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Lunes, 25 de marzo de 2019
8M

Sandra Palestro: "Esta huelga es una demostración de fuerza"

Camila Higuera
Victoria Viñals

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Sandra Palestro. Fotografía de Carolina Ibacache.
Sandra Palestro. Fotografía de Carolina Ibacache.

Esta socióloga feminista e integrante de la coordinación nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres conversó con INTERFERENCIA sobre la huelga de mujeres, los desafíos de las organizaciones para constituirse como un movimiento político y las particularidades de las luchas actuales. 

“¿Después de marzo qué?” Le preguntó Patricia Collyer a Sandra Palestro en una entrevista publicada en Revista Análisis en 1986. En ese entonces, Palestro era parte del Coordinador Político de Mujeres, llevaba años luchando contra la dictadura y fraguando, junto a otras de sus  compañeras, la organización de las mujeres en resistencia.

"Nuestro objetivo es llegar a una coordinación de mujeres más orgánica, que integre a las organizaciones sociales y políticas; es decir, que la asamblea informal que nos reúne hoy a todas, de paso a un organismo de este tipo”, respondió.

Socióloga feminista, es integrante de la coordinación nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, quienes rechazaron este año el reconocimiento en distinción a su labor que les iba a otorgar el Congreso.

“No necesitamos un premio. Necesitamos que el Estado haga su pega, que cumpla con los tratados internacionales que ha suscrito y se comprometa de una vez a garantizar una vida libre de violencia a mujeres y niñas”, afirmaron.

Feminista “histórica”, conversó con INTERFERENCIA -en la antesala a la jornada de protesta y huelga general convocada para este 8 de marzo- sobre el movimiento actual, las demandas que convocan a las mujeres, los puntos de inflexión y las proyecciones.

Este 8 de marzo se percibe distinto de otros años ¿Qué es lo que lo hace diferente?

El mayo feminista dejó un ambiente mucho más abonado para tratar los asuntos de las mujeres, con el feminismo muy puesto en lo público. Ya no se empieza tan desde cero, sino que se empieza desde el feminismo, lo que es un paso grande.

¿Hay más conciencia ahora que antes?

Es difícil medir la conciencia pero si se expresara en ánimo, indudablemente habría mucho. Lo que sí hemos visto desde el mayo feminista es que la demanda por formación, por información, por conversaciones, es altísimo principalmente en las mujeres jóvenes. También sucedió eso tremendo que fue que la derecha empezó a tomar también esos conceptos y ese discurso. Entonces había que profundizar más.

También creo que hay una conciencia mayor de hacer propuestas y llevarlas a cabo. Porque las demandas al Estado son casi siempre casos perdidos o resultan cosas a medias. Es casi una pérdida de tiempo, aunque es precisamente ahí donde se cocinan las cosas.

De todas maneras hay más interés por la articulación de estos múltiples feminismos, una articulación más seria, más buscada. También hay una búsqueda de propuestas, de ir elaborando propuestas.

Actualmente ¿Es posible hablar del Movimiento Feminista?

Yo creo que no. Podríamos decir que hay una sola aspiración feminista o un solo objetivo feminista. Un horizonte feminista. Pero hay muchas manifestaciones y que no están articuladas todavía. Al politizarse las reivindicaciones de las estudiantes empieza a permearlo todo porque todas luchamos contra el patriarcado. Entonces aquí no hay ni universitarias, ni trabajadoras, ni burguesas. Ahí se perfila un horizonte común y entonces para allá vamos. En la Coordinadora 8 de marzo ya hemos tenido dos reuniones con otras organizaciones para la articulación, para seguir este año poniendo mucho esfuerzo en eso.

¿Cómo piensas que debería ser esa articulación?

Bueno, muy reflexiva, muy abierta. Intentando no quebrarse antes de empezar. Pero creo que si se parte de un paraguas más ancho es mejor. Porque por lo menos vas definiendo líneas gruesas que después pueden priorizarse o ver cómo se enfocan y todo eso que produce divisiones después. La idea es estar el mayor tiempo posible unidas y discutir sobre cosas muy amplias. La acción política es lo fundamental pero es más fácil de romper si no hay un acuerdo de ideas, una ideología atrás.

¿El feminismo es una ideología? Porque parece complejo lograr acuerdos fundamentales considerando que hay feministas de derecha y de izquierda. Hay feministas diputadas y feministas que piensan que en el Congreso está el enemigo.

Claro. Pero toda ideología tiene una expresión política. Nosotras tenemos algunas cuestiones bastante claras. Por ejemplo, el feminismo no podría ser racista. O sea queremos terminar con las opresiones, con las discriminaciones, con la subordinación, con la dominación. En todas manifestaciones. Eso ya es grande, porque implica meterse en los elementos de la cultura que lo reproduce.

Hay que terminar con todo tipo de dominación. Con la que emana de la clase y del género y otras sexualidades, porque también los cuerpos feminizados tienen este mismo tratamiento de dominio y de discriminación. Todo eso deja afuera de una vez a quienes ejercen esa dominación. Y hablar de una transformación radical de la sociedad, de la cultura, de la economía y de todo eso, deja fuera a la derecha, inmediatamente.  No pueden ser feministas porque no quieren un cambio, quieren mantener el status quo para que no cambien las cosas, porque ellos se benefician del sistema capitalista.

Entonces la pregunta histórica ¿Qué hacer?

Pienso como la Julieta Kirkwood que el feminismo es una construcción permanente. Lo he puesto en una frase que parece rimbombante, pero que a mi me hace sentido: nosotras tenemos que construir nuestra utopía en el presente.

En el presente tenemos que ir prefigurando la sociedad en la que queremos vivir. Entonces más bien lo que hacemos es ir con nuestra consecuencia. Vamos haciendo carne nuestras ideas, nuestra conductas, nuestras organizaciones, en toda la convivencia nosotras vamos prefigurando a la sociedad. Si yo soy feminista y en mi casa crío a mi hijo de una manera y a mi hija de otra, ella no tiene, no puede pensar en la sociedad. Tiene que ir prefigurando la otra. Muchas de nosotras, quizás la totalidad de las feministas, lo vamos haciendo y vamos criando a los hijos con nuestros patrones.

Aunque es complejo. Como decía la Julieta: somos mal hechas del patriarcado. También cuesta mucho romper estas cuestiones de poder, en las organizaciones de mujeres, pero ese es nuestro esfuerzo. Eso es lo que tenemos que lograr, si no lo logramos ¿a quién se lo vamos a pedir?

En la Red nos costó muchísimo tener una coordinación sin jerarquía, sin conducción de nadie en específico y lo logramos. Ahora es impensable para nosotras que alguien sea la conductora de eso.

En las luchas históricas de las mujeres existieron objetivos específicos, como el sufragio o la lucha contra la dictadura. Hoy en día ¿Siguen existiendo esas reivindicaciones específicas?

El proceso actual es de articulación. Creo que la Coordinadora 8 de marzo puede ser el germen de eso. Falta mucho todavía, pero creo que el sello de este periodo va a ser ese: articularnos como mujeres. Y va a ser difícil porque todavía es muy problemático articularse con organizaciones mixtas. Surgió esto del separatismo, lo que es muy problemático,y que lo ha sido para este 8M. En muchas organizaciones salió esta discusión. Nosotras en la Red pensamos que no somos separatistas, pero sí practicamos el separatismo.

¿Cómo lees las instancias separatistas?

Nosotras postulamos que las mujeres necesitamos espacios exclusivos, de conversación y de reflexión. Porque nuestras experiencias y nuestras subjetividades son distintas a la de los hombres. Además que es por una experiencia histórica. Cuando hay hombres, ellos se toman la palabra. No solamente para reflexionar, sino que para tirarnos la línea y para decirnos lo que tenemos que hacer.

Entonces nosotras abogamos por los espacios exclusivos de mujeres, pero nuestra propuesta feminista es para toda la humanidad. Entonces no podemos ser separatistas.

El horizonte no es separatista pero la práctica actual lo requiere.

Es una necesidad táctica, para que nosotras nos empoderemos primero. Para que nosotras saquemos nuestros propios problemas, angustias y malestares. Y después juntarnos con los caballeros de los otros movimientos.

Sí es impresionante. Ni siquiera el movimiento estudiantil recogió las demandas de las mujeres en su petitorio el 2011. Pero después aparece el sexismo en la educación. Esa es una cuestión medular. Es un ataque a la cultura androcéntrica. Eso no es tan obvio ni tan básico, porque es una violencia naturalizada en el sentido común.

Es a lo que me refería antes, al sello de la articulación. Hay una necesidad imperiosa que emerge por la articulación de los movimientos feministas. Dentro de eso surge esta necesidad de no articularse tanto con otros movimientos sociales en un principio. Pero por lo menos hay que conseguir su apoyo a las demandas feministas. Cosa que tampoco tienen.

Por lo menos eso tiene un canal más definido, que es que las feministas estamos en todos lados. Entonces las feministas que están dentro de esos movimientos van a tener que pelear. Me encanta que la Francisca Fernández esté dentro del movimiento extractivista por el tema del agua con una posición feminista.

Entre el ‘60 y el ‘80 los movimientos eran por la construcción del hombre nuevo que luchara por los compañeros. Hoy pareciera que no funcionó y que fuimos las mujeres las que nos responsabilizamos por la construcción de una nueva humanidad como decías tú.

Exacto, una responsabilidad que vamos encarnando y haciendo propia. Yo no soy pacifista porque creo que las guerras de liberación y contra la opresión son justas. Sin embargo, en la actualidad no me hace sentido la revolución armada para lograr una transformación radical. Porque enfrentar la violencia que se ejerce sobre nosotras con más violencia no resuelve el problema. Deja una herida. Heridas tremendas por generaciones.

Y también yo temo mucho que en esa propia dinámica de la guerra nosotras podemos cometer las mismas tropelías que han cometido los otros. Y para mí es impensable. Yo no quisiera ser una Mariana Callejas o una Ingrid Olderock con una enemiga.

Por eso he profundizado en construir la utopía en el presente, porque de alguna manera es un cambio más paulatino y consciente. Por ejemplo, lo que motivaría a la gente ante una guerra con Bolivia sería el patriotismo y el nacionalismo. Ni siquiera habría reflexión sobre la condición humana o los hermanos. Entonces yo me temo también que muchas revoluciones triunfantes llegan al triunfo.

A costa de los oprimidos.

Claro. Entonces me encanta esta idea de que hay más consciencia de que puede haber más y que podemos estar en todos los lados donde haya que conversar, donde haya que poner un libro, donde haya que poner una idea y discutirla. Ir diciendo que la ideología realmente se haga cargo de la persona, que no sea un discurso repetido, un eco de algo, sino su propia convicción.

En esa línea, el discurso de los movimientos de izquierda que plantea que antes del feminismo hay que destruir el sistema capitalista ¿De qué forma la lucha de las mujeres por las mujeres se puede posicionar como algo igual de fundamental que tiene que ir de la mano con la destrucción del modelo?

El remate de mi discurso que construimos la utopía en el presente, es que ninguna transformación se va a hacer con mujeres sumisas. Mujeres que no tienen seguridad en sí mismas ni referentes. Ahora las mujeres jóvenes de los partidos nuevos están muy consciente de eso. Porque si las mujeres no tenemos claro qué queremos transformar, vamos a construir una masa irreflexiva.

Por eso la revolución francesa guillotinó a las que reclamaron por derechos de las mujeres. En las revoluciones socialistas las mujeres han tenido que pelearla. Han logrado mayor independencia económica pero no logran permear esta ideología patriarcal.

Antes de que cayera el muro, en una reunión con gente del gobierno de la República Democrática Alemana pregunté si había una mujer en ese círculo. Me respondieron que sí había una representante de las mujeres. Entonces pregunté si esa representante podía intervenir en todos los temas que se discutían. Me dijeron que no, que solo participaba en los temas de mujeres.

Incluso los comandantes zapatistas le dijeron a las mujeres “nosotros no vamos a hacer nada por ustedes, si quieren algo, háganlo ustedes”. Entonces se convierte en un desafío. Pero también es decirte "bueno, no vas a contar con nuestro apoyo".

Ese es un poco el sentido de la huelga. Si nosotras paramos, para el mundo.

A mí no me gusta el concepto huelga, porque está demasiado connotada con los trabajadores. Las mujeres dueñas de casa que son trabajadoras no se sienten incorporadas en ese concepto. A mí me gustaba más el paro, llamar a la acción concreta de parar. El objetivo de esta huelga es hacer un gallito y mostrar fuerza. Pero en alguna ocasión nosotras tenemos que proponernos una huelga que dañe la economía.

¿Ocurrirá eso este 8M?

No, pero es una demostración de fuerza. Y quizás en otro momento podemos probar la desobediencia civil. Las cosas que hacemos las mujeres son las que mueven todo. No llevemos a los cabros chicos al colegio, no vamos a comprar. Ahí se hace un daño que nos involucra a todas.

Y avanzamos

Hemos peleado mucho. Las que antes estábamos en partidos y las que están en ellos  ahora tenemos que cuestionar ese principio de la izquierda de que la revolución global no va liberar a las mujeres. Ese tipo de esfuerzo es el mismo que nosotras hacemos con cualquiera, que tienen que hacer las mujeres de los partidos con sus propios compañeritos.

En los años ‘80 yo estuve en el Departamento Femenino de las Mujeres Campesinas, de la Comisión Nacional Campesina, que era la organización más grande. En algún momento ellas la pelearon harto y se salieron. La Asociación Nacional de Mujeres Indígenas la crearon ellas, y les sacaron la mugre. Ellas solas rompieron con los compañeros porque veían que no lograban nada.

Para el terremoto de 2010 hubo un desastre y nos encontramos con mujeres por la reconstrucción del Maule. Ellas fueron las que pusieron las primeras reconstrucciones y todas las cosas. Pero en las mesas de decisiones no había ninguna porque los hombres no las dejaban participar. Se salieron y formaron Mujeres por la Reconstrucción del Maule.

Entonces la tendencia ha sido la contraria. No de tratar de convencer a los hombres sino que ya hartas, de dividirse. Pero creo que vuelve esa tendencia otra vez. También lo de discutirlo más ideológicamente con la gente de izquierda.

Claro que el marxismo debe ser revisado a la luz de estos tiempos. Pero son procesos largos y no tenemos que desesperarnos, porque vamos bien. Además todo nos resulta. Entonces hay que ir paulatinamente. Lo que quiero en algún momento es que tengamos 28 textos no sexista de lenguaje, historia y de biología. Vayamos con eso. Y si tenemos que incendiar el Ministerio de Educación, lo incendiamos. Pero eso es lo que queremos, una propuesta concreta. Y hay que elaborarla.

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