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Domingo, 21 de abril de 2019
Informe BID sobre América Latina

No todo es malo: nuevas tecnologías crearán nuevos empleos

Pedro P. Ramírez Hernández

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) comenzó a publicar una serie de informes sobre el futuro del mercado laboral en América Latina, con foco en las nuevas tecnologías. La creciente informalidad laboral y el envejecimiento demográfico son el Talón de Aquiles de la región.

Si se hubiese escrito sobre el avance tecnológico y su impacto en el mercado laboral a mediados del siglo 19 -con pluma y tinta- difícilmente los investigadores podrían haber previsto que, en poco más de un siglo, desaparecerían más del 90% de los trabajos agrícolas. Si el mismo ejercicio se hubiese repetido a mediados del siglo 20, -ahora con máquina de escribir-probablemente nadie habría creído que, en apenas tres décadas desaparecerían más de la mitad de los trabajos en el sector de la manufactura.

La cuarta revolución industrial, aquella que toma cada vez más protagonismo a través de algoritmos, inteligencia artificial, robots, aplicaciones y redes sociales, comienza a provocar las primeras transformaciones en el mercado del trabajo, aumentando la incertidumbre sobre el futuro de los empleos con “alta tasa de reemplazo”.

Si algo diferencia a esta “revolución” de sus antecesoras es la velocidad de los cambios. Por poner un ejemplo: la ampolleta se inventó en 1879, pero gran parte de las ciudades del mundo no tuvieron alumbrado eléctrico hasta la segunda mitad del siglo 20. Sin embargo, apenas se han necesitado dos décadas desde la creación del primer teléfono inteligente para que hoy existan más de 2.000 millones de usuarios de esta tecnología en todo el mundo.

Frente a este “tsunami tecnológico”, como lo han catalogado los expertos, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lanzó el primer especial de su serie “El futuro del trabajo en América y el Caribe”, con los que busca entregar datos nuevos que permitan reflexionar sobre las posibilidades que tiene la región para aprovechar las oportunidades de la innovación, minimizando los riesgos que se plantean alrededor de este tema.

Tsunami tecnológico

De acuerdo con la publicación, el futuro del trabajo en la región estará marcado por dos grandes tendencias: el avance tecnológico y el envejecimiento poblacional, proceso que, tanto en América como el Caribe, se está desarrollando de forma más rápida que en el resto del mundo.

Aquellos que predicen alteraciones radicales en el mercado de trabajo argumentan que la humanidad vive tiempos de cambios a velocidades exponenciales. La evidencia muestra que la adopción de nuevas tecnologías se está acelerando. En el pasado, este tipo de transformaciones podía tardar una o varias generaciones, pero hoy en día ocurre en pocos años.

Para graficar, en apenas una década, redes sociales como Facebook o Twitter han hecho al mundo pasar de una fase interconectada a una interdependiente. Como la capacidad de adaptación de los humanos es limitada, estos cambios tecnológicos vertiginosos pueden representar un problema. Las personas tardan años en desarrollar nuevas habilidades y asumir nuevas tareas. Al mismo tiempo, los gobiernos se mueven incluso más despacio para explotar las nuevas tecnologías.

De acuerdo a los datos del BID, “existen barreras importantes que hacen difícil que América Latina y el Caribe pueda absorber rápidamente este tsunami”.

De acuerdo a los datos del BID, “existen barreras importantes que hacen difícil que América Latina y el Caribe puedan absorber rápidamente este tsunami”. Esto se debería a que, en comparación con los países desarrollados, la región no cuenta con las capacidades, habilidades e infraestructura necesarias.

En primer lugar, los niveles de preparación de la mano de obra en la región suponen un freno para la adopción de nuevas tecnologías. Al mismo tiempo, su bajo costo en esta zona del globo hace que para las empresas resulte menos atractivo incorporar dichas innovaciones. Además, el hecho de que la mayoría de las firmas en la región sean pequeñas agrega aún más restricciones.

Según la Encuesta de Habilidades al Trabajo en Perú, solo un 27% de las empresas han incorporado nuevas tecnologías, un porcentaje que se reduce a solo un 7% si no se consideran los servicios avanzados en redes. Los gobiernos de América Latina y el Caribe también enfrentan limitaciones, tanto de financiamiento como de capacidades técnicas, para diseñar y llevar a cabo las transformaciones digitales necesarias. A todo lo anterior se suma un claro déficit en infraestructura: el acceso a banda ancha, por ejemplo, es menor en la región si se compara con los países desarrollados.

Automatización e Intermediación

En cuanto a las tecnologías que se están implementando en el mercado del trabajo, se pueden distinguir dos grandes grupos: aquellas que permiten automatizar las tareas realizadas por los seres humanos y aquellas que aumentan la capacidad de conectar la oferta con la demanda, las llamadas tecnologías de intermediación.

En el equipo de la automatización se encuentran los robots, las tecnologías de información y comunicación (TICs) y, más recientemente, la inteligencia artificial. En la otra vereda se hallan las plataformas de transporte compartido, como Uber o Cabify; las de trabajo digital, Upwork o Workana; o las de alquiler de bienes, como Airbnb.

Desde 2013, cuando una investigación afirmó que un 47% de los empleos en Estados Unidos corrían un alto riesgo de automatizarse y ser reemplazados por máquinas entre los próximos 10 o 20 años, el debate sobre los efectos de la automatización en el mercado laboral se intensificó.

Estudios adicionales ofrecieron cifras escalofriantes para el resto de los países: más del 50% de los empleos a nivel mundial podrían reemplazarse por máquinas. En el continente, por ejemplo, se estimó que entre un 62% de los empleos en República Dominicana -el país con el menor grado de impacto- podrían desaparecer. Guatemala, en el extremo contrario, arrojó una tasa del 75%.

Sin embargo, frente a estas cifras, el BID pone paños fríos y afirma que es altamente probable que estos estudios sobrestimen el impacto negativo de la automatización en el empleo de los próximos años.

Sin embargo, frente a estas cifras, el BID pone paños fríos y afirma que es altamente probable que estos estudios sobrestimen el impacto negativo de la automatización en el empleo de los próximos años. De acuerdo con el banco, “dado que el costo de contratación de un trabajador en muchos países de la región es bajo, puede no serle conveniente a los empresarios la adquisición de robots para reemplazar a trabajadores”.

Al mismo tiempo, aun cuando existe un número de tareas que en todos los trabajos pueden automatizarse, existen pocas ocupaciones que puedan hacerlo por completo. Esta distinción entre tareas y ocupaciones, es esencial para los resultados. Algunas estimaciones recientes con enfoque de tareas arrojan cifras menos dramáticas de destrucción de empleo. Para Estados Unidos, el potencial impacto de la automatización en el empleo baja del 47% antes mencionado a apenas un 9%.

Más allá del mundo de los robots, la otra gran tendencia tecnológica que está atrayendo especial atención, es el surgimiento de plataformas digitales que conectan a los ciudadanos para realizar transacciones, juntando a los oferentes con los demandantes de servicios, reduciendo de manera radical los costos de transacción.

Desde el punto de vista agregado, estos sistemas aceleran el crecimiento económico, por lo menos en el corto plazo. El efecto directo de esta tecnología es que, de alguna manera, se aumenta la cantidad de trabajo y el capital efectivo de la economía. “Ese coche que estaba aparcado durante gran parte del día ahora puede ser un taxi. El departamento que no se utilizaba la mitad del año ahora puede convertirse en un alojamiento de alquiler. Alguien que tenía talento y no disponía de un mercado para desarrollarlo ahora puede ofrecer sus servicios a, prácticamente, todo el mundo”.

Según el BID, al derribar los costos de transacción, estas tecnologías, en combinación con los avances en inteligencia artificial, hacen que la relación entre el trabajador y la empresa se difumine y aparezcan nuevas modalidades de trabajo, en las que la figura tradicional del trabajador asalariado se pone en entredicho.

Estas nuevas formas de trabajo suponen retos importantes para los mecanismos de seguridad social. Los sistemas de salud y pensiones están diseñados para trabajadores con un empleo asalariado, en un horario concreto y para un solo empleador.

El número de trabajadores de estas plataformas todavía es limitado, pero está creciendo rápidamente. Las estimaciones del porcentaje de personas que se desempeñan a través de estas aplicaciones varía entre el 3% y el 4% para Estados Unidos, dependiendo de la definición adoptada. En el contexto del trabajo independiente en el país norteamericano y en países de Europa, el 15% (24,3 millones) de los individuos utilizan plataformas digitales para su empleo.

Tecnología y vejez

El BID, en esta primera entrega, advierte claras indicaciones de que las ocupaciones relacionadas con el cambio tecnológico y la demografía están incrementando su peso en la economía. Los técnicos en computación son la segunda ocupación cuya demanda más crece en Chile, con 1,6 puntos porcentuales. Asimismo, las ocupaciones asociadas al cuidado de ancianos y niños también ganan peso en este tipo de economías: 1,2 puntos porcentuales en Brasil, 0,7 en Chile y 0,6 en México.

Consistente con los datos agregados, ocupaciones como desarrolladores de software están incrementando su demanda. Sin embargo, no todos los trabajos orientados al desarrollo tecnológico están creciendo. Entre las ocupaciones que más se están contrayendo, se encuentran los consultores, especialistas y administradores, cuestión que responde a la tendencia de automatizar una parte importante de las tareas de estas ocupaciones.

Para el BID, el Estado deberá acometer grandes transformaciones que surgen del cambio tecnológico y la demografía. Al incremento de la presión fiscal, debido a una población envejecida que exige mayores gastos en salud y mantención, hay que agregar que la puesta en práctica de las nuevas tecnologías “puede quebrar los fundamentos del actual estado de bienestar, puesto que se diluye la relación tradicional entre las empresas y los trabajadores”.

Existe el riesgo de que se reduzca drásticamente el número de aportantes a los sistemas de seguridad social, que ya de por sí es exiguo en algunos países de la región.

En este caso, existe el riesgo de que se reduzca drásticamente el número de aportantes a los sistemas de seguridad social, que ya de por sí es exiguo en algunos países de la región. En este sentido, en el ámbito económico, ambas tendencias pueden provocar cambios en el crecimiento de la economía y la productividad, pero también pueden incrementar y afectar al empleo y los ingresos.

Desde un punto de vista social, las nuevas tecnologías alterarán la manera en que interactúan las empresas, los individuos y el estado. En el área de las políticas, obligarán a repensar la educación, la formación para el trabajo y la configuración de la seguridad social, exigiendo a los países dar una respuesta eficaz a un desafío en común, que avanza rápidamente sobre la informalidad laboral.

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