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Viernes, 30 de octubre de 2020

Con motivo de el golpe de Estado en contra del gobierno de Unidad Popular en Chile (con el asesinato del Presidente Allende y de miles de chilenos de todas corrientes que lo apoyaron), a México llegaron asilados muchos perseguidos de las diversas corrientes de izquierda. Entre ellos estaba Alejandro Chelén y Rodolfo Solaris militantes del PS y del PC chilenos desde los treinta. Los conocí y los dos me propusieron por separado realizar actividades editoriales. Con Chelén me reuní y me invitó a reeditar algunos de los títulos que había publicado en Quimantú, con los Juan Pablo editor, ya que habíamos editado la revolución Rusa de Trotsky, me sugirió publicar el Libro Rojo de León Sedov y El programa de los bolcheviques de Nicolás Bujarin para que yo los propusiera en la editorial mencionada. Nos reunimos en varias ocasiones y me contó lo que narra el artículo que ahora publican, con una diferencia.: me contó que en"el Partido Socialista de Chile desde los años treinta leíamos a León Trotsky, incluyendo el compañero Salvador Allende. Era necesario que en nuestra editorial se difundiera sus obras que eran de un revolucionario y escrito inigualable, asesinado por un agente soviético, enviado por el mismo Stalin." En relación a Rodolfo Solaries, nicaraguense de nacimiento pero que había vivido desde los treinta en Chile, militando en el PCCh desde entonces. Me propuso formar una editorial con otros de sus camaradas. Estaban de acuerdo en hacer una difusión de obras del marxismo no editadas en español. Acudí a varias reuniones hasta que en la última a la que acudí, los integrantes del grupo comenzaron hablar de su vieja militancia. Solaris dijo "se acuerdan de cuando los miembros de nuestra Juventud mataron al dirigente trotskista (dijo el nombre que ahora no recuerdo) y cuando se hizo su entierro fuimos una brigada y a todos los acudieron al funeral los asesinamos". Entonces todos felices lo celebraron recordando su "hazaña". No sólo proteste por su actividad criminal, sino que les dije que seguramente para ellos no existían los crímenes del régimen de Stalin, que ya había dununciado Nikita Kruschev en el XX Congreso, si no que con sus posturas políticas ningún proyecto de cambio podría prosperar, me retiré y no los volví a ver.

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