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Miércoles, 1 de Diciembre de 2021
Entrevista

Alejandra Matus: “La prensa tradicional cuida a Piñera como se cuida a un rey que mete las patas”

Víctor Herrero A.

Alejandra Matus

Alejandra Matus
Alejandra Matus

En conversación con INTERFERENCIA, la periodista habla del periodismo cortesano y el silencio de los medios tradicionales respecto del llamado EnjoyGate, la libertad de expresión y hacia dónde va la prensa en Chile.

Alejandra Matus (55 años) pertenece al pequeño pero influyente club de los periodistas incómodos. El año pasado sus tuits periodísticos durante la pandemia fueron clave en desnudar que el gobierno estaba ocultando cifras e informaciones relevantes sobre el desarrollo de la enfermedad en Chile.

De dilatada trayectoria, inició su carrera a finales de la dictadura en la revista Hoy y la radio Nuevo Mundo. Desde 1990 se ha desempeñado en los diarios La Época, La Tercera, La Nación DomingoPlan B y The Clinic, entre otros. En Estados Unidos trabajó durante dos años en El Nuevo Heraldo, el brazo en español de The Miami Herald.

Es autora de numerosas investigaciones periodísticas y libros, entre ellos El Libro Negro de la Justicia Chilena (1999) cuya circulación estuvo prohibida en nuestro país hasta fines de 2001, Los Archivos del Cardenal (2011, co-autora), la biografía de Lucía Hiriart de Pinochet Doña Lucía (2013) y Mitos y Verdades de las AFP (2017).

Actualmente reside, junto a su familia, en Nueva York donde realiza una maestría en escritura creativa, y participa de los programas de actualidad Mentiras Verdaderas y Pauta Libre de La Red.

Hace unos días reveló, precisamente en las pantallas de ese canal, los vínculos y favores que existen entre la empresa que opera los casinos Enjoy y el presidente Sebastián Piñera. INTERFERENCIA conversó con la periodista para hablar de eso, del panorama general de la prensa y la libertad de expresión en Chile, y de cómo es hacer periodismo vía Twitter. Su cuenta @alejandramatus tiene, por cierto, casi 250 mil seguidores.

¿Por qué cree que la prensa tradicional no se ha hecho eco de sus denuncias sobre los nexos y favores entre Piñera y los casinos Enjoy?

Creo que esa respuesta la tendría que dar la prensa tradicional. Pero si me preguntas desde el punto de vista de la noticia, yo no veo ningún elemento que pudiera usarse para decir que no es noticia. Todos los elementos de la noticia que enseñamos y que nos enseñaron cuando entramos a las escuelas de periodismo están dados en este hecho.

"En los medios tradicionales observo dos cosas: uno, un excesivo oficialismo que, creo, se debe a que la elección de Piñera los representa, representa a los dueños de esos medios; dos, desde que este presidente quedó muy debilitado con la revuelta de octubre de 2019 veo en los medios un intento de cuidarlo, como se cuidan a los reyes que meten las patas".

Creo que ignorarlo habla mal de los medios, porque uno puede tomar la noticia desde distintos ángulos. Podrían por ejemplo entrevistar al presidente para que haga sus descargos; podrían buscar la misma información si les parece débil o imprecisa y encontrar esas debilidades e imprecisiones. No se trata necesariamente de que los medios tengan que replicar lo mismo que yo hice y darlo por verdadero, pero el silencio y la indiferencia frente a un hecho que evidentemente es noticia es sospechoso. 

¿Sospechoso en qué sentido?

Yo no puedo hacer juicios de cosas que no conozco. No he hablado con ningún editor ni he preguntado cuál ha sido la conversación en esas reuniones de pauta. Sólo me puedo hacer cargo de lo que veo, y lo que veo es un abandono de deberes periodísticos frente a este hecho. Porque si uno mira otras cosas que han aparecido en medios que se podría decir son alternativos, no tradicionales, uno ve las declaraciones de Izkia Siches que también aparecieron en un medio alternativo (podcast La Cosa Nostra) y fueron replicadas de inmediato. Entonces, no encuentro un argumento periodístico para ignorar estos hechos. 

Especulando, los motivos para ignorar este tema podrían ser de índole política o empresarial.

Claro, si uno especulara podrían ser políticos, empresariales; podría ser también temor a molestar, a incomodar. Podrían ser mil cosas, pero como no las sé y no las he reporteado, no me puedo hacer cargo de eso. 

Usted está viviendo en Nueva York y cuando uno vive afuera a veces ve las cosas que pasan en Chile con una cabeza más fría. ¿Cree que los medios, por lo menos la prensa tradicional, ha sido demasiado temerosa o condescendiente con el presidente Piñera?

Desde los medios tradicionales -los consorcios de prensa escrita como El Mercurio o La Tercera y los canales de propiedad de empresarios chilenos- yo lo que veo son dos cosas: uno, un excesivo oficialismo que yo creo se debe a que la elección de Piñera los representa, representa a los dueños de esos medios quienes le tienen simpatía política; y por otro lado, que este presidente quedó muy debilitado con la revuelta de octubre de 2019 y veo en los medios un intento de cuidarlo, como se cuidan a los reyes que meten las patas y entonces la corte trata de ignorar o suavizar esos errores para que no caiga.

"La prensa tradicional todavía mantiene algo de su predominancia, sobre todo de marcar la conducta de los poderes institucionalizados. Pero está mucho más debilitada por la multiplicidad de medios que han aparecido".

Eso es lo que veo, un oficialismo, sí, pero un oficialismo además sobreprotector. Como si cualquier crítica o poner en duda la información oficial lo fuera hacer caer.

Hace poco más de 20 años tuvo que irse de Chile después de que se le aplicara la Ley de Seguridad Interior del Estado y una acción judicial por “desacato” por su Libro Negro de la Justicia Chilena, cuya circulación estuvo prohibida por más de dos años en nuestro país. Comparado con esa época, ¿cómo ve la situación de la prensa hoy? ¿Estamos mejor que hace 20 años, estamos peor? ¿Qué ha cambiado?

Lo que pasa es que esto no es lineal. Por ejemplo, creo que en los primeros años de democracia la prensa estuvo muy activa y había un pluralismo de facto que estaba dado por la prensa que había sobrevivido a la dictadura y que llegaba, diría yo, optimista al nuevo régimen. Porque todavía no se había consolidado eso que hemos llamado de manera abstracta los pactos de la transición. Todavía los medios hacían más de lo que se les permitía o de lo que se les iba a permitir después. Todavía no cerraban nadie. Y bueno, en ese ecosistema El Mercurio y La Tercera también ampliaron su pauta periodística, adecuándose porque si no salían siempre golpeados. Era casi una reacción natural, aunque llevaran otras perspectivas y otra manera de enfrentar la misma noticia. El caso Letelier, la violación a los derechos humanos empezaron a aparecer en esos diarios y en todos los canales.

Pero, paulatinamente, empezaron a llegar estas señales; como por ejemplo la petición de Patricio Aylwin para que se pospusiera el reportaje sobre Michael Townley, la reacción de La Moneda después del cuartelazo y el boinazo en contra de La Nación… porque recordemos que esos movimientos se generaron por publicaciones periodísticas. Y ahí, paulatinamente se empezó a asfixiar la pauta periodística, acompañada del cierre paulatino de todos esos medios.

Recordemos que en la década del 90 todavía no había internet, no había medios digitales, no había nada. Entonces, era mucho más fácil el control de los contenidos. Y yo creo que hacia 1999 - sin que nos diéramos cuenta porque yo esto lo analizo mirando para atrás - resultó súper sintomático que cuando Pinochet es arrestado en Londres, ese mismo año murió el diario La Época; y murió antes del arresto de Pinochet.

Entonces, ¿quién cubrió el arresto de Pinochet y el debate diplomático de si había que traerlo o no? Los medios tradicionales, El Mercurio y La Tercera, los únicos dos diarios que pudieron circular durante la dictadura. Creo que ese fue el momento más bajo, porque no había Internet, había medios alternativos que estaban recién empezando a patalear como El Mostrador, The Clinic y un par más. Pero la prensa tradicional era en general todavía muy fuerte. La prensa escrita y los canales eran muy fuertes, tenían mucha plata. Entonces el control informativo y la falta de pluralismo era súper evidente.

"Estar apaleando y apresando periodistas que están cubriendo la marcha, independientemente de cuál sea su línea editorial y su tamaño, es un acto que atenta contra la libertad de expresión, atenta contra las libertades democráticas y contra el derecho de la población a estar debidamente informada".

Creo que ese fue el punto más oscuro. Después empiezan paulatinamente a pasar cosas. Primero, la derogación de estas leyes de desacato, la de seguridad nacional. Empezaron a abrir el espacio para que la justicia se reformara y empezaran juicios por otras cosas que antes no se juzgaban. Además la aparición de Internet fue paulatina y lentamente abriendo el espacio hasta hoy día.

Hoy día la prensa tradicional todavía mantiene algo de su predominancia y su capacidad de marcar agenda, sobre todo de marcar la conducta de los poderes institucionalizados, pero está mucho más debilitada por la multiplicidad de medios que han aparecido. Medios que, a pesar de su precariedad, igual compiten en la pauta, ponen temas, difunden información y cada vez son más preferidos por las audiencias. Entonces en medio de la ola de transformación social y política, también está surgiendo una prensa que se hace cargo de esos anhelos y de esa necesidad informativa de la mayoría de la población en Chile.

En el mundo televisivo es el camino que parece haber tomado La Red, aprovechando un cierto vacío que dejaron los canales grandes. Más allá de que usted es panelista en ese canal, ¿le parece que eso marca un poco el camino hacia dónde está yendo el periodismo?

Sí, yo creo que sí. Uno lo puede comparar con los años finales de la dictadura, guardando por supuesto las proporciones, cuando se debilita Pinochet, lo que lo obliga por distintas razones a permitir la circulación de la llamada prensa opositora. Y no era una prensa opositora muy musculosa en términos de recursos. Vivía de el apoyo internacional, y todos los que trabajamos en ese tiempo sabíamos que a veces no te pagaban el sueldo, se vivían mil precariedades. Pero era una prensa potente y que ponía temas. O sea, la casa de Lo Curro no la pudo evitar Pinochet y Lucía Hiriart por un artículo que salió en la revista Cauce. Uno podría decir que la Cauce es hoy día lo que puede ser Interferencia o cualquier medio digital. Entonces se creó esa zona de influencia periodística a pesar de la voluntad autoritaria y de censura que existía en ese tiempo.

"El llamado a Miami es un intento por controlar la información que se difunde en La Red. Lo democrático sería hacerse cargo de las acusaciones. Eso es la conducta democrática, no tratar de silenciar".

De manera similar, me parece que hoy la estructura política autoritaria que se mantuvo durante todo este tiempo y que mantenía de alguna manera el orden en el cual crecieron y se fortalecieron los medios tradicionales ha llegado a su fin. Y en medio de la debilidad de Piñera, y no solamente la de él, sino que en la debilidad de esta estructura política, emergen y se fortalecen la multiplicidad de medios y experimentos mediáticos que están dando vuelta, a pesar de todas las faltas de recursos. Creo que eso es sintomático de un cambio de era que está comenzando, pero que es irreversible. O sea, puede ser reversible con un golpe de autoritarismo, pero espero que eso no ocurra.

Algo de ese autoritarismo se ve para con la prensa alternativa, en especial hacia la más activista y documental, como Piensa Prensa o la Señal 3 de La Victoria, que cubre las marchas y la violencia policial y que muchas veces es agredida por Carabineros. El gobierno nunca se ha pronunciado al respecto y eso, al menos para mi, es un síntoma preocupante. En mi opinión estamos hablando de que estamos frente a una autoridad que no está interesada en un pluralismo de medios de comunicación. Más bien al revés, hacen esfuerzos por acallar, por frenar, por ahogar. ¿Cuál es su opinión?

Todas las conductas que tú mencionas son conductas autoritarias y antidemocráticas. Estar apaleando y apresando periodistas que están cubriendo la marcha, independiente de cuál sea su postura, su línea editorial y su tamaño, es un acto que atenta contra la libertad de expresión, que atenta contra las libertades democráticas y contra el derecho de la población a estar debidamente informada.

Es lo mismo que el llamado a Miami para tratar de controlar la información que se difunde en La Red. Lo democrático sería hacerse cargo de las acusaciones. Salir a decir ‘mira esto es falso o esto es verdadero’, lo que sea. Eso es la conducta democrática, no tratar de silenciar. Pero a mí me parece que en esos intentos de silenciar a un canal chico en tamaño o influencia frente a los otros, y sobre todo castigar a la prensa alternativa que cubre las marchas - porque ellos han logrado capturar imágenes que son inconvenientes que se sepan - es un castigo intencional. No es casual que eso les ocurra. Pero también me parece revelador de la debilidad del gobierno, un gobierno que está confiado en su fortaleza no se molestaría en tratar de acallar a la Señal 3 de La Victoria. Si lo hace, la razón es porque se siente en peligro.

Aunque tiene una larga trayectoria, mucha gente comenzó a conocer su nombre con la cobertura vía Twitter que hizo durante los primeros meses de la pandemia. ¿Cómo ha sido ese proceso? ¿Cómo se le ocurrió empezar a periodismo vía Twitter desde Nueva York para ‘golpear’ en Santiago?

Se me ocurrió por simple hábito. Yo uso Twitter desde 2009 me aparece. Es como una herramienta de difusión periodística. Cuando empezó la pandemia, desde febrero empecé a tuitear cosas de la pandemia pensando para Chile, porque además coincidió que estaba acá (Nueva York). Porque veía que nadie prestaba mucha atención, y con razón, porque veníamos saliendo de la revuelta. Nadie estaba muy interesado en ver lo que estaba pasando en Wuhan. Pero claro, entonces hacia de febrero publiqué la compra de las bolsas mortuorias en los servicios de salud en Chile... Y como en todos estos procesos, al final se producen procesos de colaboración colectiva. No es que toda la información me la consiga y se me ocurrió en un acto de genialidad. Sino que a partir de esa información me llegó otra, que verifiqué y se reporteó. Y entonces empecé a publicar información sobre el cuello de botella en el Instituto Salud Pública con el tema de los test.

Me parecía que el tema de los test estaba súper sub-representando el nivel de contagio y bueno, y saltar del número de contagios al número de fallecidos había un solo paso. Yo ya había vuelto a estudiar cuando escribí los primeros tuits, estaba como en un proceso de receso. Entonces volví a mis clases y ya estaba como tratando de despegarme del tema, pero me llegaban peticiones de gente. Me decían: ‘oye, ¿cómo podemos saber lo de los muertos?’ Y yo encontré esta cuestión que hace el New York Times de calcular el exceso de muertos. Hay que tener el registro de los muertos diarios, pero me decían: ‘No se puede, porque no están los datos, no se consiguen’. Entonces me puse a buscar la información de los muertos diarios y efectivamente no estaba en ninguna parte. Y ahí, me conseguí con una fuente antigua los datos de la muertes de marzo en una serie de diez años, y eso me permitió, con la ayuda de mi hermano, hacer el cálculo del exceso de muertes para marzo de 2020 respecto del promedio de los últimos cinco años. Y bueno, salió esa cifra enorme de diferencia de muertes o muertes por encima de lo normal que reflejaban un impacto de la pandemia muy diferente al que estaba mostrando el gobierno.

"Los intentos por castigar a la prensa alternativa que cubre las marchas - porque han logrado capturar imágenes que son inconvenientes que se sepan- es un castigo intencional. No es casual que eso les ocurra. Pero también me parece revelador de la debilidad del gobierno; un gobierno que está confiado en su fortaleza no se molestaría en tratar de acallar a la Señal 3 de La Victoria. Si lo hace, es porque se siente en peligro".

Pero no fue una estrategia pensada meticulosamente. Fue para mí un Twitt más de lo que ya venía publicando. Lo que sí me sorprendió fue el impacto que tuvo. Y yendo al corazón de tu pregunta, esos hilos de tuits no fueron periodismo de investigación. No descubrí nada que alguien estuviera escondiendo, sino que fue un acto de periodismo informativo que debiera consistir cotidianamente en poner a prueba la versión oficial. Es buscar otras fuentes y contrastar lo que se dice. No es necesariamente acusando a nadie de nada, sino que simplemente mostrar que parece que hay otra forma de contar esto. Y claro, los países normales toman esa información, la procesan y cambian su mecanismos y métodos. La reacción del gobierno fue la que me hizo sospechar en realidad de que había algo más, de que no era un simple error o impericia, sino que había una decisión deliberada de ocultar y manejar esas cifras, como luego se demostró con el tiempo.

Mi impresión es que en los primeros meses de la pandemia la prensa fue, en general, muy condescendiente con las autoridades, limitándose muchas veces a reproducir las cifras y declaraciones oficiales. Entre las excepciones estuvieron Ciper y, casi como si fuera un medio, Alejandra Matus. ¿Cree que el periodismo avanza hacia un formato de periodistas más bien individuales que con sus herramientas, su trayectoria y su credibilidad, unido al uso de redes sociales, se convierten en una suerte de medio de comunicación?

Bueno, no es un fenómeno nuevo. Y no creo que sea muy distinto tampoco de lo que ocurría en el pasado. Lo que pasa es que nosotros vamos perdiendo de vista la historia, pero El Mercurio por mucho tiempo fue el diario de Agustín (Edwards). La Época era el diario de Emilio Filippi. Entonces creo, que no es tan distinto del pasado. Pero sí creo que las barreras de entrada ahora son distintas. Si yo en el pasado hubiera querido fundar un medio, hubiera tenido que levantar no sé cuántos millones de dólares para hacerlo funcionar. Porque había que tener imprenta, papel. Y bueno, mi experiencia más cercana con eso fue Plan B, que fue una tortura.

Pero en estos tiempos yo creo que van a convivir los dos formatos. Si uno mira la experiencia de los jóvenes, veo a mi hijo que sigue a YouTubers. El nombre del comunicador es importante, ellos le atribuyen ciertas características y los siguen. No significa que esa persona haga toda la pega solo, y a la medida que crece, va incorporando y van creciendo los equipos. Pero sí creo que ningún periodista individual puede reemplazar el trabajo de una sala de prensa. El trabajo periodístico bueno se hace en equipo y con muchas personas pensando colectivamente y haciendo colectivamente distintas cosas.

Hoy en Chile se habla mucho de prensa alternativa. ¿Cómo la definiría? ¿Es simplemente un tema de tamaño, de recursos económicos?

Yo creo que son apelativos siempre discutibles, ¿no? ¿Alternativo a qué? Es como que hubiera algo que es central y lo alternativo contiene esa idea de marginalidad. Yo lo uso, en el fondo para no estar siempre en esta discusión. Pero creo que lo que estamos presenciando es el nacimiento de un nuevo sistema mediático.

Y esto no tiene que ver sólo con la crisis política e institucional de Chile, sino que con la crisis de los medios en el mundo. La revolución digital va a ir modificando el formato, la experiencia, y las maneras de comunicar. Por ejemplo, es posible que lo local y micro local tenga su propio medio. Ya no necesitamos un gran medio nacional que cubra todas las cosas. Porque no puede, primero, y segundo, porque cada localidad reclama su identidad, sus propios intereses, los pueblos originarios o las temática feministas, lo juvenil. Hay una multiplicidad de voces que se tienen que escuchar en distinto momentos y con distinta intensidad.

"Para esos periodistas que son rostros es mucho más difícil tomar la decisión de irse de su medio (por razones de conciencia o editoriales), porque ganan sueldos híper inflados, pero sólo si se mantienen como rostro. Una vez que el rostro asume una opinión política se desvaloriza en Chile. No es casual que se les llame rostro y no cabezas o corazón".

Veo que ese nuevo sistema mediático está naciendo antes que se adopte ninguna política. Antes de que se resuelva, por ejemplo, la Constitución, si vamos a tener prensa pública o no, ¿cómo va a ser? Antes de eso ya nació este nuevo sistema. Y no creo que vaya a desaparecer. Yo creo que sólo se va a fortalecer.

Por ejemplo, está lo que ha hecho Miguel Paz para que podamos solicitar colaboraciones de las audiencias.  Eso puede ser insuficiente, pero igual son experiencias de autofinanciamiento y sustentabilidad al margen de los modelos tradicionales, como el modelo de publicidad, que ya está quebrado por cierto.

Por cierto, INTERFERENCIA usa Reveniu, el modelo de Miguel Paz, que efectivamente ha sido una muy buena herramienta para obtener y ordenar los flujos de ingresos.

Estos modelos de financiamiento por contribución de audiencia son una manera independiente y sustentable que se van a ir complementando con otras cosas. Un nuevo sistema mediático, que está naciendo adaptado a las tecnologías del presente, y no tratando de crear medios financiados por grupos políticos o con mucha plata, porque además son muy caros. 

Caros y con ciertas restricciones en cuanto a la libertad editorial. 

Claro, yo creo que también las lógicas periodísticas cambian. Cuando yo estoy haciendo algo y lo saca otro medio, siento alivio porque digo: otro lo hizo, puedo dedicar mi tiempo a otra cosa. No es la lógica del pasado, de que ‘oh, me golpeó’ y la depresión del golpe. La información llegó al público. Fin, ahí está. Todos tenemos capacidades limitadas y no podemos gastar esa capacidad en tratar de cubrir todo y tratar de golpear. 

¿Cree que los periodistas tenemos ese altruismo de informar a los ciudadanos desinteresadamente?

No quiero que suene a defensa corporativa, pero a todos los periodistas que conozco les gustaría hacer esta pega que hace el periodismo independiente. Periodistas en El Mercurio, en TVN, pero algunos están en medios en que esto no se puede hacer. A mí en lo personal no me gusta ponerme en un altar y criticar a los que hacen otra cosa. No soy quién para decir que un periodista que está haciendo periodismo de autos es mejor que yo, o yo soy mejor que él.

A mí me parece la responsabilidad no recae tanto en periodistas individuales, como en los medios de comunicación. Ellos prometen a sus audiencias hacer cosas que no hacen, y deberían hacerse cargo. Que un periodista actúe de una manera o no, yo no soy quién para criticarlo. Hay personas que se corrompen, como en el pasado que había periodistas que recibían pagos de la DINA. Eso sí ocurre y seguirá ocurriendo, pero esos periodistas y sus conductas no me parece que sean algo masivo. Los periodistas hacen su trabajo en un sistema mediático que está híper concentrado. Es lo que hay. 

Durante el estadillo social hubo despidos en los medios que claramente tenían una orientación editorial ideológica. Sin embargo, que yo sepa, ninguno de los grandes rostros o figuras del periodismo dijo: 'sabe qué, la cobertura que está haciendo el medio en el que trabajo va en contra de mi conciencia, no puedo seguir'. 

Cuando tú tienes un sistema mediático saludable y tú renuncias por razones de conciencia, pero sabes que vas a encontrar pega, que no vas a ser calificado de conflictivo por haber tomado esa decisión, es más fácil tomar decisiones de conciencia. Pero cuando una decisión te va a costar la carrera de por vida y vas a pasar a este segmento de periodistas que hacemos cosas, pero a veces nos contratan, pero después no, no es fácil.

Chile no tiene un sistema mediático sano, ni diverso, ni masivo, ni plural. Por supuesto, yo esperaría que alguna gente lo hiciera. Los rostros de televisión yo no los considero periodistas, porque no ejercen esa labor. Para esos periodistas que son rostros es mucho más difícil tomar la decisión de irse, porque ganan sueldos híper inflados, pero sólo si se mantienen como rostro. Una vez que el rostro asume una opinión política se desvaloriza en Chile. No es casual que se les llame rostro y no cabezas o corazón; se les llama rostro porque son una cara. En todo caso, yo he conocido casos de periodistas que renuncian y se van por razones de conciencia, y a veces se van a la casa no más. Pero como no son rostros, no conocemos sus nombres. 

Si volviera a Chile y le ofrecieran un cargo directivo en La Tercera o El Mercurio, ¿lo aceptaría?

Lo aceptaría encantada, porque si La Tercera y El Mercurio me ofrecen un cargo de dirección, significa que me están contratando para que yo aplique mi filosofía periodística. No me están contratando para que yo haga lo que ellos hacen. Yo trabajé en La Tercera, pero nunca más me volvieron a llamar. Y en El Mercurio nunca me han ofrecido trabajo, porque saben que mi filosofía respecto de la labor no es compatible con su filosofía editorial, pero si ellos dijeran vamos a contratar a la Alejandra Matus porque vamos a cambiar esta cuestión, yo feliz, yo no me auto veto. Si ellos me vetan es cosa de ellos.

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Comentarios

Comentarios

Gran columna. Con criterio y de sentido de realidad respecto de lo que pasa hoy en Chile y que además, viene desde la Dictadura. Nombrar a la revista Cause, me hizo recordar esos años oscuros y en que esos medios nos representaban y en los que podíamos encontrar información de objetiva y veraz. es lo que nos están entregando ahora los medios como Vía X, La Red, El Mostrador, Interferencia, El Desconcierto, Piensa Prensa, radio U de Santiago. Felicitaciones por el reportaje y en especial a la Matus por su agudeza y valentía en poner los temas relevantes en discusión. Como dice ella, no es que tenga la verdad absoluta, es la opción de conocer una noticia y poder devatirla

Buenísimo

Muy buena entrevista, seca Alejandra.

Grande Alejandra, siga con su pensamiento y su filosofía sobre el periodismo, felicito a interferencia por sus publicaciones y sus entrevistados

Quiero registrarme

Excelente

Excelente trabajo que ayuda a combatir LA IGNORANCIA que es causa de muchos males en Chile y más aún con un periodismo que es bastante de tono menor, por no decir hasta mediocre. No creo que sean tan mediocres los jóvenes periodistas, las razones radican en los dueños de los medios, pero en su IGNORANCIA están convencidos que existen pocos MEDIOS CREIBLES como los que han sido mencionado anteriormente y otras formas de comunicación. Un buen ejemplo es el famoso enemigo poderoso que combatía Sebastián Piñera, pero uno de los enemigos poderosos era él mismo que en plena pandemia aumentó su patrimonio de 2.600 a 2.900 millones de dólares; segundo lugar; tercer lugar, el yerno del dictador que de 1.700 a 3.600 millones de dólares y todo en plena pandemia. Información de la revista Forbes. Nadie a negado nada. Si hasta el exministro de hacienda Ignacio Briones dijo que Ponce Lerou, yerno del dictador en los EEUU. estaría preso. ¡Adivinen!, ningún comentario en los diarios en los diarios, con excepción de los mencionados.

Magnífico reportaje. Alejandra Matus, valiente y verdadera!

Gracias Victor y muchas gracias Alejandra.

Mis felicitaciones para Alejandra, por su permanente lucha para que el periodismo se realice con verdad y objetividad. Una mujer inteligente y valiente..

Muy buena entrevista. A.M., es una periodista necesaria para una sociedad informada, reflexiva y opina te.

Excelente entrevista y entrevistada. Felicitaciones

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