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Lunes, 22 de julio de 2019
Edgardo Aguilar de las Fuerzas Especiales

El teniente que trató de salvar la vida de Camilo Catrillanca

Francisco Marín
Victoria Viñals

Después del disparo que impactó en la nuca de un desarmado y perseguido Camilo Catrillanca, hubo un teniente de Carabineros que intentó, con un rudimentario botiquín y los retazos de una polera, salvarle la vida. INTERFERENCIA tuvo acceso a su declaración judicial y a otros testimonios que confirman su papel. 

Exactamente 13 días después que efectivos de Carabineros asesinaran a Camilo Catrillanca, mientras se encontraba desarmado y conduciendo un tractor, el teniente Edgardo Aguilar entregó su testimonio –en calidad de testigo- al fiscal adjunto de Temuco, José Calderara.

 Desde febrero, se desempeñaba como oficial operativo de la Segunda Comisaría de Fuerzas Especiales de Pailahueque. Su trabajo ahí se relacionaba fundamentalmente con “control del orden público”.

 En relación al Comando Jungla, dijo que no conocía ningún grupo de carabineros “con dicha denominación”. Lo que sí contó fue que ese 14 de noviembre estaba en Pailahueque. Que a las 4 de la tarde les avisaron del robo de tres vehículos. Y que su patrulla salió con el equipamiento propio de Fuerzas Especiales (FFEE): “chaleco antibalas nivel 3, casco táctico y antiparras".

Dijo que tanto él como sus compañeros portaban sus pistolas 9 mm y que en el vehículo se llevaba una escopeta calibre 12 con munición de plomo y una carabina lanza gases. Dijo que ninguno de ellos, ni el vehículo en que se trasladaron ese día, portaba una cámara.

 También contó lo que vivió ese 14 de noviembre en Temuicuicui. Aunque nunca mencionó las palabras “Camilo”, “Catrillanca” o “mapuche”.  

"Me bajé de mi vehículo y me percaté inmediatamente que sobre el tractor había una persona lesionada en la zona de la cabeza pues era visible desde mi posición. Al bajar interactúe con mi Mayor Fernández y con mi Coronel Contreras y rápidamente le pedí a mi acompañante, el Cabo Ríos, que fuera a buscar el botiquín que está a mi cargo para poder prestar los primeros auxilios al lesionado”.

 Hizo eso porque, según declaró, recibió formación en primeros auxilios “tanto en el interior de la institución como de manera autodidacta”. Sostuvo que esta formación consistió en un curso de dos semanas, realizado en el Grupo de Formación de Temuco en 2015.

 “Al momento de acercarme hasta donde estaba la persona lesionada vi que se trataba de un hombre de contextura gruesa y que estaba en la posición de conductor del tractor. Tenía una herida evidente en la cabeza y debido a mis conocimientos en primeros auxilios puedo afirmar que tenía una fractura en el cráneo pues se notaba que había pérdida de masa encefálica”.

“Entonces lo primero que me aboque fue tratar de contener la herida y evitar el sangramiento abundante que había en ella. Coloqué apósitos y vendajes de emergencia en la zona de la cabeza para poder estabilizar y poder luego sacarlo del tractor. Cuando yo vi a la persona lesionada ésta todavía mantenía signos vitales; esto lo sé porque aprecié como de manera dificultosa oxigenaba autónomamente”.

El 19 de diciembre Ciper reveló en exclusiva tres de los videos que grabó Carabineros ese día. En las imágenes se ve al teniente Aguilar haciendo lo que describió en su declaración judicial: poniendo vendas y tratando de estabilizar la cabeza de Catrillanca.

 Sin embargo, Aguilar omitió señalar que, tras varios intentos por levantarlo, el cuerpo de Catrillanca se les cayó al piso.

Aunque en su relato sobre la forma en que el comunero fue sacado del tractor y subido al vehículo omite cosas, por decirlo de algún modo.  

“La persona fue bajada del tractor con ayuda de varios funcionarios de carabineros, y luego llevado hasta el vehículo Dodge”, sostuvo.

Aunque lo cierto es que tras varios intentos por levantarlo, dejando su cabeza expuesta, el cuerpo de Catrillanca se les cayó al piso. Después los recogieron con algo más que imprudencia temeraria y lo arrojaron al vehículo.

Camino al Cesfam de Ercilla

Y se subieron al Dodge facilitado por el coronel Iván Contreras, entonces prefecto de Fuerzas Especiales. Quien condujo fue el cabo segundo de apellido Aroca. Aguilar se fue en el asiento de atrás acompañando a Catrillanca.

“Durante el trayecto que duró aproximadamente 17 a 20 minutos, yo utilizando una tijera de emergencia para cortar prendas, le corté al lesionado la polera que llevaba por la mitad, esto con la intención de verificar si es que tenía otras lesiones de importancia y poder permitir la respiración más fluida del herido”.

“Además durante el trayecto entre el sitio del suceso y el Cesfam de Ercilla yo mantuve mi mano en la zona de su cuello para mantener conocimiento del pulso y este aún mantenía signos vitales”.

Según aseguró el teniente Aguilar, desde que se encontró con Camilo Catrillanca desplomado sobre el tractor azul, hasta su muerte, nunca se separó de él.

“Al llegar al Cesfam fue ingresado en una camilla hasta el interior y yo me mantuve con él todo el tiempo. Vi como el personal médico que lo atendió se abocó primero a revisar la lesión y aplicar suero”.

“Puedo decir que también en ese lugar la persona mantenía signos vitales, respirando con dificultad de manera autónoma, hasta que creo habrán transcurrido unos 30 minutos, se debió practicar reanimación, pues ya la persona no reaccionaba, falleciendo finalmente en el Cesfam. No recuerdo específicamente la hora”.

Catrillanca expiró a las 18:16 horas “tras intentos infructuosos de reanimación”, como se estable en el informe de autopsia  elaborado por la tanatóloga del Servicio Médico Legal Lorena Ibacache.

Allí se determinó también que la lesión descrita en la parte posterior de la bóveda craneana de Catrillanca era “reciente y vital” de “imposible sobrevida”. Es decir, cualquier intento por remediar el daño causado por el sargento del GOPE Carlos Alarcón era infructuoso. 

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