Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Jueves, 28 de mayo de 2020
Valdivia casi desaparece

Terremotos y maremotos arrasaron con el sur de Chile en mayo de 1960

Manuel Salazar Salvo

la_crecida_del_rio_calle_calle_inundo_la_costanera_y_el_centro_de_valdvia.jpg

La crecida del río Calle Calle inundó la costanera y el centro de Valdvia
La crecida del río Calle Calle inundó la costanera y el centro de Valdvia

Un sismo de magnitud 9,5 en Valdivia, el mayor de la historia desde que existen mediciones, sacudió a la zona sur del país el 22 de mayo de 1960, precedido por otro fuerte movimiento en Concepción el día 21, dejando cientos de muertos, miles de familias sin casa y cuantiosas pérdidas en todo el país.

El domingo 22 de mayo de 1960 amaneció con sol y sin lluvias en Valdivia. El día anterior se habían sentido algunos leves temblores, pero la gente creyó que eran las réplicas de un terremoto que varias horas antes había sacudido a la ciudad de Concepción y sus alrededores.

A las 15:11 horas la tierra empezó a moverse con mucha fuerza. La mayoría de los valdivianos estaba fuera de sus casas pues habían sentido un leve sismo hacía breves instantes. La intensidad fue creciendo hasta que nadie pudo tenerse en pie. Pasaron largos minutos –más de siete- y poco a poco pareció volver la normalidad.

No fue así. Poco más tarde llegó un maremoto que en sucesivas olas arrasó con la zona costera desde Puerto Saavedra, en la costa de Temuco, en Cautín, hasta la isla de Chiloé. En la costa valdiviana desapareció Corral, un pujante puerto en aquellos años que reunía numerosas actividades industriales y pesqueras.

Los efectos de ambos fenómenos fueron catastróficos. Valdivia y sus alrededores fueron los más afectados pero no los únicos: la zona de ruptura de las placas tectónicas bajo el océano Pacífico fue de unos mil kilómetros de largo y fueron numerosas las poblaciones que quedaron reducidas a escombros. Algunas estimaciones cifran los fallecidos en dos mil personas, incluyendo los desaparecidos.

las_calles_de_valdivia.jpg

 Las calles de Valdivia
Las calles de Valdivia
.

El devastador maremoto posterior al sismo se sufrió también en otros países del mundo. Después de 15 horas, olas de hasta diez metros llegaron a Hawai y terminaron con la vida de más de 60 personas; en Japón, 185 personas fallecieron o desaparecieron con el tsunami; en Filipinas, hubo 30 muertos. Grandes olas las llegaron también a las costas de la Unión Soviética y de los países de Oceanía.

Miles de toneladas de lodo y tierra desplazados por el terremoto bloquearon el río San Pedro, desagüe natural del lago Riñihue, amenazando gravemente a Valdivia y a otras localidades cercanas. El historiador español Leopoldo Castedo hizo un dramático relato de aquel creciente peligro:

El anuncio se había extendido por el mundo entero. Los derrumbes habían taponado la salida de una enorme cuenca lacustre. Sus aguas discurren por cajones y valles hasta desembocar en el puerto de Corral, luego de su paso por la ciudad de Valdivia y de varios poblados menores. Los caudales parten del lago Lácar, en Argentina; de allí llenan el lago Pirihueico y de éste vierten en el Neltume, el Calafquén, el Panguipulli y el propio Riñihue, abierto por un extremo al nacimiento del río San Pedro, origen de la cuenca fluvial que baña Valdivia. Las aguas acumuladas entregan al último lago del recorrido un caudal de trescientos sesenta metros cúbicos por segundo. La noticia sobrecogedora consistía en la seguridad de que, al sobrepasar el tapón formado por la acumulación de muchos millones de metros cúbicos de agua, los incontenibles torrentes, mezclados con toda clase de detritus, troncos despedazados, piedras, raíces, deberían llegar a Valdivia a una cota de más de diez metros y arrasar por completo lo que quedaba de la ciudad después del terremoto.

Pronto tuvieron los atribulados valdivianos, muchos de los cuales dormían a la intemperie porque las réplicas de los temblores se repetían sin cesar, noticias concretas de la amenaza. Los derrumbes habían formado verdaderos diques en tres tacos de diferente altura. El nivel del lago Riñihue comenzó a subir unos 40 centímetros al día. Había que hacer algo urgente o evacuar a decenas de miles de personas.

El gobierno de Jorge Alessandri designó al ingeniero Raúl Sáez para encabezar la verdadera proeza que fue desatascar aquel enorme tapón de lodo y permitir que las aguas fluyeran poco a poco y tranquilamente hacia el mar.

Los ingenieros de ENDESA, Obras Públicas y CORFO, dirigidos por Sáez, debieron realizar la obra de ingeniería de emergencia más grande efectuada en Chile. En dos meses lograron abrir un canal de evacuación del lago, evitando la destrucción de una zona agrícola, ganadera e industrial, que tenía alrededor de 100 mil habitantes.

faenas_para_despejar_el_taco_del_lago_rinihue.jpg

Faenas para despejar el taco del lago Riñihue
Faenas para despejar el taco del lago Riñihue

El origen

Aquella tarde del 22 de mayo en Valdivia culminó una secuencia sísmica iniciada en la madrugada del 21 de mayo, con un terremoto de magnitud 8.3 localizado bajo las costas de la península de Arauco. La secuencia de sismos precursores fue completada por ocho sismos de magnitudes superiores a 5.8, dos de los cuales alcanzaron una magnitud 7.3 y uno una magnitud 7.8. Un minuto después de iniciado el evento principal en Valdivia, un segundo terremoto sucedió a 17 km al sureste del evento principal: la ruptura comenzó a propagarse hacia el sur a velocidades de 4 a 3 km por segundo. El terremoto fue seguido por una gran cantidad de réplicas, incluso, después de transcurrido un año del mega sismo ocurrieron 56 réplicas con magnitudes entre 5.6 y 7.5.

Durante el maremoto, en Isla Mocha, frente a Arauco, se midieron alturas de inundación de hasta 20 y 25 metros. El tsunami penetró 30 kms al interior del rio Calle-Calle, en Valdivia. Durante este terremoto la costa del sur de Chile experimentó desplazamientos verticales que en algunos sectores estuvieron caracterizados por hundimientos de hasta 2.7 metros mientras que en otros sectores por alzamientos de hasta 5.7 metros.

La distribución de los cambios geográficos causados por el terremoto permitió inferir un plano de ruptura localizado costa afuera, bajo el océano, extendiéndose entre la península de Arauco por el norte y la península de Taitao por el sur. Dicho plano totalizó mil kilómetros de largo en sentido paralelo a la costa y 200 km de ancho en sentido este-oeste. A lo largo de este plano, el deslizamiento máximo producido por la falla se estimó en unos 30 a 40 metros.

Dos días después del terremoto el volcán Puyehue –en el cordón del Caulle- inició un ciclo eruptivo que se mantuvo por 7 días.

Un informe de la ONU señaló: "El segundo de los terremotos del día 22 pertenece a la clase de los sismos máximos. Los numerosos terremotos que han asolado la región comprendida entre Ñuble y Chiloé desde mediados de mayo último puede calificarse entre los más desastrosos de que haya memoria en el mundo".

En Corral, el maremoto dejó la más grave de las catástrofes. En la parte baja de la bahía fue arrasada por las aguas, llevándose dos poblaciones completas, una de ellas ubicada en caleta San Carlos, en la que trabajaban más de 100 pescadores.

El Presidente Jorge Alessandri expresó en un discurso de mayo de 1961, a un año de la catástrofe: "nadie puede ignorar que la esforzada empresa de rehacer una parte tan importante de nuestro territorio corresponde a todos y a cada uno de nosotros por sobre rivalidades, divergencias y mezquindades".

maullin._archivo_de_carlos_gattas.jpeg

Maullín. Archivo de Carlos Gattás
Maullín. Archivo de Carlos Gattás

Los lugares más afectados fueron Isla Guafo, Maullín, Caleta Mansa, Corral, Mehuin, Puerto Saavedra e Isla Mocha, donde las alturas alcanzadas por las ondas de tsunami superaron los ocho metros por sobre el nivel del mar en el momento de ocurrido el tsunami.

En Quetalmahue, cerca de Ancud, 200 botes con pescadores que se hicieron a la mar para escapar de las vibraciones del terremoto y sus réplicas, fueron tragados por las olas y ninguno de sus más de 500 ocupantes sobrevivió. Queule, Ancud y Puerto Saavedra fueron asimismo destruidos.

habitantes_de_puerto_montt_erigen_animitas_para_recordar_a_sus_deudos.jpg

Habitantes de Puerto Montt erigen animitas para recordar a sus deudos
Habitantes de Puerto Montt erigen animitas para recordar a sus deudos

El maremoto en Corral

Este es el relato de los sobrevivientes del "Santiago" que llegaron el miércoles en la noche a San Antonio, a bordo del "Isabella", publicado el 28 de mato en “El Diario Ilustrado”, de Santiago. Fueron los primeros que llegaron desde el puerto de Corral.

El capitán de la nave, Rodolfo Pierce Rivera, y el primer piloto, Manuel Marcoleta, (uno en el puente de mando y otro en popa), relatan lo que cada uno al de ellos vio en sus respectivos puestos.

"No sé cómo explicar, nos dice el capitán Pierce, lo que pasó. Primero vino un temblor y al poco rato el terremoto. Había sol. Era un lindo día. Muchas embarcaciones navegaban por la bahía. De repente el barco comenzó a estremecerse y empezaron los gritos en tierra.

"La tierra comenzó a partirse y los edificios a caer todos al mismo tiempo. Estábamos mirando hacia Corral cuando notamos que el mar se retiraba y temblaba. Hubo un ruido inexplicable. El mar se retiró rápidamente y cuando creía que íbamos a quedar varados en seco, vino la llena, pero en forma tan increíble que el barco que estaba atracado al muelle, pasó por encima de éste y fuimos a dar al otro lado. Las espías se cortaron solas. No sé por qué, pero ordené toda fuerza atrás. Eso nos salvó, pues cuando aguantábamos la marea que subía, se nos vino encima el ‘Carlos Haverbeck’ que nos rozó y pasó a toda fuerza hacia la cuidad".

El capitán Pierce, se calla recordando esos momentos. El piloto señor Marcoleta rompe el silencio y la tensión:

"Había pasado no sé cuánto tiempo, pero de repente pasó algo que no olvidaré en toda mi vida. En el mar ocurrió algo que no se puede explicar, porque nadie lo va a creer. Figúrese que se abrió el mar. En medio de la bahía de Corral se abrió un abismo. Era un canal tremendo. Se parecía a un precipicio enorme que se tragaba todo. El agua era café. El abismo se tragaba casas, lanchas, árboles, camas, roperos.  Todo se lo tragaba con un ruido que volvía loco. Estaba mirando ese abismo que nos iba a tragar cuando oigo a mi capitán que ordena: “Toda fuerza atrás”. Aguantamos la corriente, pero de pronto nos tomó otra y nos alejó del abismo”.

El capitán Pierce sigue su relato diciendo:

“Una corriente que nos llevaba de un lado para otro nos tomó de popa y sin darnos cuenta nos encontramos navegando en medio de la ciudad. Había muchas casas que flotaban y en sus techos mujeres, niños y hombres que gritaban desesperadamente que los salváramos. ¿Cómo podíamos hacerlo, si no podíamos controlar la nave? ¿Qué podía hacer yo?

“No sé cuánto rato el mar nos estuvo moviendo de un lado a otro en medio de la ciudad, pero de pronto me di cuenta que el mar me llevaba río adentro. Lo único que oía era gritos desgarradores que nos pedían los salváramos.

“Cuatro horas estuvimos en ese infierno. Un rato estábamos dentro de Corral y a los pocos minutos estábamos al otro lado de la bahía. Finalmente una corriente nos llevó mar afuera. Eran como las siete de la tarde. De nuevo me di cuenta que íbamos hacia la costa. Se había hecho de noche, pero ya no existía Corral ni Niebla. No había nada, ni siquiera luces. A medida que íbamos acercándonos se escuchaban gritos que partían el alma. No veíamos nada, pero escuchábamos los gritos. Esto usted no puede entenderlo. Había que vivir esas horas. Cuesta mucho dar una idea, aunque sea más o menos aproximada, de lo que eran esas horas.

“Por nuestro lado pasó una balsa con tripulantes del barco ‘Carlos Haverbeck’, que nos gritaron pidiendo auxilio. La vimos como se la llevaba la corriente, y a los pocos minutos la balsa queda encima de unas rocas, salvándose todos los tripulantes que corrían desesperadamente hacia las alturas. También antes de que anocheciera, observamos a los tripulantes del ‘Carlos Haverbeck’ como saltaban desde al barco a las rocas cuando este quedó en seco encima de una rocas y de unas casas.

“Creo que navegamos más de seis millas en todas direcciones y durante todo el tiempo sólo vimos barro, casas destruidas, sacos, muebles, etc. que habían cubierto el mar.

“Tres veces se retiró el mar  y otras tantas entró tierra adentro, alcanzando una altura de etre 10 y 12 metros. De Corral no queda nada”.

la_revista_francesa_paris_match_publico_esta_foto_de_la_plaza_de_castro_en_chiloe_con_la_lectura_valdivia_pide_ayuda.jpg

La revista francesa Paris Match publicó esta foto de la plaza de Castro, en Chiloé, con la lectura "Valdivia pide ayuda"
La revista francesa Paris Match publicó esta foto de la plaza de Castro, en Chiloé, con la lectura "Valdivia pide ayuda"

soldados_estadounidenses_enviados_a_chile_ayudan_a_los_damnificados.jpg

Soldados estadounidenses enviados a Chile ayudan a los damnificados
Soldados estadounidenses enviados a Chile ayudan a los damnificados

un_cuidador_de_los_altos_hornos_de_corral_se_apronta_a_rescatar_una_victima.jpg

Un cuidador de los Altos Hornos de Corral se apronta a rescatar una víctima
Un cuidador de los Altos Hornos de Corral se apronta a rescatar una víctima

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

estoy conociendo su portal

Añadir nuevo comentario