Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Miércoles, 12 de agosto de 2020
Adelanto

'Los cómplices': nuevo libro revela cómo operaron altos dirigentes DC contra el gobierno de la UP

Javier García Bustos

salvador_allende_y_patricio_aylwin.jpg.jpg

Salvador Allende y Patricio Aylwin.
Salvador Allende y Patricio Aylwin.

El historiador y periodista español Mario Amorós, autor de las biografías Miguel Enríquez, Allende y Pinochet, ahora regresa con el ejemplar Entre la Araña y la Flecha, donde narra la trama civil contra la Unidad Popular a 50 años de la llegada de Salvador Allende a La Moneda. En el título, su autor llama “generales civiles” partícipes del golpe del 73, a los expresidentes Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin. “La DC decidió ‘golpear’ las puertas de los cuarteles, como insistentemente hacía Patria y Libertad”, señala Amorós.

Hace medio siglo las urnas dieron por ganador al candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, en las elecciones del 4 de septiembre de 1970. Un mes y medio más tarde el Congreso validó su triunfo. Sin embargo, a pocos días de ganar, el 10 de septiembre, el dueño del diario El Mercurio, Agustín Edwards, tomaba un avión privado desde el aeropuerto de Cerrillos, que lo llevaría junto a su familia rumbo a Nueva York, Estados Unidos.

“Otra muestra del pánico irracional de este sector social”, anota Mario Amorós en su nuevo libro Entre la Araña y la Flecha, que ahora publica Ediciones B. El periodista e historiador español, en su investigación nombra a Agustín Edwards Eastman (1927-2017) entre los “generales civiles” cómplices del golpe militar de 1973. No es el único de la lista.

Entre otros nombres, están los expresidentes DC, Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin, como también Sergio Onofre Jarpa (líder del Partido Nacional), Pablo Rodríguez (jefe nacional de Patria y Libertad) y Jaime Guzmán (fundador del movimiento gremial en la Universidad Católica y redactor de la Constitución de 1980).

“Desde posiciones ideológicas y tradiciones diferentes, la trama civil operó, prácticamente sin descanso, para crear e incentivar la atmósfera en la que se extremara la pugna política y dialéctica y persiguió una misma meta: el fin, al precio que fuera preciso, del gobierno de la Unidad Popular”, se lee en las páginas iniciales de Entre la Araña y la Flecha.

Por otra parte, en su nuevo ejemplar, Mario Amorós igualmente detalla el apoyo de la CIA y Estados Unidos para desestabilizar sin reparos el gobierno de Salvador Allende. “Entre 1970 y 1973, el Comité 40 autorizó a la CIA a gastar más de ocho millones de dólares, cuyo valor en el mercado negro, sobre todo a partir de 1972, llegó a multiplicar por cinco el cambio oficial. Así, por ejemplo, el 13 de noviembre de 1970, el Comité 40 aprobó 25 mil dólares para ayudar a los candidatos democratacristianos en las elecciones municipales de 1971 (…) el 9 de septiembre, 700 mil dólares para El Mercurio y 300 mil más al mes siguiente”, anota Mario Amorós en Entre la Araña y la Flecha. El título del libro se refiere a los símbolos del grupo de extrema derecha, Patria y Libertad y al del Partido Demócrata Cristiano (PDC).

“La DC y en concreto Patricio Aylwin -su presidente desde mayo de 1973- y Eduardo Frei -presidente del Senado desde aquellas mismas fechas- tienen una grave responsabilidad en el golpe de Estado del 11 de septiembre del 73. Ya a mediados de septiembre de 1970 Frei envió mensajes muy claros a la Casa Blanca sobre el peligro que para sus intereses geoestratégicos representaría el futuro gobierno de Allende”, señala Mario Amorós a INTERFERENCIA, quien además es autor de las biografías Miguel Enríquez, Allende, Neruda y Pinochet.

Sobre su nuevo trabajo, que desde esta semana llega a librerías, añade Amorós: “Me permite concluir que el golpe de Estado y la instalación de la dictadura cívico-militar que encabezó el general Augusto Pinochet no fue responsabilidad solo de los altos oficiales de las Fuerzas Armadas”.

El historiador, nacido en Alicante en 1973, agrega ejemplos innegables en relación con el papel que jugó la Democracia Cristiana en esos años: “La DC con un discurso furibundamente anticomunista abonaron el terreno a la dictadura. Por ejemplo, el 13 de septiembre de 1972, en el Senado, Aylwin censuró al gobierno de la UP con estos términos: ‘Chile está siendo destruido física y moralmente por la acción nefasta de la incapacidad, el sectarismo y el odio’”.

En el libro se refiere al “miedo de las elites al comunismo”. ¿Prevalece todavía este miedo?    

- Me asombra cómo y con qué intensidad persiste el anticomunismo en Chile. Lo vimos con las descalificaciones contra el PC con motivo de las movilizaciones de octubre pasado. A muchos les molesta el protagonismo que este partido conserva en la política chilena. Y, hoy en día, después de una gestión ejemplar al frente de la alcaldía de Recoleta, Daniel Jadue aparece muy bien ubicado en las encuestas. Jadue será un gran candidato presidencial, pero lo más importante es la construcción de una alternativa democrática.

La división de la DC

Los antecedentes que presenta Mario Amorós, en su nueva investigación son cronológicos y muestran una serie de archivos frente a una estrategia evidente por impedir que Salvador Allende pudiera desarrollar el programa de la Unidad Popular, desde 1970 hasta el golpe militar de 1973.

En el volumen, dividido en siete capítulos, se lee que, en la noche del 23 de septiembre de 1970, Andrés Zaldívar, miembro histórico de la DC, transmitió al país a pocos días del triunfo de Salvador Allende “en un discurso por radio y televisión y previamente visado por su presidente, una visión descorazonadora acerca de las consecuencias en el terreno económico de la victoria electoral de la UP. Así, señaló la retirada masiva de depósitos bancarios, la paralización de proyectos en ejecución por parte de varias empresas, la caída de la construcción de viviendas financiadas por el sector privado...”.

Un mes después, en octubre de 1970, Patricio Aylwin, quien sería el primer presidente tras el regreso de la democracia (1990-1994) dijo en el diario La Segunda: “Seguimos siendo la gran alternativa, tanto frente al comunismo como frente al capitalismo en Chile. (...) Queremos cambiar el sistema capitalista por una nueva sociedad que denominamos comunitaria, pero queremos hacerlo conservando la libertad”.

Todo esto sucedía a pesar de que Salvador Allende llegó a La Moneda con el apoyo del voto popular y de los parlamentarios de la Democracia Cristiana, en el Congreso Pleno, tras la votación del 24 de octubre de 1970.

Sin embargo, la posición de los rostros más emblemáticos del partido sería otra. Eduardo Frei Montalva no lograba convencerse de la derrota y la inminente llegada de Allende al gobierno. “Frei y su círculo de hierro maniobraron durante varias semanas en la dirección contraria”, se lee en Entre la Araña y la Flecha y agrega: “Con el visto bueno de la derecha y del gobierno estadounidense, estaban convencidos de que cualquiera de las ‘soluciones’ que pudieran implementarse para frenar a Allende llevaría aparejada la convocatoria de nuevas elecciones y el retorno seguro, tras un breve interregno, de la Democracia Cristiana a La Moneda”.

El periodista Mario Amorós comenta con INTERFERENCIA las desesperadas acciones de los altos dirigentes DC, que se extenderían desde septiembre de 1970, hasta meses antes del golpe de Estado. “Patricio Aylwin fue elegido presidente de la DC en mayo de 1973 con la consigna de no dejar pasar una al gobierno de la UP. Cerrada la vía del diálogo por Aylwin (no por el presidente Salvador Allende), la DC decidió ‘golpear’ las puertas de los cuarteles, como insistentemente hacía, desde 1971, Patria y Libertad”.

Ante un difícil panorama de complot, el final para Allende y la UP era inminente. Mario Amorós cuenta que “el 10 de septiembre de 1973, tanto Frei como Aylwin fueron informados de que en cuestión de horas las Fuerzas Armadas se sublevarían contra el gobierno constitucional. No informaron, como era su deber republicano, al presidente Allende. Y, como sabemos, el 12 de septiembre apoyaron públicamente el golpe de Estado con la declaración oficial de la DC”, dice Amorós y puntualiza sobre la división del partido “solo se desmarcaron finalmente 16 dirigentes, que encabezados por Bernardo Leighton suscribieron otra de condena del golpe y de respeto a la memoria de Allende. Nunca como entonces quedaron en evidencia las dos almas de la Democracia Cristiana”.

De la CIA a la corte estalinista

(Fragmentos del libro)

“El 7 de septiembre (1970) la CIA puso por escrito su evaluación del impacto de la victoria de la Unidad Popular. Expresó que Estados Unidos carecía de ‘intereses vitales’ en este país, pero remarcó que, si Allende asumía finalmente la presidencia, este hito tendría ‘considerables costos políticos y psicológicos’ y amenazaría la ‘cohesión hemisférica’, es decir, su hegemonía en el subcontinente”.

“El presidente Eduardo Frei no solo participó en secreto en la maniobra de la derecha, ajustada a la letra de la legalidad, pero rechazada por su propio partido desde el primer momento. También envió mensajes muy nítidos a la Casa Blanca. El 12 de septiembre (1970), en el palacio presidencial de Cerro Castillo, en Viña del Mar, recibió a John Richardson, secretario de Estado adjunto para asuntos de educación y cultura de Estados Unidos, acompañado del embajador Edward Korry. (...) En aquella ocasión Frei rogó a Richardson que transmitiera una valoración ‘personal’ al presidente Richard Nixon: ‘Las probabilidades son de cincuenta a uno de que la presidencia de Allende significará en Chile un gobierno como el que hay en Cuba”.

“Aylwin censuró los métodos empleados para concretar las nacionalizaciones y crear el Área Social, aludió a la reciente polémica de ‘los bultos cubanos’ y recordó las críticas de su partido a la Reforma Agraria y la política comunicacional del Ejecutivo. Pero no se limitó a exponer los diferentes aspectos críticos, sino que hizo una impugnación absoluta del gobierno de la UP que dejaba poco espacio al diálogo democrático: ‘Lo claro es que todo revela una acción perfectamente organizada, de corte definitivamente fascista’”.

“A mediados de mayo de 1973, Patricio Aylwin relevó a Renán Fuentealba en la presidencia de la Democracia Cristiana. Asumía el timón del partido de la flecha roja uno de los prohombres de su sector más conservador, muy próximo políticamente a Eduardo Frei (nuevo presidente del Senado desde el 23 de mayo) y que acusaba al gobierno de Salvador Allende de avanzar de manera irreversible hacia la implantación de una dictadura de corte estalinista”.

“Cegada por sus prejuicios ideológicos, la DC no quiso reconocer la participación de la clase obrera, a través de la CUT, en la dirección de las empresas nacionalizadas, a pesar de la presencia de dirigentes y militantes de sus filas. Tampoco fue capaz de interpretar correctamente la conciencia de clase y el patriotismo de los trabajadores en momentos tan dramáticos y determinantes como el paro patronal de octubre de 1972, cuando protegieron la economía nacional del sabotaje y mantuvieron al país en pie, así como el 29 de junio de 1973 y los días posteriores”.

“El 18 de enero de 1974, Patricio Aylwin y Osvaldo Olguín, presidente y primer vicepresidente de la Democracia Cristiana, remitieron un escrito de once páginas al general Pinochet con la intención de exponer el pensamiento oficial de su partido para ayudar a ‘la difícil tarea de reconstrucción nacional en que con patriotismo y honestidad’ estaba empeñada ‘la Honorable Junta de Gobierno’, pero también para poner coto a la campaña de críticas que recibían de parte de algunos sectores del régimen”.

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Se ha escrito y develado en forma amplia la.conjura de civiles y militares contra el ascenso y desarrollo del gobierno de Salvador Allende. Lo de Frei, Alwin, Guzmán y otros golpistas no resulta novedad y hay otros textos dónde sus figuras aparecen en su rol de complotadores. Bien hace Amoros en recordarnos.

He seguido al autor. Muy bueno esperare el nuevo libro

Añadir nuevo comentario