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Jueves, 28 de mayo de 2020
Hablan los especialistas

Los dilemas de la 'zoomificación' de la educación superior chilena

Ricardo Martínez

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Foto: UAI
Foto: UAI

La pandemia del Covid-19 ha tenido un impacto en todos los ámbitos de la vida moderna, y ha impactado con particular fuerza a la educación. Como respuesta a la imposibilidad de las clases presenciales, la aplicación Zoom ha sido una respuesta no exenta de peligros y problemas.

Casi mil seiscientos millones de estudiantes escolares en estos momentos se encuentran en sus casas a causa de las acciones de cuarentena relacionadas con el Covid-19. De acuerdo con cifras de la UNESCO, este valor corresponde a un 91,3% de toda la matrícula colegial a nivel planetario.

En este contexto, tanto en los niveles primario y secundario, como en el de la educación terciaria, se ha producido un acelerado e intempestivo desplazamiento desde la educación presencial hacia la educación a distancia, en particular por medio de plataformas online sincrónicas (como Zoom) y asincrónicas (como Google Drive).

Los profesores han debido ajustar sus programaciones y sus actividades a esta modalidad a distancia, generando de manera obligatoriamente precipitada materiales como guías, listas de lecturas, actividades diversas.

Y en ese ámbito la plataforma que ha conseguido la mayor dominio en esta crisis ha sido el propio Zoom Video, perteneciente a Zoom Video Communications, Inc., alojada en San José California desde 2011.

Zoom ha superado en su uso a servicios más antiguos como Skype o paralelos como Meet, controlando la oferta de la tele-educación en las últimas semanas.

Todo ello sazonado por críticas a su sistema de privacidad de los datos, la seguridad (encriptación) de las transmisiones y, más que ello, la presencia de disimilaridades e inequidades en el acceso a estos servicios (falta de dispositivos para comunicarse, ausencia de planes de banda ancha, en especial en los sectores más desfavorecidos de cada sociedad).

Más allá de dichas críticas y conflictos, el proceso de zoomificación de la educación merece también una lectura desde la experticia docente.

Para analizar las características y pros y contras de esta modalidad, en especial en el ámbito de la educación terciaria (universidades, institutos profesionales, centros de formación técnica), INTERFERENCIA entrevistó a un par de especialistas; Soledad Concha (SC), investigadora del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de O’Higgins y Federico Navarro (FN), presidente de la Asociación Latinoamericana de Estudios de la Escritura en Educación Superior y Contextos Profesionales (ALES) y académico del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de O’Higgins.

- ¿Cuáles son las principales dificultades o limitaciones de la educación no presencial, como la que se está implementando de urgencia en estos días, particularmente de modo sincrónico a través de plataformas como Zoom?

- SC: La primera y tal vez la más importante limitación que veo en la educación no presencial es la dificultad de adecuar la enseñanza a las necesidades cognitivas, las emociones y la motivación de los estudiantes. Ver y oír en tiempo real las reacciones de los estudiantes, y deducir si han comprendido o no, verificar su atención y su interés a cada minuto, permiten a un docente regular los niveles de abstracción en sus explicaciones, decidir detenerse a dar ejemplos, ofrecer pausas, diversificar las maneras de explicar un contenido, etc.

Esta adaptación dinámica a los procesos de pensamiento y un apoyo emocional atento permiten que los estudiantes se comprometan en el proceso de aprendizaje, activen sus esquemas de conocimiento, hagan preguntas, colaboren y, como consecuencia, aprendan.

- Relacionado con esto último, entonces ¿Cuáles son las habilidades o prácticas docentes que más se requiere desarrollar en estas modalidades a distancia como Zoom?

- FN: Modelar lo que pedimos; al no poder ver las reacciones de los estudiantes en sus espacios de trabajo a distancia, hay que ser más detallados y creativos con las instrucciones y ejemplos para nuestras tareas. Diversificar actividades: menos exposición y pregunta-respuesta, y más tareas diversas, en dinámicas y roles distintos. Dosificar, con paciencia y sensatez: pedir menos lecturas, con formas de participación múltiples y evaluaciones formativas, porque hay menos capacidad de autogestión, de concentración, de privacidad y de conectividad.

Aprender también; es decir explorar nuevos programas sencillos, como OBS, Google Forms, pidiendo ayuda a las direcciones de docencia e informática.

- SC: Va a ser necesario mucho trabajo de parte de nosotros, los profesores universitarios, para encontrar formas de mediar el aprendizaje y no solo disponibilizar contenidos y materiales. Cómo usamos los medios de la tecnología para acercarnos a esta mediación y también qué contenidos y qué habilidades definimos que es posible enseñar por vía virtual y qué otros será necesario reservar para cuando volvamos a las salas de clase.

- La posibilidad de las universidades de disponer de las clases en video a partir de las clases Zoom de estos días ¿Podrían poner en riesgo la libertad de cátedra o la misma docencia, al tener ya las clases realizadas y replicables?

FN: No, de ninguna manera. Eso supondría que las clases por Zoom consisten en una exposición continua, un monólogo del docente filmado para ser transmitido online. Pero esa dinámica no solo está muy cuestionada en clases presenciales, sino que en clases virtuales es un sinsentido. Una buena clase por Zoom incluye interacciones y creación de grupos de trabajo, además de exposiciones y producciones asincrónicas de todos los participantes, lecturas, escrituras colaborativas, etc.

Eso no puede filmarse y replicarse de forma automática un año tras otro, como sabemos hace décadas.

Pero, sí es cierto que la docencia online habilita más controles institucionales y nos debemos un debate al mediano plazo sobre privacidad y libertad de cátedra.

El dilema de las carreras y los cursos prácticos

No obstante lo anterior, una de las mayores dificultades o dilemas de la educación a distancia zoomificada estriba en los cursos prácticos como los talleres, e incluso en carreras completas, desde las artísticas, como Teatro, hasta las científicas que requieren de laboratorios y equipos, como Ortodoncia.  

Se explaya María de los Ángeles Calleja, profesora de diseño DUOC UC: “Yo hago clases en dos carreras de diseño en Duoc, ha sido todo un desafío hacer clases virtuales, sobre todo en las asignaturas que tienen muchos contenidos prácticos. Con respecto a las asignaturas con contenido teórico no ha sido tanto problema, considerando que no soy nativa digital. Al principio de la cuarentena comencé pidiendo trabajos de una semana para otra, y que me mandaran fotos de los resultados. El problema es que no todos los estudiantes tienen materiales para trabajar en la casa. Entonces tuve que adaptar los contenidos para que tuvieran más carga teórica. Asegurándome de que los aprendizajes esperados y las competencias puedan ser adquiridas de igual forma. La parte práctica la pienso concentrar en las últimas semanas del semestre. Ahora sí, es necesario mencionar que adaptar las clases, corregir uno a uno online y hacer el trabajo de respaldar las clases grabadas y dejar registro en diversas plataforma, correo y Drive significa más trabajo del que requerían las clases presenciales”.

Estas dificultades -e imposibiliddes en algunos casos- están en parte en la decisión de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, la cual voto un paro online, asociando las clases online con demandas tales como la reducción del arancel o la suspensión del CAE, según reportó La Tercera el viernes 27 de marzo

Lo más probable es que la zoomificación de la educación se mantenga no solo durante el periodo de cuarentena que se estima se extenderá en el mundo por varias semanas más, sino que, hacia la posteridad, por lo que toda la experiencia acumulada, tanto a nivel individual por cada docente, como colectiva por las universidades e institutos profesionales y centros de formación técnica, podrá abrir un nuevo espacio para entender cómo se educa en el siglo XXI, más allá de la emergencia actual.

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