

Días después, la madre le mostró al niño diferentes fotos de profesores y sacerdotes del colegio, esperando que el menor reconociera a su victimario. Frente a la foto del director del colegio, Mauricio Montoya, el menor comenzó a gritar: “¡Él es el hombre malo!”. El niño reconoció, además, que el sacerdote era quien lo habría sentado en sus piernas. El menor también indicó al auxiliar como “el otro hombre malo”.

La madre del niño se querelló en 2005 por abuso sexual en contra del menor, contra “quienes resulten responsables”. Pero demoraron meses en llamarla para declarar. Entre medio, los archivos del caso se perdieron, los trámites no avanzaron y varios abogados desistieron de defender su caso, sin explicación. La causa terminó archivada.

A pesar de que el niño ya no asistió más al Liceo Manuel Arriarán Barros, la madre continuó colaborando en la parroquia, “vigilando al cura”, como ella misma define. Junto a su familia pegó papeles alrededor del colegio acusando al sacerdote de pedofilia. Tiempo después, prestó declaración por otro caso de abuso sexual en el recinto educativo, por parte de un adolescente a un pequeño de enseñanza básica, denuncia que fue desestimada por la Fiscalía. A raíz de esa denuncia, la Iglesia emitió una declaración en la que afirmaba que apoyaría las diligencias pertinentes y que el sacerdote Montoya encabezaría las investigaciones.

“Al final me aburrí, me preocupé de cuidar a mi hijo, de llevarlo al psicólogo. Pero el niño nunca volvió a ser el mismo. Se puso tímido, retraído, hablaba poco. Hasta el día de hoy recuerda algunas cosas, como cuando el cura lo sacaba de clases”, comenta M.N.

En 2011, junto a la abuela del menor, M.N. denunció el caso ante Oscar Muñoz Toledo, vicecanciller del Arzobispado de Santiago. Sin embargo, recuerda que Muñoz, hoy imputado por varios casos abuso sexual, le dió una “mala impresión”.

“En un momento se comenzó a tocar los genitales para describir cómo otro cura tocaba a un joven, y nos pareció raro, todo eso frente a mi y mi madre. Tampoco nos puso atención, miraba para otro lado cuando hablábamos, fue muy grosero”, recuerda M.N.

Sin embargo, esa denuncia ante Muñoz suscitó que Mauricio Montoya tuviese que dar explicaciones a sus superiores. En una carta fechada el 16 marzo de 2011, el sacerdote dice de M.N. que tiene una “situación de inestabilidad psicológica” y agrega que “además, era soltera”.

El sacerdote afirma, en la carta, que el auxiliar fue removido de sus funciones ese mismo año y que él desconocía “algún procedimiento legal iniciado” por la madre del menor. En 2011 Montoya se querelló en contra de M.N. por injurias, iniciativa que fue archivada por tribunales, al no haber sido notificada la mujer. 

Después de esta experiencia, M.N. desistió de acusar a Montoya ante las autoridades eclesiásticas. La mujer afirma que nunca supo qué pasó con la denuncia ante el Arzobispado, la cual cerró a principios de 2019, cuando se mandaron los antecedentes al Vaticano.

Sólo una vez M.N. volvió a ver al sacerdote Mauricio Montoya en la calle, hace unos años. Allí, lo encaró en la vía pública y le gritó. “Él tiritaba y no decía nada”, afirma M.N.

A mediados de 2018 el tío del menor volvió a hacer la denuncia ante la Iglesia por el caso. Es así como los antecedentes fueron remitidos a la Fiscalía, quienes investigan la acusación y han tomado la declaración de M.N., hace unas semanas, y tomarán las del menor, citado a declarar en los próximos días.

Javier Gamboa, abogado del sacerdote, aseguró a INTERFERENCIA que este procedimiento está sobreseído. Y que la denuncia, sobre el mismo presunto delito, presentada en 2018, no estaría abierta ni siendo investigada. 

“Con relación a estos hechos, debo decir que en su oportunidad se inició un proceso en la Fiscalía de San Miguel, terminando esta causa con sobreseimiento definitivo a su persona", dice Gamboa en relación a la denuncia de 2005.

"Por la misma causa, en 2018, se instaura otra denuncia, puesta por David Albornoz [el provincial salesiano a partir de la denuncia del tío del menor], quien está a cargo de la investigación interna, a espaldas del sacerdote Montoya, sin noticiar al padre Mauricio. Esta causa tampoco prosperó, porque había sido conocida y resuelta por el 11° Juzgado de Garantía [en 2005]. Los antecedentes se encuentran archivados. Esta investigación está absolutamente archivada”, dice Gamboa.

El sacerdote Montoya dejó su cargo como director del Liceo Manuel Arriarán Barros en 2006. Entre 2008 y 2012 trabajó como encargado de pastoral y como vicerrector de Identidad y Desarrollo Estudiantil de la Universidad Raúl Silva Henríquez, ligada a los salesianos. Actualmente, el rector de la universidad es el sacerdote que fue director del Oratorio Don Bosco  a principios de los 2000, el sacerdote Galvarino Jofré.

Según pudo indagar INTERFERENCIA, desde 2013 hasta febrero de 2019, Montoya fue enviado a Argentina, a trabajar con jóvenes y niños al colegio Oratorio San Francisco de Sales, en el barrio de Almagro, en Buenos Aires. En febrero, la escuela publicó una carta de despedida del religioso

“Gracias por cada corrección que me hicieron cuando perdí la paciencia en clases, porque cantaron conmigo en latín, porque celebraron la eucaristía con respeto y celebraron con este sacerdote el sacramento de la reconciliación”, señala el sacerdote en su misiva, publicada en la web del colegio.

QUÉ DICEN LOS SALESIANOS

INTERFERENCIA se contactó con la casa Inspectorial de los Salesianos en Santiago. Ante la instancia se solicitó hablar con Montoya y poder tener una declaración oficial de la congregación. Durante este lunes 22 de julio, la congregación hizo llegar a INTERFERENCIA un comunicado. En él se señala que debido a la denuncia de abuso del menor de pre kinder, en La Cisterna, de hechos presuntamente ocurridos en 2004, denunciadas en 2018:

“La Congregación Salesiana en Chile dispuso una investigación canónica previa el 28 de agosto de 2018. El 30 de agosto, de acuerdo al Protocolo de prevención de abusos, la Congregación presentó los antecedentes en Fiscalía Nacional, quedando el caso a cargo de la Fiscalía Regional Metropolitana Sur. El expediente de la investigación previa fue enviado a la Congregación para la Doctrina de la Fe el 19 de diciembre de 2018. Se está a la espera de las orientaciones que entregue la Congregación para la Doctrina de la Fe”.

El comunicado agrega que por la denuncia de los ex alumnos del Oratorio Don Bosco, recibida en febrero de 2019, los salesianos también derivaron los antecedentes a la Fiscalía. Por esa denuncia, “a nivel canónico se abrió una investigación previa el 2 de marzo de 2019, la cual fue concluida el 10 de julio de 2019. Fue enviada a la Congregación para la Doctrina de la fe. Se está a la espera de las orientaciones que entregue la Congregación para la Doctrina de la Fe”.

“El P. Mauricio Montoya Márquez, como medida cautelar, se encuentra apartado del ejercicio del ministerio sacerdotal”, consigna el comunicado.

Según el abogado del sacerdote, Javier Gamboa, la primera investigación canónica ya está resuelta y favoreció la versión de Montoya, de que las acusaciones contra él no serían verídicas, a diferencia de lo que dicen los salesianos, de que están a la espera de una resolución no adoptada todavía. Según el defensor, estas versiones confrontadas demuestran una manera “poco transparente” que ha adoptado los salesianos respecto de su representado.

Gamboa dice que espera que la segunda investigación también favorezca al sacerdote, pero reconoce que desde hace seis meses el sacerdote Mauricio Montoya no tiene permitido el contacto con jóvenes ni menores.

“Depende del sacerdote Montoya ejercer la acción penal correspondiente [por injurias y calumnias] y ejercer una acción civil compensatoria frente a las acusaciones. Porque el daño que él ha recibido es inconmensurable. Es más probable al día de hoy, que hace unos días atrás, que se decida una acción judicial”, advierte el abogado.

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Excelente, así es un periodismo justo y verídico los felicito.

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