Gracias al apoyo de nuestros lectores conseguimos 280 nuevos suscriptores
Ya sumamos
de 1000 suscriptores | meta septiembre
Suscríbete recomiéndanos,
compártenos

Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Viernes, 24 de mayo de 2019
El reflejo en el arte oocidental

Cómo la Iglesia Católica fue borrando la figura de María Magdalena

Antiguos papiros y excavaciones actuales muestran que esta mujer pudo haber tenido un rol aún mayor al de los apóstoles en el círculo cercano de Jesucristo. Pero en la Edad Media los "padres" de la iglesia se encargaron de ocultar su importancia e, incluso, transformarla en la imagen misma del pecado "femenino".

Tal vez ninguna otra figura bíblica ha vivido una transformación tan radical como María Magdalena.

Según varios escritos del cristianismo temprano, esta mujer ocupaba un lugar equivalente e incluso superior a los 12 discípulos de Jesús. Pero a lo largo de los siglos, su figura fue degrada por los grandes hombres influyentes de la Iglesia Católica, al punto de convertirla en la encarnación misma del pecado femenino y, en casos extremos, en una supuesta prostituta.

La evidencia histórica actual, aunque no concluyente, apunta a lo contrario. El hecho de que la nombraran por su lugar de origen, la próspera ciudad de Magdala a orillas del Mar de Galilea (un lago, en realidad), significaba que era una mujer independiente y de cierta importancia social y económica, o una viuda. Y es que en esa época las mujeres solían llevar como apellido o manera de reconocimiento el nombre de sus maridos. Incluso en los evangelios “oficiales”, conocidos como canónicos y que forman parte de lo que se conoce como el Nuevo Testamento, se le menciona 12 veces con su nombre completo. Esto es bastante más que a muchos apóstoles y, por cierto, nunca es mencionada como una pecadora.

Pedro vs María Magdalena

A fines del siglo 19 se descubrió en Egipto un papiro que hablaba de María Magdalena. El “Eu aggelion kata marihamm”, escrito originalmente en el idioma copto, es el único evangelio conocido que lleva el nombre de una mujer. Desconocido hasta mediados de los años 50 del siglo pasado, hasta hoy es principalmente objeto de investigadores. Desde luego, ese escrito de la época temprana del cristianismo no figura en la Biblia. Es uno de decenas de textos “apócrifos” (que significa secreto, y que no fueron aceptados por los padres de la iglesia de los primeros siglos), y muestra que los orígenes del cristianismo fueron mucho más dinámicos y diversos de lo se ha enseñado hace siglos en los colegios y universidades.

En el “Evangelio de Magdalena” se cuenta una historia que no calza del todo con lo que se le ha enseñado a la mayoría de los cristianos en casi 2.000 años.

Algunos textos antiguos incluso aseguran que Jesús estuvo casada con María Magdalena, mientras que en otros escritos apócrifos se habla que él la solía besar con frecuencia en la boca. El escritor Dan Brown tomó como referencia algunos de estos textos para escribir en 2003 la novela “El Código Da Vinci”, que ha vendido más de 80 millones de ejemplares en todo el mundo.

En el “Evangelio de Magdalena” se cuenta una historia que no calza del todo con lo que se le ha enseñado a la mayoría de los cristianos en casi 2.000 años. Después de la resurrección, Jesús se aparece a sus discípulos -hombres y mujeres- y los anima a esparcir entre la humanidad su mensaje. Hasta aquí la historia es conocida. Pero después habla María Magdalena, quien asegura que tiene un mensaje que Jesús sólo le transmitió a ella: “Lo que desconocen, les daré a conocer hoy”, afirma con autoridad, y les relata una serie de visiones en los que habla de “los siete poderes de la ira”.

Pedro y su hermano Andrés se empiezan a indignar y el primero se dirige a la pequeña comunidad de seguidores que tiene Jesús después de su crucifixión. “¿Acaso ha hablado en secreto con una mujer sin decirnos?”, se afirma en ese escrito. “¿La ha escogido por sobre nosotros?”.

Pedro, cuyo nombre significa piedra y que según el evangelio de Mateo era, en palabras de Jesús, “la roca sobre la cual construiré mi iglesia”, aparece como un hombre celoso e inseguro en el evangelio de María Magdalena. Pero según el propio Mateo, a quien se le identifica como Levi, que fue probablemente su nombre, trata de calmar a Pedro. “Pedro, tú siempre has sido rabioso. Si el Salvador la dignificó, ¿quién eres tú para oponerse?”. De seguro el Salvador la conoce muy bien, por eso la ha amado más que a nosotros”.

La enemistad entre Pedro y María Magdalena también aparece en otros textos apócrifos. En “Pistis Sophia”, un texto gnóstico descubierto a fines del siglo 18 y que, probablemente, fue redactado entre el segundo y cuarto siglo, el Apóstol Pedro se queja ante Jesús: “Mi señor, no podemos soportar a esta mujer, ya que nunca nos da la oportunidad y nunca deja hablar a ninguno de nosotros”. Pero Magdalena también se queja y acusa a Pedro de tratar de intimidarla y de ser un hombre que desprecia a las mujeres.

Pese a estos indicios, no está claro que se trate de hechos verídicos, y bien es posible que sean interpretaciones posteriores que corresponden a las distintas corrientes cristianas que estaban empujando por ser dominantes. Después de todo, la posición de la mujer en el cristianismo temprano no era aún un asunto resuelto, y muchas comunidades de base tomaron como ejemplo a María Magdalena. En palabras de algunos expertos actuales, bien pudo haber sido ella la primera papisa del cristianismo.

Entre las mujeres del cristianismo temprano, que desapareció de la historia oficial, estaba Marcelina de Alejandría, quien encabezó una secta cristiana de fines del siglo II. En el año 160 se trasladó a Roma para predicar acerca de la justicia social. Además de venerar a Jesús, esaltaba la importancia de María Magdalena como co-fundadora del cristianismo.

“Podemos suponer que muchas tradiciones e informaciones sobre el aporte de las mujeres al cristianismo temprano se han perdido en la historia”, aseguró la teóloga de la Universidad de Harvard, Eli­sa­beth Schüs­s­ler Fio­ren­za, al semanario alemán Der Spiegel.

La contraofensiva

Entre las mujeres del cristianismo temprano, que desapareció de la historia oficial, estaba Marcelina de Alejandría, quien encabezó una secta cristiana de fines del siglo II. En el año 160 se trasladó a Roma para predicar acerca de la justicia social. Además de venerar a Jesús, y afirmar que este fue hijo carnal de José, también resaltaba a filósofos griegos como Platón y Aristóteles. Y, ciertamente, resaltaba la importancia de María Magdalena como co-fundadora del cristianismo.

Lo que hoy se sabe acerca de ella proviene casi exclusivamente de uno de sus grandes enemigos: Ireneo, obispo de Lyon. Este actual santo de la Iglesia Católica la acusó de practicar magia en un texto que haría historia en esa institución: “Adversus haereses”, o “En contra de la herejía”, escrito en torno al año 180. “Ella ha llevado a muchos por el falso camino”, escribió. Herejía era originalmente una palabra que significaba “opción” o “dirección escogida”. Pero después de Ireneo su significado cambió para siempre.

Fue la primera señal de que las cosas venían mal para las mujeres cristianas, y en especial para María Magdalena.

Pero el primer golpe -casi mortal- provino de un teólogo, poeta y músico conocido como Efraín de Siria. En un comentario al Nuevo Testamento apuntó directamente a Magdalena. Aseguró que ella era la María de Betania que se menciona tres veces en la biblia -una mujer que acogió a Jesús en su casa y profesaba gran amor por él- y también la “pecadora” del Evangelio de Lucas, aunque este último jamás identificó su nombre.

En el año 591, el Papa más poderoso e influyente del cristianismo temprano, Gregorio I, recoge los escritos de Efraín y declara como verdad eclesial que María Magdalena y la pecadora de San Lucas son la misma persona. Y con ello se sella la calumnia y la suerte histórica de la discípula de Jesús.

La figura de la mujer de Magdala siguió viva -aunque de manera secreta- durante muchos siglos. El movimiento de los cátaros, que floreció durante los siglos XI y XII en el sur de Francia, sostenía que ella había sido la esposa o amante de Jesús.

De ahí en adelante, y a medida que la Iglesia y sus hombres dirigentes se afianzaban en el poder, la fama e imagen de Magdalena -y, por ende, de muchas mujeres- fue en constante declive. No es casualidad que, hasta el día de hoy, las mujeres ocupen un papel subordinado en la jerarquía católica.

Sin embargo, la figura de la mujer de Magdala siguió viva -aunque de manera secreta- durante muchos siglos. El movimiento de los cátaros, que floreció durante los siglos XI y XII en el sur de Francia, sostenía que ella había sido la esposa o amante de Jesús.

La iglesia ortodoxa, anglicana y luterana nunca consideraron a María Magdalena como pecadora, sino más bien una santa. Por ello celebran el 22 de julio en honor a ella.

La Iglesia Católica también abdicó de siglos de mala prensa, y en 1969 declaró que ella no había sido una “pecadora”. Claro que muchos católicos no se enteraron de ello. Y hace dos años el Papa Francisco dio un paso más allá, promulgando un decreto para rehabilitar aún más la figura de María Magdalena: a nivel litúrgico se la puso al mismo nivel de los apóstoles masculinos.

A continuación, reproducciones de cómo el arte occidental fue "desnudando", de manera literal y figurativa, a María Magdalena.

En esta ilustración de un libro que data de 1260, aún se ve a una María Magdalena completamente vestida a la que se le aparece un Jesús resurrecto.

Este fresco perteneciente a la escuela florentina, confeccionado alrededor de 1320, muestra a una María Magdalena que se somete a Jesús, como pidiendo perdón. Con todo, aún tiene un aura de santa y está completamente vestida.

En este tallado de madera, realizado por el artesano alemán Tilman Riemenschneider en torno a 1490, se ve ya a una María Magdalena desnuda, aunque su largo cabello oculta sus partes íntimas. Su manos cruzadas en forma de rezo indican que todavía se trata de alguien creyente.

En el siglo 16 la imagen de la discípula de Jesús ya se aleja de una figura religiosa. En esta pintura del italiano Carvaggio el foco de luminosidad está puesto sobre los pechos, y la figura de Magdalena ya no es de una mujer religiosa.

En 1634, el pintor holandés confeccionó este cuadro titulado "La penitente María Magdalena".

Durante el Barróco, el pintor dalmacio residente en Italia, Federico Bencovich, pintó en 1730 este cuadro de María Magdalena, donde aparece ya sin ropas y solo tapada parcialmente por una manta.

En esta pintura de 1876, el artista francés Jules Joseph Lefebvre presenra a María Magdalena como una figura completa,ente desnuda y seductiva. 

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario