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Martes, 20 de agosto de 2019
Primera Parte

A 50 años de la fundación del MAPU: los orígenes DC del partido más radical del cristianismo chileno

Manuel Salazar Salvo

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Arriba, X. Ahumada, “Cacho” Rubio, C. Varas, A. Dorfman, J. Zalaquett y E. de Aguirre. Abajo: J. Metcalfe, M. Cosignani, A. Malinarich, JM Insulza, E. Merlet, S. Wiener, P. Fuentealba, "Cuca" Brodzky y E. Ahumada
Arriba, X. Ahumada, “Cacho” Rubio, C. Varas, A. Dorfman, J. Zalaquett y E. de Aguirre. Abajo: J. Metcalfe, M. Cosignani, A. Malinarich, JM Insulza, E. Merlet, S. Wiener, P. Fuentealba, "Cuca" Brodzky y E. Ahumada

El 19 de mayo pasado, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) hubiese cumplido 50 años de existencia. Como movimiento no llegó a esa edad y se disolvió antes en el gran río del socialismo, pero formó a varios militantes que fueron y siguen siendo muy activos e influyentes en la política actual. En esta primera entrega, el periodista Manuel Salazar da cuenta para INTERFERENCIA de la prehistoria democratacristiana del MAPU en la convulsa década de los 60.

Uno de los factores determinantes en el crecimiento del Partido Demócrata Cristiano (PDC) en el período 1952-1964 fueron los cambios en la composición y en el tamaño del electorado. Desde el retorno de la democracia, en 1932, hasta 1949, el número de votantes se dobló, y en los comicios presidenciales de 1952, los inscritos llegaron a un millón cien mil, equivalentes a un 18% de la población.

Después de la introducción de la cédula única, en 1958, que reforzó el principio del secreto del voto, el aumento de los inscritos fue explosivo. Entre 1961 y 1964, los electores pasaron de 1,8 millones, a 2,9 millones, resultado de un cambio en la ley de elecciones que hizo la inscripción obligatoria.

El partido de Eduardo Frei ejerció una poderosa atracción entre las mujeres y los desposeídos de los campos y de las barriadas urbanas que no formaban parte de las fuerzas socialistas ni comunistas. En esos grupos plantó las banderas de la Patria Joven y de una revolución en libertad, en contra de la derecha y de la izquierda, reuniendo en muy corto tiempo a la más formidable fuerza política que haya existido en el país.

No obstante, al PDC le faltaba una definición relevante. Era la cuestión del sistema comunitario, postulado que aparecía como la forma de organización social que había de reemplazar las relaciones de propiedad capitalista y la alternativa del socialismo colectivista, y que nunca, ni en aquellos años ni después, fue expuesta con meridiana claridad.

Las elecciones municipales del 7 de abril de 1963 convirtieron al PDC en la primera fuerza política nacional, desplazando a los radicales a un segundo lugar. El partido obtuvo 452.987 sufragios, el 22,7% de la votación total. 

En marzo de 1964 murió Oscar Naranjo, diputado socialista por Curicó. Hubo que reemplazarlo a través de una elección complementaria, comicios que fueron considerados como un anticipo de la presidencial y que los ganó la izquierda agrupada en el Frente de Acción Popular, el FRAP con el 39,2%, seguido por la coalición de derecha, con un 32,5% y el PDC con el 27,7%. La derecha no tuvo duda alguna. Si mantenían a Julio Durán como su candidato presidencial, el marxismo llegaría a La Moneda. En masa, entonces, se volcaron en apoyo de Eduardo Frei. 

Así se llegó al 4 de septiembre de 1964. El veredicto de las urnas fue categórico y aplastante: Eduardo Frei Montalva, 1.409.012 votos (56,09%), Salvador Allende, 977.902 votos (38,92%) Y Julio Durán, 125.000 votos (4,99%).

Frei en el poder

Aún no se acallaban las celebraciones del triunfo, cuando los expertos electorales del PDC iniciaron la discusión sobre el lema que apoyaría la campaña parlamentaria del 7 de marzo de 1965. Unos habían acuñado y defendían la consigna Un Parlamento para Frei, otros la consideraban poco original y de mal agüero. Un slogan similar -Un Parlamento para Ibáñez- se había convertido años antes en un descalabro histórico para el general de la esperanza.

La Ley Electoral era categórica. El 7 de noviembre de 1964, debían estar inscritos los candidatos a las 147 bancas de la Cámara de Diputados y a los 20 sillones senatoriales que reemplazarían a los honorables que terminaban sus mandatos. 

Los hechos demostrarían que el PDC estaba condenado a una oposición sin tregua de sus adversarios del FRAP, quienes consideraban que la victoria de Frei se había gestado gracias al apoyo de la derecha y del "imperialismo", que vieron en su candidatura "una tabla de salvación para sus privilegios". 

En declaración pública expresaron que "El FRAP ha adoptado la resolución irrevocable de realizar una política de oposición al gobierno del señor Frei, convencido de que éste, por su composición social y sus vínculos con el capitalismo extranjero y la oligarquía financiera, servirá en lo esencial los intereses de la clase dominante y no los del pueblo chileno". 

Por su parte, tanto el Partido Radical como los liberales y conservadores pasaron también a integrar la oposición, pero no escatimaron elogios para el nuevo mandatario. Los conservadores emitieron una declaración donde hablaban de "nuestro candidato" y prometían que "ahora cooperaremos al resultado de su gestión sin exigencias de ninguna clase". 

De cara a las parlamentarias, los cálculos del partido indicaban que conseguirían unos diez senadores y -con optimismo- hasta 65 diputados, logrando con ello aventajar sin muchas angustias al Frente Democrático (la alianza de derecha) y al FRAP. 

Sin embargo, el PDC superó todas sus marcas hasta esa fecha, no sólo con sus militantes y simpatizantes, sino que se nutrió a costa de sus adversarios, captando altas votaciones en los bastiones de la derecha y en zonas de tradicional imperio socialista o comunista. 

Los logros de la DC excedieron todos los pronósticos al obtener 13 senadores, de un total de 45, y 82 diputados, de un total de 147, con 989.626 votos (41,06%). El fenómeno produjo incongruencias de tales características, que probablemente no se volverá a repetir en la historia electoral: en Cautín "accedió" José García a "integrar la lista", pero con la condición de que directamente no haría campaña. Obtuvo los votos de un regidor de algún pueblo perdido en el mapa y con 1.614 votos se instaló en un sillón del Senado. Lo propio ocurrió en Talca con Raúl Gormaz, quien también ascendió de ilustre desconocido a senador por la vía del derrame de votos. 

La DC eliminó del Senado a algunos de sus más encarnizados enemigos de la derecha: Hugo Rosende, Edmundo Eluchans y Javier Echeverría, tres conservadores regalones de Jorge Alessandri. 
En cuanto a los radicales perdieron su sillón líderes de la relevancia de Angel Faivovich, Sergio Diez y Miguel Huerta. Muchos otros imperdibles desaparecieron del mapa. 

El problema no pudo ser resuelto por los políticos avezados: ya no se trataba de dinero, cohecho ni de abrumadoras campañas propagandísticas. El PDC logró llegar a los electores: sus hombres se hicieron presentes hasta en los rincones más abandonados de la república y les hablaron a los votantes de una manera comprensible. 
Frei actuó con audacia e inteligencia al usar en su beneficio la posibilidad entregada por la legislatura extraordinaria, que le permitió presentar ante el Congreso (y también ante la opinión pública) un grueso paquete de proposiciones y proyectos de ley, que -según explicó- cambiarían la situación precaria del país a otra muchísimo más próspera; sanearía la administración y recobraría para Chile las riquezas propias como el cobre, la electricidad y los teléfonos, dejándolos en manos del Estado. 

Cuando se dio cuenta de que la mayoría del Congreso rechazaría o dejaría irreconocibles sus proyectos, los retiró advirtiendo que había una fórmula para hacerlos efectivos: convertir la elección parlamentaria en un plebiscito. El pueblo debía decidir si estas propuestas revolucionarias serían aprobadas o no. Y ello pasaba por cambiar a quienes las iban a vetar. 

Mucha gente veía a aquellos parlamentarios como especialistas en dictar leyes que favorecían a su clase o a sus mandantes. Y Frei dio a entender que éste era el momento de pasarles la cuenta. El balance de la derecha fue desolador. En sus antiguos feudos de las provincias de O'Higgins, Colchagua, Talca, Linares, San Carlos Chillán, Concepción, Valdivia y Osorno no eligieron ni un diputado liberal o conservador, y se perdieron figuras de la categoría de Gustavo Alessandri, Jaime Bulnes, Salvador Correa, Fernando Coloma, Rodolfo Ramírez, Nicanor Allende, Carlos Lazcano, Osvaldo Fuenzalida, Inés Guzmán, Demetrio Zañartu, Antonio Tagle, Alfredo Noguera, Sergio Larraín y Enrique Lira, entre otros connotados. 

La DC obtuvo cuatro diputados de seis en O'Higgins; tres de los cuatro de Colchagua; dos de los tres de Curicó; tres de los cinco de Talca y se llevó los únicos tres de Valdivia. Una paliza histórica para liberales y conservadores que por décadas campearon en las zonas mencionadas. 

Los observadores políticos se preguntaron si todos los militantes del partido vencedor seguirían cantando con la misma emoción aquel Brilla el sol de nuestras juventudes ...".  Les parecía -y el tiempo les daría la razón- que eran demasiadas las corrientes que cohabitaban en el partido gobernante. 

El programa que se autoimpuso Frei era exigente y dependía en gran medida del apoyo de otras fuerzas, casi todas las cuales estaban en el Senado. El PDC tenía mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, pero en había que negociar con los senadores cada proyecto. 

La reforma agraria que el PDC presentó en los primeros meses de 1965, en un proyecto que implicaba la reforma del artículo 10 de la Constitución, sobre el derecho de propiedad, no provocó mayor impacto en la derecha. La única oposición llegó a través del grupo Fiducia, pero pronto las aguas se pondrían más bravas. Frei advirtió que "o se hace la reforma agraria de la manera más racional, pero también de la manera más acelerada en este período, o se hará mañana de la manera más irracional e inconveniente para el país. Los que no quieran facilitar en nada esta reforma, mañana no sólo perderán la tierra".  

Hacia la mitad del mandato de Frei, empezaron los tironeos para elegir a los candidatos presidenciales de 1970, pese a que faltaba la elección parlamentaria de 1969. La derecha, algo recuperada de su derrota, miraba hacia la calle Phillips, a un costado de la Plaza de Armas de Santiago, donde Jorge Alessandri permanecía retirado de la actividad pública, abocado a sus funciones gerenciales en la Papelera de Puente Alto. 

Alessandri se dejaba querer. Sólo muy a lo lejos hacía público un comentario donde manifestaba alguna crítica, casi siempre velada, contra "el señor Frei". Allende, Pablo Neruda y Rafael Tarud, empezaban a tomar posiciones desde la izquierda. Y en el PDC se hablaba de Radomiro Tomic, Bernardo Leighton y, con menos fuerza, de Patricio Aylwin como posibles sucesores de Frei. Allí el panorama era más complejo, porque se practicaba la crítica pública y las discusiones internas parecían irreconciliables. 

En 1967, convivían dos grandes grupos en el PDC. Uno, el oficialista, que reunía a los más de derecha y a los que llamaban guatones (se le atribuía engordar en el poder); y otro, integrado por rebeldes y terceristas, a los que denominaban chascones, por su apariencia aparentemente descuidada para las costumbres de aquellos años. 

El 31 de julio de 1965 se reunió la Junta Nacional del PDC para analizar las relaciones con el gobierno y elegir a la nueva directiva. Renán Fuentealba, el presidente DC saliente, pidió que "no nos olvidemos que ninguno de nosotros salió elegido como parlamentario porque planteó perfiles propios o tesis nuevas", agregando que "obtuvimos una gran votación en la misma medida en que nos identificamos con los planes, con las ideas, con los proyectos del gobierno". 

Fuentealba añadió que "el partido no puede estar sometido a rencillas en este instante". "Chile, hoy día, necesita que el partido esté sólidamente unido al Presidente de la República y al gobierno, necesita que el partido esté sólidamente también unido entre sí", afirmó. 

Dos claras tendencias se manifestaron en esa Junta. Una, encabezada por Alberto Jerez, proponía aumentar la influencia del partido en el gobierno. La otra, dirigida por Patricio Aylwin, pedía apoyar sin condiciones las decisiones de Frei. Se impuso la posición de éste último, siendo elegido nuevo presidente del PDC. 

En agosto de 1966, Modesto Collados dejó el Ministerio de Vivienda, siendo reemplazado por Juan Hamilton. Enrique Krauss, asesor jurídico del Ministerio del Interior, asumió en la subsecretaría de esa cartera. El 15 de junio de 1967 se realizó la Junta Nacional en PeñafIor. La cuenta de Aylwin fue aprobada por aclamación y se levantaron dos candidaturas: la de Rafael Agustín Gumucio y la de Jaime Castillo. Gumucio, obtuvo la mayor cantidad de votos, aunque sin conseguir los tres quintos exigidos por los estatutos del partido. El maestro Castillo pidió a la Junta que Gumucio fuese elegido por unanimidad. La mesa quedó integrada por Gumucio, Bosco Parra, Alberto Jerez, Julio Silva Solar y Sergio Fernández, 

Frei vs. el PDC

En la primera entrevista que Frei tuvo con la nueva directiva, les expresó: "La elección de ustedes -que en lo personal los estimo mucho- significa la peor derrota para mi gobierno. Ustedes pondrán toda su buena voluntad para entenderse conmigo, y yo les contestaré con la misma reciprocidad. Pero recuerden: todo será inútil. Terminaremos en franca y ostensible beligerancia". 

El 27 de diciembre se reunió el Consejo Nacional para analizar algunas discrepancias entre personeros del gobierno. El ministro de Economía, Edmundo Pérez Zújovic, había pedido la renuncia al gerente del Servicio de Cooperación Técnica, Sercotec, Pedro Felipe Ramírez, por ciertos comentarios sobre el gobierno. El Consejo decidió censurar la decisión de Pérez Zújovic por 12 votos contra 2. 

 A fines de diciembre, tras la renuncia de Ramírez, hizo lo mismo Jacques Chonchol, vicepresidente del Instituto de Desarrollo Agropecuario, Indap, quien presidía, además, la Comisión Política -Técnica del PDC.

El 2 de enero de 1968 el Consejo Nacional llegó al siguiente acuerdo: “luego de requerir la presencia del ministro Pérez Zújovic por dos veces y ante la negativa de éste a concurrir, faltando de esta forma a un deber de militante, se acordó ponerlo a disposición del Tribunal de Disciplina". Pérez Zújovic les había enviado una carta donde les expresaba: "Me parece innecesario concurrir, puesto que el Consejo, sin oírme, solidarizó con Ramírez. Por lo demás, está próxima la Junta, donde nos veremos las caras". 

Por esos días también hubo intercambio de cartas entre Frei y Gumucio, discutiendo los temas que serían el plato de fondo de la Junta Extraordinaria prevista para los días 6 y 7 de enero en Peñaflor. 
En una de las misivas, Gumucio le espetó que la actual mesa del partido creía que Frei "quiere asumir la Presidencia de la República y simultáneamente la jefatura del partido". 

Frei le respondió: "No sólo no pretendo; rechazo un PDC incondicional. El militante -alto o bajo, de la confianza o no del Presidente- no sólo no tiene el derecho a disentir; tiene el deber de manifestar su opinión, mientras una idea o un proyecto está en elaboración. Pero, inmediatamente que el ejecutivo resuelve una línea de conducta, el militante tiene el deber de hacerla suya y defenderla. Si le quedan dudas, a lo único que podría aspirar es a manifestarlas en los organismos internos y responsables. No pretendo ser Presidente de Chile y del PDC; sería fatal y ciego. Pero tengo derecho a exigirle a mi partido que elija una directiva que se entienda conmigo, y cuando se llega a un punto muerto, el que debe adoptar la decisión (y la responsabilidad) debe ser el Presidente de la República". 

Al iniciarse la Junta, Rafael Agustín Gumucio afirmó que "la subordinación del partido al gobierno significaría anular y debilitar por completo al partido". Luego abordó tres puntos principales: Primero: Derecho a huelga, opinando que las huelgas no pueden suprimirse por ley o decreto. Segundo: Política de reajuste, manifestando que debía reducirse el fondo de capitalización por ser impopular; y Tercero: entregó el pleno apoyo de la mesa a Pedro Felipe Ramírez y a Jacques Chonchol.

Aquella noche, de madrugada, apareció Frei, quien se dirigió al estrado y pronunció un breve pero emotivo discurso. Sus partidarios recuerdan aquel episodio como una de las intervenciones más intensas del mandatario la que, finalmente inclinó la Junta a su favor. En la mañana comenzaron a votar. La supresión del derecho a huelga fue rechazada por 237 votos contra 235. En cambio la política de reajustes (diseñada por Sergio Molina, Bernardo Leighton, Carlos Massad, Andrés Zaldívar, Manuel Marfán y Jorge Cauas) fue aprobada por 278 contra 202, provocando la renuncia de la mesa. 

Se procedió a elegir una nueva directiva, quedando como presidente Jaime Castillo; Tomás Reyes en la primera vicepresidencia; Fernando Sanhueza en la segunda; José de Gregorio como secretario general; y, Carlos Garcés, como tesorero. En ese instante un importante sector de la juventud, dirigido por Rodrigo Ambrosio, se retiró en señal de protesta. 

En los días siguientes, por primera vez, los diputados del PDC no votaron en bloque en el Parlamento. Finalmente, el ministro Pérez no fue sancionado, Chonchol retiró su renuncia y los diputados que no acataron la orden del partido tampoco fueron sancionados. Todo pareció calmarse. 

El 14 de febrero, Frei reestructuró su gabinete nombrando a Edmundo Pérez Zújovic en Interior; Andrés Zaldívar, en Economía; Raúl Sáez, en Hacienda; William Thayer, en Justicia; Máximo Pacheco, en Educación; Eduardo León, en Trabajo; Gabriel Valdés, en Relaciones Exteriores; Juan de Dios Carmona, en Defensa; Juan Hamilton, en Vivienda; Sergio Ossa, en Obras Públicas; Alejandro Hales, en Minería; Ramón Valdivieso, en Salud; y, Hugo Trivelli, en Agricultura. 

Los nuevos nombres, especialmente el de Pérez Zújovic, provocaron urticaria entre los rebeldes y chascones

En julio se reunió la Junta Nacional de la Juventud Demócrata Cristiana (JDC) con la participación de 120 delegados. El presidente saliente, Rodrigo Ambrosio, formuló duras críticas al gobierno y luego identificó a tres sectores dentro del partido: el oficialista, al que calificó de "divorciado permanentemente del Partido y de su programa"; los de la antigua Falange, a los que trató de indefinidos; y a los de avanzada "que están por la vía no capitalista". 

Luego se pronunció por la bipolaridad política para las siguientes elecciones presidenciales, manifestando: "para la campaña presidencial del '70, deben desaparecer del mapa las alternativas centristas o terceristas que encubren, distorsionan y amortiguan la vida social real del país". Ambrosio fue ovacionado y el sector rebelde se impuso por 156 votos contra 74, asumiendo Enrique Correa como presidente de la JDC. 

Las críticas de Ambrosio y Correa no pararon allí. Poco después llamaron a una conferencia de prensa donde criticaron al gobierno y al PDC.

Jaime Castillo, Fernando Sanhueza, José de Gregorio y Elías Bruguere, les respondieron duramente. Castillo señaló: "Ambrosio y Correa tan admiradores de la disciplina y del celo que existe en el Partido Comunista, donde la ropa se lava en casa, ellos llamaron a una conferencia de prensa -que la directiva prohibió- para mostrar nuestras reales o supuestas mugres a todos los redactores políticos. Los diarios de oposición no necesitan esforzarse para conocer nuestros problemas más serios y confidenciales. Sus 'corresponsales' militan en nuestras propias filas y no en cargos 'subalternos'".

El Tribunal de Disciplina los iba a expulsar. A última hora Leighton, Tomic, Reyes y Gumucio lograron evitarlo. Los acusados dieron explicaciones, pero a la salida, nuevamente enfrentados a la prensa, las negaron e incluso uno de los dirigentes "rebeldes" sentenció: "Constituimos un partido dentro del PDC. Sólo esperamos el momento de repetir el mismo gesto de los falangistas en 1939. Ellos rompieron con el Partido Conservador. Nosotros nos iremos con los mejores cuadros juveniles, sindicales y parlamentarios de la DC". 

El 3 de agosto de 1968 se reunió la Junta Nacional para elegir una nueva directiva en medio de una gran tensión entre rebeldes y oficialistas. Edmundo Pérez Zújovic convenció a Jaime Castillo para que fuese a la reelección y asestar un duro golpe a los rebeldes

Los descontentos amenazaron con levantar la candidatura de Chonchol, que podría derivar en la ruptura del PDC con el gobierno. Lo anterior se agravaba por una serie de conflictos tangenciales entre Leighton y Pérez, entre Pérez y Renán Fuentealba y entre Pérez, Zaldívar y Carmona en contra de Chonchol. 

Chonchol leyó un voto que fue considerado injurioso por muchos de los presentes y que casi deriva en un pugilato generalizado. Pérez Zújovic anunció que presentaría su renuncia. El voto fue rechazado por Aylwin, Leighton y Fuentealba. Finalmente se tranquilizaron y surgió una mesa de transición presidida por Renán Fuentealba; Bernardo Leighton en la primera vicepresidencia; Eduardo Cerda en la segunda vicepresidencia; José de Gregorio como secretario general y Carlos Garcés como tesorero. 

Terminada la Junta, Pérez Zújovic presentó su renuncia a Frei, quien se la rechazó y ordenó que fuera despedido Jacques Chonchol de su cargo de Indap. La mesa del partido tuvo que convencer a Frei para que desistiera de su intención.

En las elecciones parlamentarias del 2 de marzo de 1969 el PDC redujo su representación en la Cámara de 82 a 55 diputados. Sin embargo, aumentó sus senadores de 12 a 20. La nueva cara de la derecha, el Partido Nacional, aumentó sus diputados de ocho a 33, aunque disminuyó sus senadores de siete a cinco. 

Aún no terminaban los análisis de las elecciones cuando una toma de terrenos en las cercanías de Puerto Montt, en un lugar llamado Pampa Irigoin, terminó en violentos incidentes entre carabineros y pobladores. Ocho pobladores murieron y más de 50 resultaron gravemente heridos. 
La JDC y la Democracia Cristiana Universitaria, DCU, culparon a Pérez Zújovic. "Este nuevo acto represivo del gobierno no es sino la consecuencia de una política cada día más alejada y contraria a los intereses populares, que necesita, por tanto, imponerse cada vez con una mayor cuota de autoritarismo... ", declararon los jóvenes en un comunicado. Pidieron la salida inmediata de Pérez Zújovic y recibieron el apoyo de Gumucio, Alberto Jerez, Vicente Sota y Julio Silva Solar. 

La dirección del PDC reaccionó de inmediato desautorizando la declaración de la JDC y anunciando que sus responsables serían pasados al Tribunal de Disciplina. 

A mediados de abril de 1969 el PDC inició una nueva Junta Nacional. Tras aprobarse la cuenta de Fuentealba, éste manifestó que a su juicio el partido debía levantar un programa no capitalista, de apertura hacia la izquierda en una fórmula de unidad popular

La DC de Tomic

Luego intervino Tomic: "He tratado de definir mi posición ante el 70 en una fórmula honesta, consecuente y clara: ¡Si no hay unidad popular no habrá candidatura Tomic! Es honesto, porque yo personalmente estoy convencido que sin la participación a fondo de las fuerzas sociales y de las fuerzas políticas capaces de comprometer a las capas profundas del pueblo en un muy duro esfuerzo revolucionario, es imposible dar solución a los mayores problemas de Chile y evitar el desplome institucional a corto plazo". 

Tomic aseguró respetar "a los que son partidarios de repetir en 1970 la estrategia del camino propio con el Partido solo". Señaló, sin embargo, que "no comparto esa posición. No aceptaría encabezarla por ningún motivo". A su juicio, la tesis del "camino propio" estaba basado en un mito, "el mito de que en 1964 rompimos todos los esquemas y ganamos solos". 

Luego de las discusiones, se llegó a la redacción de dos votos. Patricio Dooner los recuerda detalladamente en su libro Cambios Sociales y Conflicto Político: El voto de la mesa (apoyado por terceristas y rebeldes) planteaba el siguiente camino: "l. Rechazo de cualquier entendimiento posible, directo o indirecto, con la derecha; 2. Rechazo de una posición de aislamiento de la Democracia Cristiana; 3. El Partido Demócrata Cristiano afirma el objetivo de la unidad popular, entendiéndola como una concertación estrecha de voluntades que integre a todos los sectores del pueblo y de la clase media progresista. Para posibilitar este camino la Democracia Cristiana está convencida de que la unidad del pueblo debe ser planteada sin otra perspectiva que el bien de Chile y de su pueblo, sobre un claro acuerdo programático que haga homogénea la tarea nacional, deponiendo todo sectarismo o actitud pequeña. En todo caso, la DC declara que luchará con entera lealtad para hacer que un hombre de sus filas tenga el honor de encabezar esta tarea". 

El otro voto, apoyado por el sector oficialista, planteaba lo siguiente: "l. La Democracia Cristiana se propone seguir dirigiendo el país para consolidar, profundizar y completar el proceso de cambio social y desarrollo económico; 2. Bajo la actual administración se ha traspasado el poder de las minorías privilegiadas a las mayorías populares; 3. La voluntad mayoritaria del pueblo exige proseguir las tareas iniciadas y empezar otras que satisfagan los anhelos colectivos de progreso, justicia y libertad. 4. Para satisfacer estas aspiraciones es indispensable avanzar en la sustitución de las estructuras capitalistas, que sería una vía de desarrollo no capitalista ni colectivista adecuada a la realidad chilena. El voto proponía, además, que la Junta llevara candidato propio a la Presidencia, el que debía ser proclamado en los siguientes 60 días y rechazaba, por una parte, "toda posibilidad de entendimiento con el Partido Nacional" y por otra "la tesis del Frente Revolucionario" por ser esta última "incompatible con la existencia del partido". 

Esta última posición, encabezada por Patricio Aylwin y Jaime Castillo, rechazaba la tesis de unidad popular por considerar una maniobra de los partidos de izquierda para quebrar a la DC. Sostenían, en cambio, que con el "camino propio" no se corría ese riesgo y, además, quedaban abiertas las puertas para un posible entendimiento futuro con la izquierda. Incluso, Castillo llegó a sostener que era la izquierda la que no tenía muchas alternativas y que así como "en 1964, la derecha votó por Frei por miedo a Allende; en 1970, la izquierda votaría por un DC por miedo a Alessandri". 

Se impuso la de los oficialistas por 233 votos contra 215. En seguida renunció la mesa y un grueso sector del tercerismo abandonó el lugar. La nueva directiva elegida quedó integrada por Jaime Castillo, presidente; Juan Hamilton, primer vicepresidente; Manuel Fernández, segundo vicepresidente; Claudio Huepe, secretario general; y Carlos Garcés, tesorero. 

Estaba apunto de nacer el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) para dar vida a la idea de una unidad popular con la izquierda. Mañana, el artículo al respecto...

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