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Domingo, 18 de abril de 2021
A 30 años de su asesinato

El origen familiar y la formación del ex senador Jaime Guzmán Errázuriz

Manuel Salazar Salvo

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Jaime Guzmán en el colegio Sagrados Corazones.
Jaime Guzmán en el colegio Sagrados Corazones.

INTERFERENCIA inicia hoy una serie sobre la vida y la muerte del abogado y fundador del gremialismo, asesinado por un comando del FPMR-Autónomo el 1 de abril de 1991. En este primer capítulo se revisan sus antecedentes familiares y su educación en el colegio Sagrados Corazones, donde al frente de la Academia Literaria, en sexto humanidades, hacía una férrea defensa del gobierno del caudillo español Francisco Franco, argumentos que esgrimiría también en las décadas siguientes.

La familia Errázuriz cuenta en su árbol genealógico de Chile con dos presidentes de la República: Federico Errázuriz Zañartu y su hijo Federico Errázuriz Echaurren. Analizada en forma gruesa, se divide en dos grandes vertientes: una liberal y la otra conservadora. Esta última, conocida como la "rama vaticana", se origina en dos señeras figuras: Maximiano Errázuriz Valdivieso, casado con Amalia Urmeneta y Crescente Errázuriz Valdivieso, el primer arzobispo de Santiago. 

El matrimonio Errázuriz Urmeneta tuvo cuatro hijos. Uno de ellos, Rafael, fue senador, Ministro de Relaciones Exteriores y embajador de Chile en El Vaticano, cuando su primo Federico ocupaba la primera magistratura de la nación, a comienzos del siglo 20. 

Rafael Errázuriz Urmeneta contrajo matrimonio con una Valdés, y de allí nació, el 29 de enero de 1895, Maximiano Errázuriz Valdés, que estudió su enseñanza primaria y secundaria en Francia e ltalia. Luego cursó Leyes en la Universidad de Roma. Llegó también a ser miembro de la embajada de Chile ante El Vaticano, diputado del Partido Conservador por Aconcagua y más tarde senador por Talca, Linares y Maule. En 1937 presidió una misión comercial enviada al Lejano Oriente. 

En esos años ya era un connotado experto en temas educacionales y, como filántropo, dirigía el Patronato de la Infancia. Se casó con Rosario Edwards Matte y de ese matrimonio nacieron Rafael, María Elvira y Carmen Errázuriz Edwards. Rafael se casó con Carmen Eguiguren Rudolphy; María Elvira con Rafael Vicuña Aránguiz; y Carmen, con Jorge Guzmán Reyes. De esta última unión nacieron Jaime, Rosario y María Isabel Guzmán Errázuriz. 

Jaime Guzmán creció bajo el influjo de hombres y mujeres que hablaban varios idiomas, poseían refinados gustos y viajaban constantemente por el mundo. Además, no se nutrió sólo de la estirpe de los Errázuriz, sino también de la de los Matte, la de los Edwards y de todas las otras familias con que ellos estaban vinculados. 

En la VI Edición del Diccionario Biográfico de Chile, correspondiente a 1946 -el año en que nació Jaime Guzmán- figuraban 25 Errázuriz, emparentados con los linajes más rancios de la aristocracia criolla. Allí estaban los Errázuriz-Covarrubias, Errázuriz-Echeverría, Errázuriz-Gandarillas, Errázuriz- Herreros, Errázuriz-Larraín, Errázuriz-Lazcano, Errázuriz-Lastarria, Errázuriz-Letelier, Errázuriz-Lyon, Errázuriz- Mackenna, Errázuriz-Mena, Errázuriz-Ortúzar, Errázuriz-Ovalle, Errázuriz- Pereira, Errázuriz-Salas. Errázuriz-Subercaseaux, Errázuriz- Tagle y Errázuriz-Valdés. 

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Rafael Errázuriz Urmeneta, el bisabuelo materno.
Rafael Errázuriz Urmeneta, el abuelo materno.

A los cinco años, el niño Jaime vivía con su madre en la casa de su bisabuela, Rosario Matte de Edwards, ubicada en la esquina de Alameda con Almirante Barroso. La bisabuela, poderosa figura de la sociedad chilena de aquel entonces, era tía y madrina de Arturo Matte Larraín, casado con Esther Alessandri Rodríguez, hija del presidente Arturo Alessandri Palma y hermana de Jorge, que poco después también sería presidente. 

El hermano de la bisabuela, Claudio Matte, fue el autor del famoso "Silabario Matte", el primero que hubo en el país y que sirvió para enseñar a leer a miles, millones de chilenos, durante casi tres décadas. Cuando terminó su obra y la entregó al Ministerio de Educación, comentó entre sus familiares: 

-¡Bueno! Después de este silabario la gente va a aprender a leer y después que aprendan a leer, ¡se van a hacer todos comunistas! 

Entrar a esa casa -recuerdan algunos que la visitaron- era como salir de Chile. Todo tenía razón de ser y de estar. No había rasgos de ostentación ni despilfarro. Parecía que los que allí moraban lo habían tenido siempre todo y que buscaban a través del ejercicio intelectual, de la filosofía y de las artes, una explicación sobre el por qué estaban en este mundo. Era como ingresar a una catedral, por lo austero, aunque todo era de un refinamiento enorme. En ese ambiente, entre palmeras metidas dentro de grandes maceteros de bronce, entre tapices y muebles de finas maderas, entre cristales y platerías, se crió Jaime Guzmán Errázuriz. 

En 1951 el niño Jaime comenzó a asistir al Colegio de los Sagrados Corazones de Alameda y a los pocos meses ya ayudaba a celebrar misa al padre Damián Symon. El sacerdote realizaba liturgias en el oratorio de la casa de doña Rosario, de quien era su confesor. Además, el cura tenía una gran amistad con Maximiano Errázuriz, el abuelo del niño. 

En aquella casa las mujeres, especialmente doña Rosarito, exhibían ciertos rasgos de beatería, de rigurosa observancia religiosa, pero nunca fue Dios el principal tema de conversación; siempre lo fue la cultura, la sociedad, la política... 

De pequeño, el muchacho viajó bastante junto a su madre y sus tíos a varias de las principales ciudades de Europa. Los veranos en Chile, los pasaba en Viña del Mar, en el hotel Miramar. El océano le producía una enorme inquietud. Muchas veces lo encontraron llorando cuando el mar estaba embravecido. Nunca quiso bañarse en el mar y le tomó aversión a caminar con sus pies desnudos sobre la arena. 

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Jaime con sus hermanas Isabel y Rosario.
Jaime con sus hermanas Isabel y Rosario.

A los seis años, en 1952, presenció desde una de las ventanas de su casa el gran desfile con que el tío Arturo Matte Larraín cerró su campaña presidencial. Quedó muy impresionado y se entusiasmó por escuchar las conversaciones de los mayores que frecuentaban su casa y se reunían en largas tertulias para analizar los acontecimientos sociales. 

Arturo Matte era sin duda un hombre muy importante: abogado, organizador y presidente de la Compañía de Acero del Pacífico, gerente de la Sociedad de Renta Urbana Pasaje Matte, gerente de la Sociedad Agrícola Trinidad S.A. Limache, ex-presidente de la Sociedad Portal Fernández Concha, ex-director de Sederías de Chile (sumar) S.A., ex-director de la Organización Kappés, ex-consejero de la Caja de Seguro Obrero, ex-consejero de la Compañía de Petróleos de Chile, ex- Consejero de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, ex-presidente del Banco Sudamericano, ex-vicepresidente de la Sociedad Constructora de Establecimientos Hospitalarios S.A., ex-vicepresidente de la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales S.A., y ex-vicepresidente -de Viñas de Chile S.A., entre otros cargos empresariales, políticos y filantrópicos. 

Nieto de un senador conservador -Maximiano Errázuriz- y de un dirigente liberal -Julio Guzmán-, en cuya casa en Iquique estuvo Arturo Alessandri en su campaña de 1915, cuando se forjó la figura del León de Tarapacá, el alumno de los Sagrados Corazones empezó a entender rápidamente y a muy temprana edad los secretos del juego político y del poder económico. 

Su padre, Jorge Guzmán Reyes, había estudiado en el Colegio San Ignacio y luego cursado estudios de comercio en la Universidad Católica. Era un hombre jovial, alegre, de punzante humor y sonrisa fácil. En 1941 fue dirigente del club deportivo de la UC y luego tras egresar de la universidad trabajó entre los años 42 y 49 como cajero del Banco Edwards, y más tarde -entre el 49 y el 53- en la empresa constructora Devés y Cía. Ltda.

No se sabe mucho más de su vida, aunque se han difundido muchos rumores sin asidero. Uno de los pocos testimonios responsables sobre él lo entregó Alfonso Ríos Larraín en su blog el 12 de abril de 2011: 

-Conocí a Jorge Guzmán Reyes, el padre de Jaime, el año 1972, cuando comencé a pololear con mi mujer, su sobrina, y fuimos amigos hasta su muerte. Era entretenido, alegre, culto, fino e inteligente; notable imitador y cantante de voz privilegiada. Su incorregible bohemia y las "penas del alma" deterioraron su voluntad, pero mantenía incólume la cordialidad, señorío y simpatía que cautivó a quienes le conocieron. Su separación matrimonial dejó heridas que el tiempo fue incapaz de curar. Las secuelas de aquel proceso alejaron a don Jorge de sus hijos durante varios años, pero nunca exteriorizó resentimiento. Por el contrario, viniere o no al caso, como el chiste de los fenicios, la Charito, Jaime y la María Isabel eran referentes ineludibles para reforzar algún argumento o instintivo reflejo del cariño, admiración y orgullo que profesaba a cada uno. Vivió pobremente pero con dignidad, al principio con una hermana viuda y, luego, con unas tías viejas, frecuentando siempre a sus hermanos y sobrinos. Jamás recurrió a ellos para solicitar ayudas materiales de ningún tipo: sólo afecto, que retribuía con amistad e ingenio.

 Con el tiempo, Jaime y sus hermanas vencieron la oposición materna y visitaban a su padre. Fueron los mejores años de don Jorge desde su separación. Murió en 1977. Comprobé, entonces, otra faceta suya que muy pocos conocen: su desprendimiento. Correspondió a mi suegro, como abogado y hermano suyo, pedir la posesión efectiva. Apareció un depósito bancario con un importante saldo en dólares que databa más de 15 años. La cuenta no registraba giros: sólo abonos e instrucciones precisas de entregar el dinero a sus hijos después de su muerte. Nadie, absolutamente nadie lo sabía. Y había más. Dejaba una propiedad agrícola de buen secano costero en la localidad de Malvilla, comuna de San Antonio, plantada de eucaliptos y pinos, en sociedad con su primo Alfredo Guzmán. Ese patrimonio pudo servir a don Jorge para evitar penurias económicas, pero consideró que sus hijos lo necesitarían más que él.

Respuestas para todo

Ya a los siete años, cuando cursaba la segunda preparatoria, el niño Jaime dejó con la boca abierta a su profesor de religión, el sacerdote Jaime Blume: 

-Mire padre, yo sé cómo nacen las guaguas. Así que no me venga a contar cuentos, le dijo cuando el maestro iba a iniciar una larga perorata sobre los misterios del alumbramiento. 

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Jorge Guzmán Reyes, el padre.
Jorge Guzmán Reyes, el padre.

Ese mismo año ingresó al Conservatorio Nacional de Música a cursar estudios de piano. Ganó una medalla de oro, pero no siguió cultivando ese talento, uno de los muchos que admiraban sus profesores. Estos coincidían en que no estudiaba y que le bastaba lo que escuchaba en clases para cumplir de modo sobresaliente las exigencias del colegio. Incluso, a menudo se aburría. y evitaba entrar a alguno de los cursos. 

Un día, el mismo Jaime Blume lo sorprendió evadiendo las clases -"haciendo la cimarra"- dentro del colegio y lo llamó para reprenderlo con severidad. 

-Mire padre -replicó- en un colegio como éste, con más de cien años de tradiciones, cualquier récord es respetable. Mi record es no haber dejado de faltar a una clase durante todos los días del año. Y eso, aquí, es muy respetable. 

Los intereses intelectuales del precoz niño iban por delante de la mayoría de las materias que los profesores le enseñaban. No obstante, allí, en el mismo recinto educacional, estaba una de sus principales pasiones infantiles: descifrar los secretos que guardaban los interminables vericuetos del colegio. El enorme teatro, con decenas de pequeñas piezas, era uno de sus favoritos. También las oscuras salas que siempre permanecían con gruesos candados, o los subterráneos donde estaban las bodegas y los comedores. 

Los casi novecientos alumnos que ocupaban el colegio de los Sagrados Corazones de Alameda pugnaban diariamente por traspasar las rejas que los separaban de un paraje que les parecía de ensueño. Era la vieja quinta con añosos árboles y cientos de plantas que se extendía por uno de los costados del edificio y que parecía proteger el convento donde habitaban los casi 15 sacerdotes que trabajaban en el establecimiento educacional. 

Los muchachos la miraban con la misma curiosidad con que el citadino observa un bosque impenetrable, encerrado en el medio de una ciudad donde día a día se multiplicaba el cemento y el hollín. 

En las elecciones parlamentarias de 1957 aquel estudiante de apenas diez años vio irrumpir en la política chilena a un hombre del que sólo había escuchado hablar en su casa y entre algunos profesores y alumnos de los cursos superiores de los sagrados corazones. Se trataba de Jorge Alessandri Rodríguez. 

Ingeniero civil, hijo de un Presidente, también Alessandri, al igual que Arturo Matte Larraín, poseía una impresionante trayectoria empresarial: ex gerente de la Compañía Carbonífera de Lebu, presidente de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, director de la Compañía Refinadora de Azúcar de Viña del Mar, director de la Sociedad Industrial Pizarreño, vicepresidente del Banco Sudamericano, ex presidente de la Corporación de Ventas de Salitre y Yodo y presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio. 

Aquel severo capitán de empresas tuvo un fugaz romance juvenil con Charito Edwards Matte, la abuela de Jaime Guzmán En 1950 había sido Ministro de Hacienda del Presidente Gabriel González Videla y luego, tras quebrarse la alianza entre la derecha y el Partido Radical, que se llamaba "Concentración Nacional", Alessandri decidió retirarse de la política. En las elecciones presidenciales de 1952, el general Carlos Ibáñez arrasó en las urnas, pero cinco año después, el "ibañismo" se había derrumbado y los liberales lo convencieron para que fuera candidato a senador por Santiago y enfrentara al principal hombre de la recién fundada Democracia Cristiana, el abogado y periodista Eduardo Frei Montalva. 

Jaime Guzmán tenía diez años y ya seguía las noticias políticas con fruición. La votación que consiguió Alessandri -41.000 votos- lo conmovió. Estaba fuera de todo pronóstico y, pese a que salió tercero, detrás de Frei y del radical  Ángel Faivovich, resultó electo. Desde ese instante, aquel ingeniero civil parco, de escasas palabras amables, soltero, de eterno abrigo y bufanda, sería uno de los referentes principales en el futuro del joven alumno de los Sagrados Corazones. 

Al año siguiente, el niño Jaime salió entusiasmado a las calles a repartir panfletos en favor de la candidatura presidencial de "Don Jorge", el político que decía no serIo, que no creía en los partidos y que era muy resistido en amplios sectores de la derecha tradicional, pese a ser uno de sus más excelsos representantes. 

En el papel de San José

En los últimos años de la década de los cincuenta, para el día de Navidad se reunía la familia ampliada y los más jóvenes representaban el nacimiento de Cristo. Jaime Guzmán hacía el papel de San José y creaba la escenografía. No le gustaba que alguien se riera de ese ceremonial. Muchas veces tuvo que reprender a su hermana María Isabel que con sus primas no podían contener las risas al ver al muchacho disfrazado. 

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Jaime como alumno en el colegio Sagrados Corazones.
Jaime como alumno en el colegio Sagrados Corazones.

Faltaba mucho a clases, pero siempre fue el primero de su curso. Era el árbitro oficial de todos los encuentros de fútbol del colegio. A veces trataba de jugar, pero su esmirriado físico y su escasa habilidad con los pies lo convencían rápidamente de abandonar la cancha. Admiraba a Sergio, "Sapo" Livingstone, el arquero de la UC, que era un fraternal amigo de su padre. Casi con catorce años, llegó a Viña del Mar, a fines de diciembre, al iniciarse el verano de 1960 a disfrutar un programa cultural especialmente atractivo para sus gustos: un concierto de Navidad interpretado por los coros de la Universidad de Chile, dirigidos por Marco Dussi; otro, de la Sinfónica de Viña del Mar, dirigido por lsidor Handler; y, además, un auto sacramental presentado por la Corporación Pro Arte, con los coros de la Universidad Católica, dirigidos por Eduardo Jaramillo. 

Esperaba también un concierto religioso de los coros de la Universidad de Chile en la Iglesia de los Padres Carmelitas, en la avenida Libertad. A medida que avanzaba la temporada, seguían los espectáculos: llegó el Primer Festival Artístico Nacional, con la Orquesta Sinfónica de Viña, la Filarmónica de Chile, el Ballet Nacional del Instituto del Teatro, dirigido por Ernst Uthoff, y el Ballet de Arte Moderno, de Octavio Cintolessi. Después, las presentaciones del Teatro Experimental de la Universidad de Chile; el Teatro de Ensayo de la UCV, el Teatro Universitario de Concepción y otros eventos ocupaban todas las tardes del adolescente alumno de los Sagrados Corazones. 

En aquel tiempo, las piezas teatrales se presentaban en el Teatro Municipal y los conciertos y el ballet en la Quinta Vergara. Los mejores actores y directores eran premiados con una figura que representaba un delfín. 

También aquel año 1960 se efectuó el Vigésimo Cuarto Salón de Verano, que reunió a los mejores pintores del país; los Conciertos de Jazz al aire libre; retretas en las principales plazas de la ciudad y en el estadio El Tranque; fuegos artificiales a la orilla del mar; fogatas en la playa de Ocho Norte; bailes populares con las orquestas del Casino, junto al estero Marga Marga; concursos fotográficos y deportivos de todo tipo, entre otras muchas actividades. 

La defensa de Franco

En 1962, poco después del Mundial de Fútbol, que siguió desde las tribunas del Estadio Nacional y que lo transformó en un ferviente admirador de Fernando Riera, el entrenador de la selección chilena, el joven Guzmán empezó a prepararse para su egreso de la enseñanza secundaria. 

El Diario Ilustrado, periódico identificado con los sectores más conservadores del país, tenía por aquellos años una página que se llamaba "En el pizarrón" y que estaba dedicada a las actividades de los colegios, principalmente los católicos. El editor de esa página era un estudiante de los últimos años de Derecho, a pocos meses de egresar de la Universidad de Chile. Su nombre: Joaquín Villarino Goldsmith, dos décadas después un destacado editor del diario El Mercurio

Un amigo le contó a Villarino que en el colegio de los Sagrados Corazones de la Alameda se efectuaba un acto donde se entregaría la presidencia de la Academia Literaria, una interesante tribuna donde se dictaban polémicas conferencias y se registraban amenos debates. El salón estaba forrado entero de madera, los asistentes se sentaban en sillas del tipo capitular y en una testera se ubicaban los profesores asesores, los alumnos que presidían la Academia y los habituales invitados. 

Todo era muy solemne. Villarino presenció el traspaso de la presidencia. Jaime Guzmán le entregó el cargo a Felipe Lecaros, muchacho que años después se transformó en uno de los principales dirigentes de Fiducia. 

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Francisco Franco, a quien Guzmán admiraba.
Francisco Franco, a quien Guzmán admiraba.

Una de las intervenciones más comentadas aquel año en la Academia Literaria, reproducida luego en la revista del colegio con el título de "¡Viva Franco, Arriba España! fue del siguiente tenor: 

Señor Presidente, Reverendo Padre Jaime, señor asesor literario don Luis Ordenes, compañeros académicos: 

Con profundo respeto y sincera admiración me permito referirme esta tarde a una de las personalidades más grandes de la época contemporánea, y que ha copado los últimos 2S años en la vida política española: el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Movimiento Nacional y Caudillo de España por la Gracia de Dios. . 

Para comprender el profundo arraigo que la persona del Generalísimo tiene en el pueblo español, y el enorme cariño que éste le profesa, es necesario recordar el estado de postración en que se encontraba nuestra Madre Patria, cuando el 18 de julio de 1936 se produjo el Alzamiento Nacional. 

La Segunda República, que se había instaurado el 14 de abril de 1931, había violentado los más íntimos sentimientos del pueblo español al declararse laica y antirreligiosa, al prohibirle la enseñanza a las órdenes religiosas, al expulsar a los jesuitas, al crear los cementerios laicos, al negar la importancia y validez del matrimonio religioso, y de tantos otros modos, sobresaliendo en este aspecto la ley del 2 de junio de 1933 sobre las congregaciones ya mencionadas: empezó entonces a crearse un concepto de cruzada nacional para liberarse del yugo republicano. 

En el plano económico, España estaba próxima a la bancarrota; en el plano social las desigualdades eran mantenidas, y en el plano moral el desquiciamiento llegó a tal punto, que un día se votó en la Cámara de Diputados, entiéndase bien, si existía Dios o no. Como dato anecdótico agrego que la mayoría se pronunció por la negativa, con lo cual el más contento debe haber sido seguramente el Espíritu Santo. 

Por si fuera poco la República empezó a secuestrar gente en forma secreta, lo que culminó con el vil asesinato del gran ministro José Calvo Sotelo, que fue sacado violentamente de su residencia y muerto por los republicanos en la noche del 13 al 14 de julio de 1936. 

Este clima era más de lo que España podía soportar: cuatro días más tarde se producía el Alzamiento Nacional, se formaba un Gobierno nacionalista en el norte, y quedaba como jefe de los partidarios de una España libre y católica el general Francisco Franco. 

Se produjo entonces el aunamiento de todas la fuerzas antimarxistas, y durante tres años España vio regar su suelo con la sangre de sus hijos heroicos que habían jurado ante la Historia, que los mercenarios de Moscú y los enceguecidos con las luces de la libertad que el laicismo parece otorgar, no llegarían a destruir a la Patria, sin antes acabar con las vidas de cada uno de ellos, de cada uno de estos gloriosos patriotas que estaban dispuesto a morir por Dios y por España, con la bandera que se había enarbolado a las órdenes del General Franco. 

La Iglesia Católica, con la valentía que nunca le ha faltado, no permaneció indiferente: apoyó sin reservas el Movimiento Nacional. 

El 14 de septiembre de 1936, Pío XI denunciaba las atrocidades que los republicanos estaban cometiendo y que violentaba, según sus palabras textuales, "a la naturaleza humana, aún a la más miserable y a la caída en lo más bajo". 

Esto lo ratificaba medio año más tarde en la Encíclica Divinis Redemptoris, cuando decía que la destrucción que el marxismo republicano estaba haciendo de conventos, iglesias, obispados, etc., eran llevados a cabo (de nuevo cito palabras textuales de Su Santidad), "con un odio, una barbarie y una ferocidad que no se hubiera creído posible en nuestro tiempo". 

El 23 de noviembre de ese mismo año, el Cardenal Gomá, Arzobispo de Toledo, y primado de España, escribía desde Pamplona: "Ignoramos cómo y con qué fines se produjo la insurrección militar de Julio: los suponemos levantadísimos... El curso posterior de los hechos ha demostrado que la determinó, y lo ha informado posteriormente, un profundo sentido de amor a la Patria y a la religión, que se ha manifestado explosivamente en las milicias y en las multitudes de retaguardia". 

Poco después, el Episcopado español en pleno, proclamaba su adhesión al Movimiento Nacional y al General Franco, diciendo que no podía permanecer indiferente cuando de una parte se suprimía a Dios, se atacaba y se perseguía a la Iglesia causando un inmenso daño a las personas, cosas y derechos, mientras de la otra, cualquiera que fueran los humanos defectos, estaba el esfuerzo por la conservación del viejo espíritu conservador y cristiano; afirmaba que el levantamiento estaba movido por un sentido patriótico de evitar la ruina definitiva de España, y un sentido religioso de reducir a la impotencia a los enemigos de Dios, como garantía de la continuidad de la fe y práctica de la religión, concluyendo en que la única salvación para España era el triunfo del Movimiento Nacional. 

La Providencia Divina salvó a España, y el Movimiento Nacional triunfó en 1939, quedando como Caudillo de España el generalísimo Francisco Franco Bahamonde. 

Señor Presidente: Vaya encarar ahora los ataques fundamentales y más frecuentes que se oyen en contra del Gobierno español, y quien esté de buena fe podrá ver cuán falaces y tendenciosos son, y cómo puede la mentira pasar corno verdad, cuando no existe de parte del acusado, una fuerte defensa publicitaria. 

La primera afirmación, y la más fácil de destrozar, es aquella que dice que con la unión de la Iglesia con el Estado, aquélla ha salido perjudicada y que el Gobierno se ha servido de Ella para sus intereses. 

Podría estar mucho rato hablando de cómo el Generalísimo no ha traicionado el sentimiento católico que el Movimiento tuvo en los aciagos días de la liberación y cómo le restituyó uno a uno los derechos que la República le había negado. Pero para no dilatar demasiado mi intervención, me voy a limitar a poner de relieve la total confianza que el Papa Pío XII le prestó al Gobierno español, al otorgarle al caudillo el privilegio especial y el único en el mundo, de nombrar algunos obispos, al honrarlo con el hecho de que un día al año en Santa María la mayor, de Roma, se pida por sus intenciones particulares y por el bien de la nación española, y al firmar el concordato del 17 de Agosto de 1953 en que el Estado se comprometía a cumplir una serie de puntos específicos, que al decir de Monseñor Tardini nunca se han dejado de cumplir, y que según el gran Martín Artajo, el ministro que firmó el Concordato. "constituyen la sistematización jurídica de una relación casi ideal entre la Iglesia y el Estado". 

Sin embargo, no han faltado los políticos que en nuestra Patria y en el mundo entero han acusado a Franco de perjudicar a la Iglesia con sus actitudes y su gobierno; pero entre la opinión de estos izquierdistas trasnochados y la de Pío XII, un sexto sentido me hace quedarme con la de Su Santidad. 

El segundo ataque, más frecuente todavía, es aquel que dice que el Caudillo es un dictador, cargo que se le formuló en esta tribuna hace algunas sesiones. Nada puede ser más falso y malévolo que ésta afirmación. El desvirtuarla me va a tomar algunos minutos, por lo que les pido un poco de paciencia. ,. 

Es primero indispensable establecer qué es una dictadura a mi entender, es todo aquel gobierno impuesto a un pueblo. Otra definición que también voy a considerar aunque la considero inexacta, es aquella que dice que dictadura, es aquel gobierno ejercido por una sola persona. 'Vamos por partes. 

Atendiendo a la primera definición que es la que me parece correcta, Francisco Franco no puede ser catalogado como dictador sino por un retardado mental, ya que su admisión al poder está más que legitimada por un pueblo que se levantó en armas "por Dios, por España y por Franco". Y esto es, como ha dicho el caudillo, "un referéndum inapelable, un voto que no se puede comprar, una adhesión que se rubrica con la ofrenda de la propia vida". 

Luego, se abocó a preparar las leyes fundamentales entre las cuales están las del Fuero de los Españoles y la de sucesión en la Jefatura del Estado, según la cual el cargo queda ocupado por el Generalísimo, abran bien los oídos los señores que lo tachan de dictador, hasta que él considere conveniente. Estas leyes fueron aprobadas por las Cortes Españolas, pero no contento con ello y como prueba de su honestidad, el Caudillo las sometió a un plebiscito popular el 6 de julio de 1947. 

A este referéndum fueron convocados todos los españoles mayores de 21 años de edad. Tomaron parte en la votación, 15.219.563 personas, de las cuales 14.145.163 lo hicieron afirmativamente, y sólo 722.656 lo hicieron en contra, contándose 336 mil 592 votos nulos (el resto no computado). Es decir el 92% de España lo apoyó, un 5% lo rechazó, siendo el 3% restante lo votos nulos. 

¡Qué mayoría abrumadora la que ratificó la permanencia del Generalísimo en el cargo de Jefe del Estado, hasta que él lo estime prudente! Él ha preparado el consejo del reino para el caso de su muerte por lo que no hay por qué temer un caos. ¡Y si él cree que debe quedarse hasta su muerte, está usando un derecho que el 92% del pueblo español le otorgó! 

Como último argumento los sostenedores de esta teoría, que como ven ustedes se va desmoronando en forma estrepitosa, arguyen que hace de ello demasiado tiempo. 

Hemos demostrado que el Caudillo no tiene ninguna obligación de hacer otro plebiscito, porque así como Jorge Alessandri no es un dictador si no llama a elecciones antes del 4 de septiembre de 1964, porque hasta esa fecha lo eligió el pueblo, tampoco es dictador Francisco Franco si no convoca a otro referéndum popular, porque el pueblo lo eligió hasta que él considere conveniente. Además, con una mano puesta en el corazón, ¿puede alguien pensar que en un pueblo de la madurez del español, un 92% se va a transformar en 13 años en minoría, considerando que hoy España está incomparablemente mejor que hace 13 años desde todo punto de vista? 

No faltan los que dicen que el Gobierno Español es una dictadura porque en él hay un sólo partido político: la Falange Española, que encarna los ideales del Movimiento Nacional. Esto también es un error, ya que la Falange, más que un partido político, es una organización, que además de conservar la tradición española y actualizar los principios nacional-sindicalistas, está destinada a agrupar la administración pública, y nada tiene que ver con el partido único de los países comunistas, porque no postula a elecciones. Es decir, más propio es afirmar que en España no hay partidos políticos; y esto ¿por qué? 

Porque el nacional-sindicalismo es partidario de una organización corporativa de la sociedad, basada no en partidos políticos, sino en la Familia, el Municipio y el Sindicato, órganos intermedios entre la sociedad y el Estado, con derechos y deberes anteriores y superiores a él, de auténtico derecho natural. 

Cada una de estas organizaciones elige a sus representantes ante las Cortes Españolas, que al decir del Caudillo constituyen "la suprema participación del pueblo en las tareas legislativas del Estado" 

El primer tercio de estos representantes es elegido por los padres de familia. El año pasado 8.241.308 cabezas de familia eligieron representantes entre 19.198 candidatos para 9.399 concejalías. 

Por el tercio sindical, se presentaron 27 mil 712 candidatos para 11.556 concejalías, y por el tercio restante, correspondiente a otras entidades: Colegios Profesionales, Cámaras de Comercio, etc.) 35.912 candidatos postularon a 11.616 concejalías. 

Además, cada municipio elige su diputado provincial que en número de 681 eligen 53 procuradores en Cortes a los que deben sumarse 3 representantes de cada sindicato, correspondiendo uno a los empresarios, otro a los técnicos, y un tercero a los obreros. 

En resumen, toda España articulada en sus entidades naturales y profesionales, está representada en las Cortes, cuya composición ofrece una imagen más fiel que la resultante de un sufragio inorgánico. 

Sobre esto, el Caudillo tiene palabras muy acertadas en su último mensaje a las Cortes, al decir: "Es lamentable que todavía haya quienes equivocadamente propugnen como único cauce de representación política, el voto individual e inorgánico que manipulan los partidos banderizos y trucan los complicados cubileteos electorales. Esto conduce a la división del pueblo y por ende a su debilitamiento y explotación por los profesionales de la política. Nuestro régimen ha abierto cauce limpio a la participación del pueblo en las tareas legislativas, proclamando como doctrina, que la participación popular en ellas y en las demás funciones del interés general, se llevará a cabo a través de la Familia, el Municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes". 

Y esta organización corporativa, de la cual habla muy favorablemente la reciente encíclica Mater et. Magistra, está en los principios del Movimiento Nacional, que el pueblo elevó al poder con la sangre que vertió hace 25 años y que ratificó un 92%  del pueblo español, el glorioso 6 de julio de 1947. 

No me extenderé más porque ya he abusado demasiado del tiempo de todos ustedes, esperando hablar en otra ocasión sobre el extraordinario progreso y adelanto material, que ha experimentado España en los últimos años y que va a permitirle entrar al Mercado Común. 

Y esto es, permítaseme una consideración final, lo que hace que la misión del Generalísimo no haya terminado. No. En 1936 su misión fue salvar a España del comunismo, y Franco salvó a España del comunismo. En 1942 su misión era ya crear un órgano legislativo que representara fielmente al pueblo, y Franco creó entonces las Cortes Españolas. En los años siguientes su misión consistió en organizar políticamente al país, y Franco preparó las leyes fundamentales que el pueblo aprobó en el referéndum del 6 de julio de 1947. En 1949 su misión fue acelerar su política exterior, y Franco obtuvo el reconocimiento de todos los países occidentales En 1953 su misión fue solidificar la unión de la Iglesia con el Estado, y Franco lo hizo mediante el Concordato ya mencionado del 17 de agosto de 1953. 

Y bien, hoy, la misión del Caudillo es completar el desarrollo material para ponerse al nivel de las grandes potencias europeas, y la inminencia del ingreso de España al Mercado Común hace ver que ello está por obtenerse. Y después, su misión final será consolidar el Estado corporativo para garantizar que a su muerte todo se desarrolle por los cauces normales Y si ha cumplido con todas sus misiones anteriores, ¿por qué no con ésta? 

No se equivocó el Himno Español al decir: "Volverá a reír la primavera, que por el cielo, mar y tierra se espera. ¡Arriba Escuadra a vencer!, que en España empieza a amanecer". 

¡Y en España ha empezado a amanecer! ¡Viva Franco! ¡Viva España! 

Jaime Guzmán Errázuriz

Sexto Año “A”

 Continúa mañana

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Rafael Errázuriz Urmeneta es el bisabuelo, casado con una Valdés. No, el abuelo. La bisabuela es de apellido Valdés. Maximiano Errázuriz Valdés se casó con Rosario Edwards Matte. Abuelos paternos. Luego, dicen que vivía con la bisabuela, Rosario Matte de Edwards. Sus hermanas: Rosario y Ana María. En la fotografía, sus hermanas: Isabel y Rosario. Hay error???

Quise decir abuelos maternos.

"Ingeniero civil, hijo de un Presidente, también Alessandri," Podría ser de distinto apellido??? A menos que fuera "huacho" jajaja...

Gracias por el trabajo

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