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Viernes, 18 de septiembre de 2020
Cuestionado por posibles coimas

Juan Carlos I: el tránsito de poderoso rey de la transición española al monarca exiliado investigado por blanqueo de capitales

Lissette Fossa

En medio del exilio, en su infancia, fue escogido por Franco como su sucesor, pero tras la muerte de éste, propició el avance de la democracia y detuvo un intento de golpe de estado, transformándose en un pilar de la transición. Ya anciano y tras haber abdicado, y con la investigación de supuestos "regalos" de saudíes por su intervención en las obras de un tren a la Meca, el otrora respetado monarca genera rechazo y baja popularidad de la corona, en un país que no cuestionaba la existencia de la monarquía desde los años 30.

En 2019, cuando se vendía el yate del rey Juan Carlos de España, la prensa titulaba lo difícil que había sido encontrar un comprador y que finalmente “nadie quería el yate”, bautizado como Fortuna. Así como nadie apostaba por el Fortuna del rey –que finalmente fue vendido por 2,2 millones de euros, mucho menos de los 18 millones de euros que costó–, un año más tarde nadie quiere verse involucrado en los escándalos de la verdadera fortuna del monarca y sus millonarias cuentas bancarias.

Y es que la historia de comisiones ilegales, millonarios presentes, maletines con dinero y una vida de lujos con su amante, ha derivado en dos investigaciones judiciales sobre el origen de más de 100 millones de dólares que Juan Carlos de Borbón "regaló" a su amante, Corinna Larsen, depositándolo en su cuenta bancaria. Esta trama, además, se relaciona con dos fundaciones con base en paraísos fiscales que tenía el rey, y que dejaba como heredera a su amante, incluso antes que a su hijo, el rey Felipe VI.

Esta semana, un nuevo capítulo de este escándalo se conoció cuando el rey emérito, quien ya se había alejado de la vida pública en 2019, decide dejar España para embarcarse a Abu Dabi, a un lujoso hotel cinco estrellas, donde cada habitación cuesta 11 mil dólares por noche.

El comienzo del derrumbe

La historia comienza unos años atrás, en 2012, con una caída que le quebró parte de la cadera al rey, en uno de sus viajes de caza de animales, en Botsuana. Allí, se dio a conocer que una de las personas que acompañaba al monarca era Corinna Larsen, su amante desde hace años. Juan Carlos, tras su operación, se vio obligado a pedir disculpas públicas, aunque nunca quedó claro si pedía perdón por su afición a la caza, que lo hizo ser objeto de cuestionamientos de grupos animalistas y ecologistas; o por el lujo que se estaba dando cuando España se mantenía en una crisis económica con altos niveles de desempleo; o por su paseo junto a su pareja fuera del matrimonio. 

Lo que sí quedó claro es que el rey, transversalmente respetado en la política española y popular entre sus ciudadanos, comenzó a perder aprobación ciudadana paulatinamente tras este episodio. Según sondeos, su popularidad cayó del 73% al 42% en pocos meses, sobre todo entre jóvenes, quienes ven como una historia lejana su papel en la transición y que cuestionan la existencia de la monarquía.

Tras esto, en 2014, el rey abdicó en favor de su hijo Felipe VI, pero asumió como rey emérito, que lo alejó de su rol como jefe de estado y de la inmunidad judicial, y lo mantuvo en actividades públicas. Ya en 2019, Juan Carlos anunció que se restaría de "la vida institucional".

La trama saudí

El 3 de marzo de este 2020 la prensa suiza dio a conocer que en Ginebra se abría una investigación secreta por el posible delito de blanqueo de capitales, en base al relato de la propia Larsen, quien afirmó a la justicia de su país que el rey Juan Carlos, en 2012, le había regalado "por gratitud y amor" 100 millones de dólares, que provenían de "regalos" que empresarios le habían dado al rey por su intermediación en la adjudicación de empresas españolas en la construcción de un tren a la Meca, en Arabia Saudita. 

Los posibles hechos de corrupción en medio de una licitación en dicho país, generó que parlamentarios españoles pidieran la constitución de una comisión investigadora sobre este tema, la primera semana de marzo. Aunque la iniciativa no prosperó, fue una propuesta inaudita. Ningún parlamentario se había atrevido antes a investigar al rey. Lo que sí generó fue que finalmente se abriera una investigación judicial en España, y que el rey Felipe VI renunciara a toda herencia de su padre. 

Los medios, antes cuidadosos y benevolentes con la corona, ahora compiten por publicar las primicias de los líos financieros y de sábanas del monarca, incluso diarios como el ABC, más tradicional, que fue el que descubrió el último paradero de Juan Carlos. 

El siguiente capítulo fue la salida de Juan Carlos de España, anunciada oficialmente este 3 de agosto. Aunque aún no se ha confirmado, ha trascendido que se mantiene en la ciudad de Abu Dabi, en los Emiratos Árabes, donde estaría escoltado por guardias del príncipe de Mohammed bin Zayed Al Nahyan, en el hotel Emirates Palace . Tal como su yate, ya pocos son los que quieren tener relación con quien fue el monarca símbolo de la transición española y del éxito económico de la España post franquista.

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Juan Carlos I y Corinna Larsen.
Juan Carlos I y Corinna Larsen.

Su poder durante la transición

Resulta paradójico que la torpeza de Juan Carlos I haya llevado a la corona española a ser cuestionada y rechazada, cuando fue él mismo el que le dio popularidad y legitimidad durante la transición.

Juan Carlos, tras pasar su exilio en Portugal, y después del acuerdo entre su padre y el dictador Francisco Franco, terminó llegando a España a los 10 años. Su educación fue estrictamente vigilada por Franco, quien planificaba perpetuar el franquismo a través de la monarquía española. Tras la muerte de éste, en 1975, Juan Carlos I fue proclamado rey de España. En la ceremonia, juró acatar los principios del Movimiento Nacional, que perpetuaban el franquismo. Sin embargo, tras estas formalidades, Juan Carlos se impuso ser uno de los artífices de la transición democrática en su país.

"Cuando llegó el momento demostró que, aunque no sabía cómo, sí sabía lo que se proponía hacer", asegura en su obra Dictadura franquista y democracia el historiador Javier Tusell, al medio Rtve.

Tras su ascenso, Juan Carlos sacó a Carlos Arias Navarro, último presidente del Gobierno de Franco, y puso en ese cargo a Adolfo Suárez, también militante del franquismo, pero mucho más abierto a volver a la democracia, que era la tarea que le encomendaba el rey.  Por su parte, el rey se encargó de contener al “bunker”, como se le llamaba a los oficiales militares defensores del franquismo, quienes poco a poco se incomodaban con el avance de la transición y con iniciativas como la legalización del partido comunista, durante la semana santa de 1977.

Sus viajes como jefe de Estado, para reconectar a la enclaustrada España con el mundo, lograron reconstruir las relaciones diplomáticas con las grandes potencias, en especial, con Estados Unidos, donde pronunció un discurso anunciando el restablecimiento de la democracia en su país.

“En sus palabras anuncia los cambios que se van a producir en España en el orden político y su compromiso democrático con la correspondiente alternancia por el turno del poder. Puede decirse que, a partir de ese momento, la Monarquía fue aceptada ante el foro democrático más importante del mundo”, afirmó Marcelino Oreja, ministro de Asuntos Exteriores en esos años.

En 1978, luego de un referéndum, se aprueba una nueva Constitución española, que define las funciones del rey, suprimiendo toda participación política de la Corona, y convirtiendo a España en una monarquía parlamentaria; dejando al rey con un rol más bien diplomático.

A pesar de haber cedido su poder, Juan Carlos siguió influyendo en la política. Su momento clave fue el 23 de febrero de 1981, cuando integrantes de la Guardia Civil española, comandados por el franquista teniente coronel Antonio Tejero, interrumpieron la investidura del presidente Leopoldo Calvo-Sotelo en el Congreso, mientras que en Valencia tropas tomaban las calles con tanques y otros oficiales tomaron las instalaciones de TVE, canal estatal.

El rey se negó a apoyar a la Guardia Civil, institución que oficialmente comanda la corona, y selló esa negativa con un discurso televisado, que terminó por desmovilizar el intento de golpe de estado.

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El rey rechazando el intento de golpe militar en 1981.
El rey rechazando el intento de golpe militar en 1981.

“La resolución de la crisis sin derramamiento de sangre a gran escala dependía en buena parte de la habilidad de Juan Carlos, de los ministros que eligiera y de la actitud de los líderes de la oposición”, escribió el historiador británico Paul Preston, en su libro El Triunfo de la Democracia en España.

La actitud de Juan Carlos de Borbón ante el intento de golpe de estado le hizo ganar el apoyo transversal de la clase política. Por años, el rol de la monarquía y del rey fue incuestionable en la política tradicional del país. Bastaba un llamado telefónico de 'su alteza', para detener cuestionamientos a la corona o publicaciones que le perjudicaran. Desde el partido comunista, pasando por el socialista, hasta la derecha y el Partido Popular, ninguna ponía en duda el rol del rey. Los medios también guardaban reserva de no investigar los rumores que circulaban alrededor del monarca, la mayoría relacionados con su vida privada. 

“Los partidos comprendieron que, en aquel momento de radical enfrentamiento, podía ser útil tener un árbitro. Porque el escenario político, en 1975-1976, estaba paralizado... El Rey ayudó a salir de esa situación, facilitando el acuerdo: garantizó a la oposición un proceso democrático y abierto y a los leales al régimen orden y ausencia de cambios revolucionarios, depuraciones y represalias. Gracias a su actitud, desde luego, y a la sensatez y los miedos de otros muchos, el final de la dictadura fue menos traumático de lo temido. La opinión pública se lo agradeció y se creó, no un monarquismo de fondo, sino una amplia corriente de benevolencia juancarlista”, describió el historiador José Álvarez Junco.

El rey, así, tuvo libertad y ningún tipo de fiscalización para acumular fortuna y crear, por ejemplo, dos fundaciones en paraísos fiscales, en Panamá y Liechtenstein, y priorizar su herencia a una de sus amantes, Corinna Larsen. O para llegar con una maleta llena de billetes, según relató la misma Larsen, desde Emiratos Árabes a Europa.

Facilitador de negocios

Juan Carlos no solo fue popular en España, también alcanzó cierta simpatía en el pueblo latinoamericano, como también en una amplia gama de políticos del continente. Para Juan Carlos, la prioridad era facilitar los lazos diplomáticos y comerciales entre España y Sudamérica. Por ello, fue el primer rey de España en visitar el continente y creó las Cumbres Iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno, siendo la primera en México, en 1991. Juan Carlos se preocupó de incluir a Cuba en dicha cumbre, lo que fue un hito para la diplomacia del continente.

En esa misma Cumbre, realizada en Chile en 2007, el rey interrumpió al presidente venezolano Hugo Chávez con la frase "¿Por qué no te callas?", exabrupto que fue muy criticado y que generó conflictos en la relación entre Venezuela y España. 

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Juan Carlos junto a presidentes sudamericanos en 2011.
Juan Carlos junto a presidentes sudamericanos en 2011.

Pero dicho lapsus no afectó la influencia que el rey tenía en el desarrollo de los negocios españoles en el continente. En su reinado impulsó la participación de firmas españolas en diversas licitaciones, en obras públicas y en privadas. Con mucha o poca influencia del rey, que generalmente era cauto en su estilo, lo cierto es que durante su reinado las empresas españolas lograron instalarse sin problemas en Sudamérica. En Chile, obras como la expansión de las líneas de metro o la compra de CTC por parte de Telefónica, son un ejemplo del impulso español en los negocios regionales.

"El rey fue una pieza importante de la diplomacia y la proyección exterior española", concluye Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano.

El ABC, en 2016, a propósito de la construcción del tren de Medina a la Meca –que ahora vuelve a estar en la palestra por los supuestos regalos que empresarios le habrían dado al rey, de millones de dólares– habla del monarca como  en su rol de "diplomacia económica" y como "principal promotor de los consorcios españoles que pujan por contratos en el extranjero".

“De especial trascendencia también es el tren de alta velocidad entre Río de Janeiro y Sao Paulo, un megaproyecto cuyo importe se eleva a 15.000 millones de euros y para el que ya incluso se ha constituido un consorcio participado, mayoritariamente, por empresas españolas (Talgo, Elecnor y ACS con el respaldo de las públicas Adif, Renfe e Ineco)”, recordaba el medio.

Presidentes como Rafael Correa, Michelle Bachelet y Juan Manuel Santos lamentaron la abdicación del rey en 2014 y alabaron su capacidad diplomática. En la ocasión, el Consejo Empresarial de América Latina (CEAL) expresó su "profunda admiración" por la figura del Rey Juan Carlos en la transición hacia la democracia, además de su "inmensa gratitud" por estrechar los vínculos con el continente.

En su reinado, realizó 80 viajes a América Latina. Y aunque aún no se conocen los detalles de su relación con los empresarios españoles que se instalaron desde la década de los noventas en la región, ahora que Juan Carlos será investigado por sus cuentas bancarias y sus "regalos" en grandes sumas de dinero, es cuando todos ponen ojo en su influencia en el continente. 

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