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Miércoles, 21 de octubre de 2020
Extracto de libro

Retrato íntimo de la campaña de Jorge Alessandri en 1970

Federico Willoughby-MacDonald (*)

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El candidato no era muy dado a las reuniones masivas. Foto de Celeste Ruiz de Gamboa.
El candidato no era muy dado a las reuniones masivas. Foto de Celeste Ruiz de Gamboa.

El autor, periodista y empresario, conocedor de los vericuetos del poder político en los gobiernos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende, en la dictadura militar y en la administración de Patricio Aylwin, describe algunos aspectos poco conocidos de la campaña presidencial de 1970.

Don Jorge había cedido a postularse a la elección presidencial de 1970. Era una dramática reunión con un grupo de sus amigos en su oficina del cuarto piso de la calle Agustinas, en la Presidencia de la Compañía de Papeles y Cartones, a finales de 1965. Aceptaba, cuando todos sus argumentos habían sido revertidos, frente al peligro que enfrentaba la paz social. 

Se había realizado una campaña pública para que postulara como candidato. Se publicarían en la prensa mil firmas de dirigentes, intelectuales, profesionales, estudiantes, personalidades femeninas y deportistas de la mayor influencia en distintas zonas del país. Él mismo había visto y sabía que en muchos muros de Santiago y todo Chile, la gente rayaba la consigna: "Alessandri volverá". 

Pero su carácter no era sensible a las manifestaciones de masas, pensaba que eran manipulables, le afectaban más los ruegos personales que recibía en la calle o donde asistiera. 

-Vuelva Presidente -le decían. 

-Don Jorge, ¡sálvenos! 

Los asistentes a su oficina en Agustinas fueron, entre otros, el abogado Julio Philippi, con gran prestigio por su sabiduría, y Ernesto Pinto Lagarrigue, ingeniero y su ex Ministro de Obras Públicas. Su "hijo político", Eduardo Boetsch, destacado ingeniero y empresario de la construcción, quien le acompañó hasta su muerte, mentor de Jaime Guzmán quien, a su vez, lo veía con un sentimiento paternal. Gisela Silva Encina, nieta del historiador Francisco Encina y sobrina del Cardenal Silva Henríquez. 

Gisela había trabajado con el archivo de Alessandri y deseaba escribir sus memorias. En los años '70, cuando le insistí a Don Jorge que era una injusticia para él mismo y el país no dejar su testimonio, aceptó hacerlo y citó a Gisela para algunos días después. En la fecha acordada, la recibió, le ofreció té, pero no se dio por enterado de la razón de esa visita. Había decidido no hacer nada. Más tarde, se allanó nuevamente a intentarlo, en un contexto menos personal. 

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Uno de los recursos de la campaña.
Uno de los recursos de la campaña.

Sergio Carrasco Delgado, autor del texto Alessandri, Su Pensamiento Constitucional, define con mucha certeza el carácter didáctico del ex Presidente en el prólogo de su trabajo. A él, Don Jorge le dio facilidades y entrevistas para que tuviera acceso a todas las fuentes de su estudio. 

"Como todo hombre superior, poseía también la capacidad de enseñar. De hecho, su actividad pública fue una permanente enseñanza, y quien enseña lo hace para incorporar conocimientos a quien los recibe, o sea, para dar. La claridad conceptual que mantuvo hasta una edad en que no es habitual, facilitaba la explicación de sus enseñanzas y el caudal de sus conocimientos otorgaba a sus opiniones valores definitivos". 

Gisela Silva, política, por su parte, apasionada nacionalista, viajó como otros jóvenes a ver en su fuente la Falange Española y conoció a los Primo de Rivera y la estructura del movimiento. Estuvo cerca de iniciativas semejantes en Chile, admiradora del General Viaux, lo visitaba en la cárcel después del Tacnazo. Con Jaime Guzmán y Pablo Rodríguez, fundaron Patria y Libertad. Facilitó la primera sede en Providencia. Fue directora de Organizaciones Civiles del Gobierno Militar, donde no se avino con Doña Lucía Hiriart y eso fue todo. 

Cuando Don Jorge la conoció en su desempeño, en la recopilación de su archivo, que publicaría después y durante la campaña, señaló con picardía "Gisela, usted tiene una inteligencia impropia para una dama", lo que provocó risas en quienes asistían a la reunión. 

La base para diseñar la candidatura Alessandri era seguir ese clamor: ''Alessandri volverá". El candidato limitaría la presencia de parlamentarios y dirigentes partidistas en su comando y en sus giras. Su postulación sería independiente, protectora de los intereses de los que rechazaban el desorden, la corrupción y los malos hábitos públicos que se hacían presentes en esos días. 

Desde el inicio de su campaña, un novelesco ejemplar del periodismo, Darío Sainte Marie (alias "Volpone"), se empeñó en atacar sin escrúpulos a Alessandri. Con motes, títulos soeces y chismes que generaban interés y rechazo. Don Jorge mantenía un silencioso desprecio, se negaba a comentar o darse por enterado de calumnias y ataques personales, muchos abiertamente groseros. Sabía que el Presidente Frei había indultado a "Volpone" de una condena por injurias. Esta campaña no cejó hasta el día de la elección. 

En Ford (empresa donde trabajaba el autor), había experimentado un intento de chantaje por uno de los ejecutivos de Clarín, el diario de Sainte Marie, a fin de disminuir el avisaje en El Mercurio y que les diera publicidad a ellos. Nuestras agencias publicitarias elegían medios donde estaba nuestro mercado, lo que ocasionalmente se ampliaba para campañas corporativas. Hice una denuncia pública, con nuestro rechazo a toda forma de presión ilícita y menos de un diario, advirtiéndole la posibilidad de llevarlos a la Justicia. 

Con ese argumento, le sugerí a Don Jorge una querella contra "Volpone". Después de mirarme, como él lo hacía para que uno se sintiera ingenuo, me dijo: 

-Ese y otros canallas me ponen gratis todos los días en las portadas de los quioscos, cosa que los otros diarios no hacen. Además, lo que se publica un día en un diario, al siguiente sirve para envolver pescado. 

En ese tiempo y desde mucho antes, los ambulantes que venden comida en carros cerca de las estaciones de trenes y La Vega, ofrecían merluza frita, con salsa de tomate o picante, envuelta en hojas de El Mercurio, de papel más resistente. El pescado crudo aún se vende en el mismo envoltorio. 

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El apoyo de las mujeres. Foto de Celeste Ruiz de Gamboa.
El apoyo de las mujeres. Foto de Celeste Ruiz de Gamboa.

La virulencia de la campaña se dio en dos frentes. Tomic, que había dicho "Sin Unidad Popular no hay candidatura", partió solo, porque en la Unidad Popular el apoyo a Allende no fue espontáneo, todos querían asegurar la fidelidad del candidato y una cuota en el gobierno. En la base social, las candidaturas populares no se dieron cuartel. Pero a ambas las unía el rechazo al regreso de Alessandri, un retroceso para sus programas. 

En todas las ciudades debutaba la propaganda callejera con violencia como una forma de batalla constante. En Santiago, esa batalla se daba en la Costanera y toda la ribera del Mapocho. Allí los piquetes de pintores destruían la propaganda existente y repintaban la suya desde la medianoche hasta temprano en la mañana, ocasionándose, a medida que se acercaba la elección, incidentes cada vez más violentos, a veces con armas de fuego. Jaime Egaña, jefe de propaganda de Alessandri, era motejado como "el matón de la Costanera", ya que finalmente logró conseguir el dominio de la última propaganda que se ponía en la madrugada. 

Ford tenía la política a nivel mundial que las posiciones cívicas o religiosas de sus ejecutivos no eran de interés o responsabilidad de la compañía. Incluso, existía un manual de conducta que establecía las normas. Bajo esa línea, actué libremente, sin aparecer en cargos electorales o actos que pudieran involucrar a la empresa. Lo que, con prudencia, me dio un campo de acción más amplio. 

El último año de la campaña, la empresa en forma indirecta contaba con encuestas Gallup, junto a otras empresas de alimentos, detergentes y cigarrillos, donde se sondeaba la simpatía política de los votantes, que eran solo una parte del universo consultado, para evitar darle un carácter electoral. 

Chile estaba dividido en tres facciones, la ventaja inicial de Alessandri disminuyó y Allende creció. Aumentó la tendencia de empate con Tomic, para dejarlo atrás. Era una victoria estrecha o una derrota. En julio de 1969, no había duda que el Congreso decidiría entre las dos primeras mayorías. Por consecuencia, era una situación crítica para Alessandri, con pocas posibilidades de aceptación parlamentaria. Además, suponía un riesgo de crisis institucional. 

(*) Extracto del libro “La Guerra. Historia íntima del poder en los últimos 55 años de política chilena 1957- 2012”; Editorial Mare Nostrum; Santiago, 2012.

Continúa mañana

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Muy buen periodismo

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