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Jueves, 6 de agosto de 2020
¿Será el Covid-19 la excepción?

Las pandemias como aplanadoras de la curva de la desigualdad

Ricardo Martínez

Una de las consecuencias más habituales de las plagas, sean globales o locales, es la disminución de las desigualdades económicas. Así lo sostiene Walter Scheidel, profesor en humanidades de la Universidad de Stanford, en su libro The Great Leveler (La Gran Nivelación en español) de 2017 y luego en una columna de opinión reciente en The New York Times.

La desigualdad económica ha ido aumentando progresivamente en el planeta, en especial a lo largo del presente siglo XXI.

Así lo atestiguan los índices Gini documentados por el Banco Mundial que miden las diferencias sociales al interior de los países o la disminución de la cantidad de billonarios necesarios para sumar erarios equivalentes al de la mitad de la población más desfavorecida del mundo (que descendió de 388 personas en 2010 a tan solo 62 en 2015), entre muchos otros ejemplos.

De tal modo, ríos de tinta y de investigaciones han tratado la desigualdad y sus causas como uno de los problemas más apremiantes de la era contemporánea, aunque mucho menos se ha escrito acerca de qué factores a lo largo de la historia han aplanado la curva de la desigualdad.

Walter Scheidel, profesor en Humanidades de la Universidad de Stanford, es uno de esos especialistas que ha indagado en los potenciales niveladores de las desigualdades, y sus investigaciones se transformaron en un libro de divulgación publicado en 2017. En este volumen, Scheidel sostiene que existen cuatro shocks que facilitan el equilibrio en los ingresos.

“Durante miles de años, la civilización no se prestó a la igualación pacífica. En una amplia gama de sociedades y en diferentes niveles de desarrollo, la estabilidad favoreció la desigualdad económica. Esto fue tan cierto para el Egipto faraónico como lo fue para la Inglaterra victoriana, como lo fue para el Imperio romano y también para los Estados Unidos", escribe el autor en su libro The Great Leveler (La Gran Nivelación, en español) editada por Princeton University Press en 2017.

"Los shocks violentos resultaron de vital importancia para alterar el orden establecido, para comprimir la distribución del ingreso y la riqueza, para reducir la brecha entre ricos y pobres. A lo largo de la historia registrada, la nivelación más poderosa siempre fue el resultado de shocks poderosos", continua el texto.

"Cuatro tipos diferentes de rupturas violentas han aplanado la desigualdad: la guerra de movilización masiva, la revolución transformadora, el fracaso del estado y las pandemias letales. Los llamo Los Cuatro Jinetes de la Nivelación”, finaliza el fragmento.

Las plagas niveladoras

En el contexto de la pandemia actual de Covid-19, Scheidel recupera algunas de las ideas y datos del capítulo de su libro que se refiere a aquel cuarto jinete. En una publicación reciente para The New York Times, el autor defiende que, por ejemplo, la peste bubónica, que arribó a Europa vía Italia en el otoño de 1347 y que se estima exterminó -en un proceso que tardó varias décadas- a un tercio de la población de dicho continente, produjo que “todo el mundo habitado cambiara”, según cita las palabras del historiador árabe Ibn Khaldun.

Y el cambio, sostiene Scheidel, alarmó a los ricos ¿Por qué?

Tanto en su libro como en su reciente columna, el profesor de Stanford señala que la disminución de la mano de obra, en particular agrícola, generó que, “tal escasez de trabajadores resultara en que los humildes levantaron la nariz en el empleo, y apenas podían ser persuadidos para servir a las personas eminentes por salarios triples”, como comentaba un cronista inglés de la época.

Esta disminución dramática de la mano de obra y el consiguiente encarecimiento de las labores operarias niveló las fuerzas entre trabajo y capital. Tanto, que tan solo unas décadas luego del arribo de la peste bubónica, los ingresos reales de los trabajadores europeos se habían duplicado, en especial en aquella mano de obra no cualificada.

Para hacer frente a estas transformaciones, por ejemplo, en Inglaterra, los terratenientes empezaron a presionar a la corona para que lanzara la Ordenanza de los Trabajadores en que se indicara a estos que tenían la obligación de aceptar los empleos ofrecidos. Scheidel sostiene que tales amenazas finalmente nunca pudieron llevarse a cabo.

No solo ocurrió eso en tales circunstancias tardomedievales, sino que, como se documenta en el libro de 2017, ello también sucedió en el contexto de plagas anteriores.

“Hemos comprobado que, a pesar del castigo infligido por Nuestro Señor Dios, las personas dedicadas a actividades comerciales y literarias, así como los artesanos y agricultores de diferentes tipos, y los marineros, cuando deberían llevar una vida mejor, se han dedicado a la adquisición de ganancias y demandan salarios y salarios dobles y triples, en violación de costumbres antiguas”, reza una condena del Emperador Justiniano tras una plaga en la antigua Constantinopla, que también rescata el académico.

La desaparición de la mano de obra, el encarecimiento de la misma por la escasez y la nivelación de los Gini se ha reiterado a lo largo de la historia en todas las repetidas condiciones que dejan las plagas y quizá uno de los casos más cercanos sea el de la diezmación de la población originaria americana tras la llegada de los españoles en el siglo XV.

Scheidel se apoya en los datos de Jared Diamond en Armas, gérmenes y acero, para mostrar cómo el choque entre ambos continentes le llevó la peor parte a los naturales de América, quienesfueron destrozados por los patógenos llegados desde el Viejo Mundo, como la viruela, el sarampión, la gripe, la peste, la malaria, la fiebre amarilla y el tifus.

Las estimaciones actuales de las pérdidas humanas, solo en México, prosigue el libro, indican que ellas se encuentran en un rango que va del 20% al 90%. Un estudio citado por el autor -de Arroyo Abad, Davies y van Zanden de 2012- muestra que los ingresos de las poblaciones más pobres de América, producto de la disminución de la mano de obra, se llegaron a multiplicar por un factor de siete en los siglos que siguieron a su diezmación por patógenos europeos.

Cautela en las cuentas alegres

Para toda la intelectualidad que en estos meses de pandemia del coronavirus ha interpretado los efectos potenciales de la misma como un carpetazo final al turbocapitalismo del siglo XXI, las ideas expuestas de Scheidel parecerían ser un argumento más para dicha lectura. Sin embargo, el autor pone paños fríos:

“Al buscar la iluminación del pasado sobre nuestra pandemia actual, debemos ser cautelosos con las analogías superficiales. Incluso en el peor de los casos, el Covid-19 matará a una porción mucho menor de la población mundial que cualquiera de estos desastres anteriores, y tocará la fuerza laboral activa y de la próxima generación aún más ligeramente. La mano de obra no será lo suficientemente escasa como para aumentar los salarios, ni el valor de los bienes raíces se desplomará. Además, nuestras economías ya no dependen de las tierras agrícolas y el trabajo manual”, concluye el investigador en su columna de The New York Times.

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Comentarios

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Creo que es el inicio de una mayor equidad en el mundo entero. Ojalá Chile destierre ese beneficio, que consiste en crear Leyes para un Capitalismo Omnívoro, Este actuar ha permitido Capitalizar Riqueza en unos pocos, y al mismo tiempo entregar una muy baja calidad de vida a la mayoría de sus ciudadanos; quienes obtienen mensualmente sueldos y pensiones indignas, Es hora de poner fin a dichos beneficios, para permitir que las grandes mayorias ingresen a la sociedad de libre Mercado. O sino, declarar dicha teoría inadecuada para nuestra sociedad.

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