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Martes, 23 de julio de 2019
Jornada de violencia en el Instituto Nacional

¿Esto es Aula Segura?

Maximiliano Alarcón G.
Camila Higuera

A seis meses de promulgada la medida estrella de la ministra de Educación, Marcela Cubillos, la violencia en los liceos públicos se ha acentuado. Es una dinámica que en 2018 ya había sido advertida por expertos cuando se discutió esta ley.

Ayer el tradicional Instituto Nacional dejó las imágenes que muestran el momento actual de la educación pública en Chile: Fuerzas Especiales de Carabineros ingresando a las salas de clases, intimidando a los menores de edad en su interior, y un estudiante quemándose con una bomba molotov que se aprestaba a lanzar desde un techo de ese establecimiento.

Aula Segura, la política pública del gobierno para supuestamente restablecer el orden al interior de los colegios públicos, parece ser el detonante de la actual escalada de violencia. El 19 de diciembre el presidente Sebastián Piñera promulgó esta normativa, resistida por muchos estudiantes secundarios que han argumentado que detrás de esta ley se esconde una medida más para debilitar aún más la educación pública en Chile.

La ministra Marcela Cubillos incluso recurrió a emails tipo spam hacia los profesores, buscando conseguir el apoyo ciudadano. En tanto, distintas autoridades del gobierno alcanzaron un acuerdo con la oposición en el Congreso -dada la popularidad que había alcanzado la iniciativa en un importante segmento de la población- con lo que fue posible la aprobación del proyecto, siendo rechazado solo por el Partido Comunista y el Frente Amplio.

En bruto, la ley consiste en obligar al director de un establecimiento a expulsar a un joven que participe en hechos de violencia graves, dando 10 días de plazo para investigar el caso y cinco días de apelación para el estudiante marginado. Una especie de sistema de justicia express para la educación pública chilena. Sin embargo, esa facultad ya existía con anterioridad, como demuestran las numerosas expulsiones de alumnos vinculados a protestas durante los últimos años.

Actualmente, la derogación de Aula Segura es uno de los principales puntos del petitorio de los estudiantes del Instituto Nacional, puesto que consideran que la medida criminaliza a los jóvenes, en especial a los que participan de manifestaciones.

Esta posición también ha sido compartida por otros estudiantes de liceos emblemáticos, como es el caso del Enrique Molina de Concepción, donde la aprobación de la ley motivó una seguidilla de protestas de los alumnos. Al igual como en el Instituto Nacional, en el establecimiento penquista se expulsaron a algunos de los manifestantes.

Situación similar ha ocurrido en otros liceos capitalinos, como el Carmela Carvajal, donde las estudiantes estuvieron en toma durante varios días en abril protestando contra Aula Segura. En tanto, en los liceos Darío Salas y Aplicación, el halo de expulsiones ha marginado a muchos jóvenes que no participan activamente de las protestas de sus aulas. Ello explica, en parte, que hoy en día Chile sea uno los países de la OCDE con la menor tasa de matrículas en el sector público, superando apenas un 30% según cifras de la OCDE.

- En 2018, mientras el gobierno intentaba sacar adelante el proyecto, fueron varias las manifestaciones en contra de la iniciativa, por considerar que se fundaba más en el castigo y la represión, que en prácticas pedagógicas.

- En su momento, miembros del Congreso también advirtieron al Ejecutivo de las consecuencias que podría tener esta política. INTERFERENCIA publicó en noviembre de 2018 los argumentos presentados por distintos académicos en el Congreso durante la tramitación de la ley de Aula Segura, los que indicaban que la política de tolerancia cero traería consigo una espiral de violencia en lugar de la calma en los establecimientos.

Después de los hechos acontecidos ayer en el Instituto Nacional, las únicas medidas concretas han sido la formalización del estudiante que se accidentó con la bomba molotov, además de adelantar las vacaciones de invierno en dicho liceo, según anunció el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, de quien depende ese establecimiento.

"Una angustia que te cala los huesos"

Las últimas semanas han sido crudas para la comunidad del Instituto Nacional. La violencia empleada por parte de Carabineros -las imágenes que muestran cómo un colegio es gasificado por bombas lacrimógenas recuerda más a Palestina y es insólita en Occidente- ha provocado una ola de manifestaciones por parte de los estudiantes del establecimiento.

La jornada de ayer dejaron imágenes poco halagadoras para nuestro país: Fuerzas Especiales paseando por los pasillos del colegio, ingresando a las salas del liceo en busca de “delincuentes” y lanzando lacrimógenas a los cientos de estudiantes que se encontraban en clases.

INTERFERENCIA conversó con varios miembros de la comunidad educativa, bajo el compromiso de mantener sus identidades bajo reserva.

Cuando Víctor –profesor del IN– vio a Fuerzas Especiales transitando por el colegio a las 8.30 de la mañana supo que se venía un día difícil. Minutos después se desató un caos que se venía cocinando hace semanas. Como respuesta a un grupo de estudiantes encapuchados que lanzaron unas molotov hacia la calle, Carabineros lanzaron bombas lacrimógenas que afectaron a todos los estudiantes del establecimiento

 “Yo se que Carabineros tiene que entrar al colegio si es que se comete un delito flagrante. Pero creo que lanzar una molotov a la calle tiene la misma gravedad que un Carabinero tire una lacrimógena a un colegio”, dice Víctor.

Guiados por la inspectora María Teresa Cortés, un contingente de Fuerzas Especiales recorrió el colegio en busca de quienes se habían encapuchado. En las salas había profesores que, según Víctor, “vivieron la dictadura y al ver esta escena, recuerdan un pasado que les duele”.

”Sentimos impotencia de no poder hacer más para terminar con esto”, afirma esta docente. “Mi asunto con el chico que se quemó, es que yo vi el video y me dolió la guata de una manera tremenda. Detrás del encapuchado hay un estudiante que me sonríe, que comparte conmigo y que tiene una familia. Yo no puedo ver a un delincuente ahí, aunque haya estado cometiendo un delito flagrante. Veo a uno de mis niños que se está quemando.”

Colegio sitiado

Nicolás –estudiante de tercero medio del IN– se encontraba en clases de matemática cuando se empezaron a ahogar por las lacrimógenas. Su profesor les indicó que no salieran de la sala y que cerraran todas las ventanas. Con nerviosismo veía como sus compañeros corrían por el patio escapando de las lacrimógenas, buscando resguardarse en las salas del tercer piso donde todavía no llegaba el humo de las armas químicas

Segundos después cayó una de estas bombas en el pasillo. “Ahí nos asustamos, el humo estaba muy fuerte. Corrimos e intentamos salir por San Diego, pero también había lacrimógenas ahí”.

Para Nicolás llegar todos los días a clases y encontrar Fuerzas Especiales rodeando el colegio es profundamente violento. El amedrentamiento ha sido pan de cada día en las últimas semanas. Controles de identidad y revisión de mochilas han mantenido en constante tensión a toda la comunidad.

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