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Lunes, 26 de octubre de 2020
1931-2020

El testimonio de Mariano Puga

Ricardo Martínez

puga

Crédito: Municipalidad de Renca.
Crédito: Municipalidad de Renca.

Durante la madrugada de hoy sábado, la Comunidad de La Minga informó que Mariano Puga, el cura obrero reconocido por su lucha contra la dictadura y su opción con los pobres, falleció a los 88 años producto del cáncer linfático que le afectaba. INTERFERENCIA ha seleccionado algunos testimonios históricos de Puga que permiten hacerse una noción de su acción pastoral y sus ideas sobre Chile y la iglesia.

Mariano Puga Concha nació el 25 de abril de 1931 en el cité Concha y Toro en el seno de una familia aristocrática. Realizó estudios escolares en Londres y volviendo a Chile prosiguió su escolaridad en el Grange School para luego ingresar a la Escuela Militar. En su juventud ingresó a arquitectura, pero abandonó dicha carrera tras una experiencia como estudiante con personas de un campamento en el Zanjón de la Aguada. Entonces ingresó al Seminario Diocesano y posteriormente continuó su formación en Bélgica e Italia. Obtuvo el grado de Doctor en Teología Moral. Fue párroco de La Legua y creador de la Parroquia Universitaria. Su testimonio siempre fue más práctico y encarnado -particularmente por su adscripción al movimiento de los curas obreros- que declarativo, aunque se registran numerosos textos suyos y entrevistas en especial en la revista Mensaje de origen jesuita.

En lo siguiente se recogen algunos de estos testimonios en diversas publicaciones históricas y recientes, referidas al papel de la iglesia durante la dictadura y, en la actualidad, en el contexto del estallido social.

Testimonio de la iglesia en dictadura

“A la salida vi al padre Mariano Puga, rodeado de sus míseros vecinos de la población marginal donde él ejerce su ministerio. Un hombre esbelto y hermoso. Pantalones grises, chaqueta cortavientos, gorro forrado en piel.

No hacía mucho que había salido de prisión. Lo detuvieron en curiosas circunstancias. Había ido a una misa en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, pleno barrio alto. El cura oficiante le invitó a decir el sermón. Mariano Puga se refirió a su mundo, al que él comparte. Un mundo de cesantía, de hambre, de ollas comunes, de mujeres golpeadas por sus maridos, de niños castigados, a veces brutalmente, por sus padres, un mundo donde no siempre se practica el sacramento del matrimonio y donde las más de las veces se ignoran los diez mandamientos, pero donde se ejerce la solidaridad de modo tan natural y simple que nunca un doliente está solo. Gran parte de ese otro mundo que constituía el público asistente a la misa, se conmovió. Una señora, al momento de la ofrenda, se sacó un anillo de brillantes y se lo donó, a ver si podía servir de algo, aunque fuera para comprar alimentos.

Pero el presidente de la junta vecinal protestó indignado por el sermón y llamó a, la policía. 

Se llevaron preso a Mariano Puga, el sacerdote de los marginales, porque lo hallaron subversivo. 

A las puertas de la Basílica de Lourdes, el padre Puga testimonió con indignación:

-Cuando estuve preso, reconocí en uno de los detenidos a un hombre que ahora La Segunda da por muerto en un enfrentamiento en Argentina. Yo estuve a su lado. Estaba tan torturado que no podía ni moverse”.

(Virginia Vidal, “Otras voces, otros temples”, Araucaria de Chile, Número 15, 1981, página 188).

El cura obrero

“Desde la ventana de su mediagua en Villa Francia, Estación Central, Mariano Puga veía pasar a los obreros que iban caminando muy temprano a sus trabajos. Un día, orando con Jesús, pensó que tenía que cortar toda dependencia económica y ganarse la vida como sus vecinos, como el carpintero de Nazareth. Entonces fue a hablar con la gente de la empresa que estaba construyendo las casas en la villa y al día siguiente comenzó a trabajar de pioneta. “Al párroco lo conocían porque andaba repartiendo ripio”, dice Mariano y se ríe. “Me acuerdo que estaban dos cabros chicos mirado esto y uno le dice al otro: "Ese maestro que está ahí me dio la Primera Comunión". ¡Un carpintero de Nazareth es el fundador de la Iglesia de Cristo! ¿tienes esa imagen? No la tiene nadie””.

(Paz Escárate Cortés, “El amor de Cristo urge: Mariano Puga”, Mensaje, vol. 68, página 43).

El malogrado movimiento de los curas obreros

“El padre Mariano Puga nos contó que, durante uno de sus viajes a Europa, logró tener contacto con algunos curas obreros que lo marcaron de manera importante. Tras esto decidió que, cuando volviera a Santiago, hablaría con el cardenal Silva Henríquez para que le permitiera desarrollar una experiencia de cura obrero. Su objetivo se cumplió recién en 1972, a sus 41 años, cuando, junto a seis sacerdotes extranjeros, llegó a trabajar a una empresa que le prestaba servicios mineros a Chuquicamata, empresa que, él consideraba, cometía grandes abusos contra sus trabajadores. Según Mariano Puga, ser cura obrero era una experiencia piloto, muy pensada, a largo plazo y con proyecciones en Latinoamérica. De hecho, el padre Mariano afirmaba que, en Chile, justamente el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar, se iba a llevar a cabo una reunión convocada por el arzobispo de Santiago, donde asistiría también el arzobispo de Concepción, el obispo de Talca y el obispo de Valdivia para planear experiencias de curas obreros en las cuatro principales zonas industriales del país, pero, como era de esperarse, tras el golpe los ánimos se acallaron”.

(Francisco Masías Urbina, “El grupo de los ochenta: pensamiento, acción y radicalización de los sacerdotes de la iglesia católica chilena”, Tesis presentada a la Escuela de Historia de la Universidad Finis Terrae para optar al grado de Licenciado en Historia, 2015).

Cristianos por el socialismo

“A pesar de que diferentes opiniones, hay cierta coincidencia en que durante la vigencia de Los Ochenta la actitud del cardenal Silva Henríquez fue buena, acogedora y muy sensible hacia lo que realizaban. Los Ochenta lo mantenían al tanto a través de la comisión "Los hombres buenos", aquellos integrantes que mantenían las mejores relaciones con los obispos y con Silva Henríquez. Es recién con Cristianos por el Socialismo cuando el cardenal, y en general toda la jerarquía, adopta una postura de rechazo absoluto ante todo planteamiento y toda acción del movimiento. De hecho, Mariano Puga recuerda la reacción del cardenal al enterarse de la preparación del Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo:

“De hecho, el Cardenal Silva nos llamó y echó de todo cargo a los que formábamos parte de Los Ochenta: yo estaba impartiendo un seminario – ¡Fuera!; Roberto Bolton con su equipo de seminario - ¡Fuera!; Humberto Guzmán con su trabajo en la Parroquia Universitaria - ¡Fuera! Nos echó a todos, descabezó a todos de los cargos. Fue increíblemente represivo””.

(Francisco Masías Urbina, “El grupo de los ochenta: pensamiento, acción y radicalización de los sacerdotes de la iglesia católica chilena”, Tesis presentada a la Escuela de Historia de la Universidad Finis Terrae para optar al grado de Licenciado en Historia, 2015, citando un testimonio oral del sacerdote de 2013).

La opción por lo pobres no basta

“Así, desde su trinchera de lucha, [Mariano Puga] articuló un movimiento con los pobladores desde adentro, en sintonía con su pensamiento y su cotidianidad. En palabras suyas “la “opción por los pobres” no es suficiente, pues en ella hay uno que opta y un optado, produciéndose una relación vertical que no es propia del Reino de Dios. El “por los pobres” convierte a los pobres en objetos de nuestra opción. Mientras que en el “con los pobres” se trabaja codo a codo, se sufre en conjunto y se anuncia la dicha de la Resurrección a los compañeros. Cuando se actúa buscando la “suerte de los pobres” se puede acceder a una mejor comprensión del Evangelio.” Un estilo de vida crítico y radical dentro del episcopado chileno que lo llevó a situaciones de peligro, inclusive a la cárcel por la búsqueda de consecuencia entre su cotidianidad e ideología y la lucha por los derechos humanos, algo que podemos asociar con los cientos de perseguidos políticos de índole marxista presos, exiliados, asesinados o desaparecidos bajo la dictadura de Pinochet”.

(Miguel Alonso Correa Flores, “El cristiano marxista y la vía chilena al socialismo”, informe final de seminario para optar al grado de licenciado en historia, Universidad de Chile, 2017, citando el texto “La opción por los pobres no basta” artículo en Revista Mensaje, Junio 2009, p. 35).

Feminismo

“Yo creo que no considerarse feminista es considerarse inhumano, porque la raza humana somos mujeres y hombres. Vivimos en un mundo machista, para qué decir dentro de la Iglesia Católica, ahí ya llegamos a la exageración. Las mujeres en la Iglesia son 3/4 de ella. Son las que hacen la tarea de cada día. Pero cuando se trata de compartir con ella el servicio del poder a la comunidad, no tiene ningún espacio. Eso es machismo, y tendríamos que empezar por la Iglesia a repensar que Dios, nuestro creador, nos hizo iguales en derechos. Yo creo que la Iglesia no puede hablar mucho en una sociedad machista sin revisarse a ella también”.

(Entrevista de Paloma Grunert, El Desconcierto, 28 de marzo de 2016).

La reacción al estallido social

“Aburrido hasta el tuétano. Despierto en la mañana y lo primero que me encuentro es con la parálisis política que da cuenta de falta de liderazgo. Discursos fomes, repetitivos, sin creatividad y estúpidos. Somos dictadura y prisioneros de Pinochet, prisioneros de nosotros mismos, de nuestras propias prisiones, de nuestros propios odios (…) Ese pueblo tiene el derecho a destruirlo todo porque todo le han destruido, habrá que preguntarse ¿¡Qué cariño le hemos tenido, qué hogar les hemos brindado!? ¿Qué amor les hemos dado? ¿Qué he hecho yo por afectar para mejor sus vidas?

Piñera no entiende lo que está detrás del clamor de la gente, él y muchos como él, no pueden entender el despertar del pueblo, no entiende que las leyes que sostienen el sistema social, de salud, de trabajo, de previsión es excluyente, egoísta, inhumano (…) La revolución no se hace con los poderosos, sino con aquellos que hacen suya la causa de los sin poder y ésos nos faltan hoy. No veo cómo este sistema los va a producir, más bien al revés, el sistema toma a los sin poder y los transforma en los adoradores del modelo de consumo.

Y la iglesia apenas musita declaraciones, la iglesia ha sido cómplice del sistema de mercado. ¿Qué les pasa a los pastores de Chile? Han perdido la capacidad de estar con el pueblo, hacer suyo sus gritos y gemidos, han perdido credibilidad porque hemos escandalizado a nuestro pueblo, le hemos dañado y mentido y ahora estamos en exilio en nuestra propia tierra, encerrados y exiliados en nuestra propia iglesia. Como decía Violeta ¿Qué dirá el santo padre? El proyecto no era de los hombres, era de Dios. La iglesia no es capaz de estar en sintonía con las demandas del pueblo porque dejo de ser pueblo, no entendemos a la gente ni a Jesús, más bien lo sacrificamos, lo destruimos, lo deshumanizamos, lo pisoteamos y lo transformamos en un rito de muertos, de misas convencionales, de ritos justificadores.

(…)

¿Qué está pasando con los líderes nuestros,?¿dónde están? ¿dónde está el arte? (…) ¿Quién se hace voz de las esperanzas de la calle, qué cresta pasa con los artistas de lo nuevo? Cántennos, grítennos, enséñennos a soñar, sin ustedes no somos capaces, sin los otros y otras de este mundo, no somos capaces.  ¡El despertar no tiene que morir nunca más! hasta que volvamos a ser seres humanos “yo te voy a sacar de sus sepulcros, pueblo mío, y te voy a llevar a la tierra” (…) recordemos la memoria subversiva de Jesús de Nazaret y no olvidemos que lo que le llevo a ser rechazado fueron sus gestos de amor y ternura, de opción radical entre y para los pobres de la tierra, el anuncio de la buena nueva, del Evangelio, pagado con su propia vida.

“Algo nuevo está naciendo, con los pobres va creciendo, nuestro Dios se hizo pueblo” cantábamos en nuestros vía crucis, REINVENTÉMOSLA HOY, ARRIESGÁNDONOS HASTA EL PELLEJO”.

(Mariano Puga, ¡El despertar no tiene que morir nunca más!, 23 de Octubre de 2019, Comité de Defensa y Promoción de DD.HH. de La Legua)

El rol de la iglesia en el estallido social

“Hermanos curas,

El pasado martes a las 10:30 hrs en las afueras del Centro de Justicia de Santiago, celebramos la Cena del Señor Jesús entre cientos de personas quienes soñamos un Chile distinto. En especial con los familiares de los asesinados, presos políticos, enceguecidos, callados y encarcelados producto de la protesta social desde el 18 de octubre hasta ahora. Hicimos también memoria de los carabineros heridos, de comerciantes y de gente de los vecindarios que han sido atropellados en sus derechos, de los que han sido atentados y violentados. “Todo lo que le hiciste a tu hermano más pequeño, a mí me lo hiciste” (Mt 25).

Al conocer la realidad sociopolítica de los familiares de las víctimas noté que muy pocos de ellos se sentían en comunión de Iglesia, aunque muchos admiran a Jesús y su mensaje. Esa es la primera impresión que me llevo. Nunca me había tocado la experiencia de una “Iglesia en salida” que exigía una improvisada catequesis de la Eucaristía para ese mundo.

El papa Francisco nos dijo: “la Eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles” y así lo repetí con todas mis fuerzas. La segunda impresión que me llevé fue ver la cantidad de personas que comulgaron el cuerpo y la sangre del justo, de Jesús de Nazaret.

Durante estos meses habíamos tratado de comulgar con el cuerpo de Cristo, perdigoneado , dañado, mutilado, asesinado… ¿No era consecuente comulgar con el cuerpo de Cristo?…. “quien come el Cuerpo de Cristo indignamente, come su propia condenación” (1 Cor 11, 27).

Con dolor me tocó percatarme que éramos solo dos los presbíteros quienes estábamos compartiendo la Cena del Señor con esa masa de gente. ¿Qué es eso? ¿Es esa la Iglesia en salida que nos pide el querido papa Francisco?

Después de tanta solidaridad compartida, con estos hermanos crucificados… ¿Se justifica que solo dos presbíteros hayan acompañado a ese PUEBLO el día que denunciábamos su dolor? “¿De qué vale la fe si no tiene obras?” (St. 2, 14), ¿Con qué Cristo comulgamos?”.

(Carta escrita por Mariano Puga desde el Hospital UC, 3 de marzo de 2020, Comité de Defensa y Promoción de DD.HH. de La Legua).

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Comentarios

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Verdaderamente, la vida pasa y son pocos los que hacen algo, esperamos JESÚS el Justo Juez, reciba en su reino al sacerdote, sólo ÉL conoce su corazón, sus intenciones; dará repaso a su vida, y probablemente le dira: ven servidor fiel a sentarte a mi derecha, mientras OREMOS por su eterno descanso y acompañemos su tránsito. Paz y Bien

Me emociona , hasta las lágrimas, no sólo las palabras del padre Mariano Puga, sino esa vida llena de consecuencia por los que sufren, que es lo que uno esperaría no sólo de los sacerdotes sino de todos aquellos creyentes en Dios. Si tuviéramos curas así, estoy segura que no sólo habría más creyentes de verdad sino que también menos pobreza material y espiritual en este mundo, tan necesitado de amor por la adoración al ego ,al dinero y al poder. Partió el padre Puga, pero nos dejó su ejemplo de vida, una muestra de Dios en la tierra..Hasta siempre :Pastor de oprimidos.

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