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Viernes, 2 de Octubre de 2026
Análisis e Ideas

“El fascismo del siglo 20 fue expansivo, el del siglo 21 está obsesionado con fortificar la nación”

Víctor Herrero A. (desde Munich, Alemania)

En una charla organizada por el diario británico The Guardian, Naomi Klein y Astra Taylor presentaron su reciente libro ‘El fascismo del fin de los tiempos’. Interferencia se inscribió y pagó para asistir online a este evento realizado este lunes. En su análisis sobre el actual giro ultraderechista también se mencionó al Presidente Kast.

El apocalipsis está de moda. Pero a diferencia de tantos otros pronósticos sombríos en la historia humana, el nuevo supuesto fin del mundo no es proclamado por líderes religiosos, sino por los mismos titanes de la industria tecnológica que han creado y están acelerando lo que nos podría llevar al infierno: la Inteligencia Artificial.

Esta visión apocalíptica no proviene de un grupo radicalizado al margen de la corriente actual. Todo lo contrario, es declarada por personas que trabajan en ese sistema e incluso por algunos de los billonarios del sector.

Hace un mes, un investigador de Anthropic, la compañía detrás del modelo de IA ‘Claude’, afirmó que “honestamente pensamos que la IA podría matar a todos los humanos!”. Según sus cálculos, la probabilidad de que ello ocurra durante la próxima década es superior al 10%.

Y entre el 28 y el 31 de octubre se realizará en Miami Beach una nueva edición de la ‘Hereticon’, la “Feria del Fin del Mundo” creada hace unos años por el inversionista Peter Thiel. El “Baile de Salón del Apocalipsis”, al que se puede asistir con traje de etiqueta o con vestido de herético, será el evento principal. Al final de la invitación, que se dirige sólo a invitados preseleccionados, se proclama: “Sí, corremos el riesgo de que se produzca el apocalipsis, y eso es bueno… Quizá si no estás intentando destruir el mundo, es que no te estás esforzando lo suficiente”.

¿La elite tecnológica está fuera de sus cabales o, efectivamente, cree que habrá un gran evento de extinción y se está anticipando para salvarse a sí misma?

Si a esto se suma que muchos superricos están construyendo búnkeres, otros están buscando lugares alejados de las zonas de conflicto para establecerse, con Sudamérica y Nueva Zelanda como potenciales favoritos, y aun otros miran a Marte para colonizarlo (es de suponer que irán ellos, sus pares y sus sirvientes, no toda la humanidad), cae de cajón una pregunta: ¿la elite tecnológica está fuera de sus cabales o, efectivamente, creen que habrá un gran evento de extinción y se está anticipando para salvarse a sí misma?

“Creo que existen grandes temores en esa elite y ellos, igual que mucha gente de a pie, ven los efectos del cambio climático, saben que vivimos en un mundo con armas nucleares, que hay más conflictos y más guerras, … y que realmente existe un conflicto entre nuestro modelo económico basado en el crecimiento y [la supervivencia de la tierra]”, afirmó Naomi Klein en una charla organizada por el periódico británico The Guardian este lunes. La ocasión era la presentación del libro ‘El Fascismo del Fin de los Tiempos y la Lucha por el Mundo Viviente’ (End Times Fascism: And the Fight for the Living World, Editorial Farrar, Straus & Giroux, Nueva York, septiembre 2026) que la conocida autora de ‘La Doctrina del Shock’ acaba de lanzar junto a Astra Taylor, una documentalista, escritora y activista social canadiense-estadounidense.

Interferencia se inscribió y pagó para asistir online a esta conferencia.

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Naomi Klein y Astra Taylor presentaron su reciente libro ‘El fascismo del fin de los tiempos’.
Naomi Klein y Astra Taylor presentaron su reciente libro ‘El fascismo del fin de los tiempos’.

“(Las élites) se dieron cuenta de que realmente están acelerando las crisis de las cuales tratan de protegerse; también creo que ellos mismos no pueden creer haberse salido con la suya respecto de cuánta riqueza han logrado acumular; y, tercero, creo que nos temen a nosotros, a la gente de a pie”.

Una de las cuestiones centrales de este libro es precisamente el análisis de las elites apocalípticas, en especial las de los titanes de las corporaciones tecnológicas. “En cuanto a sus temores, creo que hay varias cosas que están ocurriendo”, afirmó Klein. “Primero, se dieron cuenta de que realmente están acelerando las crisis de las cuales tratan de protegerse; también creo que ellos mismos no pueden creer haberse salido con la suya respecto de cuánta riqueza han logrado acumular; y, tercero, creo que nos temen a nosotros, a la gente de a pie. Es decir, hay un efecto enajenante en este nivel de riqueza e inequidad”.

La IA, Trump y los Tech-Barones

Entonces, ¿cómo se llegó al punto actual en el que los grandes líderes tecnológicos, que hace sólo una década se presentaban como liberales y afirmaban que sus herramientas promoverían más democracia, hoy están firmemente anclados en la derecha dura y expresan temores apocalípticos?

“Existió una moda hace algunos años en la que Silicon Valley se autopromocionaba como un salvador ecológico…. Jeff Bezos entregaba los ‘Earth Prices’, Elon Musk era el señor eléctrico, todos tenían una política de neutralidad climática”, recordó Naomi Klein. “Su mensaje al movimiento climático fue claro: ‘No se preocupen, no se necesitan regulaciones, nosotros nos encargamos, somos un nuevo tipo de empresas inmateriales, no somos como las antiguas industrias contaminantes, nosotros estamos en la nube, en la nube tecnológica’, algo que suena muy limpio”.

Un primer punto de inflexión, sostiene la autora, ocurrió durante la pandemia del Covid, época en la que muchos de los billonarios tecnológicos duplicaron su patrimonio . “Todos vivíamos pegados a las pantallas y las empresas no daban abasto con su capacidad de cómputo, por lo que comenzaron a construir con rapidez nuevos centros de datos”, sostuvo. “Después del Covid su pregunta era: ¿cuál es el próximo auge, cuál será la nueva cosa que aumente nuestra riqueza? Y la respuesta fue la inteligencia artificial”.

“La obsesión global por las fronteras no es solo una cosa de Trump, también ocurre acá en el Reino Unido, está la fortificación de Europa y en todos lados. El nuevo Presidente de Chile hizo una campaña prometiendo cavar un foso. Su hermano trabajó en la dictadura militar de Pinochet y su padre fue miembro oficial del Partido Nazi. Así que la extrema derecha es una red global y está llegando al poder en muchos países”.

El giro hacia la derecha sucedió durante el gobierno de Joe Biden, sostuvieron las autoras. Su administración quería regular la IA, no de manera muy estricta, pero sí establecer algunas barreras de seguridad. Eso generó, lo que Klein definió como “una revuelta silenciosa” de los ejecutivos de las grandes tecnológicas. “Curiosamente, hoy algunos de ellos quieren esa regulación, pero en su momento se rebelaron activamente y corrieron hacia la campaña presidencial de Trump y lo inundaron con aportes millonarios”, aseguró Klein.

Astra Taylor aseguró que en esos momentos la IA aún no tenía demanda ni generaba mucha simpatía entre la población, dados los potenciales efectos negativos sobre el empleo de millones de personas. “Trump representó una aceleración y una oportunidad única, poniendo en práctica y acelerando tecnologías que están erosionando la democracia”, expresó Taylor.

Más allá de algunos temores existenciales, los titanes de la IA podrían haber tenido un aliado mejor que Trump. Este martes, el mandatario se reunió en la Casa Blanca con varios altos ejecutivos del sector, entre ellos Mark Zuckerberg (Meta), Jensen Huang (Nvidia), Greg Brockman (OpenAI), Elon Musk (X) y Sundar Pichai (Google) y les hizo una propuesta simple: autorregularse.

“No hay que olvidar que la IA es una ‘theft-tech’ (tecnología del robo)… todo su modelo de negocios se basa en robar (datos personales, contenidos de terceros)”, afirmó un día antes Astra Taylor.

El fascismo del siglo 21: fortificar la nación

El término ‘fascismo’ no solo figura en el título de su libro, sino que también fue uno de los más utilizados por las autoras durante su charla.

Pero hoy es un término resbaloso, muy usado por la izquierda para atacar a la derecha y también por la derecha para atacar las críticas de la izquierda. Basta con recordar cuando un estudiante increpó a José Antonio Kast durante una charla en la Universidad de Concepción en marzo de 2018. Después, Kast publicó en sus redes sociales: "No seas como Pablo. No seas fascista. No seas intolerante”.

En el libro, las autoras definen el fascismo como un “supervivencialismo supremacista” o un “capitalismo que muestra los dientes”. Y son las elites económicas y políticas que lo impulsan, “acelerando el colapso global o sacando provecho de él”.

Sin embargo, la falta de una definición clara que conecte, además, con el fascismo del siglo pasado, le puede jugar en contra, precisamente por lo manoseado del término. Y eso sería lamentable, dado el penetrante análisis de la ultraderecha actual que las autoras realizan. Con todo, Naomi Klein dio un indicio de la conexión que ve entre ambos fascismos. “Nuestro análisis se basa en no ver el fascismo como algo excepcional, sino como un continuo en la historia del capitalismo que surge en épocas de crisis”, afirmó Klein.

Entonces, ¿cuáles son algunos rasgos de este fascismo del siglo 21? Uno es la obsesión global por las fronteras. “No es solo una cosa de Trump, también ocurre acá en el Reino Unido, está la fortificación de Europa y en todos lados. El nuevo Presidente de Chile hizo una campaña prometiendo cavar un foso. Su hermano trabajó en la dictadura militar de Pinochet y su padre fue miembro oficial del Partido Nazi. Así que la extrema derecha es una red global y está llegando al poder en muchos países”, aseguró Klein.

“Tienen este sueño de escapar a sus búnkeres, o a sus ciudades de oro en el cielo, o de fusionarse con la IA en una singularidad. Todo es acerca de allá afuera; parece que no hay amor por el lugar donde vivimos, por este planeta”.

Mientras los fascistas del pasado buscaban expandir sus fronteras, la derecha dura de hoy está absolutamente enfocada en fortificar la nación, afirmó Klein. “Quiere expulsar a los grupos externos del ‘búnker nacional’ e ingresar recursos al interior de este”, afirmó. “La mejor manera de entender la política exterior de Trump es como una preparación a gran escala: queremos el agua de Canadá, queremos el petróleo de Venezuela, necesitamos minerales críticos de Ucrania, etc.”.

Amar vs escapar

Hay un elemento que los creyentes del fin del mundo, sean religiosos o tecnológicos, tienen en común: buscan escapar. “Tienen este sueño de escapar hacia sus búnkeres, o a sus ciudades de oro en el cielo, o de fusionarse con la IA en una singularidad”, afirmó Klein. “Todo es acerca de allá afuera; parece que no hay amor por el lugar donde vivimos, por este planeta, por la presencia de estar aquí”.

Un ejemplo de corrientes políticas que van en la dirección contraria es el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Durante su sorpresiva campaña —comenzó con menos del 2% en la intención de voto— él tomó, según Klein, “la idea de que tenemos el derecho de quedarnos, tenemos el derecho de hacer del ‘aquí’ un lugar mejor, en coalición, en solidaridad con otra gente de la clase trabajadora, y tenemos el deber de hacerlo, de luchar por un mundo más justo y bello… ese fue el espíritu principal de la campaña de Mamdani, una carta infinita de amor hacia Nueva York”.

La candidatura de Mamdani, que pertenece a la corriente de los demócratas socialistas, fue duramente resistida por los poderes tradicionales de su propio partido. Y, ciertamente, también por la elite económica y financiera de esa metrópolis.

“¿Y qué dijeron los billonarios? Si él gana, nos vamos”, recordó Klein. “Todos estos billonarios demuestran que le tienen muy poca fidelidad a esta ciudad que les ayudó a volverse ricos y que están dispuestos a irse si hay un impuesto del 1% a su tercera residencia”.

Al final, afirmó Klein, la gran brecha entre las elites y la gente común es simple: “ustedes se preocupan del fin del mundo, nosotros de las cuentas de fin de mes”.

Aquí puede ver la charla completa (mención a J.A. Kast en min 11:30 aprox).



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