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Jueves, 15 de abril de 2021
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La pandemia de la marmota: Por qué este marzo se parece tanto al marzo de 2020

Andrés Almeida

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"La reproduction interdite", 1937, René Magritte
"La reproduction interdite", 1937, René Magritte

Este artículo es parte del newsletter exclusivo La Semana del pasado sábado 20 de marzo, y ahora se comparte para todos los lectores.

Una vez pasado el optimismo que reportó la noticia de la creación de vacunas a menos de un año de iniciada la pandemia del Covid-19, vuelven a verse espesos nubarrones en el horizonte. Como en la película El día de la marmota, en la que el protagonista despierta en el mismo día una y otra vez, este marzo se parece mucho al marzo de 2020. Solo que esto que vivimos no es una comedia.

De tal modo, nuevamente se instala la incertidumbre mientras la tragedia no ceja.

A nivel mundial las segundas -y terceras- olas pandémicas crecen incluso con mayor furia que en las primeras, acicateadas probablemente por las nuevas cepas, la fatiga de pandemia de personas emocionalmente colapsadas por todo el esfuerzo desplegado en 2020 y esperanzadas en que las vacunas hagan pronto lo suyo, y gobiernos que intentan desesperadamente poner en movimiento sus economías.

En ese cuadro, son varias voces internacionales las que están advirtiendo que esa luz que representaban las vacunas, parecen no ser necesariamente el final del túnel.   

Nature, tal vez el journal científico más prestigioso a nivel global, por ejemplo, publicó un artículo titulado Cinco razones por las cuales la inmunidad de rebaño es probablemente imposible. Según la publicación 1) no es claro que las vacunas puedan cortar la transmisión del virus. Asimismo 2) la aplicación de las vacunas es desigual en los territorios, por lo que 3) las zonas en que menos vacunas se aplican son las que pueden crear nuevas variantes que las dejen obsoletas. 4) todo esto va contrarreloj, pues la inmunidad lograda tanto por vacunas como por haberse expuesto a la infección, no dura para siempre. Y 5) Las vacunas pueden cambiar el comportamiento humano, ofreciendo una sensación de seguridad que puede terminar alterando pautas de conducta que ayudan actualmente a morigerar la transmisión. 

Todo lo anterior puede significar un panorama de constantes avances y retroceso de casillas.

Uno de los factores científicos que pueden echar por la borda todo el optimismo provocado por la temprana creación de las vacunas, es que -al parecer- la comunidad científica subestimó la capacidad de mutación de este coronavirus, por lo que hoy hay grandes cultivos de nuevas cepas y pocos esfuerzos para restringir viajes internacionales y establecer trazabilidades. Al respecto, conviene leer este artículo de The Washington Post, escrito por Carolyn Y. Johnson: Los científicos subestimaron el coronavirus y están corriendo para mantenerse al día con su evolución.  

En América Latina la situación es más preocupante aún, no solo por las siderales cifras de contagio y muerte de varios de sus países, sino porque una de las cepas que mayor preocupación causa es la originaria de la ciudad amazónica de Manaos, Brasil, país donde la pandemia está desbordada. En Bloomerg esta preocupación se traspasa a la economía. Al respecto, su columnista Mac Margolis escribió: La virulenta Latinoamérica necesita 1.000 millones de dosis (en español, republicado por El Mercurio Inversiones)

Margolis tiene palabras elogiosas para Chile: "El resultado: Chile se ha convertido en el Israel de América, donde más de una cuarta parte de la población ya está vacunada. A fines del mes pasado, superó a Estados Unidos en cantidad de personas vacunadas...". Pero ya están lejanos los días en que el país era visto como una linda casa en un mal barrio o como un oasis, por lo que el dicho que más aplica en la región es cuando llueve todos se mojan. Lo anterior se justifica plenamente en uno de los argumentos dados por Nature para el mismo caso de Israel (y que aplica también al caso chileno): el país sigue siendo vulnerable aunque haya inmunizado al 50% de su población y cada día sume un 1% de ella a ese número; si es que sus vecinos El Líbano, Siria, Jordania y Egipto solo han llegado a inmunizar al 1% de cada una de sus poblaciones.

El caso chileno también ha sido objeto de atención mundial. La BBC se pregunta: Coronavirus en Chile: cómo se explica que pese a la buena vacunación tenga la tasa de contagio más alta desde el peor momento de la pandemia. La paradoja, según destaca el autor del artículo, Lioman Lima, se explica por cierto desfase entre la dinámica de la pandemia y el momento cuando se empezó a aplicar las vacunas, por lo que los efectos debiesen sentirse ya entrado abril.

Antes de esperar a abril, para saber que tan bien funcionan las vacunas de Sinovac, en especial en el rango etáreo de más de 65 años, en INTERFERENCIA publicamos esta columna académica de Florencia Tevy: Lo que no sabemos sobre las vacunas de Sinovac y que ahora es urgente saber ante esta ola pandémica. El artículo permitió plantear una serie de preguntas respecto de los estudios que llevaron al gobierno a decidir vacunar adultos mayores con esta vacuna china, pese a que no hay claridad de su eficiencia (sí de su seguridad).

El gobierno hizo una conferencia de prensa y aseguró que funcionaba en un 90% en prevenir casos graves, pero no ha entregado todavía el estudio clínico conducido por investigadores de la Universidad Católica, por lo que -lamentablemente- muchas de esas preguntas siguen vigentes.

Finalmente, en INTERFERENCIA llevamos también otra columna académica, de Aníbal Vivaceta, Sebastián Espinoza y Nicolás Schiappacasse, quienes explican esta paradoja a través del artículo La pandemia está desatada porque el gobierno ha fomentado políticas sanitarias simplistas, acríticas y exitistas, la que busca comprender el nivel de catástrofe actual en la gestión del gobierno, el cual -tal vez- estuvo distraído aplicando vacunas y auto felicitándose por ello, olvidando, por ejemplo, trazar la amenazante cepa brasileña que podría echar por tierra su predilección por los rankings mundiales de vacunación.

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Lo peor de esta pandemia es la inseguridad de los cientificos,de los gobernantes y de la real eficiencia de la ciencia epidemiológica actual. Los efectos políticos,sociales y económicos darán paso a una tragedia en el corto plazo, porque todo será incierto.

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