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Martes, 4 de agosto de 2020
Más de 1.200 ensayos

Estudio muestra que la desorganización domina la investigación contra el Covid-19 en EE.UU.

Lissette Fossa

Según un estudio del sitio especializado Stat, Estados Unidos ha emprendido la misión de buscar desaforadamente un tratamiento y una vacuna para el coronavirus, pero sin una planificación clara. Esto ha llevado, por ejemplo, a que muchas de las investigaciones dedicadas a conocer los efectos de la hidroxicloroquina hayan arrojado efectos nulos o muy bajos de este medicamento, mientras se dejó de lado la investigación con otros fármacos.

En medio de una pandemia mundial, que ha provocado la muerte de más de 537 mil personas en todo el mundo y el contagio de más de 11 millones de personas, además de una crisis económica con alcances planetarios, cientos de científicos se han afanado en hacer estudios y buscar tratamientos que salven vidas. Hay más de 1.200 experimientos clínicos activos en este momento, destinados buscar tratamientos y medicamentos que prevengan del Covid-19. 

Sin embargo, según una investigación del sitio especializado Stat, el esfuerzo científico ha estado marcado por el desorden y la desorganización, con enormes recursos financieros desperdiciados. El análisis, realizado en conjunto con Applied XL, una compañía de Newlab Venture Studio, encontró que una de cada seis investigaciones fue diseñada para estudiar los medicamentos contra la malaria, la hidroxicloroquina o cloroquina, que no han demostrado ser beneficiosos en pacientes hospitalizados.

En una hazaña gigantesca de ambición científica, los investigadores han diseñado unos asombrosos 1.200 ensayos clínicos destinados a probar estrategias de tratamiento y prevención contra Covid-19 desde principios de enero. Pero los esfuerzos no han sido eficientes. Stat encontró -por ejemplo- que uno de cada seis ensayos fue diseñado para estudiar los medicamentos contra la malaria hidroxicloroquina o cloroquina, los que finalmente no han demostrado ser beneficiosos en pacientes hospitalizados.

Los datos de Stat muestran que con frecuencia los estudios son demasiado pequeños, es decir, a baja escala, para responder preguntas. Además, muchos carecen de grupos de control reales y ponen demasiado énfasis en algunos tratamientos potenciales, como ocurrió con la hidroxicloroquina.

De hecho, los estudios son tan pequeños (el 39% ha inscrito o planea inscribir a menos de 100 pacientes), que es poco probable que den resultados claros. Incluso, alrededor del 38% de los estudios en realidad no han comenzado a reclutar pacientes, para las pruebas médicas.

"Si el objetivo era optimizar la probabilidad de descubrir las mejores opciones de tratamiento, el sistema está perdiendo su curso", afirma Robert Califf, jefe de política y estrategia clínica de Verily Life Sciences y Google Health.

"Es una gran cantidad de esfuerzo desperdiciado y energía desperdiciada, cuando en realidad un poco de coordinación y colaboración podría recorrer un largo camino y responder algunas preguntas", dice Martin Landray, profesor de medicina en la Universidad de Oxford y uno de los principales investigadores del Estudio de RECOVERY, una gran investigación de múltiples tratamientos realizados por el gobierno del Reino Unido, según consigna Stat.

A pesar de este tiempo dedicado a investigaciones infructuosas, no todo el esfuerzo ha sido en vano. Hasta el momento, tres de las conclusiones más importantes sobre los tratamientos con Covid-19 provienen de las investigaciones de Recovery. Se ha demostrado que la dexametasona, un esteroide económico, redujo en un tercio la tasa de mortalidad de pacientes con Covid-19 en ventiladores. También han demostrado que la hidroxicloroquina y un par de medicamentos contra el VIH -lopinavir y ritonavir- no parecen ser prometedores en modelos de laboratorio, para enfrentar el virus.

Aún así, los expertos consultados por Stat dicen que el análisis muestra que se han gastado enormes cantidades de energía en esfuerzos fortuitos, a menudo sin una estrategia clara para mejorar las probabilidades de que los resultados realmente informen la atención de los pacientes. Este fenómeno pudo haber afectado la tasa de progreso para avanzar en un vacuna. A esto se suman que los pacientes voluntarios para probar estos tratamientos son escasos. 

El estudio muestra que la infraestructura de investigación de Estados Unidos se movilizó rápidamente cuando comenzó la pandemia. En enero, se iniciaron 10 estudios, seguidos de 43 en febrero y 99 en marzo. En abril, según la base de datos, comenzaron casi 400 estudios para docenas de tratamientos y preventivos diferentes, tal solo en ese país.

La experiencia con la hidroxicloroquina ilustra cómo la misión de la investigación se volvió tan desigual y desenfocada, concluye Stat. En febrero, la hidroxicloroquina fue uno de varios medicamentos que se mostró prometedor en cultivos celulares, como un posible tratamiento antiviral para el virus. Los primeros resultados de investigadores en Francia despertaron interés en el medicamento en marzo, a pesar de que no se obtuvieron de un ensayo aleatorio. El 19 de marzo, el presidente estadounidense Donald Trump, en una conferencia de prensa, dijo que la hidroxicloroquina "había mostrado resultados muy alentadores". Esto provocó que miles de pacientes usaran el medicamento como tratamiento para el Covid-19 en Estados Unidos. 

Stat afirma que esto hizo perder tiempo e incluso vidas, ya que en lugar de realizar estudios que fueran lo suficientemente grandes y bien diseñados como para descubrir si la hidroxicloroquina o la cloroquina podrían prevenir o tratar la Covid-19, muchas dosis fueron a estudios sin grupos de control. Finalmente, los estudios han arrojado poca o nula  efectividad de esta medicina.

El 4 de julio, la Organización Mundial de la Salud dijo que su propio estudio no había encontrado ningún beneficio ni para la hidroxicloroquina ni para el lopinavir-ritonavir. Esto, aunque hay posibilidades de que otros estudios en curso de hidroxicloroquina muestre un beneficio, quizás antes en la enfermedad.

"La falta de liderazgo en torno a una agenda de ensayos clínicos en los Estados Unidos es uno de los fracasos de la respuesta pandémica de este país", dice Walid Gellad, director del Centro de Política y Prescripción Farmacéutica de la Universidad de Pittsburgh en el artículo. 

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