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Miércoles, 21 de octubre de 2020
Pandemia

Estados Unidos no está en una segunda ola de coronavirus, pues la primera nunca terminó

Melissa Hawkins
The Conversation

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Kena Betancur/1207979953 via Getty Images Melissa Hawkins, American University
Kena Betancur/1207979953 via Getty Images Melissa Hawkins, American University

En los medios estadounidenses se ha comenzado a hablar de una segunda ola de Covid-19, debido al fuerte aumento en los contagios que han experimentado algunos de los estados del país. Este artículo de The Conversation desmonta esa idea, señalando que, al contrario de lo ocurrido en países europeos o asiáticos, los cuales sí han conseguido sobrellevar con éxito una primera ola, en Estados Unidos nunca ha sido posible superarla. 

Luego de una sostenida disminución en el número de casos de Covid-19 en los últimos meses, las restricciones están comenzando a disminuir en los Estados Unidos. Los números de casos nuevos están disminuyendo o se manitenen estables en números bajos en algunos estados, pero están aumentando en muchos otros.  En general, Estados Unidos está experimentando un fuerte incremento en el número de casos nuevos por día, y a fines de junio, ha superado la tasa máxima de propagación de principios de abril.

Al ver este creciente número de casos, es razonable preguntarse si esta es la temida segunda ola del coronavirus - un resurgimiento en el crecimiento de infecciones luego de una reducción de los casos.

Estados Unidos como tal no está en una segunda ola porque la primera ola nunca se detuvo realmente. El virus simplemente se está propagando a nuevas poblaciones o está resurgiendo en lugares que bajaron la guardia demasiado pronto.

Para tener una segunda hola es necesario que la primera termine

Una ola de una infección describe un gran aumento y caída en el número de casos. No hay una definición epidemiológica precisa de cuándo una ola empieza o termina. 

Pero al hablar de una segunda ola en las noticias, como epidemióloga e investigadora en salud pública, creo que hay dos factores que deben cumplirse necesariamente antes de que podamos declarar coloquialmente una segunda ola. 

Primero, el virus tendría que haber sido controlado y la transmisión haberse reducido a un nivel muy bajo. Eso sería el final de la primera ola. Luego, el virus necesitaría reaparecer y producir un gran aumento en los casos y hospitalizaciones. 

Muchos paises de Europa y Asia han finalizado exitosamente la primera ola. Nueva Zelanda e Islandia también han superado sus primeras olas y ahora están esencialmente libres de coronavirus, con niveles muy bajos de transmisión comunitaria y tan solo un puñado de casos activos actualmente. 

En Estados Unidos, los casos aumentaron en marzo y abril y luego disminuyeron debido a la implementación del distanciamiento social. Sin embargo, Estados Unidos nunca redujo la propagación a números bajos que se sostuvieran en el tiempo. Hasta mayo y principíos de junio, los números se estancaron en aproximadamente 25.000 casos nuevos por día.

Hemos dejado esa meseta. Desde mediados de junio, los casos han ido en aumento. Adicionalmente, el porcentaje de tests de Covid-19 que están dando resultados positivos está subiendo abruptamente, lo cual indica que el incremento en los casos nuevos no es simplemente el resultado de estar testeando más, sino que el resultado de un aumento en la propagación. 

Al momento de escribir esto, las nuevas muertes por día no han comenzado a aumentar, pero las unidades de cuidados intensivos de algunos hospitales recientemente han llegado a su capacidad máxima. En el comienzo del brote, las muertes iban por detrás de las infecciones confirmadas. Es probable que, como dijo el 22 de junio Anthony Fauci, principal especialista en enfermedades infecciosas en el país, las muertes pronto seguirán al aumento en casos nuevos

 

Diferentes estados, diferentes tendencias

Mirar los números de Estados Unidos en su conjunto, oculta lo que realmente está sucediendo. Los diferentes estados se encuentran en situaciones muy diferentes en este momento y cuando se observa los estados individualmente, surgen cuatro categorías principales.

1.. Lugares donde la primera ola está terminando: Estados en el noreste y unos pocos dispersos en otros lugares experimentaron grandes picos iniciales, pero fueron capaces de contener el virus y reducir sustancialmente las nuevas infecciones. Nueva York es un buen ejemplo de esto.

2. Lugares que aún están en la primera ola: Varios estados del sur y el oeste -como Texas y California- tuvieron algunos casos desde el principio, pero ahora experimentan oleadas masivas sin dar muestras de desaceleración. 

3. Lugares intermedios: Muchos estados fueron afectados al principio de la primera ola, lograron reducirla, pero se encuentran en una meseta -como Dakota del Norte- o están experimentando fuertes aumentos -como Oklahoma.

4. Lugares que están experimentando segundas olas locales: Mirando solo a nivel estatal, se podría decir que Hawaii, Montana y Alaska están experimentando segundas olas. Cada estado experimentó pequeños brotes iniciales, y fue capaz de reducir la propagación a un solo dígito de nuevos casos confirmados diariamente, pero ahora todos están viendo peaks nuevamente.

Las tendencias no son sorprendentes en función de cómo los estados han estado tratando con la reapertura. El virus irá a donde haya personas susceptibles, y hasta que Estados Unidos detenga la propagación de la comunidad en todo el país, la primera ola no ha terminado.

¿Cómo se vería una segunda ola?

Es posible -aunque en este punto parece poco probable- que Estados Unidos pueda controlar el virus antes de que se desarrolle una vacuna. Si eso sucede, sería hora de comenzar a pensar en una segunda ola. La cuestión de cómo se verá depende en gran medida de las acciones de todos.

La pandemia de gripe de 1918 se caracterizó por una leve primera ola en el invierno de 1917-1918 que desapareció en verano. Después de que se levantaron las restricciones, las personas rápidamente volvieron a la vida previa a la pandemia. Pero una segunda cepa más mortal regresó en el otoño de 1918 y la tercera en la primavera de 1919. En total, más de 500 millones de personas se infectaron en todo el mundo y más de 50 millones murieron en el transcurso de tres olas.

Fue la combinación de un rápido retorno a la vida normal y la mutación en el genoma de la gripe lo que la hizo más mortal, lo que condujo a la horrible segunda y tercera ola.

Afortunadamente, el coronavirus parece ser mucho más estable genéticamente que el virus de la influenza, y por lo tanto, es menos probable que mute a una variante más mortal. Eso deja al comportamiento humano como el principal factor de riesgo

Hasta el desarrollo de una vacuna o un tratamiento efectivo, las medidas probadas y verdaderas de salud pública de los últimos meses -distanciamiento social, uso universal de mascarillas, lavado frecuente de manos y evitar espacios interiores aglomerados- son las formas de detener la primera ola y frustrar una segunda. Y cuando hay oleadas como la que está ocurriendo en Estados Unidos, es necesario suspender los planes de reapertura. 

 

Melissa Hawkins, es profesora de Salud Pública y directora del Public Health Scholars Program, de American University.

Este artículo está republicado desde The Conversation bajo una licencia de Crative Commons. Leer el artículo original en inglés.

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