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Jueves, 15 de abril de 2021
Entrevista

“Bajo custodia”: Habla la codirectora del documental sobre Maicol Lara, niño de 4 años que murió tras ser castigado en el Sename

Maximiliano Alarcón G.

maicol

Luis Maicol Lara Álvarez.
Luis Maicol Lara Álvarez.

En conversación con INTERFERENCIA, Sofía Aliaga, quien también es coordinadora del observatorio de la Fundación para la Confianza, habló del estreno, la coincidencia con los hechos ocurridos en la residencia de Carlos Antúnez y la tramitación del proyecto de garantías de los derechos de la niñez, el cual está marcado por profundas diferencias entre parlamentarios.

El 29 de octubre de 2013, Luis Maicol Lara Álvarez (4 años) murió en un incendio que se produjo en la residencia de Aldeas SOS –dependiente del Sename–, en que vivía, esto en la ciudad de Antofagasta. Pudo sobrevivir, de no ser porque horas antes había sido encerrado con llave en una habitación a modo de castigo y a que las responsables de su cuidado en ese momento –Yanina Palacios Véliz y Carla Albornoz Salgado–, se habían ido del lugar.

El pasado 18 de marzo se estrenó el documental ‘Bajo custodia’, producido por la Fundación para la Confianza junto con Pimiento Films. Este cuenta la historia de este niño a través de relatos de su madre y su hermana. Además muestra el problema sistemático respecto de niños, niñas y adolescentes que han sufrido vulneraciones de derechos estando bajo la protección del Estado, presentando para esto los relatos de personajes relevantes como la defensora de la Niñez, Patricia Muñoz; el director de la Fundación para la Confianza, José Andrés Murillo; Edison Llanos, trabajador social y sobreviviente de un recinto del Sename, entre otros entrevistados.

La pieza audiovisual, disponible online en Matucana 100 hasta el 31 de marzo, es uno de los pocos trabajos que buscan rescatar la memoria de una de las víctimas de la desprotección estatal a los niños vulnerados. En entrevista con INTERFERENCIA, Sofía Aliaga, coordinadora del observatorio de la Fundación para la Confianza y codirectora del documental junto con Byron Oróstica, explica que buscan sensibilizar a la sociedad respecto de la situación en general pero a partir del caso de Maicol Lara.

La conversación en torno a la obra inevitablemente se torna contingente debido a la violencia sufrida días atrás por un niño en la Residencia Carlos Antúnez de Providencia, presuntamente a manos de Carabineros; pero también a raíz de la discusión durante esta semana del proyecto de ley de garantías de derechos de la niñez en el Congreso y que pasó a Comisión Mixta, el cual en la discusión dejó nuevamente muestras de la dificultad de llegar a acuerdos políticos en la materia. Sobre esto, Aliaga sostiene que el problema es que los congresistas piensan más en los derechos de los padres sobre sus hijos que en los derechos de la niñez.

- ¿Qué los motivó a contar la historia de Maicol Lara?

- Nosotros como equipo decidimos que su historia es un símbolo de muchos niños que pasaron por el Sename, en el sentido de que fue institucionalizado cuando quizás había otras opciones para él en lugar de derivarlo a una residencia del Sename; él estuvo mucho tiempo en una residencia, más que lo que cualquier niño debería estar; que su mamá era presente, siempre asistió a todas las sesiones que requería el tribunal de familia para recuperar a su hijo; y que de una forma trágica, a través de un castigo que se le impuso, derivó en su muerte. La misma madre dice en el documental, que a ella la pudieron haber ayudado, que ella quería cambiar. Ella tuvo adhirió absolutamente a los programas que el tribunal de familia dijo a los que tenía que asistir y aún así nunca le entregaron a sus hijos, a pesar de que Luis Maicol fue víctima de abuso sexual dentro de la residencia, ella pidió que se lo devolvieran y tampoco recibió la ayuda de los tribunales de familia. Lo que viene después de su muerte también es emblemático, porque la residencia no quiso hacerse cargo del fallecimiento del niño, nadie le preguntó a la familia después si necesitaban algo, no hubo preocupación por el hermano de Maicol tampoco, fue un abandono total del Estado.

- ¿O sea había otras historias similares?

- No era la única historia que queríamos contar, inicialmente queríamos contar dos historias, pero pasó que había mucha resistencia de las familias de conversar con nosotros. Desde un inicio supimos que íbamos a enfrentarnos a esto. Pasa que cuando un niño ingresa al sistema judicial a través de una orden de protección, la judicialización de estos casos es sumamente violenta con los niños y sus familias. Ellas no saben si quieres contar la historia desde la perspectiva de ellos o si quieres volver a juzgarlos. Por ejemplo, cuando buscábamos material de archivo encontramos un reportaje de Meganoticias el año 2013 después de que murió Luis Maicol, una entrevista extensa que le hacen a Sandra (la madre del niño) y a ella constantemente se le culpa, se decían frases como "si ella no le hubiese pegado quizás Luis Miacol ahora estaría vivo", ese tipo de cosas son muy estigmatizante con las madres. Finalmente cuando logramos que Kati (hermana de Luis Maicol) y Sandra accedieran a contar la historia, para nosotros fue muy gratificante, porque queríamos darles el espacio para que contaran lo que ocurrió según sus perspectivas, porque también son voces muchas veces silenciadas. 

- En el documental se ven más elementos que componen esta crisis, hechos como que su mamá también haya vivido en una residencia durante su infancia o las decisiones de los tribunales de familia respecto de los niños ¿Esto también es común en otros casos?

- Después de que murió Lissette Villa se empezaron a conocer muchos casos previos, de hecho el de Luis Maicol es previo. Cuando se abre esta caja de pandora uno empieza a visualizar cómo funciona este desbarajuste de instituciones que no logran acoplarse bien para hacer su trabajo de cuidar la infancia. Dentro del documental fuimos profundizando algunas cosas, por ejemplo, nombrabas que la mamá también estuvo en una residencia desde los 11 años en adelante, eso se repite, hay familias en donde abuela, mamá e hijo que han pasado por estas instituciones en un círculo que nunca se corta. También acá se mezclan dos cosas, los niños sufren una violencia bidireccional: primero está el adultocentrismo y por otra parte está el daño que causa el sistema patriarcal, en muchos sentidos, pero en el caso de la mamá de Luis Maicol, quien representa a muchas mamás de niños institucionalizados, se trata de hogares monoparentales donde el Estado pide muchísimo para que puedan recuperar a sus hijos, les piden que tengan un hogar, que tengan un trabajo, que los vayan a visitar en horarios que suelen ser de oficina, entonces las madres que están solas, sin apoyo, que tienen que trabajar para recuperar a sus hijos, muchas veces no los pueden ir a ver por estar trabajando, y por esto son castigadas frecuentemente. Es una violencia circular que no termina nunca y pareciera que nadie tuviera el interés real en intervenir y cambiar esto.

- Este documental es de lo poco que existe en cuanto a relatar una historia concreta sobre lo ocurrido en el Sename ¿Qué experiencia sacan para adelante?

- Es importante detenerse en que cuando se cuenten estas historias sea de forma correcta, con el respeto que se merecen las familias y la memoria de estos niños. Igual nos faltó tiempo, queremos seguir haciendo este tipo de productos, es necesario ir visibilizando lo que ocurre. Es fácil hablar de una cifra, fueron 1313 niños que murieron en el Sename, pero ¿Quiénes son? ¿Conocemos algo de ellos? Hay muchos vacíos. Si partimos de la base que ni siquiera el Sename tenía claro cuántos niños murieron dentro de sus programas y que ahora está la cuenta que entre 2005 y septiembre de 2020 van 1836 personas que han muerto, no solo niños, que estaban bajo el cuidado del Sename, falta conocer esas historias. Queremos sensibilizar a las personas, pero no con un tratamiento morboso, sino que contando la historia sin detalles innecesarios. 

- En el documental la periodista Carolina Rojas menciona que lo ocurrido en torno al Sename es una herida tan profunda para el país como lo ocurrido con el golpe de Estado y la dictadura ¿Ve que existe una urgencia en que se desarrolle un trabajo de memoria respecto de lo ocurrido en el Sename?

- Absolutamente necesario. Uno de los desafíos que queremos realizar en la fundación es en algún momento realizar algo similar al Informe Rettig pero con casos de personas que pasaron por el Sename, tanto de personas que fallecieron como de quienes sobrevivieron pero que fueron vulneradas, como Edison Llanos, uno de los protagonistas del documental, pero también con mujeres que hemos conversado y que fueron parte del sistema y cuyos relatos son desgarradores. El Estado de Chile nunca ha tenido una preocupación real sobre los niños, niñas y adolescentes, ni de los que son parte del Sename ni de los que no están dentro. Estos niños, que en algún momento estuvieron en algún programa del Sename y que ahora son adultos, quienes fueron abusados, víctimas de violaciones a sus Derechos Humanos, ahora son adultos con secuelas importantes y nadie se acerca, nadie se interesa en reparar. Hay algunas iniciativas de parlamentarios en hacer una comisión de justicia y reparación, pero no han sido bien recibidas, porque significa invertir y el Estado no quiere gastar plata en eso. A nosotros como Observatorio y como Fundación para la Confianza nos gustaría poder reunir estas historias y llevarlas a un informe, porque existen muy pocos antecedentes sobre lo que ocurrió, sobre todo entre el período entre 1979 y 2005, donde se saben algunas cosas por adultos que han relatado lo que les ocurrió en sus infancias.

- Hay un Estado que no cuenta lo que pasó y el documental es uno de los pocos ejercicios para saber ¿Cómo crees que la sociedad recibe estas historias?

- Lamentablemente creo que no hay mucho interés, eso es bien frustrante para quienes trabajamos en infancia y quienes tratamos de mantenerlo en agenda constantemente. De hecho Mónica Jeldres lo dice en el documental, que ocurre algo y a todos nos preocupa, pero después se nos olvida y es así constantemente. Como dice Edison Llanos, "los niños pobres y los que pasamos por el Sename sólo importamos cuando nos matan". Según Matucana 100 el documental lo han visto cerca de 150 personas, es poquísimo, pero nunca nos pusimos una meta de espectadores, aunque queremos que lo vea la mayor cantidad de gente posible. Vamos a tratar de ir a universidades, presentarlo virtualmente, que los vean jueces de familia, usarlo como una herramienta para sensibilizar. En general la sociedad en Chile no tiene una preocupación por los derechos de los niños, niñas y adolescentes, creo que hay muy poca gente que sabe cuáles son sus derechos y cuál es la responsabilidad de todos en esto. Si así fuera podríamos presionar realmente a las personas que toman decisiones.

- Fue una trágica coincidencia, pero a pocos días del estreno ocurrió el hecho en la residencia de Carlos Antúnez en Providencia ¿Cómo recibieron la noticia?

- Eso mismo sentimos, que fue una coincidencia trágica. Nos pasó algo bien raro, nos llamaron de Matucana 100 para hablar justo de esto, de la lamentable coincidencia. Nos dijeron "esto nunca nos pasa, estrenar un documental sobre un tema y que ese mismo tema sea noticia a los pocos días", pero les dije que si haces un documental sobre vulneración de derechos a los niños en el Sename es probable que coincida con alguna noticia de este tipo, porque cada cierto tiempo se da cuenta de hechos así, de niños explotados sexualmente en una residencia de Hualpén, otro que fue golpeado en una residencia de Peñaflor, lo que pasó en Carlos Antúnez, no son hechos aislados. Lo recibimos con rabia, con dolor, indignación y con la idea de que el documental es necesario que sea visto por la mayor cantidad de gente. El fin es mostrar lo que está pasando, mostrar la historia del niño que estaba en el Sename y falleció, esta es su mamá, esta es su hermana, ellas sufrieron. También aparece la defensora de la Niñez, Patricia Muñoz, José Andrés Murillo y la jueza Mónica Jeldres, quienes también cumplen una función educativa, para que la gente además de la sensación de injusticia entendiera porque funciona de esta forma el sistema.

- En el documental José Andrés Murillo habla del problema de que sigan los centros licitados a "colaboradores", se aprobó una ley el año pasado que no cambió esta lógica ¿Cree que hay esperanzas políticas en que se haga algo mejor?

- En la fundación pensamos que la ley del nuevo servicio no trae ningún cambio estructural a lo que es el Sename actual. En 2018 fuimos evaluados por el Comité de Derechos del Niño de la ONU y en sus conclusiones además de decir que en Chile se violaban los derechos de los niños que estaban bajo la protección del Estado, también hicieron una serie de críticas al sistema, como al sistema de financiamiento, en el cual el Estado a través de los privados se encarga de los niños. Actualmente cerca del 92% de los niños están en residencias manejadas por organismos colaboradores, mientras que quienes están en residencias administradas directamente por el Estado son muy pocos. El nuevo servicio trae como modelo estrella a estas últimas residencias familiares de administración directa, como la de Carlos Antúnez, las que van a atender como máximo a 15 niños o adolescentes, pero ahora vimos lo que ocurrió en esta residencia, lo que te da un indicador de que son distintas pero pasa lo mismo. Hay mucha presencia de Carabineros en estas residencias, los llaman para poder atender algún acto conflictivo. Tenemos un nuevo servicio que supuestamente viene a cambiar todo, pero para nosotros no es así, no cambia la estructura financiera, que sigue siendo esta subvención por cada niño que está ahí. 

- Ahora se está tramitando el proyecto de garantías...

- Chile es uno de los pocos países del mundo que no tiene una ley de garantías de protección integral para los derechos de la niñez. Chile se comprometió hace 30 años con tomar todas las decisiones administrativas necesarias para regular su sistema de leyes a lo que dicta la convención de los derechos del niño, pero aún no lo cambia. Lo que opinamos en varias organizaciones de la sociedad civil que trabajan por los derechos de la niñez y la adolescencia es que antes de haber sacado la ley de nuevo servicio es que existiera una ley de garantías y protección integral, ésta es el paraguas que cubre a todas las leyes que tienen que ver con infancia, además tiene un área muy importante que es la prevención, porque el nuevo servicio se hace cargo de los niños que ya fueron vulnerados en sus derechos, pero a través de la ley de garantías se pueden poner todas las energías en prevenir que estas situaciones ocurran, porque la idea es que los niños que sean vulnerados en sus derechos sean los menos posibles.

- ¿El proyecto que se tramita crees que será efectivo?

- Sí sirve. Este proyecto lleva cerca de 15 años tramitándose, pero la ley de garantías se está discutiendo hace 25 años en el Congreso y nunca se ha logrado un acuerdo. El proyecto de ahora ha sufrido un montón de cambios, cuesta mucho que los parlamentarios se pongan de acuerdo. La falta de acuerdo pasa porque algunos sectores creen que algunos de los principios de esta ley van en contra de la familia, estoy hablando de estos grupos como 'Con mis hijos no te metas', quienes dicen que esto afectaría el derecho y deber preferente de los padres de educar a sus hijos, lo que es falso, de hecho en el proyecto se menciona. Pero hay tópicos controversiales, por ejemplo, la autonomía progresiva, la que dice que los adolescentes pueden tomar sus propias decisiones en base a su nivel de madurez, pero ellos creen que eso va a enfrentar a los padres y los hijos, creen que los hijos se van a rebelar por creer que tienen este derecho a decidir. El jueves se discutió esto en sala y los parlamentarios del oficialismo junto con algunos de la Democracia Cristiana rechazaron ciertos artículos o incisos que tenían que ver con el interés superior del niño. Los parlamentarios discuten cuáles son los derechos de los padres sobre los hijos en lugar de discutir cuáles son los derechos de los niños, niñas y adolescentes. 

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