Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Lunes, 13 de julio de 2020
Elecciones de 1970

El perfil que la revista EVA publicó sobre Jorge Alessandri en la campaña de 1970

Gloria Stanley
Gloria Urguelles

INTERFERENCIA inicia hoy una serie de publicaciones sobre la campaña presidencial de 1970, donde se enfrentaron los candidatos Radomiro Tomic, Jorge Alessandri y Salvador Allende. En las próximas semanas, abordaremos distintos aspectos de aquellos comicios que resultaron determinantes para el futuro de Chile en los siguientes 50 años. Damos comienzo a este ciclo con un artículo de la revista EVA, publicado en junio del '70.

“Nadie me conoce íntimamente”, afirmó hace algún tiempo. Y debe ser verdad, ya que ninguna persona de su comando, amigos o familiares se atrevieron a hablar de él, quizás un poco avergonzados de que una vez Jorge Alessandri confesara: “¡Por Dios que me conocen mal! Siempre han pensado que soy un cerebral, cuando, en realidad, soy eminentemente sentimental.

Es quizás el más criticado de los candidatos. Su edad (74 años) y su carácter firme e intransigente son las armas más usadas por sus enemigos para atacarlo. La austeridad y corrección son las defensas que esgrimen sus admiradores.

Para unos y otros es un personaje enigmático. Casi no concede entrevistas a la prensa, todas sus actuaciones tienen carácter privado y jamás se le ve en sitios públicos.

El chileno medio lo imagina vestido con un largo abrigo, una bufanda (que se transformó en símbolo de su candidatura) y un terno cruzado. Lo ve frente a una botella de agua mineral (sin gas), galletas de agua y un plato de arroz blanco con una presa de pollo.

Jorge Alessandri: muy afable cuando quería serlo

Jorge Alessandri, muy afable cuando quería serlo
Jorge Alessandri, muy afable cuando quería serlo

Sus gustos son simples. En su departamento de Phillips 16 vive rodeado de cuadros y de una colección de marfiles que no quiso abandonar durante su presidencia. Morante 80 se quedó sin habitantes el 4 de noviembre de 1964, porque Jorge Alessandri no quiso volver a la casa donde había muerto su madre durante el último período presidencial de Arturo Alessandri Palma (1936).

"Trabajaré y almorzaré en La Moneda, pero iré a dormir a Phillips", afirmó después de recibir la banda presidencial de años del Edecán del Senado y de Guillermo Pérez de Arce.

Ese 4 de noviembre estuvo plagado de anécdotas para JAR (que tiene las mismas iniciales de Juan Antonio Ríos). El día de la transmisión del mando, se le pidió a Carlos Ibáñez del Campo –a quien sucedía- que enviara la piocha de O´Higgins, símbolo del poder.

"La piocha no la puedo mandar por mano" contestó Ibáñez. "La entregaré en el Congreso, junto con la Presidencia de la República".

Pero la Presidencia de la República no incluía la banda presidencial que perteneció a Balmaceda y que CIC no quiso entregar al sucesor. Disimuladamente, cuando nadie lo miraba, la enrolló cuidadosamente y la guardó.

Esto no preocupó a Jorge Alessandri, quien durante su campaña había recolectado diez bandas. En el momento de las decisiones, escogió la que había pertenecido a su padre, el León de Tarapacá.

Cuando tuvo que fotografiarse con todos sus ministros, exclamó: “¿Cuándo un papelero había estado tan bien sentado…”.

Jorge Alessandri con Carlos Ibáñez del Campo

Jorge Alessandri con Carlos Ibáñez del Campo
Jorge Alessandri con Carlos Ibáñez del Campo

A esa misma hora, una figura solitaria abandonaba la casona de Morandé. Alguien le oyó decir: “Al fin terminó todo esto. Ahora viviremos tranquilos”. El solitario era Carlos Ibáñez del Campo.

“No me casé por…”.

Quizás es una pregunta obvia, pero siempre se espera una respuesta diferente: ¿Por qué no se ha casado?

"No lo hice", respondió JAR a Lenka Franulic "porque tuve una situación económica bastante difícil durante mucho tiempo. Entré a trabajar apenas me recibí, pero cuando mi padre llegó a la Presidencia yo no podía aspirar a ser contratista fiscal".

"Y en cuanto a trabajos particulares, me era difícil obtenerlos porque mi clientela posible eran los ricos que se opusieron a mi padre por la campaña del año 20. Luego siguió el destierro… y así pasó el tiempo".

Quizás la década del 20 fue la que más influyó en la personalidad de Alessandri. El golpe militar de 1924 obligó a Arturo Alessandri a abandonar el país. La salida fue dramática y se produjo después que Marta, la segunda hija, se casó con el doctor Arturo Scroggie en la capilla de La Moneda a las dos de la mañana del 9 de septiembre; y mientras Ester, esposa de Arturo Matte, se quedaba en el Palacio.

El León debió abandonar el país. Su hijo Jorge lo acompañó. Vivieron en Francia durante tres años.

Sus mejores amigos eran otros exiliados chilenos. Durante su estadía en la capital francesa no perdió el tiempo. Perfeccionó el idioma y recorrió todos los museos. Aprendió de memoria “hasta las piedras de París”.

A lo mejor en Francia fue donde más lamentó no haber estudiado arquitectura, la pasión de su vida. En una familia donde ha había tres abogados (Arturo, Fernando, Eduardo) y dos médicos (Hernán y Mario), él debió ser ingeniero. El mandato paterno se impuso a las inclinaciones artísticas. “Casi todas las cosas de mi vida las he hecho a la fuerza”, afirmó a revista Ercilla en 1954.

Su pasado de excelente alumno del Instituto Nacional, de bachiller más brillante, de uno de los egresados más jóvenes de la Universidad, donde obtuvo un premio por haber tenido la más alta calificación en el bienio 1917-19, son hechos que algunos de sus condiscípulos no pueden olvidar. Uno de ellos guarda más de una anécdota de toda esa época estudiantil.

A los 16 y 22 años

A los 16 y 22 años
A los 16 y 22 años

"Un amigo mio se encontraba en serios apuros. Había terminado sus estudios de humanidades, pero le faltaba el examen de francés, en el que había fracasado en dos ocasiones. Recorrió a mi para que lo diera en su nombre. Yo acepté. Me hice pasar por él y di un examen brillante. Por su puesto que en su casa no podían creer en su nota".

“Al día siguiente, en un grupo, conté mi hazaña. Todos se rieron con ella menos uno: Jorge Alessandri. Indignado dijo: '¿Crees que es muy divertido engañar a personas respetables presentándote con una falsa personalidad? ¡Si tu padre supiera lo que has hecho! Si se enteran en la Universidad podrían echarte, con mucha razón'”.

“Esto y algo más me dijo el joven Catón de 18 años".

-¿Qué le respondieron ustedes?

"Nada. Nos quedamos pensativos. Todos comprendimos que lo que creíamos una inocente humorada envolvía una falta de rectitud. Y es justo esto último lo que señala, desde su juventud, el fondo del carácter de Jorge Alessandri. No es raro, entonces, que deteste a los políticos mentirosos, que se presentan como apóstoles del pueblo, sin ambiciones. Por eso yo confío en lo que promete y creo en todo lo que dice; incluso cuando afirma que no va por gusto a la presidencia".

“En cuanto a mí, su actitud me causó tal impresión que no se me ha borrado después de casi sesenta años… Puede que haya quedado algo descalificado a los ojos del que más tarde sería Presidente. Tal vez por eso no fui ministro o algo así durante su gobierno”.

Olvidando ese pasado

Uno de los hechos más dolorosos para Jorge Alessandri, según sus allegados, fue la suerte de varios jóvenes en el Seguro Obrero, durante la segunda presidencia de su padre. Es algo que quiere olvidar a toda costa.

Pero ¿cuándo una persona tan alejada de la política se comenzó a preocupar de ella?

Después del retorno triunfal de don Arturo a Chile, el ingeniero volvió a su trabajo. En 1925, postuló a un puesto parlamentario. Logró la mayoría más alta entre setenta candidatos a diputados. Luego fue elegido senador por la provincia de Santiago.

Al igual que su padre, tenía un gran perro

Al igual que su padre, tenía un gran perro
Al igual que su padre, tenía un gran perro

No todo resultó un éxito. Durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo su casa fue asaltada. Él y sus hermanos, tomados prisioneros. Eduardo fue relegado a Isla de Pascua. Su madre enfermó gravemente a causa de los disgustos.

Más tarde, colaboró con el gobierno de Concentración Nacional de Gabriel González Videla, como Ministro de Hacienda.

En 1958, después de exclamar “de modo que estoy condenado”, obtuvo el triunfo que significó el retorno de la Derecha, veinte años más tarde de la fecha en que su padre entregó el gobierno a la Izquierda, cuando se produjo la victoria del Frente Popular.

En 1970, después de afirmar que no postularía a la reelección, decidió ir de nuevo como abanderado del Partido Nacional, de independientes y de Radicales Democráticos. A pesar del apoyo, se considera desvinculado de la política partidista.

Para sus familiares, la suya fue una decisión difícil. Los libros de historia y las vidas noveladas (de las que es aficionado) debieron quedar a un lado para ceder paso a la lucha electoral. Quizás se haya vuelto más taciturno, más pensador.

Una vez dijo: “Me gusta que haya vida en torno mío. Los domingos tristes y silenciosos me deprimen. Soy constante en mis amistades. Me gusta la compañía, pero también estar sólo; sobre todo cuando tengo alguna preocupación”.

Jorge Alessandri durante la campaña de 1970

Jorge Alessandri durante la campaña de 1970
Jorge Alessandri durante la campaña de 1970

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Los felicito por la revista. Se nota el profesionalismo.

Añadir nuevo comentario