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Martes, 27 de octubre de 2020
Reseña

"La idea de los 10 mandamientos como primera moral universal es insolente e infundada"

Andrés Almeida

Yuval Noah Harari, el pensador tal vez más influyente de la actualidad, en 21 lecciones para el siglo XXI aborda las grandes preocupaciones de la actualidad y destroza todos los grandes relatos humanos, lo que incluye las religiones, el liberalismo, el nacionalismo y los tecnodiscursos, como el de Facebook.

El 15 de junio de 2015 Mark Zuckerberg posteó en su página personal de Facebook que el próximo libro que iba a leer sería Sapiens, una breve historia de la humanidad.

Su recomendación fue compartida casi 900 veces, obtuvo más de 1.000 comentarios y 24.000 'me gusta'. Ello ayudó a que el autor de ese libro, Yuval Noah Harari, un historiador israelí hasta ese entonces desconocido, se catapultara a la fama mundial e ingresara a los ránkings de bestseller de todo el mundo.

Tres años después Zuckerberg es un poco menos entusiasta, pero igual reconoce que el último libro de Harari -21 Lecciones para el Siglo 21- es “un libro que invita a la reflexión”. Y es que en la última obra de este israelí, que se está convirtiendo en uno de los pensadores más relevantes de inicios de este siglo, Zuckerberg y Facebook desempeñan un papel poco halagador. Es más, Harari interpela personalmente al creador de la mayor red social del mundo en cinco ocasiones.

En la primera lo compara con Vladimir Putin, a propósito del escándalo de Cambridge Analytica.

En la segunda lo conmina a abrir los datos de Facebook para hacer frente común a los profundos cambios que vienen aparejados al desarrollo de la infotecnología y la biotecnología. La mayor amenaza, sostiene Harari, es la creación de una súper especie humana que se origina, sin embargo, de la profundización de las desigualdades sociales y biológicas.

En la tercera mención destroza las intenciones de Zuckerberg por construir una comunidad global supuestamente benévola, para, en el fondo, favorecer el desarrollo de comunidades que permiten manipular elecciones presidenciales, como fue el caso de Estados Unidos con Donald Trump.

En la cuarta mención califica a Facebook como el primer intento de ingeniería social a través de la Inteligencia Artificial.

Y en la quinta, le recuerda al héroe de Silicon Valley, que los seres humanos tenemos un cuerpo. En la medida que avanza el libro, Harari suelta a Zuckerberg, pero insiste en que Facebook es uno de los grandes protagonistas de una modernidad distópica, por fomentar un fenómeno de nuestros tiempos: la posverdad.

Suena a monserga, pero no lo es. Más bien se trata de un anécdota que da cuenta de la influencia que está adquiriendo Harari ¿Quién puede sacar así a Zuckerberg al pizarrón?

Lo que hace Harari -desde una perspectiva evolucionista de la humanidad, a propósito del impacto que la tecnología tiene y tendrá en su desarrollo como especie- es advertir cuáles son los castillos de naipes que se derrumban. Por ejemplo, en cuanto más sabemos de los algoritmos biológicos que dominan nuestro comportamiento, los grandes relatos humanos acerca del liberalismo, el nacionalismo o la religión se vuelven cada vez más simples. Harari, por ejemplo, niega la posibilidad del libre albedrío para nuestra especie, y con ello todo fundamento del liberalismo, pues podemos elegir, limitadamente, qué hacer, pero nunca qué desear. 

Respecto de la religión, el autor es particularmente crudo y descarnado. Fiel seguidor de la sana tradición judía de autocrítica, su reflexión sobre el pueblo al que pertenece y la nación moderna que ellos han creado, es simplemente brutal. Harari califica la fe judaica como algo “tribal”, que no ha ofrecido nada particularmente destacable para la humanidad, al menos no en la escala de la elevada autoestima judía.

En el fondo, su crítica apunta a los supuestos básicos de la cultura occidental. “El concepto distorsionado de 'las tres grandes religiones' implica a menudo en la mente de los israelíes que las principales religiones y las tradiciones éticas surgieron en el seno del judaísmo, que fue la primera religión que predicó normas éticas universales", afirma en este libro, para rematar: "Como si los humanos anteriores a los días de Abraham y Moisés hubieran vivido en un estado de naturaleza hobbesiano sin ningún compromiso moral, y como si toda la moralidad contemporánea se derivara de los 10 Mandamientos. Es esta una idea insolente e infundada, que pasa por alto muchas de las tradiciones éticas más importantes del mundo”.

Se trata de una cita que, tal vez, genere gestos de aprobación entre los antisionistas, sino fuera porque, acto seguido, hace sentencias tan o más devastadoras contra el cristianismo, el islam e incluso el budismo. Harari no duda en calificar a las religiones como una “sirvienta del nacionalismo”, y al propio nacionalismo como un simple relato primitivo que hoy obstruye los problemas globales.

Y es que ni Dios se salva ante la mirada incisiva de Harari. “Cuando a los creyentes se les pregunta si Dios de verdad existe, suelen empezar hablando de los misterios enigmáticos del universo y de los límites del conocimiento humano. 'La ciencia no puede explicar el big bang -exclaman-, de modo que tiene que haberlo hecho Dios'. Pero, al igual que un mago que engaña al público sustituyendo de manera imperceptible una carta por otra, los creyentes sustituyen con rapidez el misterio cósmico por el legislador mundano. Después de haber dado el nombre 'Dios' a los secretos desconocidos del cosmos, lo utilizan para condenar de alguna manera biquinis y divorcios. 'No comprendemos el big bang, por tanto debes cubrirte el pelo en público y votar contra el matrimonio gay'”.

A lo mejor sigue sonando a monserga, pero no lo es. 

Harari no es particularmente alarmista y su prosa es calma y reflexiva, e incluye matices que, probablemente, ofrecerán un oasis a lectores comprometidos con ideas o con causas. La lectura de 21 Lecciones para el Siglo 21 seguramente sonará placentera para el escéptico, pero dolorosa para los militantes de cualquier buenismo. Uno puede compartir o no las ideas de Harari, pero este realiza un ejercicio reflexivo que aborda las grandes preocupaciones humanas actuales, como el futuro laboral de la humanidad, el calentamiento global, el auge del autoritarismo, los peligros sociales de la creciente capacidad tecnológica, la inmigración, la educación y la guerra.

Si en su primera obra, Sapiens, de humanos a Dioses, Harari abordaba el pasado que explica el éxito de la especie humana y en la segunda, Homo Deus, abordó un futuro evolutivo lleno de tensiones, en su tercera obra, ya convertido en un escritor estrella, tal vez busca algo más ambicioso: influir el presente para preguntar "qué hacer", la misma pregunta que se planteara Lenin hace más o menos un siglo atrás.

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