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Miércoles, 21 de octubre de 2020
Entre 1933 y 1958

Salvador Allende y su búsqueda de una alianza entre proletarios y burgueses

Manuel Salazar Salvo

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1938, Salvador Allende en las brigadas socialistas.
1938, Salvador Allende en las brigadas socialistas.

El enorme esfuerzo casi rinde frutos en 1958. Allende perdió por sólo 30 mil votos. En la reunión de análisis del día siguiente Allende planteó ante los jefes de los partidos políticos del FRAP que lanzar a la gente a las calles hubiera significado una guerra civil, y que haber elegido el camino democrático burgués para llegar a La Moneda significaba aceptar la derrota con resignación, aunque los indicios de que la elección se la habían robado eran evidentes.

Al promediar la década de 1930, políticos e intelectuales se concentran en los acontecimientos que conmueven a Europa. El fracaso de la República del Weimar, en Alemania; y la irrupción de los frentes populares en España y Francia, influyen de modo determinante en los partidos de izquierda y de centro en Chile. Entre los socialistas y comunistas se discute la posibilidad de una alianza con las capas de la clase media burguesa, representadas por el radicalismo, o la mantención del camino propio, sólo con las fuerza del proletariado. Los debates a gritos terminan a golpes o a balazos. En tanto, en las calles marchan los nazis y la Milicia Republicana, una numerosa guardia armada con que la derecha espera mantener el orden social por ella establecido.

Volodia Teitelboim recuerda aquel episodio en sus memorias:

-No se trataba de una entidad clandestina, sobre la cual se hiciera misterio. Era de buen tono pertenecer a ella. La Milicia Republicana hacía desfiles públicos. Coincidía con tiempos en que el fascismo subía por la cresta de la ola en varios países de Europa. Muchos se preguntaban si la Milicia Republicana era una imitación de las tropas de asalto hitlerianas. En ella predominaban seculares dogmas conservadores, que partían de un principio de Derecho Natural: en Chile no podían ser gobierno los rotos metidos a gente (o sea la clase media) y nunca jamás los rotos rotos, muchos de los cuales sintieron en los doce días de la República Socialista que también formaban parte de la nación. Hasta se creyeron con derecho a participar en aquello del gobierno.

En 1936, Allende asume como presidente provincial del PS en Valparaíso y concentra sus esfuerzos en allegar partidarios para la creación del Frente Popular. En el mes de mayo una convención extraordinaria del radicalismo ratifica por 316 votos contra 138 la formación del nuevo referente bajo el liderazgo de Juan Antonio Ríos. La minoría la dirige Pedro Aguirre Cerda.

Los afanes izquierdizantes del radicalismo tienen en el diputado Justiniano Sotomayor, a uno de los más entusiastas padres del Frente Popular. Su vehemencia era proverbial. Decía:

-Mis correligionarios le tienen tan poca confianza a la lucha de clases que no se atreven a llamarla lucha… ¡La llaman Luisa!

Tenía cuatro años de edad el PS cuando le tocó dar su primer examen electoral a nivel nacional. Obtuvo casi el 12% de todos los sufragios, unos 46 mil votos. Y se juntaron en Santiago los 17 diputados socialistas, elegidos en distintos puntos del país. Fue esa la Brigada Parlamentaria que conquistara una fama casi mitológica. Pasaron los años y se siguió hablando de ella, de cómo deslumbraba en debates que pasaron a ser legendarios. Salvador Allende compartía los focos de la atención pública con maestros de la oratoria como Carlos Müller, por Tarapacá; Oscar Cifuentes Solar, por Antofagasta; Manuel Eduardo Hübner, por Coquimbo; Salvador Allende, Amaro Castro e Hipólíto Verdugo, por Valparaíso; Carlos Alberto Martínez, Ricardo Latcham, César Godoy Urrutia, Oscar Baeza y Luis Videla Salinas, por Santiago; Carlos Gaete, por Rancagua, Rolando Merino Reyes y Natalio Berman, por Concepción; Julio Barrenechea, por Cautín; Jorge Dowling, por Valdivia;  y Juan E. Ojeda, por Magallanes.

Allende fue designado subsecretario general del PS. Desde ese cargo organizó las Milicias Socialistas para oponerse a las emergentes fuerzas del nacional socialismo y del fascismo.

Al cumplir 30 años, el joven médico ya contaba con una amplia red de amigos, colaboradores y conocidos en Santiago y Valparaíso. Identificaba a sus aliados y a sus adversarios y construía rápidamente nuevas bases de  apoyo para cumplir sus aspiraciones.

En enero de 1938, en un sorprendente vuelco, el radicalismo proclamó a Pedro Aguirre Cerda como su abanderado presidencial, y en las semanas siguientes la izquierda le brindó su apoyo. Nace el Frente Popular integrado por radicales, socialistas, comunistas, democráticos y por diversas organizaciones sindicales aglutinadas en la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCh.

El historiador Mario Céspedes rememora aquel momento de exaltación social:

-La Alianza de Intelectuales de Chile y toda la generación de escritores de esos años se incorporaron plenamente a ese espíritu que encarnó el Frente Popular. Ahí tenemos a Reinaldo Lomboy, a Nicomedes Guzmán, a Gonzalo Rojas, a Carlos Sepúlveda Leyton y tantos otros: Los Hombres Oscuros, La Sangre y la Esperanza, Ranquil, Hijuna, etc. Fue una generación que ubicó lo social como la temática medular de sus obras.

Y el pueblo puro también cantó, anticipándose al triunfo electoral. Ester Soré, 'La Negra Linda', se hizo famosa en todo el país con el vals que preguntaba: “¿Quién será, quién será Presidente?” Y respondía: “Deberá ser un hombre consciente, un hombre de nuestro Frente Popular… Pero Ross no será Presidente, porque Aguirre está con el Frente…”.

Allende asumió como generalísimo de la campaña en Valparaíso. Un paréntesis sangriento tiñó la primavera de septiembre. Cerca de 60 jóvenes nacistas fueron asesinados por carabineros en lo que se conocerá como la Matanza del Seguro Obrero.

Las elecciones se realizaron el 25 de octubre, Aguirre Cerda obtuvo 222.720 votos; su contrincante, el candidato de la derecha, Gustavo Ross Santa María, apodado “El último pirata del Pacífico”, llegó a los 218.609.

El senador liberal Ladislao Errázuriz Lazcano, interpretó el triunfo del Frente Popular, según relata Arturo Olavarría Bravo en sus memorias:

-El triunfo del Frente Popular es sinónimo de revolución social inmediata y no puede terminar sino en una sangrienta tiranía. Los marxistas saben que, con la misma facilidad con que el señor Aguirre Cerda, un hombre falto de carácter, cedió al aceptar el concurso comunista, no obstante su estirpe burguesa y raigambre capitalista, cederá en sucesivas exigencias que le harán, hasta que ya sea inútil para ellos mantenerlo en la Presidencia. Necesitan anarquizar al Ejército, suscitar las ambiciones de los de abajo y crear el desprestigio de los jefes. Necesitan que las condiciones de vida se hagan más desastrosas, para que así lleguen a ser instrumentos más fáciles para el asalto, cuando ya hayan alcanzado la hora. Los marxistas tienen paciencia para alcanzar sus objetivos y cuentan ahora con burgueses tontos que les creen.

Allende se trasladó a Santiago y fijó residencia en un edificio levantado por el Seguro Obrero, en Victoria Subercaseaux 181, frente al cerro Santa Lucía. Allí encontró como vecinos a Rómulo Betancourt, quien llegaría a ser presidente de Venezuela; Manuel Mandujano, Carlos Briones, Hernán Santa Cruz, Armando Mallet, Víctor Jaque y Rolando Merino. Otros habitantes del lugar eran Manuel Seoane, periodista peruano fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA que llegó a ser senador de su país, y en Chile fue director de la revista Ercilla; el “negro” Manuel Solano, periodista peruano aprista que ejerció en el diario “Ultima Hora”; y Luis Alberto Sánchez, intelectual peruano y uno de los líderes históricos del APRA. Con ellos el diputado socialista se reunía para analizar el progreso de la segunda guerra mundial, las nuevas tendencias ideológicas  y las fórmulas para sacar de la pobreza a los países latinoamericanos.

La noche del 25 de enero de 1939, un violento terremoto derriba la ciudad de Chillán y daña gravemente a otras provincias del sur. En Santiago, a esa misma hora, en el cine Santa Lucia, frente a la Biblioteca Nacional, mientras huye de las réplicas del sismo, a los que le tiene pavor, Allende conoce a la profesora de historia Hortensia Bussi Soto, con quien inicia una convivencia casi inmediata que se transforma en matrimonio el 16 de septiembre del año siguiente. Los testigos ante el oficial civil  son Hernán Santa Cruz y el médico Pablo Miranda, a quien quizás porqué razón llamaban Pancho.

Tras el devastador terremoto, el gobierno presentó un proyecto para crear la Corporación de Fomento a la Producción, Corfo, iniciativa que fue arduamente resistida por la derecha, argumentando que la industrialización del país sólo incrementaría la carga tributaria y la inflación. Conservadores y liberales se oponían a un papel más activo del Estado y los cambios sociales que traería la modernización del país. Finalmente, se llegó a un acuerdo. Una de las condiciones aparentemente transadas fue la suspensión de la sindicalización campesina y algunas restricciones al derecho a huelga. Los radicales y la derecha claramente deseaban evitar, o retrasar al menos, las demandas de los obreros y la necesaria reforma agraria que en algún momento habría que emprender.

A petición de su partido, Allende renuncia a su diputación y asume la cartera de Salubridad, Previsión y Asistencia Social en el gabinete de Aguirre Cerda. Llevó al ministerio a uno de sus más cercanos amigos, Carlos Briones, y lo puso al frente de la Dirección de Previsión Social.

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1940, Salvador Allende como ministro de Salud.
1940, Salvador Allende como ministro de Salud.

Una de las primeras iniciativas del nuevo ministro fue crear los "Bares Lácteos", puntos de venta a bajo precio de leche y sus derivados.

En 1941 organizó la Primera Exposición Nacional de la Vivienda –aún no existía ministerio del ramo– y la instaló en plena Alameda, frente al aristocrático Club de la Unión. En ella se mostraron las paupérrimas condiciones en que vivían los pobres de las ciudades y del campo. Su mayor atracción fue una casa modelo que fue construida por seis obreros en una semana de trabajo y que costaba diez mil pesos de la época, una cifra baja. Así demostró que en diez años era posible solucionar el problema de la vivienda. Junto a ella, se erigió una choza que revelaba a los visitantes como vivían las clases más desamparadas. Al día siguiente, en el Congreso, Allende afirmó que en Chile se consumía la séptima parte de la leche que se tomaba en Estados Unidos, que un obrero tenía que trabajar seis veces más para comprar su pan y diez veces más para adquirir un kilo de azúcar. Todo ello estaba en su estudio “La realidad médico social de Chile”, que había publicado dos años antes y donde había consignado en los primeros párrafos:

-Chile tiene el índice más alto de mortalidad infantil. De cada veinte niños, uno nace muerto. De cada diez que nacen vivos, uno muere durante el primer mes, la cuarta parte durante el primer año y casi la mitad durante los primeros nueve años.

Por esos días, Allende ya tiene la costumbre de no dormir más de cuatro horas y nunca acostarse antes de las dos de la madrugada. El 25 de noviembre muere víctima de una pulmonía el presidente Aguirre Cerda. Los radicales proclaman a Juan Antonio Ríos para sucederlo. El Frente Popular logra una nueva victoria: Ríos consigue 260.758 votos; Carlos Ibáñez, apoyado por la derecha, 204.858.

En 1942, Allende renuncia al Ministerio de Salubridad y asume la dirección de la Caja de Seguro Obligatorio. El presidente Ríos rompe relaciones con el Eje integrado por Alemania, Italia y Japón.

Allende es elegido secretario general del PS en el Noveno Congreso General Ordinario realizado en Rancagua, en enero de 1943. De allí salta al Senado en 1945, como representante de la Novena Circunscripción, correspondiente en aquellos años a las provincias de Valdivia, Llanquihue, Chiloé, Aysén y Magallanes. Casi de modo simultáneo, llega al grado de maestro en la logia masónica Hiram 65.

En esos comicios parlamentarios el PS fue el principal derrotado, al lograr sólo el 7,2% de los votos, siendo superado por primera por los comunistas que consiguieron un 10,2%. Poco antes, en 1944, Marmaduque Grove había fundado el Partido Socialista Auténtico, PSA para seguir apoyando al gobierno de Ríos. El PS, con Raúl Ampuero y Salvador Allende como líderes principales, deseaba recuperar el camino doctrinario que creía se estaba extraviando en el gobierno de Ríos.

Las pugnas endémicas del socialismo aumentaban en la medida en que se apreciaban las consecuencias de la guerra fría y de la expansión soviética. Allende navegaba en aguas borrascosas tratando de no apartarse del itinerario fijado: agrupar a las fuerzas del proletariado e intentar una alianza lo más amplia posible con los sectores más progresistas de la burguesía.

En julio falleció Juan Antonio Ríos, quien poco antes había delegado el poder en el senador Alfredo Duhalde. Se enfrentaron entonces las elecciones presidenciales programadas para el 4 de septiembre de 1946. Un sector del Partido Conservador, apoyado por la Falange y el PSA de Grove levantó la candidatura del social cristiano Eduardo Cruz Coke; otro sector de la derecha conservadora junto a los liberales proclamaron a Fernando Alessandri Rodríguez; los radicales, a Gabriel González Videla, quien, apoyado por los comunistas, prometió restablecer el espíritu reformista de 1938. Los socialistas rechazaron cualquier alianza y decidieron presentar solos a Bernardo Ibáñez.

Gabriel González Videla obtuvo 191.351 votos (40,1%); Eduardo Cruz Coke, 141.134 (29,70%); Fernando Alessandri, 129.092 (27,3%); Bernardo Ibáñez, 11.999 (2,5%)

Por primera vez en Chile el PC ocupó cargos ministeriales junto a radicales y liberales, en una alianza muy pocas veces vista en el mundo.

El 3 de abril de 1947 hubo elecciones municipales y los radicales se llevaron una gran derrota. Perdieron 125 regidores, un tercio de su fuerza. Los comunistas, por su parte, ganaron 121 nuevos representantes. El 15 de abril se produjo una crisis ministerial. Los liberales abandonaron el gabinete. La derecha y Estados Unidos presionaron a González Videla GGV para que expulsara a los comunistas del gobierno. Pocos meses después los proscribió con la Ley para la Defensa Permanente de la Democracia, la llamada “Ley Maldita”, aprobada por conservadores, liberales, radicales y el PSA de Grove. Se abrió el campo de prisioneros de Pisagua y más de 30 mil comunistas perdieron sus derechos ciudadanos

Ese mismo año, Allende conoce y recluta como secretario privado a Osvaldo Puccio Giessen.

Un nuevo quiebre del PS lleva a Allende a integrarse al Partido Socialista Popular (PSP), pero en 1951, cuando la tienda opta por apoyar la candidatura presidencial del general Carlos Ibáñez,  decide marginarse y sumarse al Movimiento de Recuperación Socialista, con Astolfo Tapia, Manuel Mandujano y José Tohá, tres amigos y cercanos colaboradores.

A fines de año, el Partido Comunista, algunos radicales, un sector del Partido Democrático y un colectivo de independientes se unen a los socialistas para dar forma al Frente del Pueblo, el que proclama a Allende como su candidato presidencial para los comicios de 1952.

Allende termina cuarto entre cuatro. Carlos Ibáñez gana con 466 mil sufragios; Arturo Matte Larraín, 265.000; Pedro Enrique Alfonso, 190.000; y Allende, 52.000. No obstante, el derrotado percibe que ha sentado las bases de un movimiento que empieza a crecer. Esa misma noche se dedica a consolar y a renovar el ánimo de sus colaboradores, tarea que repetirá una y otra vez en los años siguientes, mostrando una tozudez que lo hará célebre en la política criolla.

Tres días después, declara en el Senado:

-“Nunca pensamos triunfar, pero obtuvimos un porcentaje que implica un triunfo real y efectivo. Porque los 52 mil sufragios del Frente del Pueblo constituyen la expresión de otras tantas conciencias limpias, que sabían que votaban por un programa, por una idea, por algo que estaba apuntado hacia el futuro”.

Una escoba para barrer a los políticos y limpiar la administración pública había sido el emblema de la candidatura de Ibáñez. Su gobierno reunía a un variopinto abanico de personalidades que en los años siguientes seguirían participando en la política chilena desde las más variadas y contradictorias posiciones. Se confundían bajo el calificativo de “ibañistas”, hombres públicos como Jorge Prat, Arturo Fontaine, Alejandro Hales, Juan Gómez Millas, Felipe Herrera, Clodomiro Almeyda y Carlos Altamirano. Pegados con saliva estaban la socialistas populares, agrario laboristas, nacionales del pueblo, nazistas, antinazis e independientes de todos los cuños y pelajes.

Pocas semanas después de su derrota, Salvador Allende empieza a organizar su nueva candidatura a senador, esta vez por la Primera Circunscripción, correspondiente a Tarapacá y Antofagasta, por donde se postularía el secretario general del PSP, Raúl Ampuero, uno de sus principales rivales al interior del socialismo. Sale nuevamente elegido, como el único senador del PSCh en todo el país. Para esa campaña suma a otro colaborador personal, el “alemán” Max Nolff, quien le asesora en materias económicas y coordina a otros expertos en diversos temas técnicos.

El Senado nombra a Allende como su representante en el directorio del Banco Central, cuyo gerente general es Felipe Herrera, con quien establece una muy cercana relación, tan próxima que fue a su departamento en el Parque Forestal donde acudió Tencha Bussi en la mañana del 11 de septiembre de 1973 a solicitar acogida.

En 1953 se deben afrontar dos elecciones complementarias. Se une toda la oposición a Ibáñez que había arrasado en las parlamentarias previas. En la primera llevan como candidato al socialista Luis Quinteros Tricott, profesor de la Escuela de Derecho, católico; en la segunda, a Rafael Agustín Gumucio, bajo el lema “Protesta con Gumucio”. Van juntos a las urnas socialistas, comunistas, radicales, falangistas, liberales y conservadores. Ganan holgadamente en ambas y Allende afirma: “tenemos que recuperar una gran masa obrera que está engañada. Debemos demostrarles que con la derecha se pueden obtener triunfos electorales, pero que no se pueden conseguir conquistas políticas”.

El PSP se retira del gobierno al ver que Ibáñez no cumple las promesas realizadas en su campaña y se suma al Frente Popular. Por primera vez, en otro síntoma de los cambios que están ocurriendo en el país, están codo a codo en una elección los marxistas leninistas con un partido cristiano burgués. Allende piensa entonces que ha dado un nuevo paso en su búsqueda permanente de sumar fuerzas y propone la creación del Frente de Acción Popular, FRAP, que se transformaría en su principal herramienta política hasta las elecciones presidenciales de 1964.

El 2 de abril de 1957 ocurre una de las más violentas jornadas de desórdenes recordadas por los capitalinos. Una ola de huelgas y protestas deriva en saqueos y enfrentamientos en todo el centro de la ciudad. El lumpen sale a las calles y se confunde con estudiantes y obreros que se manifiestan contra el gobierno. Los saqueos obligan al gobierno a sacar de sus cuarteles a los militares. Se decreta Estado de Sitio y toque de queda. Por la tarde, detectives de la policía política aprovechan la confusión para destrozar la imprenta Horizonte, propiedad de los comunistas. Los desórdenes, sin embargo, permiten reunificar al socialismo.

En mayo, el partido le pide a Allende que sea su candidato a La Moneda en los comicios de 1958. Este pone como condición que se redacte un programa y que el nombre del elegido salga de una Convención del Pueblo, a la que concurra la mayor cantidad posible de organizaciones de masas, además de representantes de los profesionales y técnicos de la clase media. El programa es redactado por el propio Allende, Max Nolff, Salomón Corbalán, Jaime Barrios, Orlando Millas y Volodia Teitelboim, y se construye sobre cuatro puntos principales: reforma agraria; nacionalización del cobre, salitre, hierro y yodo; la estatización de la banca; y la creación del área social de la economía.

Allende gana la convención por unanimidad y de inmediato inicia la nueva campaña. Su generalísimo es Salomón Corbalán, secretario general del PS, secundado por el comunista Cipriano Pontigo. En la Comisión de Finanzas pone a Manuel Matus Benavente; en Propaganda, a Pablo Neruda y Walter Duhalde; en Giras, a Osvaldo Puccio, Juan Vargas Puebla y Miguel Teitelboim, el talentoso organizador que es hermano de Volodia. Otros colaboradores cercanos se turnan en diversas labores, entre ellos José Tohá, Max Nolff, Humberto Martones, Pedro Foncea, Carlos Jorquera, Carlos Briones y Pedro Vuskovic.

La sede del comando, “La casa del Pueblo”, queda instalada en calle Compañía, frente al Liceo 1 de Niñas. Para financiar la campaña, se inventan los “Cócteles de Finanzas”, con el apoyo del empresario Manuel Cabezón Bergasa, que aporta con vodka nacional para hacer los tragos. Humberto Martones, un antiguo obrero fierrero, cazurro y macuco, que había llegado a senador, hace las presentaciones para convencer a los invitados que firmen las letras de crédito.

Otros “compañeros” promueven apoyo monetario por medio de la iniciativa “Un día de salario para la victoria”, recorriendo industrias, poblaciones y centros comerciales. El medio siglo de vida de Allende se celebra en “El Pollo Dorado”, aprovechando de cobrar 50 mil pesos –estratosférica suma para esa época – por asistir a la comida, donada por el dueño del local, un árabe de apellido Salomón.

El humorista Gabriel Araya, la vedette Pitica Ubilla y el tony Caluga organizan al mundo del espectáculo para un show maratónico en el Teatro Caupolicán. La enorme orquesta que anima los números es integrada por miembros de la sinfónica. José Tohá y Osvaldo Puccio, mientras, muy reservadamente, acuden a diversos lupanares a recoger el apoyo monetario las prostitutas.

Deciden organizar “El Tren de la Victoria”, un convoy ferroviario que recorre el sur de Chile en 11 días. Allende pronuncia en ese viaje 147 discursos, cada uno de media hora de duración en promedio. Es decir, habla el equivalente a tres días con sus noches sin parar. En ese viaje debuta como nuevo secretario general del PC, nuevamente en la vida pública, el profesor Luis Corvalán.

Al compás de la música de la película “El puente sobre el río Kwai”, los allendistas cantaban “Pronto la reacción sabrá, cuándo termina su reinar, cuando el doctor Allende a La Moneda llegue a gobernar…”. Sus partidarios bajaban de los cerros hacia la vía férrea para esperar el paso del tren. Por las noches encendías enormes fogatas que se divisaban a kilómetros de distancia.

En la captación de votos se puso en práctica lo que Allende denominaba “La teoría del ternero fértil”. Ella indicaba que era más productivo hacer campaña en los lugares donde ya se contaba con una importante cantidad de adherentes, porque ellos podían convencer a otros sin tantos esfuerzos. Por el contrario, trabajar en lugares donde casi no había apoyo, requería mayores energías y tiempos más largos.

El llamado Frente de Saneamiento Democrático, integrado por radicales, frapistas y demócrata cristianos, recibe tres tareas principales: una nueva ley de probidad administrativa que de inamovilidad a los funcionarios públicos; reformas electorales y creación de una cédula única; y la derogación de la “Ley Maldita”.

La marcha para cerrar la campaña hace converger cuatro columnas hacia la Plaza Bulnes donde se reúnen más de 160 mil personas. Aquella noche, muy optimistas, Allende y su comando cenan en “El Danubio Azul”, en Merced a pocos pasos de Miraflores, en uno de los escasos restaurantes chinos que existía en Santiago.

El enorme esfuerzo casi rinde frutos. Allende perdió por sólo 30 mil votos. En las mesas de hombres, ganó por 20 mil, pero en las de mujeres resultó derrotado por casi 50 mil. Cerca de las 22 horas, desde el departamento de Pedro Foncea, en la Plaza Bulnes, el candidato llamó al pueblo a quedarse tranquilo en sus casas, a respetar el resultado de las urnas.

En la reunión de análisis del día siguiente Allende planteó ante los jefes de los partidos políticos del FRAP que lanzar a la gente a las calles hubiera significado una guerra civil, y que haber elegido el camino democrático burgués para llegar a La Moneda significaba aceptar la derrota con resignación, aunque los indicios de que la elección se la habían robado eran evidentes.

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