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Miércoles, 18 de septiembre de 2019
Fines de enero

La elección clave de RD en medio de una crisis de crecimiento

Maximiliano Alarcón G.
Diego Ortiz

Esta vez está en juego no solo la relación con la ex Nueva Mayoría, sino que también los equilibrios al interior del partido y del Frente Amplio. Esto, en un contexto en el que ha sido difícil absorber una militancia que pasó de 10 mil a 42 mil inscritos en un poco más de un año. Por eso el resultado es incierto.

Una buena metáfora para lo que pasa con Revolución Democrática (RD) proviene del ciclo humano de la vida. El partido articulador del Frente Amplio (FA) vive una especie de pubertad, en la que crece por todos lados, desde la cantidad de militantes, que pasaron de 10 mil a 40 mil, hasta la de parlamentarios, que pasaron de uno (Giorgio Jackson) a nueve, incluido un senador (Juan Ignacio Latorre).

Sin dudas crecer ha sido positivo y vital para RD, siendo hoy un partido clave en el futuro de la oposición, pues su política de alianzas puede definir el destino del progresismo. Pero también ese crecimiento ha producido la multiplicación de los conflictos internos y una fuerte disputa por los sentidos y símbolos identitarios. Eso, sin contar el choque de liderazgos, lo que se ha exacerbado dada la apuesta por una robusta democracia interna, la que alienta la participación militante pero también la competencia permanente de sus dirigentes.

La crisis de crecimiento es un diagnóstico compartido por las tres listas en competencia para elegir la mesa y el consejo, en la elección del 25 y 26 de enero. Tanto “La Nueva Revolución”, liderada por Catalina Pérez y que lleva en segundo plano al sector que lidera Jackson, “Unidas para Crear”, de Javiera Parada, como “Confluencia” de Alejandra Millán, saben que en la elección está en juego la capacidad de conducción de un partido mucho más grande del que fue durante la era Jackson y el “Tercerismo” que lo acompaña.

De hecho, otra coincidencia importante en el diagnóstico es que el “Tercerismo” está desgastado, pues se considera que no llevó bien el proceso de maduración del partido, las denuncias por abuso sexual hacia dirigentes de la nomenclatura partidaria ni el manejo de dineros frente al Servicio Electoral. Tanto es así que el mismo Jackson se convirtió en un actor secundario de la elección, y su “lote”, dirigido por Rodrigo Echecopar, va subordinado al liderazgo de Pérez, en una estrategia que recuerda viejas elecciones de la Nueva Acción Universitaria (NAU) en la FEUC.

De tal modo, buena parte de la discusión partidaria tiene que ver más con materias de estructuras de participación y formación de militantes, control ético de cuadros y dirigentes, y regionalización. Temas tan sentidos como la política de alianzas del partido tanto al interior del FA como con la ex NM.

Así, uno de los frentes de batalla más relevantes dice relación con la estrategia territorial de RD, lo que se considera uno de sus puntos débiles, pues en la práctica concentra su accionar en los distritos 10 y 11, donde son potencia electoral. 

Un ejemplo decidor de lo que se quiere cambiar fue el gran hito de RD durante 2018: la realización del festival “A toda marcha”, donde se gastaron 56 millones de pesos, pero las actividades se concentraron principalmente en Santiago. En otros puntos del país, como Concepción o Puerto Montt, se levantaron versiones del festival pero por iniciativa de las directivas locales, recibiendo a penas cerca de un millón y medio de pesos en el caso de la ciudad de la Región de Los Lagos.

La lista “Confluencia” es síntoma de lo anterior. Pese a que tiene escasas posibilidades de pasar a segunda vuelta, según estiman varios cercanos al proceso eleccionario, aunque el escenario es líquido y eso podría favorecerlos, su sello de conformación es la integración de personas que no integran ningún lote de la colectividad, buscando representatividad en espacios más sociales y en regiones.

El factor Javiera Parada y el interés tercerista

Más allá de las propuestas concretas que una lista y otra hagan para resolver la orgánica de un partido que experimentó un crecimiento explosivo (los programas todavía no se presentan ante las bases del partido), el eje de la discusión ha estado en dilucidar quién es más adecuado para hacerlo.

Y en esto, Javiera Parada ha corrido con cierta ventaja, pues ha hecho de su candidatura un tema mediático, parece manejar recursos y capacidad de gestión, y ha ofrecido la idea de un RD con mayor vocación de poder, lo que se expresa en dos “lotes” que la apoyan y que han hecho de eso su bandera: “Pantalones Largos”, cuyo líder es el diputado Miguel Crispi, y los “territorialistas”, antaño detractores de Parada.

Uno de los ejemplos de esta vocación de poder, según pudo confirmar INTERFERENCIA, está en que la candidata a presidir a RD fue una de las que lideró la avanzada en contra de Mauricio Rojas en su paso express por el Ministerio de Cultura en agosto de 2018, movilizando a varios artistas.

Pero, la historia de Parada en RD es turbulenta y conflictiva.

El jueves 16 de marzo de 2017 Javiera Parada sacudió a RD. Luego de una cena, mientras se dirigía a su casa, chocó su auto conduciendo en estado de ebriedad, cuestión que provocó un veto por parte del Consejo Político, el que no le permitió ser candidata a diputada por el distrito 8, cupo que finalmente utilizó el actual congresista, Pablo Vidal.

Este suceso manchó la hoja de vida de Javiera Parada al interior del partido, lo que amplificó otras críticas de sus detractores, como haber dejado su cargo de secretaria general de RD para pasar a ser agregada cultural en Estados Unidos durante el último gobierno de Michelle Bachelet. Además se le acusa de estar vinculada a la elite del partido, un tema sentido por la militancia de espacios más populares.

Además Parada ofrece más resistencia incluso en los otros partidos y agrupaciones del FA, pues temen que con ella cobre fuerza una vieja idea que ronda RD: el partido no solo ofrece la estructura al FA, sino que lo subvenciona, siendo la agrupación que presentó a Beatriz Sánchez como candidata presidencial poco más que RD y la suma inorgánica de algunos liderazgos, como Gabriel Boric o Vlado Milosevic. En otras palabras, muchos temen que un RD dirigido por Parada se convertiría en una especie de Hegemón del FA, sin mayores contrapesos. Esto, pues es probable que para entonces Convergencia -una anfictionía de movimientos pertenecientes al FA, distintos a RD, que suma cuatro diputados-  no alcance a madurar como organización.

En la vereda opuesta, la candidatura de Catalina Pérez ha buscado su posicionamiento en su independencia de los distintos “lotes” que componen RD. La diputada no pertenece a ninguno de estos, como también es lejana a elites de la ex Nueva Mayoría, aunque militó en el Partido Comunista, al igual que Parada. Y, al interior del partido, goza de credibilidad en esta materia, incluso por parte de sus detractores, quienes no creen que Jackson vaya a cooptarla. Haberle negado la presidencia y la secretaría general al “Tercerismo”, fue la prueba de liderazgo que sorteó con éxito.

Además, según reconocen desde todos los sectores, la apuesta de la congresista oriunda y representante de Antofagasta, en caso de dirigir el partido, es fortalecer a RD en regiones, bandera que disputa con “Confluencia”.

Respecto de la política que se puede esperar de Pérez respecto del FA, es más bien de un continuismo con matices, pues comparte la ética más horizontal, participativa y de colaboración con que fue fundado RD y el FA, por lo que su elección representa un alivio para las otras colectividades.

Municipales 2021

Es en el contexto anterior en el que se da la pregunta por la política de alianzas de RD.

Aunque la discusión ha rondado más bien el nivel táctico, más que el estratégico, pues todos coinciden que no es posible ahora una alianza política con el progresismo de carácter histórico (PS, PPD, PR, e incluso la DC), pero que es necesario realizar acuerdos electorales, lo cierto es que las diferencias en los liderazgos pueden hacer variar totalmente la hoja de ruta de la oposición en su conjunto.

Respecto a cómo enfrentar el auge de la derecha, la táctica electoral que encarna la lista de Parada consiste en “buscar acuerdos con los sectores progresistas de la ex Nueva Mayoría para definir por omisión o en primarias, candidaturas con un proyecto ‘antineoliberal’ capaces de ganarle a la derecha”, según relató a nuestro medio un asesor de la lista.

Esto implica un trabajo político de acercamiento no solo con el resto del FA, sino que también con el PC, el PS e intelectuales y artistas del mundo progresista. Para hacerse una idea de las posibilidades de esta táctica, la lista de Parada cita el “Programa de Much*s” que acompañó la candidatura presidencial de Sánchez, la que logró ampliar el espectro de apoyos políticos durante la campaña. Otro elemento que permite aproximarse a un eventual RD dirigido por Parada es el llamado “colaboracionismo crítico”, el que les permitió a algunos de sus militantes ocupar puestos oficialistas durante el mencionado mandato, en especial en el Ministerio de Educación.

“La oposición no puede ´regalar´ los municipios de izquierda como el Valparaíso de Jorge Sharp o la Recoleta de Daniel Jadue”, dice el representante de Parada respecto de dos municipios hoy gobernados por partidos de izquierda distintos a RD; el Movimiento Autonomista y el Partido Comunista, respectivamente.

Desde esta perspectiva, la lista de Parada cree que el rol de RD es articular el FA, creando una base de pisos mínimos con los que negociar y tensionar a la ex NM. Esto descarta una alianza política amplia, pero no tener primarias legales o ciudadanas en algunos municipios o pactos por omisión en varios territorios. Aquí la consigna es la “flexibilidad”, adaptándose territorio a territorio, y  entregando la última palabra a los espacios locales.

Al mismo tiempo, creen que competir dinamizará al Frente Amplio, reactivará sus discusiones basales y los espacios territoriales, donde tienen fe en que sus figuras y otras provenientes del mundo social, podrían ganarle a los candidatos de la ex Nueva Mayoría, configurándose como una alternativa.

Catalina Pérez, por su parte, se inclina por realizar primarias al interior del FA, abriéndose más bien al mundo social, que a la ex Nueva Mayoría. En este caso, sostienen que es importante mantener la independencia del partido y del conglomerado de aquellos que administraron el modelo durante la transición.

El diagnóstico realizado por la lista de Pérez es que el triunfo de las derechas en el mundo se debe a que el progresismo ha pactado con los sectores que sostienen visiones neoliberales, lo que a la larga no expresa una alternativa para una ciudadanía que está en la búsqueda de cambios de paradigmas políticos.

Bajo esta visión, el principal objetivo es cobijar el FA y no levantar candidaturas con partidos cuestionados por colaborar con el modelo, lo que pueden terminar costando caro. Para ejemplificarlo, mencionan el dato que muestra que un porcentaje menor, pero relevante del electorado que votó por Beatriz Sánchez, en segunda vuelta prefirió votar por Sebastián Piñera antes que por Alejandro Guillier, el abanderado de la Nueva Mayoría.

Entonces, es la brújula de la crítica al modelo la que definiría sus alianzas por omisión. “En Recoleta el FA debería restarse de la competencia, puesto que resulta contraproducente arriesgar la continuidad de un proyecto antineoliberal que hasta el momento ha sido exitoso”, dice uno quien trabaja en la lista de Pérez.

En esta línea, la lista liderada por Pérez, celebra los resultados obtenidos en el último Congreso Estratégico del 3, 4 y 5 de enero, donde cerca de 1.000 militantes votaron un listado con más de 37 mociones sobre las elecciones municipales. Si bien, en la mayoría de los casos las opciones no eran excluyentes, sí se ordenaron las prioridades del partido a la hora de definir sus alianzas, imponiéndose con 731 votos la alternativa de continuar en coalición con el FA, y con 644 votos la opción de priorizar las negociaciones electorales con el FA en primera instancia, versus las 374 preferencias que planteaban abrirse a la convergencia hacia todas las fuerzas políticas y sociales con las que RD comparta visiones políticas y programáticas, sobre la base de acuerdos programáticos mínimos, definidos en el Programa de Much*s.

Por otro lado, la lista “Confluencia”, liderada Alejandra Millán, consejera política y encargada del programa medioambiental de la candidatura de Beatriz Sánchez, tiene una postura menos urgente del panorama electoral.

Lo que plantea esta alternativa es que primeramente hay que fortalecer ideológicamente a Revolución Democrática, proceso que creen ha sido postergado por las directivas que han tenido hasta ahora. Esto significa también que antes de establecer formas de competir por los municipios, hay que definir de manera estricta cuál es el sello que le darían como partido a estas administraciones.

En términos prácticos, la posibilidad de una alianza con la ex Nueva Mayoría, si bien no se descarta, estaría alejada del proyecto político planteado por Confluencia. Para que este vínculo se dé, tendría que existir una suerte de acoplamiento por parte de la antigua Concertación al proyecto de RD. Es decir, que la ex Nueva Mayoría se integre al proyecto que defina el Frente Amplio bajo sus condiciones. En otras palabras, un portazo.

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