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Viernes, 7 de mayo de 2021
Newsletter 'La Semana'

¿Qué nos depara el Covid-21?

Andrés Almeida

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Georgia Departament of Public Health
Georgia Departament of Public Health

Este artículo es parte de la edición del lunes 21 de diciembre de 2020 de nuestro newsletter exclusivo La Semana, el cual disponemos ahora para todo público.

Si bien el año 2020 terminará con la esperanza puesta en que las vacunas contra el Covid-19 son el inicio del fin de esta pandemia -que habrá cobrado en torno a 1,7 millones de muertos y 77 millones de casos confirmados en 2020- lo cierto es que esa luz al final del túnel está lejos, y será trabajoso y complicado llegar a ella.

En grandes números, para que la pandemia termine es necesario que aproximadamente el 60% de la población tenga alguna inmunidad contra el virus, sea a través de contagios o vacunas, lo que equivale a 4.200 millones de personas. Alcanzar esa cifra es un desafío tan o más grande que la creación misma de la vacuna, dadas las dificultades de producción, logísticas y políticas inherentes al esfuerzo de llegar a los brazos de -en la práctica- toda la humanidad.

Al respecto, Sarah Zhang publicó en The Atlantic el artículo Los próximos seis meses serán el purgatorio de la vacuna, en el que aborda las dificultades esperables que tendrá Estados Unidos en el despliegue de su campaña temprana de vacunación, llamada Operation Warp Speed, la cual está programada para cumplirse a fines de junio, si todo sale perfectamente. 

Pero, las posibilidades de que todo sea perfecto son remotas.

Para empezar, la FDA tendría que tener aprobadas todas las vacunas para enero (Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson) y además que no se produzca ningún rezago en la producción y entrega de los cientos de millones de dosis necesarias.

No hay garantías para nada de eso.

De hecho, entre el 4 y el 8 de diciembre (antes de que el reportaje de The Atlantic haya sido publicado), Pfizer y AstraZeneca avisaron que no podrán cumplir con el total de dosis comprometidas para 2020, rebajando las expectativas severamente. En el caso de Pfizer a la mitad (de 100 a 50 millones de dosis) y en el caso de AstraZeneca de 30 millones a 4 millones.  

Luego está el purgatorio de cada estado. Al ser Estados Unidos una república federal, los gobernadores de cada estado tienen la responsabilidad de ejecutar la distribución de la vacuna, conforme los lineamientos federales, pero con amplios márgenes de discrecionalidad en las decisiones y en las campañas publicitarias. Eso puede producir fuertes diferencias respecto de quiénes reciben primero la vacuna (o no), lo que puede producir un estado general de confusión en el país, pues creará e intensificará desigualdades.

Además, los errores se pagarán en vidas humanas. Tal como habíamos señalado en un newsetter anterior; Un adulto mayor de Las Condes o un rappi de La Pintana, hay expertos que calculan que la mera eficiencia en la priorización de la vacuna puede significar en Estados Unidos la vida de entre 7.000 y 37.000 personas, para un país que ya sobrepasó los 300.000 muertos.

Al respecto, es interesante el esfuerzo de The Washington PostSiguiendo la vacuna contra el coronavirus, estado por estado, un especial infográfico online que se actualiza diariamente para fiscalizar la aplicación de vacunas a los primeros, segundos y terceros en la fila de cada estado. Todos ellos contabilizados con precisión, lo cual es relevante para controlar el mercado negro y la corrupción de quiénes querrán saltarse la fila.

Se trata de los segmentos que la autoridad sanitaria estadounidense definió como prioritarios; el personal de salud y de atención de hogares de ancianos (primeros en la fila y 20,7 millones de personas a nivel federal), el resto de los trabajadores esenciales (segundos en la fila) y personas de tercera edad (terceros), grupos que totalizan 142 millones de personas, y que son definidas como prioritarias (de un total de 328 millones).  

Volviendo al artículo de Zhang, la periodista especifica los dilemas del purgatorio de cada grupo priorizado.

Sólo por mencionar a los primeros en la fila, el artículo dice que los primeros embarques están muy lejos cubrir los 20,7 millones de personas que conforman los sistemas sanitarios y el personal de los hogares de ancianos, por lo que cada estado, e incluso cada sistema de salud individual, deberá hacer rigurosas priorizaciones en su interior, por ejemplo, identificando a quienes atienden pacientes Covid. 

Así y todo, esas sub-priorizaciones pueden estar equivocadas, pues todavía no se saben elementos clave del comportamiento del virus entre población inoculada, como para determinar, por ejemplo, si un funcionario que ya sufrió la enfermedad meses atrás necesita o no una nueva dosis. Esto, considerando, además, que tanto las vacunas de Pfizer y Moderna requieren de dos dosis para ser efectivas al 95%. 

A esto se suma que todavía no se sabe si es que las personas vacunadas, pero infectadas con el virus, son capaces o no de propagarlo. Esto, pues las vacunas han demostrado ser eficientes en evitar el desarrollo de la enfermedad, pero no necesariamente en evitar el contagio.

Todo lo anterior es el vaso medio vacío.

En cuanto al vaso medio lleno, es interesante otro artículo de The AtlanticCómo la ciencia venció al virus. En este, Ed Yong repasa la inmensa hazaña científica de 2020, consistente en conocer colectivamente una nueva enfermedad, y dar con la vacuna contra ella, -y contra el tiempo- ya que se trata de una gran amenaza mundial. 

Yong detalla cómo la investigación científica se volcó a una velocidad inédita a resolver este problema, produciendo profundos cambios en el sistema de producción científica, como por ejemplo, en la producción de papers y su validación por pares, y los esquemas de colaboración científica público-privados e internacionales. Estos esfuerzos -según el artículo- son comparables con el esfuerzo de investigación realizado durante la Segunda Guerra Mundial. 

Asimismo, Yong plantea la idea de un retorno a la idea de que la medicina se trata también de una ciencia social, dado que las aristas sociales y culturales de la pandemia tienen un peso tan gravitante como el bio-científico. 

Sin embargo, la hazaña también tuvo sus bemoles.

Yong menciona, por ejemplo, una cantidad importante de esfuerzos sin sentido o que desviaron la atención de recursos y de un público que clama por soluciones, como fue el debate acerca de si sirve o no la hidroxicloroquina como tratamiento paliativo (no sirve, pese a que Donald Trump afirmó lo contrario).

También el artículo hace alusión a una cantidad importante de estudios científicos que fueron abandonados en otros campos, dado el volcamiento de la comunidad científica mundial a estudiar el Covid-19 y al retroceso abrupto en la participación de mujeres en los equipos de investigación.

Finalmente, es interesante este artículo de Andrew Joseph, de Stat, el que sintetiza todo el saber médico logrado durante 2020: El coronavirus en un año dentro de la pandemia: qué saben los científicos acerca de su propagación, infección y enfermedad. Una curatoria de temas a los que se puede acudir con confianza como territorio ajeno a las fake news.

Reseñas breves que también podrá encontrar en el mismo newsletter:

- ¿Conoce usted a Rana Dasgupa?

- Cómo el VIH modeló lo que hoy es internet

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MUY BUENO ESTE REPORTAJE

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