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Lunes, 30 de noviembre de 2020
Aniversario 18/O

Víctimas de trauma ocular evalúan 1° aniversario del estallido social: “Fue muy importante permanecer activos durante la pandemia”

Joaquín Riffo Burdiles

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Manifestantes con una figura de un ojo ensangrentado en el aniversario del 18 de octubre. Foto: Melian Riffo
Manifestantes con una figura de un ojo ensangrentado en el aniversario del 18 de octubre. Foto: Melian Riffo

Desde la coordinadora que agrupa a los heridos se refieren al rol simbólico que les ha tocado asumir como iconos de las protestas, las razones para sumarse a la franja del ‘Apruebo’ y las políticas públicas de reparación y justicia que todavía no se han concretado. 

A casi un año de conmemorar la primera semana del estallido social, que culminó con una multitudinaria marcha el 25 de octubre de 2019, uno de los grandes temas que todavía repercute tanto a nivel nacional como internacional son las víctimas de traumas oculares producto de la acción de disparos provenientes de agentes del Estado. 

Contabilizados en más de 400 casos, muchos de ellos se concentraron en esos primeros días de manifestaciones. En efecto, en una reciente entrevista con La Tercera, el Dr. Sergio Muñoz, jefe de la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital del Salvador -principal centro oftalmológico del país- indicó que el peak de atenciones se registró entre el 20 y 21 de octubre. 

A ello se suma un reciente estudio de investigadores chilenos que entrega resultados sobre el trauma ocular producto del uso de proyectiles antidisturbios, el que fue publicado en agosto en la prestigiosa revista Nature. En él, se analiza a una serie de 259 pacientes que ingresaron a la UTO entre el 18 de octubre y el 30 de noviembre, siendo uno de los hallazgos más relevantes el que dicha unidad del hospital siguió recibiendo pacientes por trauma ocular relacionado a perdigones, pese a que Mario Rozas anunciara haber suspendido su uso a mediados de noviembre. 

En pandemia, la Coordinadora de Víctimas por Trauma Ocular advirtió sobre las dificultades que habían experimentado en el Programa Integral de Recuperación Ocular propuesto por el gobierno, en cuanto a diversos aspectos de una iniciativa que consideraban insuficiente y centralista para muchos de los heridos quienes tenían que trasladarse desde regiones a la capital para ser atendidos. 

En conversación con INTERFERENCIA, la vocera de la Coordinadora, Marta Valdés, evalúa este primer año desde que les tocó constituirse de facto ante la gran cantidad de casos que aumentaba cada semana, cómo se fueron convirtiendo en un símbolo de las manifestaciones en Chile y el rol que decidieron asumir en la campaña del ‘Apruebo’, complementando la movilización en las calles. 

La organización, que aglutina a más de 100 miembros y a sus familias, ha utilizado sus redes sociales para ir recordando cada día algunos casos de sus miembros que fueron heridos por estas fechas, e incluso adhiriendo a personas que habían sido lesionadas durante las primeras semanas del estallido social pero no se habían acercado. “Muchos compañeros han venido hace poco a incorporarse, por distintos motivos. Algunos no tenían mucha información, o no se atrevían. El proceso es individual y se vive distinto en cada caso. Estamos muy contentos de recibirlos y ellos también se han sentido ‘apañados’ por el grupo, al compartir una sensibilidad particular”, explica Valdés.  

- ¿Cómo recuerdan esa primera semana, cuándo se empezó a conocer la cantidad de casos de heridos con traumas oculares?

- Ha sido un mes bastante difícil para nuestros compañeros, de sentimientos encontrados. Por un lado porque varios fueron dañados en este mes, y por otro porque se cumple un año donde nos queda un sentimiento de injusticia, de impunidad con los culpables y de falta de verdad con las víctimas. Es una mezcla de tristeza con indignación, muy compleja.

Durante este mes, hay compañeros que han estado a disposición de revivir su trauma en las redes sociales para recordar lo que fueron esos días, y entregar esos testimonios tan importantes. Pero también hay otros que están lastimados psicológicamente por este trauma y no se encuentran en condiciones de hacerlo. Algunos necesitan expresarlo y otros prefieren guardarlo para sí mismos.

“Estamos en las calles, tomando todas las medidas de salud correspondientes, pero volvimos. Y ahí está nuestra lucha”

Por otra parte, tenemos compañeros que están viviendo situaciones económicas complejas producto del ataque que sufrieron, que en muchos casos les imposibilitó trabajar en lo que se desempeñaban. Y a eso se le sumó esta pandemia, que redujo aún más sus posibilidades de empleo. 

Finalmente, tenemos a un gobierno que sólo anuncia, pero finalmente nos hemos tenido que mantener haciendo presión para obtener atenciones de salud dignas y que no nos olviden el mismo año que hicieron el daño, con un abandono que se agudizó durante la pandemia. Para las víctimas es muy doloroso. 

- Producto de la gran cantidad de traumas oculares que ocurrieron durante el estallido social, los heridos se convirtieron en un referente hacia la causa y en una bandera de lucha, tanto en lo simbólico como en lo efectivo. ¿Cómo se han tomado en la interna ese rol representativo que -sin pedirlo- les ha tocado jugar, o el tener que asumir ciertas vocerías, como ha sido el caso de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay?

- Nosotros sentimos que tenemos que cumplir un rol importantísimo en lo social. Sin ir más lejos, en la misma Plaza de la Dignidad cuando se conmemora el domingo pasado el aniversario del 18 de octubre, y en el monumento se sube una escultura de un ‘ojo’ ensangrentado como símbolo de lucha, fue muy potente esa imagen para nosotros como Coordinadora. Fue como tomar el peso de que los heridos son un referente para la gente, y que lamentablemente sea así. 

“Hay una responsabilidad social no menor, por eso nos hicimos parte del ‘Apruebo’”

Me parece que hemos logrado un equilibrio en la forma de presentar los casos para que los demás puedan empatizar con este dolor. Se ha construido algo interesante en ese aspecto, y creo que algo muy importante fue no habernos derrotado como Coordinadora y mantenernos activos durante esta pandemia. No fue fácil organizarnos pero logramos seguir adelante y continuar. Estamos en las calles, tomando todas las medidas de salud correspondientes, pero volvimos. Y ahí está nuestra lucha. 

Ha sido una experiencia durísima, pero finalmente hay una responsabilidad social no menor. Y por eso nos hicimos parte del ‘Apruebo’ y de llamar a la gente a que participe en el plebiscito, para que lo que le pasó a Gustavo, a Fabiola y a todo el resto de nuestros compañeros que vieron lesionados sus ojos no sea en vano. Si bien sabemos que una nueva constitución no va a resolver todo, creemos que puede ser un gran paso y es una conquista que nace y toma fuerza en la calle, con la movilización social. 

“Este gobierno ha sido totalmente indolente y negacionista con la violación sistemática de derechos humanos”

Me parece que es muy importante poner en relevancia que en ese espacio, en la Plaza de la Dignidad empezó esto a tomar fuerza, y recordar que es una lucha de muchos años. Como bien decía Gustavo Gatica en la franja del ‘Apruebo’, las abuelas y los abuelos de este país venían hace mucho rato luchando para que esta sociedad terminara con la desigualdad. A ello se suma el estallido social y el despertar del pueblo, por lo que creemos que efectivamente hay que darle algún sentido al haber estado todo este tiempo en la calle y demostrar esa fuerza. 

- El verano pasado ustedes ya advertían de las dificultades que estaban viviendo para acceder a sus tratamientos, en especial en el caso de los heridos que tenían que venir desde regiones para atenderse en la UTO del Hospital Salvador, por estar centralizados a nivel nacional los tratamientos. Entendiendo que en pandemia esto se ha agudizó, ¿cómo han trabajado para poder resolver y acompañar esta situación?

- En pandemia se priorizó la atención de urgencias, por lo que hubo un abandono de las víctimas. Eso nos pareció indignante, por lo que hicimos llegar una carta en diferentes instancias de gobierno para que nos ayudaran a mejorar un programa que consideramos precario, que no contempló la opinión de las víctimas y que no da abasto para la cantidad de heridos. Por eso pedimos el aumento de especialistas, la incorporación de apoyo psiquiátrico que no había sido considerado y que el programa se traslade a las regiones y no sólo esté centralizado en la RM. 

Todo esto a un año de ocurridos los traumas, donde sentimos que este gobierno ha sido totalmente indolente y negacionista con la violación sistemática de derechos humanos, y que no ha empatizado con la realidad de las personas que sufrieron traumas oculares. Recordemos que se trata de una cantidad de heridos oculares sin precedentes, algo que sorprendió a los mismos médicos. Hay pueblos que llevan guerras de años y no alcanzan estas cifras. 

“No queremos que el hilo sólo se corte por lo más débil, sino que paguen todos quien deban pagar”

Desde un inicio, entendimos como Coordinadora que íbamos a tener que dar una lucha larguísima, y por ello sabemos que hay que mantenerse de pie y seguir luchando. Para nosotros es muy importante asegurar la petición por estos hechos y la forma de que esto no se repita es que haya verdad y justicia. Este país tiene una cultura de violación a los derechos humanos, y por eso entendemos la importancia de que no haya impunidad para que las nuevas generaciones no vuelvan a arriesgar su integridad y el Estado las vuelva a violentar. Sin eso, no habrá reparación real. 

- En dos casos emblemáticos de heridos oculares, como ocurrió con Fabiola Campillay y Gustavo Gatica, se desarrollaron las investigaciones y se establecieron responsabilidades hacia los policías involucrados. A ustedes como Coordinadora, ¿eso les satisface o hubiesen esperado que la justicia apuntara más hacia arriba para considerar a los responsables?

- Nosotros siempre hemos señalado que en estos casos hay responsabilidades políticas. Por supuesto que tienen responsabilidad los policías que disparan al rostro, pero acá tenemos a un general director de Carabineros que tiene que asumir, a un presidente de la República que constantemente ha insistido en darle su apoyo irrestricto a la policía uniformada y a ministros del Interior a quienes también les cabe la responsabilidad, por lo que no queremos que el hilo sólo se corte por lo más débil, sino que paguen todos quien deban pagar y que eso sea con cárcel efectiva. 

“La reparación debe ir aparejada a terminar con esa sensación de impunidad”

- En esa línea, considerando que la mayoría de los heridos fueron producto de la acción de agentes del Estado, ¿ustedes han considerado alguna propuesta de algún plan de reparación estatal que podría funcionar en el caso de los heridos oculares? 

Sí, hemos planteado que el Estado debe hacerse cargo de estas mutilaciones que afectaron a personas de por vida. Por ello, los gobiernos debiesen asumir su responsabilidad en dar reparación médica y económica de por vida a los afectados. Así como se crearon instancias como el Prais o la Valech para quienes fueron violentados durante la dictadura de Pinochet, un aporte de ese tipo a las familias sería lo mínimo. Pero insisto, nada de eso va a servir, si no hay verdad y justicia. Nosotros entendemos que la reparación debe ir aparejada a terminar con esa sensación de impunidad. 

“Nos entregamos mucho cariño, ya que ha tenido que ser un espacio de mucha contención, de conversar, de darnos ánimos”.

- A un año de esa primera semana de estallido social, donde ocurrieron muchos de los traumas oculares de las personas que hoy son parte de la coordinadora, y entendiendo que son una organización que se fue armando sobre la marcha a medida que iban llegando más heridos ¿cómo ha sido la evaluación del trabajo que les ha tocado hacer durante este período, tanto a nivel de organización, como a ti en lo personal en la vocería? 

Personalmente, ha sido bastante pesado. Además, tengo a mi hijo que es uno de los heridos y creo que quizás en muchos minutos lo descuidé, pero menos mal estaban ahí las hermanas, y además él siempre fue muy generoso para entender que su mamá no estaba sólo luchando por él sino por muchos. Como a nosotros nunca nos ha sido indiferente el dolor del otro ha existido comprensión, para entender que durante el día hay que estar haciendo muchas gestiones por las diversas situaciones de los compañeros. 

“Como madre, una preferiría que la hubiesen flagelado a una antes que a un hijo” 

Como coordinadora hemos crecido bastante, tanto en cantidad como en términos cualitativos, hemos tenido un aprendizaje importante. Nos entregamos mucho cariño, ya que ha tenido que ser un espacio de mucha contención, de conversar, de darnos ánimos. Hay momentos bonitos como cuando los compañeros cuentan que les llegó su prótesis y mandan fotos. Son cosas que quizás pueden parecer pequeñas pero que terminan siendo tremendamente importantes, en especial para las familias que también han sufrido mucho con todo esto. Como madre, una preferiría que la hubiesen flagelado a una antes que a un hijo. 

Creo que el haber permanecido unidos, pese a hitos como la pandemia, nos ha servido muchísimo. Hubo compañeros que estaban con situaciones económicas muy complejas y logramos levantar fondos para ayudarlos y enviarles cajas de mercadería o aportes económicos. Hemos podido hacer redes de apoyo con profesionales, donde por ejemplo la Comisión Chilena de Derechos Humanos (CCHDH) ha sido importantísima para nosotros, nos han ayudado muchísimo. Creo que pese a todo, hemos ido haciendo un camino interesante. 

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