Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Miércoles, 21 de abril de 2021
Capítulo 7

Las rutas de la heroína (extracto de 'Conexiones Mafiosas')

Manuel Salazar Salvo

cap_7_foto_6_mapa_trafico.png

Mapa del tráfico
Mapa del tráfico

Esta es la séptima entrega de 24 capítulos de la investigación del periodista Manuel Salazar sobre organizaciones criminales alrededor del mundo, contenido en el libro Conexiones Mafiosas, de 2008. En este artículo, el autor aborda los cambios en el funcionamiento de las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas en las décadas de 1970 y 1980. El aumento de la producción de opio y la irrupción del consumo de heroína en los países de occidente.

La invasión soviética de Afganistán, las prolongadas hostilidades en el Líbano y los permanentes conflictos de baja intensidad en el Asia y en el Medio Oriente, provocaron cambios importantes en el funcionamiento de las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas en las décadas de 1970 y 1980. El más notorio fue el asombroso aumento de la producción de opio y la explosiva irrupción del consumo de heroína en los países de Occidente.

El opio es el látex seco de la adormidera (Papaver somniferum). Contiene diferentes sustancias psicoactivas siendo la morfina (de Morfeo, dios de los sueños) la más abundante. Otros alcaloides que posee la Papaver son la codeína, la papaverina y la narcotina. Todas las partes de la planta (tallos, hojas y flores) contienen morfina. Las cápsulas (los frutos) poseen la mayor concentración. Al igual que en la Cannabis sativa, la potencia y la cantidad de opio que den las plantas depende de factores como la genética de la semilla, la luz, el suelo y la temperatura.

El consumo de opio, al igual que la coca, la marihuana y el hachís, se remonta a las más antiguas civilizaciones, donde se empleaba con fines rituales y medicinales. Sólo comienza a dar problemas a partir del siglo XVIII, luego de la colonización de India por parte de Gran Bretaña. Fueron los mercaderes europeos los que enseñaron a fumarlo y los británicos quienes lo introdujeron en China a partir de 1829.

En 1880, la emperatriz china Tseu-Hi, adicta a la droga, legalizó el cultivo, el consumo y la importación de opio en su país. Tres años después, el químico alemán Heinhrich Dreser logró aislar un nuevo opiáceo, la diacetilmorfina, potente analgésico que sirvió como remedio contra la tos y los males respiratorios de asmáticos y tuberculosos. Ante el rápido éxito de la nueva sustancia, el laboratorio Bayer registró su nombre como “Heroin”.

cap_7_foto_1_transporte_antiguo_del_opio.jpg

Transporte antiguo del opio
Transporte antiguo del opio

Al promediar la década de 1950, el principal productor de opio era Irán, con 150 toneladas entregadas anualmente a la industria farmacéutica mundial. Pequeñas cantidades de látex de opio, procedentes de la “Medialuna Dorada” (Pakistán, Afganistán, Irán e India) y del “Triángulo Dorado” (Laos, Tailandia y Birmania), llegaban subrepticiamente a laboratorios instalados en Turquía y en las riberas del mar Mediterráneo. Allí se transformaban en heroína y luego seguían viaje hacia los hasta entonces restringidos mercados de consumo de Europa y Norteamérica.

El negocio se había puesto en marcha en la Segunda Guerra Mundial, cuando la Cosa Nostra estadounidense, bendecida por el Pentágono, llegó a un acuerdo con la mafía de Marsella y la mafia siciliana para colaborar en la lucha contra los nazis a cambio del control del mercado negro y de las drogas.

En un hotel de Palermo, en octubre de 1957, hace más de medio siglo, se reunieron Joe Bonanno, en representación de las organizaciones criminales ítalo norteamericanas, y Giuseppe Genco Russo, jefe de la mafia siciliana. Allí acordaron los términos de la distribución de droga en occidente. Tres años después, el 80% de la heroína consumida en Estados Unidos llegaba de Italia y de otros puertos mediterráneos a través de la denominada “Conexión francesa”, red delictiva que la Casa Blanca logró desbaratar sólo en 1970.

Varios integrantes no detectados de la red marsellesa lograron refugiarse en el Líbano, donde establecieron vínculos con empresarios cristianos que desde 1935 a 1950 habían abastecido al gángsters “Lucky” Luciano con opio y morfina base procedente del Asia Menor, y crearon una nueva estructura que renovó los sembradíos de adormidera en las comarcas sirias del valle del Bekaa.

En los años siguientes, en medio de una cruenta y prolongada guerra civil, crecieron en Beirut varias organizaciones dedicadas al comercio de armas y de drogas. Los libaneses, aliados con traficantes sirios, compraron armas italianas para los palestinos, quienes pagaban con morfina base obtenida en Turquía e Irán; más tarde retribuyeron con heroína las pistolas y rifles adquiridos en Bulgaria; y también entregaron armas a los “contras” antisandinistas y a los guerrilleros de izquierda salvadoreños, a cambio de cocaína, droga que a su vez vendían a los acaudalados consumidores de Arabia Saudita, Egipto, Siria, Irak y de los emiratos. En 1986, cuando los libaneses sufrían la “toxicomanía de guerra” tratando de superar el stress, funcionaban en ese país más de 15 grandes laboratorios que producían miles de kilos de heroína, parte de los cuales salían rumbo a la “conexión libanesa” creada en América del Sur.

cap_7_foto_2_ruta_antigua_heroina.jpg

Ruta de la heroína a comienzos del siglo XX
Ruta de la heroína a comienzos del siglo XX

Amapolas en Los Andes

En América Latina surgieron zonas de cultivo y de procesamiento de amapola en México, Guatemala, Colombia y Perú. Los primeros cultivos de la adormidera crecieron en Colombia de manera experimental en 1980. En 1992, el gobierno cafetero reconoció que había unas 25 mil hectáreas sembradas. Dos años después, la cifra subió a 33 mil hectáreas.

Por esa misma fecha, el gobierno peruano informó que las amapolas podrían estar cubriendo unas mil hectáreas de la región de Cajamarca, unos 600 kilómetros al norte de Lima. En 1994, los cultivos se multiplicaban en Ayacucho, Amazonas, San Martín y Huánuco. Enviados de los carteles colombianos ofrecían a los campesinos peruanos  semillas de ocho variedades de adormidera, a 500 dólares los 20 gramos.

Varias organizaciones de narcotraficantes de Asia y Sudamérica intercambiaron conocimientos y  tecnología para diversificar sus cultivos y abrir nuevas rutas para la cocaína y los derivados del opio. Uno de los padrinos del cartel de Medellín fue fotografiado en 1989 en Karachi negociando partidas de heroína del tipo “Golden Scorpion”, “555”, “Eagle” y “007”, las mejor cotizadas.

Entre 1990 y 1993 se registraron importantes variaciones en los precios tanto del látex de opio como de la heroína en Colombia. El opio comenzó a pagarse a mil dólares el kilo en 1990, bajó a 200 dólares en 1992 y se estabilizó en cerca de 350 dólares. La heroína pura en el mercado de Nueva York pasó de cotizarse a 300 mil dólares el kilo en 1991 a 100 mil dólares en 1993. En 1995, un kilo de opio costaba en Colombia unos 2.500 dólares, en tanto que el kilo de heroína llegaba a cerca de 20 mil dólares.

Las tierras andinas colombianas permiten un rendimiento de diez kilos de opio por hectárea cada cinco meses, es decir una producción total en esos años superior a las 250 toneladas, de las cuales se originaban 25 mil kilos de heroína. Esa cosecha tenía un valor en Colombia de 500 millones de dólares, pero puesta en Estados Unidos llegaba a los dos mil millones de dólares.

En 1994 el kilo de pasta base de cocaína en el Alto Huallaga, en Perú, se pagaba a 300 dólares; el kilo de opio, en cambio, a 1.500 dólares. Los campesinos arrancaban los cocales para sembrar adormidera, que entrega opio cada cinco o seis meses y no hay que esperar los 18 o 20 que demora la coca para ser cultivada.

cap_7_foto_3_el_opio.jpg

El opio se extrae de la amapola
El opio se extrae de la amapola

En las principales ciudades norteamericanas, los distribuidores de heroína rebajaban su pureza a un seis por ciento; es decir, multiplicaban sus ganancias 13 veces. Sólo la heroína producida en Colombia movía en Estados Unidos 26 mil millones de dólares. El mercado total de los heroinómanos norteamericanos generaba anualmente más de 100 mil millones de dólares, y seguía creciendo.

Los principales centros de consumo eran Atlanta, Chicago, Cleveland, Detroit, Miami, Nueva York y Washington, ciudades donde aumentaban las muertes violentas. Sólo en Washington, cerca del 78 por ciento de los asesinatos se originaba en problemas derivados del tráfico de drogas.

La aparición de nuevas mezclas de drogas, la mayoría de ellas de rápido y fuerte impacto, influyó también en el incremento de la violencia. A comienzos de los años 80 surgió en California el “crack” o “sugar”, cocaína hervida con bicarbonato de sodio que da como resultado una sustancia blanca y cristalina. En 1985 podía comprarse un frasco de “crack” en Nueva York por dos dólares. Sus efectos duran cerca de diez minutos, iniciándose con una “subida” rápida a la que sigue una profunda depresión. Sus consumidores descubrieron que agregándole heroína disminuía el severo síntoma depresivo y bautizaron a la nueva mezcla como “moon sugar” o “speadball”.

captura_de_pantalla_2021-01-11_a_las_22.19.18.png

Cuadro de la producción de opio
Cuadro de la producción de opio

Los “lobos grises”

A fines de los años 70, los miembros de la extrema derecha turca, los “lobos grises” del Milliyetci Hareket Partisi (MHP), se sumaron al tráfico de heroína hacia Europa como una forma rápida de financiar sus actividades. Los “babas”, los padrinos de la mafia de Estambul, acordaron con la mafia siciliana un trabajo conjunto para llevar el polvo blanco hacia Italia, Alemania, Bélgica y Holanda. Otro tanto hicieron miembros del Partido Kurdo de los Trabajadores, PPK, quienes requerían con urgencia adquirir armas.

En Turquía se recibía la base de morfina desde Paquistán, Afganistán e Irán, y luego de transformarse en heroína, salía por diversas rutas hacia Europa. Todas las operaciones eran financiadas por adineradas familias de respetable apariencia. En poco tiempo, Europa fue inundada; sólo en Alemania, donde ya había 100 mil adictos, los decomisos pasaron de 10.867 en 1981, a 25.536 en 1991.

Las cifras se dispararon. Los 147 países que integraban la Interpol hicieron un balance desolador: la heroína incautada en 1970 llegó a 54 kilos; en 1988, la cifra subió a cuatro mil kilos. Cálculos conservadores indicaban que había un millón de adictos en Europa, 500 mil en Estados Unidos, 350 mil en Italia, 100 mil en Francia y varios millones en Asia. El precio de la droga caía y las bandas luchaban por los mercados. La pureza de la heroína era cada vez mayor y las mortales sobredosis multiplicaban las víctimas fatales, sobre todo entre los más jóvenes.    

En 1989 el 70% de la heroína que se consumía en el mundo se producía en el “Triángulo Dorado” enclavado en la cálida y montañosa región fronteriza entre Birmania, Tailandia y Laos. Allí, el general Khun Sa –“Príncipe Próspero” – al frente de 15 mil hombres dedicados a la recolección de 2.500 toneladas de opio, controlaba el 80% de la heroína producida en la zona. Khun Sa combatió aliado a los japoneses en la Segunda Guerra Mundial y posteriormente junto a Tailandia y Birmania en contra del comunismo. En 1960 creó un movimiento independentista al que financió con la venta de heroína. En 1990, en los casi 20 laboratorios que mantenía Khun Sa, se consiguió aumentar la pureza de la heroína desde un 3% a más de un 26%.

Birmania, antigua colonia británica, producía grandes cantidades de opio para exportación a China, a pesar de las protestas vehementes de los sucesivos reyes birmanos. Más tarde, los restos del ejército nacionalista chino, el Kuomintang, mantuvieron alta la producción de heroína para cambiarla por armas.

El comercio de opio en Laos fue resultado de años de lucha e intrigas políticas en Indochina después de la Segunda Guerra Mundial. Los sindicatos mafiosos corsos  se establecieron allí como exportadores de heroína hacia Europa.

En Tailandia, en tanto, el británico Malcom Delevihgne promovió en 1934 el cultivo lícito del opio en las tierras altas. Después de la Segunda Guerra Mundial, el país tuvo dificultades para obtener opio para sus adictos y autorizó más cultivos de amapola.

cap_7_foto_4_afganos.jpg

Los afganos protegen los cultivos
Los afganos protegen los cultivos

Opio por Kalachnikov

El opio se cultivó en Afganistán durante siglos, pero nunca había sido considerado un problema doméstico importante. A partir de 1972 Irán, Pakistán y Turquía aplicaron prohibiciones a los cultivos de opio. Afganistán se convirtió entonces en un actor principal en el mercado. Las siembras crecieron en los años 70, hasta llegar en 1980 a producir el 19% del opio ilegal del mundo.

La dinastía de los Duraní gobernó Afganistán hasta 1973, cuando el rey Zahir Sha fue depuesto por su primo Sardar Mohammed Daud quién estableció una república con él como presidente. En abril de 1978, un grupo comunista dirigido por Nur Mohammed Taraki dio un golpe de Estado y asesinó a Daud. Las luchas internas continuaron y Taraki fue asesinado lo que motivó la invasión soviética en diciembre de 1979 y una guerra de liberación nacional de once años, seguida por una guerra civil de otros cinco años.

Durante la resistencia a los soviéticos el opio se expandió rápidamente, sirviendo como una fuente financiera para los rebeldes muyajedines, apoyados por Estados Unidos, China, Arabia Saudita y el vecino servicio secreto paquistaní. El bombardeo de cultivos legales de opio por parte de la aviación comunista forzó a los campesinos a migrar a zonas montañosas, donde crecieron más y mejores plantíos de adormidera. El opio lo adquiría el servicio secreto paquistaní y con el producto de la venta ilegal apoyaba a los rebeldes musulmanes en la provincia India.

En 1990, tras el colapso de la Unión Soviética y el fin de la guerra de liberación nacional, Afganistán producía el 41.7% del opio ilegal mundial. El crecimiento de los cultivos de opio continuó durante la guerra civil. En 1995, cuando los talibanes vencieron a los muyajedines, Afganistán ya producía el 52.4% del opio mundial.

A pesar de las motivaciones religiosas para prohibir el opio, los plantíos de amapola siguieron prosperando bajo el gobierno talibán. De hecho, algunos “señores de la guerra” apoyaron a los talibanes solamente a condición de que estos les permitieran continuar con su comercio.

El 27 de julio de 2000 el Mullah Omar declaró una prohibición total al cultivo del opio en todas las áreas bajo control talibán, lo que incluyó tres acciones principales: la amenaza de castigo, el monitoreo local y erradicación de los plantíos, más el castigo público a los transgresores. Los talibanes intimidaron al campesinado, alegando que la sequía que devastó al país durante tres años había sido un castigo de Dios por haber cultivado una planta diabólica. El éxito de la prohibición fue extraordinario.

cap_7_foto_8_ruta_marina_de_la_heroina.jpg

Ruta marina de la heroína
Ruta marina de la heroína

Mirando hacia el sur

A partir de los años 90, la “ruta de los Balcanes” nuevamente se transformó en una de las más importantes para transportar heroína a Europa. Grandes cantidades de opio y base de morfina fueron refinadas en laboratorios turcos, y vendidas en  Europa Occidental en forma de heroína cruda, “brown sugar” o de primera calidad, la llamada “número cuatro”. Tras atravesar Pakistán, Irán y Turquía, la ruta se divide en un tramo al sur que cruza la antigua república yugoslava de Macedonia, Albania, parte de Italia, Serbia y Montenegro y Bosnia y Herzegovina, y un tramo hacia el norte a través de Bulgaria, Rumania, Hungría y Austria.

También ganó importancia la nueva “ruta de la seda”, a través de Asia Central, para proveer a los crecientes mercados de Rusia y Asia Central. Tayikistán y Kirguizistán se han convertido en países de tránsito, almacenamiento y procesamiento. Otras rutas menores trasladan la heroína a través de Turkmenistán hacia Irán, o por el Mar Caspio hacia el interior del Cáucaso sobre Turquía, o hacia el norte a Rusia.

Por otra parte, en Egipto se decretó la condena a muerte para los traficantes de drogas y éstos buscaron una nueva vía a través de África, utilizando como base principal a Nigeria y como lugares de escala a Khartum, Nairobi y la isla Mauricio, desarrollando rápidamente la denominada “Conexión Nigeriana”.

Otra alternativa es lo que los europeos llamaron ‘‘la nueva conexión Marbella‘‘, que parte del puerto turco de Esmirna, dirigiéndose a Grecia, Italia y España. Muchos de los encargados de llevar la droga se desplazaban con pasaportes brasileños, paraguayos y argentinos, documentos ya vistos por los españoles, italianos y portugueses en manos de árabes sospechosos. Los ojos se volvieron entonces hacia el Cono Sur americano.

Mañana: Sexo, drogas y rock and roll.

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Estimados , disponen artículos muy buena calidad , ideal sería poder acceder a capítulos completos de los respectivos reportajes .

Añadir nuevo comentario