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Jueves, 28 de mayo de 2020
Director de Fundación Para la Confianza

José Andrés Murillo: "La pandemia va a aumentar la violencia sexual contra menores a la vez que van a bajar las denuncias"

Lissette Fossa

INTERFERENCIA conversó con Murillo respecto de los efectos de las cuarentenas en materia de abusos sexuales, pero también respecto de las confianzas y desconfianzas que han emergido entre el estallido social y el coronavirus. 

José Andrés Murillo se mantiene en cuarentena desde hace semanas, con sus tres hijos y su esposa. Cuenta que, como a muchos chilenos, le ha sido difícil conciliar el trabajo con la atención que merecen los niños, pero por lo menos lo intenta.

Entre medio de juegos y comidas con ellos, se dedica a su labor como director ejecutivo de Fundación Para La Confianza, institución que fundó con James Hamilton, Juan Carlos Cruz -los tres víctimas de abusos del sacerdote Fernando Karadima- y el abogado Juan Pablo Hermosilla.

Desde 2010 la Fundación presta apoyo a niñas, niños y adolescentes víctimas de abuso sexual en el país. “Soñamos con un mundo comprometido con la dignidad y los derechos humanos, especialmente de los niños y niñas, donde el abuso sea inaceptable”, señalan sus principios.

Este enfoque en los derechos humanos les ha traído problemas, cuando en noviembre del 2019, durante el estallido social, la Fundación Viento Sur de Lucy Ana Avilés decidió dejar de aportar dinero a Fundación Para La Confianza aparentemente por “razones políticas”. Para Murillo este episodio está superado, pero sabe que la postura de la fundación respecto de los derechos humanos y los derechos de los niños y niñas puede traer problemas, especialmente cuando estos derechos han sido vulnerados durante las marchas y represiones a partir del año pasado.

Ahora, en medio de una cuarentena que mantienen a los habitantes del Gran Santiago, la preocupación por los niños ha aumentado en la Fundación. Según algunos estudios, el 75% de las los abusos que sufren los niños son perpetrados por familiares o personas del entorno familiar y en 9 de cada 10 casos, hombres. 

Por ello, Murillo cree que es muy probable que las denuncias judiciales por abuso y maltrato a menores aumenten post pandemia y que es importante que personas del círculo cercano a los niños pongan atención a las señales de abuso y denuncien. De esos “terceros”, ya sea profesores, vecinos y amigos, depende terminar con el círculo de silencio. 

INTERFERENCIA conversó con Murillo sobre la importancia de poner atención a los abusos infantiles, el rol de la confianza en una sociedad como Chile y sus estudios sobre seguridad y libertad política.

- Un tema que nos ha llamado la atención es los abusos a niñas y niños en cuarentena. Porque así como aumentan los abusos a mujeres y la violencia intrafamiliar, expertos dicen que también aumentan los abusos sexuales a niños, violencia contra los niños ¿Qué información manejan ustedes sobre estas consecuencias en la infancia de la cuarentena?

- A nivel global y también a nivel nacional aumentan muchísimo los casos de abuso, de violencia y maltrato a niños y niñas. Porque para muchos de ellos el estar afuera de sus casas, en el colegio, por ejemplo, genera lugares de contención y protección. Y en un porcentaje de casos de abuso o maltrato el agresor está dentro de la casa. Entonces, los momentos de confinamiento donde el niño o niña deben estar confinados con el agresor o agresora. Y no es tan fácil la denuncia en estos casos, porque para denunciar se requiere una distancia respecto al agresor, y en confinamiento no hay distancia, que permiten la denuncia.

Entonces, lo que se espera que pase ahora es que disminuyan las denuncias pero aumenten los casos, cosa que va en contra de la tendencia que venía hace tiempo, que era que disminuían los casos y aumentaban las denuncias. 

- ¿Y cómo ustedes llegan a esta conclusión? ¿Hay datos de que esto haya pasado antes? 

- Sí. Se llama la cifra negra a los casos que ocurren y que no se denuncian. Y esa cifra ha aumentado en todos los países. Chile no es la excepción.

Nosotros estamos en contacto con personas que nos llaman, nos piden apoyo, por casos personales o que conocen, y es muy difícil actuar.

Hoy hay iniciativas de ministerios, saben que han aumentado los casos y que actuar es más complejo, por ejemplo, en casos de violencia contra las mujeres. Nosotros hacemos un llamado a los terceros involucrados en estos casos, que son personas que saben, escuchan o intuyen que ocurre un caso de maltrato y pueden intervenir. 

- ¿A qué tipo de actitudes, cambios en el comportamiento, hay que ponerle atención a los niños, para sospechar que hay abuso o maltrato?

- Creo que ahora lo importante es apuntar a quién puede estar atento a esas actitudes, a esos cambios. Nosotros desde la Fundación hemos implementado unos kits para educadores, profesores, que son quienes podrían estar en contacto con niños o adolescentes, y podrían detectar situaciones de vulneración.

Y son ellos los que están llamados a actuar, a romper el ciclo del silencio. Estamos en una situación donde es una oportunidad transmitir a los niños y niños que tienen a disposición dispositivos de denuncia, desde Fiscalía, Defensoría de la Niñez, y una serie de instancias donde pueden pedir apoyo.

En ese sentido, hay que tener presente que no son las víctimas las encargadas de hacer la denuncia, sino los terceros, los que podrían tomar conocimiento de un caso de abuso y llevar a cabo una denuncia.

- Fundación para la Confianza nace a propósito del aprendizaje que sacaron ustedes de los abusos que realizaba Karadima. Y esos abusos se daban en personas jóvenes, adolescentes, que es una etapa compleja de la vida. Con esa experiencia y con los años en la Fundación ¿Han analizado si deja heridas distintas los casos de abusos en niños pequeños y los casos de abusos en la adolescencia?

- La verdad es que hay bastante teoría sobre el impacto traumático de situaciones abusivas, y depende no solamente de la edad. La edad es un factor, pero hay otros factores que son importantes, como la cercanía afectiva del agresor o agresora, y la frecuencia de la agresión. Esos factores sirven para saber la profundidad que puede tener ese trauma.

- Ustedes se llaman Fundación para la Confianza y la confianza es todo un tema, sobre todo después del estallido social, hay mucha desconfianza a nivel transversal, quizás ahora no es tan fácil hablar de confianza en Chile.

Sí, al principio cuando empezamos a investigar y conocer casos de abusos, nosotros queríamos saber cuál era la esencia del problema del abuso. Y no solo hablamos de abuso infantil, sino cualquier caso de abuso y corrupción. 

Eso significa que cuando alguien tiene poder se aprovecha de esa condición para hacer daño, aprovechando la situación de asimetría, que a veces no es solo física, también condición, social, política, etc.

Y pensamos que el abuso tiene su esencia estructural en la confianza. Y también la consecuencia del abuso tiene un impacto profundo en la capacidad de confiar de las personas que han sido víctimas, para establecer relaciones de confianza con otros, que te permite crear comunidad e incluso construir identidad. La identidad surge de relaciones de confianza que se dan en un entorno de cuidado y cuando eso no se da las consecuencias psicológicas y hasta psiquiátricas pueden ser profundas.

Y quisimos darle una vuelta. Porque también pudimos haber creado la Fundación para la Desconfianza, por ejemplo, de manera legítima, porque no queremos confiar en la gente que ha hecho daño. Pero pensamos que teníamos que pensar en una posibilidad de confianza distinta.

Ahí nació la Fundación Para la Confianza y agregamos el concepto de confianza lúcida, que fuimos construyendo, que es dar una alternativa a la confianza ciega. No es una confianza ni narcisista ni paranoica, sino una responsable y ética. Una confianza que observa.

- ¿Cómo volver a la confianza, cuando la víctima estalla o está en crisis por el abuso? ¿Cuáles son los pasos para volver a confiar? Sobre todo en una sociedad que siente mucha desconfianza, un poco traumada por ese tema.

- Creo que estamos en un país traumatizado por abusos de confianza desde el mundo político, mundo empresarial, desde el mundo religioso y desde el mundo del poder.

Y sí, es posible reconstruir la confianza, pero con condiciones. La peor reacción es decir “yo simplemente no vuelvo a confiar en nadie”. En este tema hay un desafío existencial, no solamente racional, de una comunidad y una persona. En este caso, una comunidad nacional, como Chile, que dice “queremos volver a confiar” pero con condiciones diferentes.

Y ahí surge también la necesidad de cambiar la Constitución, porque queremos remover las condiciones que fueron impuestas en algún momento y que se prestaron para todos los abusos, de lo que hemos sido testigos y víctimas.

- Hace un tiempo ustedes perdieron el financiamiento de Lucy Avilés. ¿Ustedes reafirman que hubo razones políticas en esa decisión? Y qué pasa con eso, ¿por qué en estas personas se genera desconfianza? 

- Sí, fue un evento superado. Fue un desacuerdo con la Fundación Viento Sur, de Avilés. Fue triste porque hubo un desacuerdo. Nuestra visión es profundamente política, en el sentido de que nosotros queremos transformar el horizonte, la plataforma en donde crecen los niños y adolescentes en Chile, no desde el lugar del abuso y vulneración.

Que no sean considerados como objetos, sino como sujetos de derechos, en todo el enfoque educativo, social, político, fijado desde la convención internacional de los derechos del niño que considera que el interés superior de los niños y niñas es un principio rector.

Los niños no son máquinas de resultados académicos, son sujetos de derecho, en que la educación tiene que estar al servicio de ellos y no al revés.

En nuestro país se ha ido elaborando una manera de comprender la educación, y otros aspectos de la vida de los niños al revés. Hay una pérdida de sentido y creemos en la necesidad de recuperar ese sentido desde un enfoque de derechos. Nuestro enfoque claro es el de los derechos de los niños, que es un tratado internacional que suscribió nuestro país en 1990 y que para nosotros es un horizonte.

Ese es un intransable para nosotros, los derechos de los niños y niñas, y si alguien desconfía de nosotros porque ponemos el interés superior del niño por sobre otros intereses, bueno, preferimos no contar con ellos.

- Ya han pasado 10 años del inicio de la Fundación. En esta década ¿hemos avanzado en protección a los derechos de niños y niñas?

- Hay algunas cosas importantes que han pasado. Por ejemplo, la eliminación de la prescripción de la acción penal en caso de abuso sexual infantil, en la cual tuvimos una participación bien activa, como Fundación y a través de James Hamilton, que fue semana a semana para convencer con razones científicas, ni siquiera políticas, a partir del daño que significa esto y porqué estos abusos deben ser impreescriptibles.

La preescripción favorece la vulneración y vuelve en muchos casos impune estos delitos y genera que se vuelvan a repetir.

¿Qué opinión tienen ustedes de este cambio del Sename a un nuevo servicio de menores? ¿Creen que va a proteger más a los niños y adolescentes o los penaliza más?

- Creo que hay avances importantes, pero sigue siendo coja, en el sentido que no se construye desde un paradigma de protección integral, que considere a los niños sujetos de derecho y no objetos de protección.

Y además, en lo más estructural, donde se va a volver a pervertir el sistema, es en el financiamiento. Este va a seguir siendo a modo de subvención o aporte, en que los órganos privados tienen que competir unas con otras para ofrecer el “mejor servicio” al menor precio, transformando a los niños en una especie de mercancía transable en el mercado de derechos. Lo que es contradictorio y perverso. Y ahí está el germen de toda vulneración sistemática en el servicio de protección especial.

- Y esto con el nuevo Sename ¿sigue así?

- Sigue exactamente igual. Cambian algunos ámbitos de evaluación, habrá un consejo de expertos, y se cambia el nombre de la subvención a aporte, pero sigue siendo subvención. Y sigue habiendo licitación, competencia de actores privados para ganar proyectos.

Usted hizo una tesis doctoral que trata de un tema que es clásico en la filosofía política: esa dicotomía entre seguridad y libertad. Y ahora en medio de una pandemia de coronavirus, donde se han limitado muchas libertades en pro de la seguridad yla salud ¿Cree que este tema se hace más actual ahora?

- Durante mi tesis traté de buscar los fundamentos del pensamiento científico y filosófico de la necesidad de seguridad y cómo esas medidas de seguridad genera muchas veces una plataforma que puede llegar incluso a ser delirante. 

Al final, la tesis toma un tema antiguo. No he sido el único que ha estudiado este tema de la tension entre la seguridad y la libertad de las personas.

Y finalmente se produce una falsa dicotomía, ya que aumentar mecanismos, instituciones de seguridad, implica un aumento de la violencia.

Entonces, esto nos obliga, como sociedad, a buscar alternativas. Por eso es importante como sociedad buscar  una especie de paso intermedio. La democracia requiere de una maduración democrática en la que realmente quepan todos protegiendo el espacio mismo democrático. En eso sigo a Hanna Arendt.

- ¿Las sociedades reaccionan distinto al miedo? Algunas buscan más seguridad que otras, acá hay un nivel de desconfianza, por ejemplo, hacia los militares después de la dictadura, pero antes del estallido había más confianza en los Carabineros… me imagino que depende de la historia de cada sociedad. 

- Pero también, creo, la gran conclusión es que una sociedad cuando se traiciona con la seguridad, se vuelve mucho más violenta. Es cosa de ver a Estados Unidos y sus niveles de violencia, tanto interna como externa, que son enormes.

En Chile cuando se ha apostado por la seguridad, la sociedad también se ha vuelto más violenta. En cambio cuando la decisión ha sido más desde lo comunitario, los gobiernos han optado por fortalecer sus instituciones, democráticas y de control, tipo Contraloría. 

Entonces, hoy día requerimos también ir fortaleciendo instancias de supervisión desde la ciudadanía que puedan devolverle la sensación de pertenencia y no solamente la obsesión por seguridad en la comunidad humana.

Sentir como que realmente somos una democracia. Sentir que construimos juntos el espacio común, el espacio público, y que no somos solo democracia cuando se nos impone una institucionalidad que tenemos que simplemente acatar, obedecer y participar, sólo en la medida de lo posible.

Creo que tenemos que dar un paso, y puede ser la Convención Constituyente, en donde quepan todos, para poder construir el nuevo pacto. Creo que será un importante hito, porque no será un pacto entre cuatro paredes, tipo Concertación, que sabemos que se repartieron entre cuatro paredes gran parte del país como una mercancía.

Aquí debemos dar un paso distinto, desde la ciudadanía para construir comunidad. Para construir una sociedad inclusiva, donde quepan los trabajadores, los empresarios, las mujeres, los niños, todos.

- Lo que dice me recuerda lo que sucede con el Minsal ahora, cuando no se transparentan las cosas y mucha gente no confía en sus datos. Es como un círculo vicioso...

- La transparencia de los datos es un desde para comprender la situación en la que estamos. Cuando se esconden los datos uno tiende a pensar o en un paternalismo o en un desorden o descontrol interno, que cada vez  es más complejo.

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