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Jueves, 22 de octubre de 2020
Más sindicatos y causas judiciales

Repartidores y conductores de apps presionan por acceder a derechos laborales

Lissette Fossa

Sus servicios se consideran por el gobierno como un trabajo esencial, pero las empresas no los reconocen como trabajadores. Tampoco hay ley que los proteja, pues los proyectos duermen en el Congreso. Ante eso, la respuesta ha sido la sindicalización y la judicialización de sus casos, como lo es el primer juicio colectivo contra Pedidos Ya, aplicación que desvinculó a varios ridders por protestar por sus derechos laborales. 

Se ven por decenas en las calles de Santiago, arriba de una moto, con sus mochilas de estridentes colores, o arriba de un auto, como choferes de Uber, Didi o Beat.

Desde antes de la pandemia y más aún durante las cuarentenas, ha aumentado la demanda por servicios a domicilio que estas personas realizan, y que ya se conoce como delivery de aplicaciones o apps. En parte por la falta de empleo y por el rápido ingreso que generan, muchas personas han optado por tomar estas aplicaciones como sus principales fuentes de trabajo.

Esto ha expuesto a miles de estos ridder, socios repartidores y shoppers al contagio del coronavirus, pero a la vez, a un trabajo precario, sin acceso a baños, ni seguro de accidentes o derecho a cotizaciones previsionales.

En paralelo, estos trabajadores han comenzado a agruparse en organizaciones que buscan que los reconozcan como tales. En septiembre del año pasado se formó en la región de Valparaíso el primer sindicato de choferes de Uber en Chile. Y, a pesar de que hay antecedentes de otras demandas individuales contra aplicaciones, la semana pasada comenzó el primer juicio de una demanda colectiva de ex trabajadores contra Pedidos Ya, la primera de este tipo en el país.

“Los trabajadores carecemos de cualquier apoyo, protección social o seguridad laboral por parte de estas empresas. Somos más de 20 mil trabajadores a nivel nacional en Chile y mientras más se tarden, más vidas se van a perder. Los compañeros están muriendo en las calles producto de accidentes, están sufriendo los embates de la delincuencia, se están enfermando de Covid-19 y no son respaldados, no son representados por nadie. Estamos solos en este gremio laboral”, manifestó en la CUT Servio Hernández, representante del Movimiento Riders Unidos Ya y uno de los demandantes.

La demanda fue presentada en mayo de este año, luego de una protesta de estos colaboradores de Pedidos Ya. Tras la manifestación, los trabajadores alegan que fueron eliminados de la aplicación, lo que denominan como un "despido injustificado” y acusan una serie de malas prácticas laborales, como no poder acceder a las propinas, las desvinculaciones arbitrarias y los cambios arbitrarios en las estructuras de pago a través de la aplicación.

La empresa ha argumentado que no existe un vínculo laboral, no existe jerarquía por sobre los repartidores ( es decir, no tendrían jefes) y que éstos pueden conectarse o desconectarse de la aplicación cuando quieran, por lo que sería una herramienta para complementar ingresos. “El rider es su propio jefe”, afirmó la empresa en el proceso judicial. 

Lo cierto es que este juicio que comenzó el pasado viernes está siendo observado con atención por otras aplicaciones y por otros colaboradores de estas. Eventualmente la justicia podría reconocer el vínculo laboral de estos ridders y su despido, lo que podría abrir la puerta al pago de cotizaciones previsionales, indemnización, vacaciones y otro tipo de derechos laborales. Esto abarcaría a cerca de 20 mil trabajadores de esta aplicación y 120 mil de Uber en Chile, por ejemplo, aunque otros estudios hablan de más de 200 mil personas que dependen de estas apps.

“Los trabajadores de aplicaciones, son trabajadores de empresas, igual que otros trabajadores. Las aplicaciones son una herramienta de gestión operacional, de gerencia via distancia. En estos trabajos tiende a desaparecer la persona física del jefe o del gerente y es reemplazado por una plataforma tecnológica con algoritmos, que transmite órdenes, con lo que hay relación de dependencia. Estas empresas usan un lenguaje fraudulento para llevar a cabo un fraude”, explica el asesor jurídico del sindicato de Uber, Samuel Ortíz.

Para el presidente del sindicato de Uber, Javier Schlank, con la pandemia y la crisis que ha suscitado, el trabajo dependiente de aplicaciones se ha visibilizado más, ya sea porque están más expuestos a contagios o porque muchas personas que han quedado cesantes han transitado a estas empresas para trabajar de una aplicación a otra para generar ingresos. Según Schlank, muchos conductores de Uber, por ejemplo, han comenzado a trabajar para Conershop, propiedad de la misma empresa, o en reparto de comida.

“Esto de darse cuenta de la precarización laboral se da a raíz de la pandemia, en especial por la aplicación de la ley de protección al empleo. Ahí aparecen las dudas sobre los independientes o los falsos autónomos, donde ahí estamos nosotros”, dice Schlank.

Para muchos, fue una sorpresa que en marzo de este año el gobierno definiera el trabajo de aplicaciones como “labores esenciales” y accedieran a permisos para movilizarse durante la cuarentena.

“Desde marzo el gobierno consideró como trabajadores esenciales a conductores de Uber, repartidores, etcétera. Pero si lo piensas bien, son esclavos esenciales, pues en paralelo no reconocen los derechos de los conductores. Y esa contradicción es porque el modelo de estos negocios es partir con un fraude”, comenta Ortíz, quien afirma que la contradicción se da también debido a que no son reconocidos como trabajadores pero a la vez, sí como un trabajo imprescindible durante la pandemia.

Consultado por INTERFERENCIA sobre las razones que llevaron a definir esta labor como "esencial", el subsecretario del trabajo Fernando Arab afirmó que “los servicios de delivery son esenciales, pues permiten disminuir, de manera muy considerable, el tránsito de personas circulando en las ciudades, a la vez que proveen de insumos a los ciudadanos, por ejemplo, en tema de alimentación”.

Según Arab, el problema de la relación laboral de estos repartidores o conductores con las empresas de las aplicaciones, como el que se debate en el juicio contra Pedidos Ya, es un tema que preocupa al gobierno.

“Ya el año 2018 presentamos un proyecto de ley que busca regular las economías de plataforma, estableciendo, entre otros aspectos, que quienes prestan servicios en ellas tengan, al menos, derecho a seguridad social, a fin de estar protegidos en caso de enfermedad o accidente, por ejemplo. Este proyecto lamentablemente no ha avanzado en el Congreso. Sin perjuicio de ello, hoy estamos liderando una mesa de trabajo con distintos actores que busca, en el corto plazo, entregar un informe con recomendaciones acerca de cómo regular estas actividades”, dice Arab.

Las organizaciones de repartidos y conductores de aplicaciones se han organizado también. Además del sindicato de Uber, el primero de su tipo en Chile, existen organizaciones como RidderUnidosYa, que participaron en la demanda contra la aplicación.

Durante la pandemia, además de estar atentos a los avances de los cuatro proyectos de ley que duermen en el Congreso sobre regular el desarrollo de las aplicaciones de este tipo, han desarrollado recolección de alimentos y campañas solidarias entre los colaboradores.

“La mayor habilidad que tiene Uber es hacer creer a la gente que ellos no existen como empresa y que es solo una aplicación en el teléfono. Ese mismo discurso también se lo compran muchos conductores, que no creen en el tema del sindicalismo”, afirma Schlank, quien piensa que de todas manera, cada día más conductores y repartidores son concientes de la importancia de la organización mutua.

Una luz de esperanza para ellos fue la promulgación de la nueva ley de teletrabajo. Según afirma Samuel Ortíz, podría ser una puerta que se abre para el reconocimiento de los socios de apps como trabajadores.

“La ley de teletrabajo podría ser conocida como ‘la no lo vimos venir’, porque construye una definición legal de lo que se debe entender como teletrabajo. Se señala que es teletrabajo que trabajes por intermedio de un medio tecnológico, como un programa de computación, o que no trabajes por intermedio de un programa, pero que reportes por esos esos medios, que es lo que más hacen los trabajadores de Rappi, Uber, etcétera”, advierte.

Consultado por este tema, el subsecretario Arab fue categórico en negar que la ley buscara regular estas labores: “No. La ley de teletrabajo no busca, ni en su texto ni en su espíritu, regular las economías de plataforma”, afirmó.

En tanto, mientras los proyectos no avanzan en el Congreso, la labor de estas trabajadores sigue sin ser regulada. Mientras, cada día más personas se suman a ganar ingresos a través de estas plataformas, sin seguridad sobre qué les depara en el futuro ser su propio jefe o más bien un subalterno de un algoritmo.

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