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Sábado, 24 de agosto de 2019
Una reivención romántica

Las otras vidas de Notre-Dame

Ricardo Martínez

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'Una vista de la Catedral de Notre-Dame de París', Hubert Robert
'Una vista de la Catedral de Notre-Dame de París', Hubert Robert

A las 18:50 -hora local de París- del lunes 15 de abril de 2019, un intenso incendio prendió en la Catedral de Notre-Dame en la Île-de-France, y todos lamentaron la pérdida del patrimonio medieval de Francia. Sin embargo, en el siglo XIX los románticos franceses -como el escritor Víctor Hugo y el arquitecto Viollet-Le-Duc- ya habían reinventado el icónico y derruido edificio hasta hacerlo parecer más medieval que el mismo medievo. Una prueba de que la resurrección de Nuestra Señora de París ya ha ocurrido antes.

Durante los primeros años del siglo XIX la Catedral de Notre-Dame era un edificio prácticamente abandonado que recordaba una época en que el catolicismo campeaba en Francia (fue construida en plena Edad Media, entre 1163 y 1345) y que entonces -tras la Revolución Francesa y el laicismo imperante en la sociedad gala- parecía un mal recuerdo de piedra de tiempos que debían olvidarse para siempre.

Se habló incluso, a fines de los 1820, de simplemente demolerla, pero hubo un par de hombres que lucharon porque no fuera así.

El célebre novelista Víctor Hugo, imbuido por el espíritu romántico, que miraba a inicios de ese siglo con otros ojos el pasado gótico, escribió Notre-Dame de París con la expresa intención de recuperar para la cultura de la ciudad la importancia del edificio y salvarlo de la ruina. La historia de Quasimodo y Esmeralda captó la atención del público y revitalizó a tal punto el valor de la construcción que el hijo de Napoleón, junto con un joven arquitecto, llamado Eugène-Emmanuel Viollet-le-Duc, iniciaron el proceso de recuperarla.

De este modo, entre 1845 y 1864, como documenta Flavio Conti para un artículo de la obra Las Cien Maravillas, “Viollet-Le-Duc rehízo estatuas y aleros, estructuras y adornos, reconstruyó la cúspide de madera […] restauró los rosetones […] quizá yendo contra la ética de la restauración, pues quién sabe cuántos turistas, mal informados, enseñan orgullosamente a sus amigos fotografías de las estimables partes góticas de Notre-Dame… ¡Completamente reconstruidas en el siglo XIX!”.

Viollet-Le-Duc, más allá de la polémica en su era por su afán de reinterpretar el gótico en el siglo XIX, fue también importante por al menos dos de sus discípulos.

El primero fue Victor Horta, un arquitecto belga constructor de la Casa Tassel en Bruselas que es considerada una de las obras maestras de Art Nouveau.

El segundo fue Antoni Gaudí quien reconfiguró Barcelona desde finales de los 1800, con obras tan recordadas como la Sagrada Familia o la Casa Milá. Ambos son figuras centrales del movimiento modernista en edificación, con vínculos fuertes con el gótico y el neogótico y figuras esenciales para entender mucho de lo que sucedería en este arte en el siglo XX, desde el Art Nouveau hasta la Bauhaus.

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