A los 85 años falleció este martes en París el cineasta chileno Patricio Guzmán, por un paro cardiorrespiratorio, tras tres años enfrentando problemas de salud, según fuentes cercanas al director. Con su muerte desaparece el testigo directo más importante que tuvo el golpe de Estado de 1973: el hombre que filmó el gobierno de Salvador Allende hasta su último día y pasó el resto de su vida tratando de que Chile no dejara de mirar esa herida.
Guzmán nació en Santiago el 11 de agosto de 1941 y pasó una infancia dispersa entre colegios de Viña del Mar y la capital, hasta terminar la enseñanza media en el Instituto Nacional, donde compartió aula con el futuro escritor Antonio Skármeta. Se formó en el Instituto Fílmico de la Universidad Católica, bajo la tutela del sacerdote y cineasta Rafael Sánchez, y completó sus estudios en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid entre 1966 y 1969. Sus primeros trabajos, los cortometrajes "Viva la libertad" (1965) y "Electroshow" (1966), ya anticipaban el tono social que marcaría toda su obra.
De vuelta en Chile en 1970, filmó "El primer año" y "La respuesta de octubre" durante el gobierno de la Unidad Popular. Ese registro derivó en el proyecto que lo haría mundialmente conocido: "La Batalla de Chile", un documental que retrató el último año del gobierno de Allende y cuyo rodaje se extendió hasta el mismo día del golpe de Estado. Guzmán fue detenido esa jornada y permaneció quince días preso en el Estadio Nacional.
Los rollos de película, ocultos por un tío suyo y trasladados clandestinamente a Valparaíso, cruzaron después el Atlántico en barco hasta Europa. El exilio lo llevó primero a Cuba, donde terminó de montar la trilogía con apoyo del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y del realizador francés Chris Marker, quien había financiado el rollo original con que se filmó en Chile. "La Batalla de Chile" se estrenó entre 1975 y 1979 y la revista estadounidense Cineaste llegó a incluirla entre los diez mejores filmes políticos de la historia del cine. En Chile, sin embargo, solo pudo exhibirse abiertamente décadas más tarde, ya en democracia.
Instalado en París junto a su esposa y colaboradora Renate Sachse, Guzmán construyó desde ahí una obra que no se apartó nunca de la dictadura ni de sus consecuencias: "En nombre de Dios" (1987), sobre la labor de la Iglesia católica en derechos humanos; "Chile, la memoria obstinada" (1997), que reencontró a los protagonistas de su trilogía original; "El caso Pinochet" (2001) y "Salvador Allende" (2004). Ya en la década de 2010 completó una segunda trilogía —"Nostalgia de la luz" (2010), "El botón de nácar" (2015) y "La cordillera de los sueños" (2019)— que llevó la memoria de los detenidos desaparecidos hacia el desierto, el mar y la cordillera. En 2022 estrenó "Mi país imaginario", sobre el estallido social de 2019.
Tres documentales de Patricio Guzmán (2010-2019) – El país antes de octubre
El reconocimiento internacional fue constante: Oso de Plata en la Berlinale, el Ojo de Oro de Cannes, un Goya y el Gran Premio de la Academia Europea de Cine, entre otros. En Chile ese reconocimiento tardó mucho más: el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales recién le llegó en 2023, cuando tenía 82 años. Fue una espera que el propio Guzmán anticipó durante años, cuando decía que sus películas deberían enseñarse en los colegios chilenos, pero que mientras él viviera seguirían siendo miradas con recelo por su origen de izquierda; el éxito pleno en su país, insistía, llegaría solo cuando ya no estuviera. Fue también, en paralelo, el fundador y presidente de FIDOCS, el Festival Internacional de Documentales de Santiago, que desde 1997 ha sostenido el género en Chile casi en soledad.
Le sobreviven dos hijas de un matrimonio anterior, Andrea y Camila Guzmán Urzúa, también cineastas, que trabajaron junto a él en distintos proyectos. Pero deja, sobre todo, el registro más completo que existe del quiebre de 1973 y de las décadas que Chile tardó en empezar a mirarlo de frente.





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