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Martes, 22 de septiembre de 2020
El retiro de un factotum (1° parte)

La historia de Álvaro Saieh: El millonario de origen árabe ingresa al exclusivo negocio de la influencia

Nicolás Massai D.

En esta serie abordamos el perfil de uno de los empresarios más influyentes de Chile, quien la semana pasada en El Mercurio anunció su salida de los negocios. Mismo diario que –según él mismo– lo discriminó cuando adquirió el Banco Osorno y la Unión en 1986. Hoy, Saieh es dueño de la competencia, La Tercera, la que adquirió cuando era un medio sin mayor trascendencia.

Luego de la compra del Banco de Osorno y la Unión apareció una caricatura en El Mercurio que Álvaro Saieh, al menos hasta hace unos años, no había olvidado. El dibujo ilustraba a Carlos Abumohor, su socio en su primer negocio ligado a la banca, con una vestimenta característica de los árabes, portando una bolsa grande de dinero y a su lado a un desconocido vestido de huaso, con una bolsa pequeña.

“Lo licitamos por US$ 10 millones. Como el segundo postulante ofreció US$ 4, todo el mundo se rió de nosotros", contó Saieh a The Clinic en una entrevista en 2006.

Ese “todo el mundo" del que habló el empresario era la aristocracia chilena ligada a la dictadura en el año 1986. La misma que aparecía día a día en las páginas del diario conducido por Agustín Edwards Eastman enseñando sus andanzas. Y era la misma que venía zarandeada del torbellino provocado por la crisis económica del 82 que amenazó con acabar con la banca, pero que fue rescatada por el Estado ante el colapso inminente.

Unos años después del inicio de esa crisis, un grupo de empresarios de origen árabe protagonizó esta operación para quedarse con el Banco de Osorno y la Unión. Entre ellos estaban Carlos Abumohor Touma, Alberto Kassis Sabag y Álvaro Saieh Bendeck.

En ese tiempo Saieh –nacido en Colombia en 1949, pero quien había llegado a Chile a los tres años junto a su familia, la que tenía una tienda de ropa y otras cosas en Talca– no era conocido públicamente, aunque en lugares como la Universidad de Chile se sabía perfectamente de su existencia.

Allí, después de obtener un doctorado en la Universidad de Chicago en la que tuvo clases con el economista Milton Friedman, arribó para dictar cursos, llegando a ser decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (actual FEN) e incluso prorrector.

Según el libro Los magnates de la prensa (Debate, 2009), de la periodista María Olivia Mönckeberg, antes de irse a Estados Unidos, Saieh, durante su época de estudiante de la Universidad de Chile, se mantenía cercano a círculos de la Democracia Cristiana. Sin embargo, a su vuelta y al ascender al poder en 1981, despidió a académicos como el futuro ministro de Economía de Michelle Bachelet, Jorge Rodríguez Grossi, y al futuro primer superintendente de Valores y Seguros del retorno a la democracia, Hugo Lavados Montes.

Antes de entrar al Banco de Osorno y la Unión, acorde al mismo texto de Mönckeberg, Saieh trabajó en el Banco Central en 1976; fue el único civil entre uniformados en integrar el directorio de la Empresa Nacional de Explosivos (Enaex) entre 1982 y 1985; integró el directorio de Chilectra Generación entre 1983 y 1984 junto a otros actores como José Yuraszeck Troncoso; fundó Economistas Consultores (Econsult, que perdura hasta el día hoy) con Hernán Cheyre Valenzuela y Eric Haindl Rondanelli; y participó en un centro de decisiones de la dictadura conocido como Los Tucanes, donde también estaba el economista Sergio Melnick, quien a su vez fue director de la escuela de economía en la Universidad de Chile tiempo después de Saieh.

Todo no es suficiente

Una vez instalado en el eje empresarial de la dictadura y como accionista del Banco de Osorno y la Unión, Saieh siguió haciendo bien su trabajo, lo que lo llevó junto a sus socios a absorber en 1988 al Banco del Trabajo.

Sin embargo, algo se produjo en el banquero que lo llevó a meterse en un negocio del que sabía poco o nada. Se trataba del Consorcio Periodístico de Chile, hoy conocido como Copesa.

Antes de entrar a la década del 90, el grupo se encontraba en la quiebra y fue así como varios empresarios de la colonia árabe, que ya se habían desplegado con éxito en la banca junto a Saieh, decidieron entrar. A su lado iba quien fuera quizás el ministro de Hacienda más relevante de la dictadura de Augusto Pinochet: Sergio De Castro.

De Castro fue el primer estudiante en doctorarse en Economía en la Universidad de Chicago, donde se impartían, al alero de Milton Friedman, las enseñanzas neoliberales que se introdujeron en Chile desde que él mismo asumió como ministro de Economía, entre 1975 y 1976, y luego a cargo del Ministerio de Hacienda, entre 1976 y 1982.

Ambos Chicago boys coincidirían después en Copesa, cuando ya estaban alejados de cualquier actividad pública. Según Los magnates de la prensa, De Castro entró junto a Juan Carlos Latorre Díaz, mientras que Saieh lo hizo en una asociación con Alberto Kassis y los capitales de la familia Abumohor Touma. Ya concretado el ingreso, designaron como vicepresidente del consorcio a Miguel Ángel Poduje Sapiaín, ex ministro de Vivienda y ex ministro secretario general de Pinochet.

Al año 2000, con años previos intensos en movimientos de propiedad en Copesa, Saieh ya tenía el control de la empresa con el 67%. Además, el empresario también había financiado el diario La Época, de corte más liberal. Con eso tenía ya claro que alguien como él, que en ese entonces ya sumaba incursiones en el mercado previsional, bancario y de los seguros –incluso fuera de Chile– debía cultivar la influencia.

Así quedó demostrado cuando envió al político del Partido por la Democracia, Jorge Schaulsohn, a hablar con la periodista María Olivia Mönckeberg por la publicación de su libro El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno (Ediciones B, 2001):

“Me llamó a la casa un sábado, creo, y me dijo primero por teléfono que era algo urgente que quería hablar conmigo. Yo era directora de comunicaciones del Instituto Nacional de Estadísticas, y le dije que me fuera a ver a la oficina. Llegó muy puntual”, cuenta Mönckeberg a INTERFERENCIA. “Fue directo al grano. Me dijo que sabía que yo iba a sacar un libro, y que venía ‘de parte de Álvaro Saieh’. Sabía que un capítulo trataba de Saieh, y me dijo ‘María Olivia, Álvaro no es un saqueador’, y me planteó que le cambiara el título al libro, y que sacara el capítulo. Por cierto, le negué todas sus posibilidades”.

Pero lejos el movimiento clave para posicionar a Copesa fue la contratación como director de La Tercera, el principal diario del grupo, del periodista Cristián Bofill, en 1999.

Un artículo publicado por La Nación Domingo, elaborado por las periodistas Alejandra Matus y Marcela Ramos, narró una escena que mostraba a Agustín Edwards Eastman desesperado porque Eliodoro Matte Larraín había dado una entrevista exclusiva a La Tercera donde informaba, entre otras cosas, la venta del conflictivo fundo Alaska en la Araucanía a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena. A pesar de que El Mercurio logró salir el mismo día con una entrevista a Matte que mataba la exclusiva, la señal de que Saieh había obtenido un empate en el cerrado negocio de la influencia periodística fue evidente en todas partes.

La época de Bofill marcó un antes y después en la conducción de La Tercera. Con flujos de dinero a su disposición, el director no escatimaba en enviar a reporteros a investigar al extranjero si es que era valioso para el contenido. También dedicó tiempo y periodistas para reportear temas como el caso Spiniak, donde golpearon con una entrevista a Gema Bueno –una de las testigos clave– donde ésta desmentía todo lo que había dicho respecto de haber sufrido abuso sexual por parte del ex senador y hombre fuerte de la UDI, Jovino Novoa.

Esos años, a su vez, fueron los tiempos dorados de la revista Qué Pasa, donde existió un episodio –también relatado por La Nación Domingo– donde salió damnificada la periodista Bernardita Del Solar, quien en septiembre de 2001 era directora de ese periódico. Ese mes se realizó un artículo que contaba la discriminación que existía en un exclusivo club de golf de Cachagua, en la comuna de Zapallar, donde se había cerrado el ingreso de personas de origen judío y árabe. Esta información, según escribieron Matus y Ramos, indignó a Saieh y Del Solar fue despedida luego de 14 años en la revista.

Quizás, en ese instante, el empresario recordó la discriminación que habían sufrido con sus socios cuando adquirieron el Banco Osorno y la Unión, y que El Mercurio grafico en su caricatura de 1986.

En la misma entrevista con The Clinic (la que fue muy bullada en su tiempo) el banquero relató lo costoso que fue hacerse camino en la elite, asegurando que en Chile había racismo y que lo peor que había sufrido era "básicamente, la desconfianza en mí y en nuestros socios, lo que limitaba nuestras posibilidades de hacer negocios, pues el negocio bancario es confianza. Por el contrario, los inversionistas y bancos extranjeros nos apoyaron con todo. Y fueron nuestros mejores aliados. Nos fue muy, muy bien, porque si trabajas duro y eres consistente y honrado, te va bien. No me quejo. Cada uno tiene que asumir lo que es. No oculto lo que soy ni de dónde vengo".

Pese a la brutalidad contra Del Solar, Saieh ha demostrado tener ideas complejas respecto del ámbito de la influencia, lo que probablemente lo ha llevado a estar donde sus ideas no son afines, pero donde puede marcar alguna presencia. Lo experimentó al apoyar La Época, un proyecto concertacionista, y luego al hacerlo con el Diario Siete dirigido por Mónica González. Misma lógica que lo llevó a financiar por once años, hasta diciembre de 2018, Ciper (Centro de Investigación Periodística), una iniciativa también de la periodista.

Universidades y medios

Al mismo tiempo en que Saieh comenzó a ver prosperar su aventura mediática, entró como propietario a la Universidad Nacional Andrés Bello en 1996, hoy conocida simplemente como Universidad Andrés Bello o Unab. Lo hizo junto a los otros empresarios que ya estaban a su lado desde el Banco Osorno y la Unión, y acompañado nuevamente por ex ministros de Augusto Pinochet: Juan Antonio Guzmán Molinari, ex titular de Educación, y nuevamente el mismo Poduje. Junto con ellos, entró Andrés Navarro, controlador de Sonda y amigo del presidente Sebastián Piñera, Jorge Selume Zaror, Guzmán y Poduje, entre otros.

En 2003, según relata Los magnates de la prensa, los controladores de la Unab vendieron en 70 millones de dólares la “cartera de alumnos” que mantenía este plantel al consorcio estadounidense Laurate International, que para ese entonces ya participaba en la Universidad de Las Américas de Chile. Tanto ésta como la Unab las controla Laurate hasta el día de hoy.

Igualmente, Saieh y los otros actores mencionados permanecieron como socios de la corporación. Recién en 2005 el empresario dejó el directorio de la Unab, pero continuó como propietario de la inmobiliaria homónima dueña de algunas dependencias donde funcionaba, como la Casona de Las Condes ubicada en esa comuna, en el barrio de Quinchamalí. Aunque con el tiempo se retiró igualmente de esa sociedad.

También a partir de 2005, según la investigación de María Olivia Mönckeberg, Saieh apareció en la compra de la Universidad Santo Tomás a través del Fondo de Inversiones Halcón, junto con José Yuraszeck, Eduardo Fernández León y la Cámara Chilena de la Construcción. Vendieron en 2009.

Al ritmo de estas inversiones, Saieh seguía explorando el mundo de las comunicaciones. En la década del 2000 se aventuró en el mundo de la televisión, lo que lo llevó de fracaso en fracaso, aunque quizás nada tan mediático como lo que ocurrió en 2013.

3TV: la curva hacia abajo

La frecuencia televisiva ultra alta número 22 ya había pertenecido antes a una sociedad vinculada a Álvaro Saieh, cuando junto a socios de la Unab hicieron Andrés Bello Televisión, pero fracasaron y la vendieron en 2005, con lo que el empresario sumaba un segundo intento fallido, tras pasar por La Red.

Pero entre 2012 y 2013 Saieh volvió a la carga, ahora por medio de Copesa, empresa que quería instalar un nuevo proyecto a través de la pantalla grande: 3TV.

Este canal se vió como un producto renovado de la televisión en ese entonces. Se invirtieron cerca de 6 millones de dólares en capital fijo (cámaras, switch de televisión, etc).

Sumado a eso, el canal había contratado rostros para que condujeran programas, como Francisco Sagredo, Iván Guerrero, Alfredo Castro, Javiera Contador y Marlén Eguiguren, entre varios más.

“El contexto inicial para abrir un canal tuvo que ver con una fase de expansión del grupo, particularmente con un momento dulce de utilidades del diario La Tercera, que hacían bien razonable invertir un proyecto audiovisual de costos acotados”, dice una persona que participó en la organización del proyecto, que habló con INTERFERENCIA a condición de anonimato.

Pero el 23 de septiembre de 2013, con todo instalado en unos pisos de un edificio ubicado en Ciudad Empresarial, en la comuna de Huechuraba, Copesa anunció que el canal no salía al aire.

“En esos momentos Saieh estaba con su idea de comprar un montón de locales en distintas partes de Chile, para armar una gran cadena nacional de supermercados. Ese proceso que él pensaba que sería limpio, terminó siendo muy enredado, fundamentalmente por las deudas. Hubo un enredo gigantesco durante un año, justo el año del canal”, añade la fuente.

Aunque en un principio Copesa aseguró que la decisión era temporal, todo los cercanos a Saieh supieron que en realidad el proyecto había terminado.

Fue tal vez su año más complejo como empresario, en el que las utilidades negativas de su holding supermercadista, SMU, arrojó una pérdida de 1.000 millones de dólares; el año en que Cristián Bofill se fue de La Tercera. Desde entonces, el consorcio, que a esas alturas sumaba radios –mediante el grupo Dial– y diarios no ha hecho más que achicarse.

Mañana la historia del Saieh banquero y su aventura supermercadista.

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Comentarios

Comentarios

Me interesa leer interferencia. Me han hablado bien por su credibilidad.

Gracias

Me gusta Interferencia

Muy interesante, gracias

Excelente medio de comunicacion, reportajes interesantes.

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