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Viernes, 18 de septiembre de 2020
Especial elecciones de 1970

Allende gana estrechamente las elecciones presidenciales de 1970

Eduardo Labarca Goddard (*)

allende

El discurso de la victoria.
El discurso de la victoria.

Faltando cinco minutos para las 12 de la noche, el general Camilo Valenzuela comunicó personalmente a Salvador Allende, en nombre del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas, que los cómputos oficiales totales le daban la primera mayoría. 

(*) Extracto del libro “Chile al rojo”; Ediciones de la Universidad Técnica del Estado; abril de 1971.

Fue un día tenso como pocos. Todos los chilenos, pegados a las radios y la televisión, siguieron los escrutinios hasta que el gobierno de Eduardo Frei confirmó la victoria del candidato de la Unidad Popular, el médico socialista Salvador Allende, aquel viernes 4 de septiembre.

Junto a los receptores de radio y televisión, los chilenos iban conociendo las cifras extraoficiales en las que Allende y Alessandri aparecían disputando palmo a palmo el primer lugar. 

En la sede del Partido Socialista, en calle San Martín, se hallaban acuartelados los jefes de las colectividades de la Unidad Popular. El senador Rafael Tarud, presidente del Comando Nacional de Ia UP, proclamó allí a las 8,30 de la noche la victoria de Allende. El comando anunció una concentración de celebración para las 22 horas en la Plaza Vicuña Mackenna, junto al cerro Santa Lucía. Pero las palabras de los jefes de la izquierda eran aún cautelosas. 

A esa misma hora el comando alessandrista se atribuía también Ia victoria. 

A las 9 de Ia noche, un tercer comunicado oficial del Ministerio del Interior dio a Allende, hasta ese instante 626.937 votos, a Alessandri 604.380 y a Tomic 456.232. 

Pero los dirigentes alessandristas reiteraban ante la radio y Ia televisión, que la estrecha diferencia sería descontada en miles de mesas en que votaban exclusivamente mujeres, aún no contabilizadas por la mayor lentitud con que las vocales y apoderadas femeninas cumplían su labor. 

En el centro de Santiago se iniciaron los desfiles espontáneos de jóvenes de la Unidad Popular, a pesar de la expresa prohibición emitida por el jefe de la plaza, general Camilo Valenzuela. A las 9 y media de la noche la Central Única de Trabajadores anunció el triunfo de Allende e instruyó al pueblo para exigir el acatamiento de la voluntad ciudadana. 

elecciones 1970

La noche del triunfo en la Alameda.
La noche del triunfo en la Alameda.

Faltando pocos minutos para las 22 horas, Radomiro Tomic admitió su tercer puesto, hablando desde la sede del Partido Demócrata Cristiano. De allí, grupos numerosos de jóvenes demócrata cristianos marcharon hacia la sede de la UP de calle San Martín, voceando consignas unitarias: "¡Tomic está presente, Allende Presidente!". Con el dedo de una mano hacían el número "1" de Tomic, y con dos de la otra el "3" de Allende. Los jóvenes allendistas y tomicistas se abrazaban con lágrimas en los ojos. "Somos de izquierda -declaraba un dirigente de la Juventud DC- y derrotado nuestro candidato, ahora estamos con Allende. Lucharemos a muerte contra cualquier intento de la derecha por atajar al pueblo". 

Pasadas las 10 de la noche, salieron a la calle los tanques. Con su estrépito de guerra se apostaron en las proximidades de La Moneda. 

La espera se tornó dramática. Las cifras recibidas por los jefes de la Unidad Popular indicaban un triunfo por más de 30 mil votos. Pero la tardanza de un anuncio oficial hacía cundir el temor acerca de un posible intento de desconocimiento de la victoria. La presencia de los tanques podía ser el preludio de una tragedia. 

Pero faltando cinco minutos para las 12 de la noche, el general Camilo Valenzuela comunicó personalmente a Salvador Allende, en nombre del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas, que los cómputos oficiales totales le daban la primera mayoría. 

El mitin de celebración quedaba autorizado para las 12 y media. Diez minutos más tarde, el ministro del Interior, 

Patricio Rojas, con rostro sombrío, reiteró lo informado por el jefe militar, a una delegación del Comando Nacional de la UP, integrada por los senadores Carlos Altamirano y Volodia Teitelboim; el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Ibáñez; el dirigente del MAPU, Jacques Chonchol; y, el diputado comunista Orlando Mllas. 

A la salida la noticia se hacía pública a través de todas las radios y estaciones de televisión del país. En ese instante, cambiaba la historia de Chile. 

Hasta esa hora, Santiago y el país parecían dormidos. Sólo grupos pequeños de manifestantes recorrían el centro. 

Entonces se produjo el estallido. Chile se encendió como una llamarada. 

elecciones 1970

Celebrando en la sede de la FECH. Foto de Enrique Paublo.
Celebrando en la sede de la FECH. Foto de Enrique Paublo.

Centenares y centenares de miles de chilenos que esperaban esa confirmación en sus casas, en las sedes gremiales y estudiantiles y en los locales de la UP, se lanzaron a las calles. 

Por todas las arterias corrió en Santiago la avalancha hacia la Alameda. 

Autobuses, camiones, taxis, motonetas, automóviles, bicicletas y hasta carros de mano brotaron desde bajo la tierra para trasladar a los festejantes hacia el centro. 

El bullicio ensordecedor de la marea humana, los gritos y bocinazos, los cohetes, tambores y trompetas, tarros y guitarras, se convirtieron en la voz de la ciudad. 

Un país en que la tradicional Fiesta de la Primavera había muerto definitivamente, celebró esa noche en la Alameda su primer carnaval de los últimos 20 años. 

Mientras en la sede del comando se recibía la llamada de Celia Sánchez, ministra de la Presidencia de Cuba, que desde La Habana felicitó a Allende en el nombre de Fidel Castro y su revolución.

 El candidato de la UP, victorioso, inició a la 1.25 de la madrugada su discurso emocionado desde los balcones cargados de tradiciones de la Federación de Estudiantes de Chile, en Alameda al llegar a la calle Carmen. 

El discurso de la victoria

-Con profunda emoción les hablo desde esta tribuna por medio de estos deficientes amplificadores. Qué significativa es -más que las palabras- la presencia del pueblo de Santiago que, interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para reafirmar la victoria que alcanzamos limpiamente el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado. Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes. Esto posee un valor y un significado muy altos. Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia. Porque todos lo sabemos: la juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde.

Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre; y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. Se lo debo a radicales, socialistas, comunistas, social demócratas, a gentes del MAPU y del API, y a miles de independientes. Se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria; se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.

elecciones 1970

Portada diario El Clarín.
Portada diario El Clarín.

La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente, que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro, y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de Unidad Popular.

Lo dije: no tenemos ni podríamos tener ningún propósito pequeño de venganza, tampoco, de ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional y revolucionario de la historia de Chile.

Dije, y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.

Pero yo sé que ustedes, que hicieron que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra.

Hemos triunfado para derrotar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una seria y profunda reforma agraria, para controlar el comercio de importación y exportación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo.

Por esto, esta noche, que pertenece a la Historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionado reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria.

Para los que están en la pampa o en la estepa, para los que escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante e industrial, para el hombre y la mujer de Chile, para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el compañero presidente.

Han sido el hombre anónimo y la ignorada mujer de Chile los que han hecho posible este hecho social trascendental. Miles y miles de chilenos sembraron su dolor y su esperanza en esta hora que al pueblo pertenece. Desde otras fronteras, desde otros países, se mira con satisfacción profunda la victoria alcanzada. Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de las dictaduras y abrirá el cauce para que otros pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino.

Somos lo suficientemente responsables para comprender que cada país y cada nación tienen sus propios problemas, su propia historia y su propia realidad. Frente a esa realidad serán los dirigentes políticos de esos pueblos los que adecuarán la táctica que deberá adoptarse. Nosotros sólo queremos tener las mejores relaciones políticas, culturales, económicas, con todos los países del mundo. Sólo pedimos que respeten -tendrá que ser así- el derecho del pueblo de Chile de haberse dado el gobierno de la Unidad Popular.

Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre en los distintos continentes.

Sólo quiero realizar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y la amenaza; la información deformada, la campaña de terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación.

Pondremos toda la fuerza creadora del pueblo en tensión, para hacer posible estas metas humanas que se ha trazado el programa de la Unidad Popular.

Juntos, con el esfuerzo de ustedes, vamos a realizar los cambios que Chile reclama y necesita. Vamos a hacer un gobierno revolucionario.

La revolución no implica destruir, sino construir; no implica arrasar, sino edificar; y el pueblo de Chile está preparado para esta gran tarea en esta hora trascendente de nuestra vida.

Compañeras y compañeros, amigas y amigos: Cómo hubiera deseado que los medios materiales de comunicación me hubieran permitido hablar más largamente con ustedes, y que cada uno hubiera oído mis palabras, húmedas de emoción, pero al mismo tiempo firmes en la convicción de la gran responsabilidad que todos tenemos y que yo asumo plenamente. Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia del pueblo.

Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Aquellos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y responsabilidad de ustedes. Irán a su trabajo mañana o el lunes, alegres y cantando; cantando la victoria tan legítimamente alcanzada, y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo, las tiernas manos de la mujer y las risas del niño, haremos posible la gran tarea que sólo un pueblo consciente y disciplinado podrá realizar.

América Latina y más allá de la frontera de nuestro pueblo, miran el mañana nuestro. Yo tengo plena fe en que seremos lo suficientemente fuertes, lo suficientemente serenos y fuertes, para abrir el camino venturoso hacia una vida distinta y mejor; para empezar a caminar por las esperanzadas alamedas del socialismo, que el pueblo de Chile con sus propias manos va a construir.

Reitero mi reconocimiento agradecido a los militantes de la Unidad Popular; a los que integran los partidos Radical, Comunista, Socialista, Social Demócrata, MAPU y API; y a los miles de independientes de izquierda que estuvieron con nosotros. Expreso mi afecto y también mi reconocimiento agradecido a los compañeros dirigentes de esos partidos, que por sobre las fronteras de sus propias colectividades hicieron posible la fortaleza de esa unidad que el pueblo hizo suya. Porque el pueblo la hizo suya ha sido posible la victoria, que es la victoria del pueblo.

El hecho de que estemos esperanzados y felices no significa que vayamos nosotros a descuidar la vigilancia: el pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra victoria.

Pero al mismo tiempo, mantendremos nuestros comités de acción popular, en actitud vigilante, en actitud responsable, para estar dispuestos a responder a un llamado -si es necesario- que haga el comando de la Unidad Popular. Llamado para que los comités de empresas, de fábricas, de hospitales, de las juntas de vecinos y en los barrios y en las poblaciones proletarias vayan estudiando los problemas y las soluciones; porque presurosamente tendremos que poner en marcha el país. Yo tengo fe, profunda fe, en la honradez, en la conducta heroica de cada hombre y de cada mujer que hizo posible esta victoria.

Vamos a trabajar más. Vamos a producir más.

Pero trabajaremos más para la familia chilena, para el pueblo y para Chile, con orgullo de chilenos y la convicción de que estamos realizando una grande y maravillosa tarea histórica. Cómo siento en lo íntimo de mi fibra de hombre, cómo siento en las profundidades humanas de mi condición de luchador, lo que cada uno de ustedes me entrega. Esto que hoy germina es una larga jornada. Yo sólo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo.

Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.

Quiero, antes de terminar, y es honesto hacerlo así, reconocer que el gobierno entregó las cifras y los datos de acuerdo con los resultados electorales. Quiero reconocer que el jefe de plaza, general Camilo Valenzuela, autorizó este acto multitudinario, con la convicción y la certeza, dadas por mi, de que el pueblo se congregaría, como está aquí, en actitud responsable, sabiendo que ha conquistado el derecho a ser respetado; respetado en su vida y respetado en su victoria; el pueblo que sabe que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año.

Quiero destacar que nuestros adversarios de la Democracia Cristiana han reconocido en una declaración la victoria popular. No le vamos a pedir a la derecha que lo haga. No lo necesitamos. No tenemos ningún ánimo pequeño en contra de ella. Pero ella no será capaz jamás de reconocer la grandeza que tiene el pueblo en sus luchas, nacida de su dolor y de su esperanza.

Nunca, como ahora, sentí el calor humano; y nunca, como ahora, la canción nacional tuvo para ustedes y para mí tanto y tan profundo significado. En nuestro discurso lo dijimos: somos los herederos legítimos de los padres de la patria, y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile.

Ciudadanas y ciudadanos de Santiago, trabajadores de la patria: ustedes y sólo ustedes son los triunfadores. Los partidos populares y las fuerzas sociales han dado esta gran lección, que se proyecta más allá, reitero, de nuestras fronteras materiales.

Les pido que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria.

Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Ya lo dije un día: lo mejor que tengo me lo dio mi partido, la unidad de los trabajadores y la unidad popular.

A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo; con la lealtad del compañero presidente.

La vieja oligarquía

Por fin la izquierda mostraba un aumento de su poderío en las mesas femeninas, que tradicionalmente le resultaran adversas. La ventaja obtenida por Alessandri en Santiago se hallaba muy por debajo de lo que la derecha esperaba para lograr vencer a la Unidad Popular. 

En las urnas Allende consiguió un 36,3 por ciento de los votos. Pero a partir de ese instante los chilenos entraban a definirse en torno a una nueva disyuntiva: los partidarios de que Salvador Allende asumiera la Presidencia de la República y los interesados en evitarlo a como diera lugar. 

La mayoría de los tomicistas vieron de inmediato con cierta simpatía el triunfo de la izquierda, siendo partidarios de facilitar la asunción del nuevo gobierno. 

A la mañana siguiente del día de la elección, Tomic fue a felicitar a Allende a su casa, refiriéndose a él como "Presidente Beato". 

elecciones 1970

Portada diario La Tercera.
Portada diario La Tercera.

Sólo el sector derechista del PDC, comandado por el Presidente Frei, se resistió hasta el último instante a resignarse ante el triunfo de Ia Unidad Popular. 

A la vez, entre los electores procedentes de capas populares y medias que votaron por Alessandri, se generalizaba la opinión que debía reconocerse el triunfo de Allende. Entre ellos era corriente escuchar frases, muy propias de la mentalidad chilena, del siguiente tenor: "Bueno, ya ganó el señor Allende, ahora hay que dejarlo que asuma para ver cómo lo hace de Presidente... ". 

Pero la vieja oligarquía 'no podía dejarse arrebatar el gobierno sin resistencia y desató el terror financiero, que recibió inmediato estímulo de parte del gobierno. Los grandes empresarios despedían trabajadores, suspendían las compras, detenían la producción, paralizaban las entregas de materias primas, cortaban las ventas a plazo y, desde los bancos por ellos controlados, frenaban la concesión de créditos. 

elecciones 1970

Portada diario El Mercurio.
Portada diario El Mercurio.

Sus voceros políticos y periodísticos atizaban la nueva campaña del terror, presagiando a corto plazo la escasez y el hambre. La campaña tenía por objeto unir contra 

Allende y la UP a todos los "demócratas" -especialmente a la derecha y a la Democracia Cristiana- para salvar a Chile de la "tiranía comunista". 

A los pocos días, se inició la escalada de las bombas y del terrorismo que culminaría con el asesinato del comandante en jefe del Ejército, el general René Schneider. Y comenzaron las manifestaciones públicas, discursos y desfiles  del flamante Movimiento Patria y Libertad, de corte fascista, cuya organización estaba a cargo del abogado Pablo Rodríguez Grez. 

Enrique Ortúzar Escobar, ex ministro de Jorge Alessandri, entregó el domingo 6 de septiembre la primera declaración oficial del comando de la candidatura derrotada, mediante la cual los jefes políticos de la derecha se negaron a reconocer Ia victoria de Allende. 

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Comentarios

Comentarios

Se menciona a un general Camilo Valenzuela.....este fue el mismo que en los meses siguientes al 4 de sept se dedicó a complotar con el apoyo de ee.uu para impedir a toda costa la confirmación de Allende como pdte. Incluso más, estuvo detrás del asesinato del general Schneider, su propio compañero de armas. Valenzuela un verdadero miserable

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