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Jueves, 9 de Julio de 2026
Herederos de Guzmán

La escolástica de Guzmán: cómo la UDI y republicanos pelean por interpretar al fundador

Francisca Santander Faúndez

A 80 años de su natalicio y 35 de su asesinato, la derecha chilena volvió a convertir las palabras de Jaime Guzmán en campo de batalla. Un repaso por las citas que mejor explican su proyecto, y por qué hoy dos partidos se disputan el derecho a heredarlo.

Cada cierto tiempo, la derecha chilena redescubre a Jaime Guzmán. No como un ejercicio de memoria histórica, sino como una herramienta de disputa interna: quién es su heredero legítimo, quién traicionó el proyecto original, quién puede invocarlo. En 2025 y 2026 ese ejercicio se intensificó, coincidiendo con el aniversario 35 de su asesinato y los 80 años de su nacimiento, el 28 de junio. La UDI y el Partido Republicano organizaron actividades paralelas para conmemorarlo: la UDI lanzó una serie de podcasts llamada "Jaime Guzmán. Legado y memoria", mientras los republicanos prepararon un seminario de dos días pensado para captar militantes jóvenes.

La pelea se hizo pública sin matices cuando la secretaria general del Partido Republicano, Ruth Hurtado, declaró que si Guzmán estuviera vivo votaría por su partido y no por la UDI. Según fuentes, detrás de la frase habría estado el asesor Cristián Valenzuela, buscando tensionar a la derecha de cara a la contienda presidencial. 

Vale la pena, entonces, volver a las fuentes. ¿Qué decía exactamente Guzmán sobre su sector?

En sus escritos personales, Guzmán advertía sobre lo que consideraba una confusión conceptual peligrosa: cuando se entiende la democracia como "una forma de vida" y no como una forma de gobierno, o se la equipara sin más con la libertad, se cae en una categoría tan difusa que termina siendo, en sus palabras, un "cajón de sastre donde todo puede caber".

El proyecto: una derecha "popular"

En una charla de octubre de 1990 —recogida después en sus Obras Completas— Guzmán explicó que su idea de derecha popular buscaba "enraizarse en los sectores más modestos del país". Entendía que la derecha chilena históricamente había estado pegada a la clase alta, y que un proyecto serio debía captar "el corazón y la mente de las personas", no solo su voto.

La Constitución como resguardo, no como marco neutral

La frase más citada —y probablemente la más reveladora— aparece en "El camino político" (Revista Realidad, 1979). Guzmán explicó que la Constitución debía lograr que el margen de maniobra de un eventual adversario en el poder fuera "lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil" actuar distinto a como la propia derecha lo haría.

La cita textual dice lo siguiente: “la Constitución debe procurar que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque – valga la metáfora – el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil lo contrario” (“El camino político”, en Revista Realidad, Año 1, 7, Instituto de Estudios para una Sociedad Libre, 1979, pp. 13-23).

La democracia como un medio, no como un fin

En sus escritos personales, Guzmán advertía sobre lo que consideraba una confusión conceptual peligrosa: cuando se entiende la democracia como "una forma de vida" y no como una forma de gobierno, o se la equipara sin más con la libertad, se cae en una categoría tan difusa que termina siendo, en sus palabras, un "cajón de sastre donde todo puede caber".

“Cuando escucho referirse a la democracia como una forma de vida, —y no como una forma de gobierno—, o cuando se identifica a la democracia con la libertad, percibo que hemos llegado a esas palabras de contornos difusos, que se prestan para un cajón de sastre donde todo puede caber” (Escritos personales).

De ahí se desprendía su tesis más controversial sobre la democracia como medio y no como fin, y su justificación explícita de la dictadura frente a la disyuntiva con el totalitarismo:

“Entender la democracia como un medio y no como un fin, junto con clarificar los conceptos, permite asumirla no como una meta, sino como un camino. No como un edén, sino como una tarea exigente. Sin ello, la propia democracia no subsiste y de nada sirve la cantinela de que ‘más vale la peor de las democracias a la mejor de las dictaduras’. Porque entre la anarquía y la dictadura, desde tiempos inmemoriales los pueblos han optado siempre por la dictadura. Y si sólo cabe escoger entre dos dictaduras, siempre lo hará —y yo también— por la que parezca más conveniente o menos inconveniente. Más aún, la opción puede darse (como sucedió en Chile en 1973) entre una dictadura y un totalitarismo. En ese evento, siempre será preferible una dictadura” (Escritos personales).

Este pasaje es, probablemente, el que mejor explica por qué ni la UDI ni los republicanos suelen citarlo completo en sus homenajes: ahí Guzmán no defiende la democracia como valor en sí mismo, sino como un instrumento subordinado a un objetivo superior, y deja explícita su justificación del golpe de 1973 en esos mismos términos.

El anticomunismo como cemento

En Revista Qué Pasa (enero de 1975), fue tajante: "creo que los estados libres deben ser militantemente antimarxistas y anticomunistas".

La fundación de la UDI: gremialismo antes que partido

Cuando fundó la UDI, el 24 de septiembre de 1983 —junto a Sergio Fernández, Javier Leturia, Guillermo Elton, Pablo Longueira y Luis Cordero— definió el partido bajo un triple perfil: popular, de inspiración cristiana y partidario de la economía social de mercado. Insistía en que sus militantes debían actuar "como demócratas independientes y gremialistas", fórmula que hoy suena casi arqueológica frente al lenguaje del Partido Republicano.

En cuanto al partido, Guzmán señaló que "los miembros de la UDI actuaremos como demócrata-independientes en lo político, pero como gremialistas en lo gremial. Y en esta última esfera, podremos coincidir así en movimientos de orientación gremial con elementos independientes o afines a otras colectividades democráticas".

Lo que ninguno de los dos partidos suele citar en sus homenajes

Hay una faceta de Guzmán que rara vez aparece en los actos conmemorativos de la UDI o los republicanos: su defensa explícita de la represión estatal como herramienta legítima, algo que hoy resulta incómodo de reivindicar en público. En un texto de 1979 sostuvo que la represión es "un concepto neutro" y que contenerla proporcionalmente "constituye un deber inexcusable para la autoridad".

El negocio detrás del legado

La disputa por Guzmán no es solo simbólica. En 2024, la Fundación Jaime Guzmán —ligada a la UDI— recibió 125,4 millones de pesos por asesorías parlamentarias, superando por poco al Centro de Estudios Republicanos, que recibió 122,2 millones. Ambos think tanks compiten, en los hechos, por la misma bolsa de recursos que financia la producción intelectual de la derecha en el Congreso.

Guzmán murió en 1991 sin alcanzar a ver ni la consolidación de la UDI como fuerza mayoritaria, ni la aparición de un competidor que hoy le disputa el relato. Que sus frases sigan siendo objeto de una verdadera hermenéutica dice menos sobre la vigencia de sus ideas que sobre la orfandad de liderazgo que arrastra la derecha chilena tres décadas y media después.

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