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Sábado, 29 de Noviembre de 2025
[Interferencia América Latina]

Kast y su oscuro asesor

Carel Fleming (desde Washington D.C.)

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Kast y Villatoro.
Kast y Villatoro.

La Universidad San Sebastián invitó al cuestionado ministro en medio de las campañas presidenciales. Los docentes, de la desprestigiada universidad, conocida como la caja pagadora de la derecha, tampoco investigaron y ni siquiera buscaron en Google quien es el ministro de Bukele. Esta irresponsable acción deja en ridículo no solo a la casa de estudios, sino que también a su candidato, que presenta a Villatoro como su paladín y modelo a seguir en el combate a la delincuencia, sin saber o quizás intencionalmente ignorando que su amigo salvadoreño sea parte de la asociación delictiva más grande de Centroamérica.

Un grave error volvió a cometer José Antonio Kast. No se entiende si ya es flojera, ignorancia o un sabotaje de sus cercanos el haber invitado a Chile al ministro de Justicia y Seguridad de El Salvador, Gustavo Villatoro. Un oscuro personaje del gobierno salvadoreño conocido por sus actos de corrupción desde que fue director de aduanas y luego abogado y socio de narcotraficantes. Ya es segunda vez que el candidato presume su cercanía con Villatoro. La duda es si Kast es muy ingenuo o simplemente no le importa.

La idea de la Universidad San Sebastián, que extrañamente invitó al cuestionado ministro en medio de las campañas presidenciales para adoctrinar a los chilenos sobre seguridad, queda marcada con un claro intervencionismo electoral al traer a un extranjero. Los docentes, de la desprestigiada universidad, conocida como la caja pagadora de la derecha, tampoco investigaron y ni siquiera buscaron en Google quien es el ministro de Bukele. Esta irresponsable acción deja en ridículo no solo a la casa de estudios, sino que también a su candidato, que presenta a Villatoro como su paladín y modelo a seguir en el combate a la delincuencia, sin saber o quizás intencionalmente ignorando que su amigo salvadoreño sea parte de la asociación delictiva más grande de Centroamérica.

Esta misma desprolijidad se cometió años atrás con el ex secretario de Seguridad de México, Genaro García Luna, que todo el país sabía que era protector de cárteles de narcotraficantes y quien ordenaba los secuestros. La ignorancia de no haberlo investigado logró que fuera premiado por sus homólogos en varios países como Estados Unidos que, a través de la DEA, lo condecoraba como el luchador contra el crimen organizado. Genaro García Luna, era conocido cómo un criminal, menos para los extranjeros que felices lo invitaban y se fotografiaban con quien ahora fuera condenado a 38 años de cárcel.

No se sabe quién le dijo a Kast que Villatoro era el modelo a seguir. Ya lo visitó antes en El Salvador. Este segundo error, por querer ser una copia barata de Trump y Bukele, más su obsesión de encerrar gente y demostrar mano dura, se suma a un aberrante pensamiento de que el corrupto ministro salvadoreño es quien enseñará a los policías chilenos. Mejor era llevar a Chile al Chapo Guzman. 

Kast, de seguro se excusará en que Villatoro aún no está acusado de nada. Y es obvio, si él es el ministro de Justicia y Seguridad. Lo mismo ocurría con García Luna en México, una vez que se terminó el gobierno que lo protegía, fue detenido en Estados Unidos.

También llama la atención la erección mental que les produce calificar de terroristas a los delincuentes comunes para así justificar los excesos. El periodismo chileno se sumó a esta calentura al entrevistar a Villatoro, al que nunca se le consultó su pasado, que le quita toda moral para dar charlas y asesorar a Chile sobre delincuencia ya que es precisamente con lo que él ha estado asociado toda su carrera.

La fórmula del modelo Bukele, que vende el ministro Villatoro es sencilla y copiada de Cuba, Nicaragua y Corea del Norte: Quitar todas las garantías y derechos constitucionales, ser autócrata, aliarse con delincuentes, usar las fuerzas armadas para tomarse la asamblea, destituir al fiscal nacional, luego a la Corte Suprema, y nombrar nuevos magistrados cercanos al presidente quienes a cambio ajustan la constitución para reelegir ilegalmente al nuevo dictador. Después se persigue a la oposición política y a periodistas los que son torturados y forzados a que se vayan del país bajo amenazas de muerte. ¿Les trae algún recuerdo esto a los chilenos?

El Salvador lleva más de tres años de estado de sitio. Miles de detenidos sin juicios. Otros mueren en las cárceles. Las cifras de homicidio están prohibidas de investigar o publicarse sin la autorización del gobierno. Solo la jefatura de la policía (PNC) las puede emitir. Es por eso que obtienen números favorables. Lo mismo ocurre con la aprobación de Bukele que siempre, por temor de la gente, logra un 95% al igual que en las dictaduras de Cuba, Nicaragua, China y Corea del Norte. 

El ex asesor de seguridad nacional de Bukele, Alejandro Muyshondt, fue detenido por la policía, torturado, asesinado y entregado a su madre en pedazos en bolsas de basura. Todo bajo el mando de Gustavo Villatoro. Luego el ex director de la policía salvadoreña, Mauricio Arriaza Chicas, que falleció el 2024 en extrañas circunstancias en un accidente de helicóptero, dejó antes de morir en manos del FBI y de dos periodistas extranjeros cientos de páginas y fotografías en discos duros con evidencias del narcotráfico en el gobierno de Bukele en los que figura en forma relevante nada menos que el ídolo de Kast, el ministro Villatoro.

Arriaza entregó esas evidencias en caso de que lo asesinaran. Dos meses después falleció. A más de un año de su muerte, aún no se nombra su sucesor, y su reemplazo es el mismo ministro Villatoro. Es decir, ahora no es solamente ministro de Justicia y Seguridad, sino también es director de la policía. Kast estuvo con el fallecido director Arriaza, que había sido formado en la escuela de Carabineros de Chile, en su reciente visita a El Salvador, pero nunca más habló de él y del extraño accidente que causó su muerte. 

El año 2016, Danny Dalton ex-agente de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés), dio una entrevista en que acusaba al fiscal general salvadoreño de ese entonces, Douglas Meléndez, de frenar la investigación en contra del Cártel de Texis, para así proteger al poderoso narco y a dos de sus cómplices. Estos dos sujetos son actualmente ministros de Bukele: Gustavo Villatoro y Rodolfo Delgado (fiscal general de El Salvador), a quienes la DEA señaló como cómplices y colaboradores pagados por el Cártel.

Otro elemento de prueba es que el viceministro de Justicia de Villatoro, y encargado de las cárceles de El Salvador, Osiris Luna, según señaló el FBI y luego publicado este año por el Washington Post, fue a la embajada norteamericana y ofreció contar toda la verdad sobre su jefe, Gustavo Villatoro y del presidente Nayib Bukele y los negocios de ellos con el narcotráfico y los acuerdos entre las pandillas y su gobierno y de cómo la estrategia contra la delincuencia era falsa, a cambio de protección y asilo político. No hubo acuerdo. Hasta la fecha nadie negó los hechos. Incluso Bukele, que tiene incontinencia verbal, no dijo nada.

Antes de convertirse en uno de los rostros centrales del llamado “régimen de excepción”, Villatoro fue abogado defensor de narcotraficantes de alto perfil. Esa es una verdad documentada y conocida hace años en El Salvador. Y no es un dato menor en una región donde las fronteras entre Estado y crimen organizado se difuminan más rápido de lo que se discute en público.

A eso se suma otro episodio que hoy retorna con fuerza: su polémico paso por la Dirección General de Aduanas, bajo la corrupta administración del entonces presidente Antonio “Tony” Saca, que hoy cumple una condena de 10 años por corrupción. El cargo de Villatoro terminó manchado por cuestionamientos de sus ilegalidades. En los pasillos políticos salvadoreños se recuerdan aún las investigaciones internas, las denuncias de irregularidades y el ambiente tóxico de favores y presiones. Aunque nunca terminó condenado, el daño reputacional fue profundo.

Por lo tanto, la llegada de Villatoro a Chile tenía una carga inevitable. No solo venía un ministro; venía un siniestro personaje con mala historia. Un funcionario que para mucha encarna la dualidad latinoamericana: mano dura para mostrar, manchas para ocultar. 

¿Cómo Kast pretende unirse a un ministro cuya carrera contiene zonas oscuras que en Chile habrían destruido cualquier aspiración pública? La coherencia ética parece haberse convertido en un lujo secundario frente a la urgencia de ganar a toda costa una candidatura.

Se entiende que Chile busque asesores externos que les enseñen cómo combatir la delincuencia ya que el país no los tiene. Los chilenos ya asumen que sus policías son corruptos, que solo son buenos para separar borrachos en un bar y disparar a manifestantes. Chile está lejos de resolver crímenes. Es cosa de ver los matinales televisivos en que cada día buscan gente desaparecida y exponen los infantiles errores policiales.

Los chilenos creen ingenuamente que todos sus generales en retiro son expertos en combatir el crimen organizado. La mayoría terminan trabajando como jefes de seguridad en municipalidades y supermercados cuidando que no se roben los filetes. Son los mismos que van a los programas de televisión a hablar de crisis y dan charlas con traje y corbata, pero cuando estaban activos nunca vieron ni denunciaron a sus camaradas que venden armas a narcos y les trasladan la droga. Otros más osados han llegado a ser senadores con el discurso anti-delincuencia y ni siquiera saben cómo sacar a un vendedor de la calle. 

Sin duda Chile necesita asesoría extranjera, pero invitar a un personaje socio del crimen organizado es peligroso para el país. En un eventual gobierno de Kast, el salvadoreño tendría acceso a información delicada que le serviría a sus socios narcos en Centroamérica. 

En los próximos meses, cuando Chile vuelva a debatir modelos de seguridad y cooperación internacional, el nombre de Villatoro probablemente no aparecerá en el debate público. Pero su estadía en Santiago quedará como un grave recordatorio de que la falta de profesionalismo del círculo de Kast para combatir el crimen es notoria. 

Kast debe ser claro. Si quiere ser dictador que lo diga, y si su fetiche es el modelo Bukele para tomarse las instituciones del país y perpetuarse en el poder a través del miedo, no necesita escuchar a un oscuro y corrupto ministro salvadoreño, es más facil que en una de sus tantas visitas a Punta Peuco les pida consejos a sus ídolos y amigos de cómo hacerlo. 



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