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Domingo, 15 de diciembre de 2019
El giro derechista brasileño

Por qué los ricos y poderosos de Chile aman a Bolsonaro

Pedro P. Ramírez Hernández
Victoria Viñals

La Moneda, los grandes empresarios y El Mercurio están felices con el nuevo mandatario de Brasil, porque este promete implementar reformas a la chilena. Y eso les abre oportunidades de negocios.

La victoria de Jair Bolsonaro en Brasil despertó el apetito de los grandes grupos económicos de Sudamérica y Chile. No es casualidad que, desde la primera vuelta presidencial a inicios de mes, el índice Bovespa de la bolsa de Sao Paulo subiera más de 8%, anticipándose al triunfo del candidato de la derecha extrema.

En temas económicos, la coincidencia ideológica entre Bolsonaro y Chile es plena. Hace sólo algunas semanas el presidente Sebastián Piñera afirmó que el programa del ex capitán de Ejército "va por el camino correcto".

El amor es mutuo. Onyx Lorenzoni, actual diputado y futuro jefe de gabinete del nuevo mandatario, afirmó que “Chile es la gran referencia latinoamericana: tiene buena educación, genera tecnología y hoy comercia con todo el mundo", según consignó La Tercera. "Tenemos que tener la humildad de mirar ese ejemplo con atención. Chile es un faro para América Latina”.

Aunque su apología a la dictadura militar brasileña (1964-1985), y sus comentarios racistas, y homofóbicos, han causado revuelo, lo cierto es que Bolsonaro promete ser un buen negocio para el mundo de los negocios.

Mientras que en muchos países la elección de Bolsonaro ha generado temor, porque confirma el giro hacia la derecha dura en Occidente, el establishment financiero y empresarial chileno celebra al nuevo presidente de Brasil.  Aunque su apología a la dictadura militar brasileña (1964-1985) y sus comentarios misóginos, racistas, xenófobos y homofóbicos, han causado revuelo, lo cierto es que Bolsonaro promete ser un buen negocio para el mundo de los negocios.

Sin ir más lejos, ayer martes el diario El Mercurio, el vocero histórico de los intereses permanentes de la derecha y el gran empresariado chilenos, tituló: "Bolsonaro comenzará su gestión con reducción de ministerios, privatizaciones y reforma de pensiones". 

Déjà vu

Paulo Guedes, el futuro ministro de Economía de Brasil, se educó en la Universidad de Chicago bajo la tutela de Milton Friedman, al igual que los ideólogos del modelo económico chileno. Guedes, un declarado admirador del “modelo chileno”, pudo ver de cerca la implementación de algunas de las reformas que implementó la dictadura de Pinochet a inicios de los años 80.

Según la revista brasileña Forum, en 1981 el economista brasileño dictó clases durante al menos un semestre en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile. Guedes habría sido invitado por Jorge Selume Zaror, decano de esa facultad entre 1981 y 1985, y padre del actual director de la Secom.

Los cinco puntos claves del programa económico esbozado por Bolsonaro, son los mismos que formaron la base del modelo económico chileno: disminuir el rol del Estado, bajar los impuestos, flexibilizar el trabajo, privatizar las empresas estratégicas y crear un sistema de pensiones privado.

De esta manera, el hombre que se encargará de las finanzas de la mayor economía de América Latina, vivió en terreno la implementación de la reforma de pensiones que impulsó José Piñera en esa época. Y quedó gratamente sorprendido con lo que vio, al punto que, casi 40 años después, Guedes coquetea con una reforma previsional a la chilena, según el diario Folha do São Paulo.  

Pero hay más. Los cinco puntos claves del programa económico esbozado por el asesor de Bolsonaro, que todavía no son más que enunciados confusos, son los mismos que formaron la base del modelo económico chileno implementado durante la dictadura: disminuir el rol del Estado, bajar los impuestos, flexibilizar el trabajo, privatizar las empresas estratégicas y crear un sistema de pensiones privado.

Por eso resultó bastante simbólico que el ex candidato presidencial José Antonio Kast le obsequiara un libro especial a Bolsonaro y su equipo cuando fue hace unas semanas a Brasil a prestarles su apoyo. Se trataba de “El ladrillo”, el programa de reformas neoliberales preparado por los Chicago Boys chilenos desde la candidatura presidencial de Jorge Alessandri en 1970, y que comenzó a circular en las oficinas gubernamentales en cuanto los militares se tomaron el poder el 11 de septiembre de 1973.

Un programa a la medida

Guedes y Bolsonaro han prometido privatizar una serie de empresas estatales, algo que ha despertado también el apetito de los grandes capitales chilenos. En Brasil existen actualmente más de 140 grandes compañías en manos del fisco. Guedes ha señalado que está dispuesto a privatizar “todas las estatales”, incluyendo que el Estado comience a vender una gran parte del más de 60% de propiedad que mantiene el la gigante petrolera Petrobras.

En Argentina resienten además que Bolsonaro haya tenido la intención de realizar su primera visita internacional a Chile, y después a Estados Unidos e Israel, cuando tradicionalmente los presidentes electos de Brasil suelen ir primero a Buenos Aires.

De todas formas, en una primera señal de pragmatismo, el propio Jair Bolsonaro salió al paso de las declaraciones de Guedes y explicó que, de momento, sólo tiene contemplado abrir al mundo privado las empresas satélites de Petrobras y Eletrobras, protegiendo el grueso de las estatales.

Respecto al comercio internacional, Bolsonaro ha dicho que pretende impulsarlo mediante la reducción de las tarifas de importación y de las barreras no arancelarias. Además, espera constituir nuevos acuerdos bilaterales internacionales, en desmedro del Mercosur, la alianza comercial que tiene como protagonistas a Brasil y Argentina.

El lunes, periodistas de los diarios argentinos El Clarín y La Nación abordaron a Guedes para consultarle respecto de la relación económica con Argentina.

El futuro ministro incendió los ánimos al afirmar que el Mercosur  -del cual Chile no forma parte plena- era un acuerdo ideológico impulsado por el Partido de los Trabajadores, en conjunto con otros liderazgos “bolivarianos” de la región y anunció que, si bien no se saldrían, privilegiaran las relaciones con nuevos mercados. Claro que en ello Guedes pareció jugar las cartas de desinformación que suele usar Donald Trump, ya que ese tratado comercial se formó a inicios de los años 90, casi una década antes de la llegada al poder de Lula da Silva, y los únicos miembros plenos actualmente son Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Y los primeros tres están en manos de gobiernos de derecha.

Aunque Brasil ha sido históricamente un mercado muy difícil de conquistar para cualquier empresa extranjera, a algunos grupos chilenos les ha ido muy bien. Cencosud, por ejemplo, facturó casi US$ 2.400 millones en sus 204 tiendas durante 2017.

De todas formas, el desaire no quedó desapercibido. En Argentina resienten además que Bolsonaro haya tenido la intención de realizar su primera visita internacional a Chile, y después a Estados Unidos e Israel, cuando tradicionalmente los presidentes electos de Brasil suelen ir primero a Buenos Aires.

Los grupos chilenos

La anunciada liberalización económica brasileña es un escenario atractivo para los grandes grupos económicos chilenos que ya están instalados en ese país. Las oportunidades se agrandan si se abaratan los costos de contratación, por una posible flexibilización laboral, y se concretan relaciones comerciales más favorables.

Los que probablemente estén más atentos a estos cambios en ese país de 200 millones de habitantes sean las multinacionales chilenas con importantes inversiones en Brasil. Entre estas destacan aquellas compañías controladas por familias como los Cueto (la aerolínea Latam), el grupo Angelini (Celulosa Arauco), Horst Paulmann (Cencosud), la familia Luksic (Tech Pack), el grupo Solari (Falabella), Andrés Navarro (Sonda), los grupos Guilisasti y Larraín (Viña Concha y Toro) y Julio Ponce Lerou (SQM), entre otros.

Pese a la euforia de El Mercurio y de los mercados por las potenciales oportunidades de negocios, es poco probable que Bolsonaro realmente lleve a cabo todas estas transformaciones.

Aunque Brasil ha sido históricamente un mercado muy difícil de conquistar para cualquier empresa extranjera, a algunos grupos chilenos les ha ido muy bien. Cencosud, por ejemplo, facturó casi US$ 2.400 millones en sus 204 tiendas durante 2017. Ello representó 21% de todos los ingresos del grupo, siendo la tercera fuente de ganancias después de Chile y Argentina.

La empresa de tecnología Sonda, en tanto, generó ingresos por poco más de US$ 1.300 millones el año pasado en sus operaciones en Brasil, lo que equivalía a un tercio de toda su facturación global.

Pese a la euforia de El Mercurio y de los mercados por las potenciales oportunidades de negocios, es poco probable que Bolsonaro realmente lleve a cabo todas estas transformaciones. Después de todo, pese a su declarada admiración por el régimen de Pinochet y por la propia dictadura brasileña, tendrá que negociar sus reformas en el Congreso. Y ahí está muy lejos de contar con una mayoría.

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