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Domingo, 29 de noviembre de 2020
Serie

Trabajar en pandemia: Relatos tras seis meses de la llegada del Covid-19

Paula Huenchumil

A fines de marzo INTERFERENCIA conversó con cuatro personas que, por sus labores, estaban obligadas a salir a terreno a trabajar: un vendedor ambulante, una enfermera, un chofer del Transantiago y un bombero. Seis meses después, los volvimos a contactar.

Fue el 3 de marzo cuando el entonces ministro de Salud, Jaime Mañalich, confirmó el primer caso de coronavirus en Chile. Esto provocó que una gran cantidad de empresas adoptaran el sistema de teletrabajo para evitar la propagación del virus entre sus trabajadores. Sin embargo, según cifras de la consultora Page Personnel publicadas por El Mostrador, solo el 20% de los trabajadores puede realizar esta modalidad a distancia, situación que se concentra principalmente en Santiago.

A fines de marzo, INTERFERENCIA conversó con cuatro personas que, por sus labores, estaban obligadas a salir a terreno a trabajar: un vendedor ambulante de nacionalidad venezolana, una enfermera, un chofer del Transantiago y un bombero. Seis meses después, los volvimos a contactar para saber cómo seguían sobrellevando la crisis sanitaria.

Vivió en la calle

Janharnedr Rivas (32 años) vendía frutas y verduras en distintos puntos del centro de Santiago, principalmente en la calle Vicuña Mackenna. Hasta comienzos de abril trabajaba los días que su empleador le ofrecía: por los general tres jornadas a la semana. Con esos ingresos organizaba sus gastos y enviaba dinero a su familia en Venezuela. “Si no nos mata el virus, nos mata el hambre”, señaló a nuestro medio en aquella ocasión.

El joven venezolano residía en la Plaza Bogotá, en Santiago. Vivía con su sueldo diario. Pero con el Covid-19 se quedó sin empleo y sin casa. “Carabineros no nos dejó trabajar más. Perdí mi trabajo, no tenía donde vivir, quedé en la calle más de una semana, hasta que me aceptaron en un refugio, pero gracias a Dios aquí estamos bien, nos están apoyando psicológica y moralmente, nos dan las tres comidas, tengo un techo digno donde dormir, no paso frío ahora”.

Agrega que cuando perdió el empleo "me quedé en la calle, porque la señora nos mandó a desocupar porque no teníamos cómo pagar y cada uno agarró por su lado. Yo no tenía dónde, así que estuve durmiendo en plazas. La dueña de la casa no quiso dialogar, pero comprendo que el pago de los arriendos era su ingreso”.

Luego de dormir en distintas plazas, Janharnedr Rivas recibió apoyo de la ONG Fraternidad Las Viñas. “Ayudan a la gente que está en situación de calle o personas con problemas de alcohol que tengan compromiso de salir adelante. A mí me abrieron las puertas y me asesoran para ver si se puede regularizar mi situación migratoria en Chile para poder encontrar trabajo”, relata.

"Cuando pase la cuarentena no sé qué haré, porque no tengo ningún peso para emprender algo yo mismo”.

“Ahorita estamos en cuarentena, nadie sale ni entra, solo el personal que trabaja aquí. Hay medidas estrictas, te toman la temperatura y sanitizan”, añade.

Respecto a la situación en Venezuela, dice que “está cada día peor”. “Si me dejo llevar por el corazón me gustaría estar allá, pero creo que acá tengo más oportunidades de estabilizarme si logró sacar mis papeles, aunque sé que si no es fácil para el chileno, menos para uno que es migrante. Sin documentación la cosa es difícil, espero lograr regularizar mi estadía. Creo que tengo más oportunidades de poder ayudar a mi familia, a mi hijo y a mí mamá que son mis motores”.

“No les he podido enviar nada, están sobreviviendo, pero dentro de todo, están bien. Yo acá no tengo apoyo de nada, la verdad es que sin esta ONG no sé qué sería de mí, sinceramente. Cuando pase la cuarentena no sé qué haré, porque no tengo ningún peso para emprender algo yo mismo”, concluye Janharnedr Rivas.

Los pasos del bombero

Otro de los entrevistados por INTERFERENCIA fue un bombero (47 años) quien optó por reservar su identidad. En marzo relató su rutina en el cuartel bajo la pandemia del Covid-19. En ese momento, al contrario de lo que pronosticaban con las cuarentenas parciales en la ciudad, los llamados habían disminuido, pero cada vez que estaba cerca de un lesionado, temía por su salud. “Cuando sales a un accidente, sería mentira decir que no me preocupa contagiarme”, manifestó luego de pocos días de la llegada del virus a Chile.

Seis meses después indica que “los protocolos se fueron intensificando, cambiaron en virtud del crecimiento de los contagios, se tomaron muchas más medidas. Usamos mascarillas dentro del cuartel, el distanciamiento social es una orden dentro de los cuarteles, hay que almorzar por turnos”.

El voluntario también explica que hubo un pequeño incremento de los llamados. “Los protocolos en caso de llamados siguen siendo los mismos e incluso se hace con más rigurosidad: mantener la distancia cuando se puede, la desinfección de las máquinas y uniformes, cambios de ropa, por suerte en este cuartel no hemos tenido ningún contagiado”, señala.

El bombero continuó teletrabajando desde su casa o del cuartel según los turnos. “También se implementaron charlas, enfocadas en la psicología de la emergencia, para ayudar a trabajar el encierro, las ansiedades. Tenemos dos charlas con un psicólogo que también es bombero, donde conversamos cómo llevar de la mejor forma posibles esos factores”.

Respecto a su vida personal, sigue viendo a sus hijos por videollamadas por prevención sanitaria. “Cuesta mucho, pero uno se hace la idea de que no se puede”.

Sobre si aún tiene miedo cuando deben acudir a los llamados, confiesa que “el temor sin duda se mantiene, más aún cuando te das cuenta que mucha gente no está siendo muy responsable”, concluye.

INTERFERENCIA se comunicó con la enfermera, y el chofer del Transantiago, pero por motivos personales, no pudieron conversar con nuestro medio.

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