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Jueves, 3 de diciembre de 2020
Marta Harnecker (1937-2019)

Fallece la chilena que masificó el marxismo en América Latina en los años 60 y 70

Víctor Herrero A.

Republicamos el prólogo e introducción de uno de sus libros más leídos en el continente: Los conceptos elementales del materialismo histórico. 

A la edad de 82 años falleció ayer sábado Marta Harnecker -psicóloga, periodista y activista política de origen austríaco-, cuyos libros sobre marxismo educaron a varias generaciones de chilenos y latinoamericanos.

Miembro del Partido Socialista chileno, Harnecker se exilió en Cuba tras el golpe de Estado de septiembre de 1973. Desde entonces ha vivido en esa isla y en Canadá, país del cual su marido es oriundo. Escribió más de 80 libros durante su carrera, y fue considerada una de las autoras que más contribuyó a difundir el marxismo en América Latina durante las décadas de los 60 y 70, a pesar de que mucho de sus colegas consideraban que intelectualmente no era una figura de avanzada en el pensamiento marxista de esa época.

En 1969 Marta Harnecker escribió en Chile uno de sus libros más exitosos: “Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”, obra que ha tenido más de 70 ediciones hasta el día de hoy.

Harnecker estuvo casada con Manuel Piñeiro (1933-1998), alias “Barbarroja”, el histórico jefe de los servicios de seguridad de Cuba y sindicado como el poder en las sombras de los movimientos guerrilleros de América Latina durante los años 60, 70 y 80. A inicios de los años 2000 fue asesora de Hugo Chávez en Venezuela.

A continuación INTERFERENCIA reproduce el prólogo escrito en la edición de 1984 por la propia Harnecker en su clásico libro “Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”.

LOS CONCEPTOS ELEMENTALES DEL MATERIALISMO HISTÓRICO

Prólogo a la última edición de 1984

Han transcurrido quince años desde la primera edición de este libro y trece desde su segunda y última revisión. Durante este tiempo sus cincuenta ediciones han sufrido un destino muy desigual: texto universitario en algunos países, prohibido oficialmente en otros; estudiado con interés académico por algunos, leído con pasión revolucionaria por otros; criticado como un trabajo maoísta antidialéctico y hasta revisionista por algunos pensadores marxistas, considerado como un esfuerzo serio de pedagogía popular por otros. Trabajo muy controvertido pero, a la vez, para sorpresa nuestra, uno de los libros más difundidos entre la joven generación de la década del setenta y comienzos de la del ochenta en América Latina.

Sabemos que nuestra responsabilidad es grande. Una parte importante de la juventud de nuestro continente se ha iniciado en el marxismo a través de esta obra y no sabemos cuántas más lo harán en el futuro.

El hecho de que el libro se haya mantenido inalterado durante todos estos años no se debe a la ausencia de imperfecciones sino, simplemente, a que razones políticas y personales nos mantuvieron alejados durante diez años de la práctica pedagógica y del estudio sistemático de estos aspectos del marxismo.

Deseábamos celebrar la quincuagésima edición proporcionando a nuestros lectores una edición revisada y corregida. El tiempo corrió más rápido que nuestras intenciones.

Haciendo ahora un balance de su eficacia pedagógica comprobamos que, a pesar de nuestro esfuerzo por orientar al estudiante hacia una visión científica, antidogmática del marxismo lo que implicaba una lectura crítica y una aplicación creadora de lo aquí aprendido, no pudimos evitar que, en ciertos casos, se cayera en un estudio memorístico y en una repetición mecánica de su contenido. La responsabilidad de esa forma antimarxista de estudiar el marxismo no debe atribuirse en forma exclusiva al estudiante. En nuestro propio trabajo existían deficiencias que, en parte, lo explican.

En primer lugar, no siempre las definiciones conceptuales se encontraban al final del necesario recorrido explicativo, culminando la exposición pedagógica. En algunos casos en lugar de ser el punto de llegada eran casi el punto de partida.

En segundo lugar, aunque insistimos mucho en el carácter instrumental de los conceptos aquí desarrollados, no advertimos al lector acerca de la necesidad de estudiar las teorías específicas de cada modo de producción, sin cuyo conocimiento es imposible hacer un estudio científico de la realidad de cada país. Más que dar instrumentos para analizar la historia concreta pretendemos proporcionar un instrumental teórico que permita un estudio crítico y creador del propio marxismo. Nuestra intención no es sustituir el estudio de los clásicos sino motivar una lectura esencialmente antidogmática de sus textos teóricos y políticos, para rescatarlos de la fosilización a la que a menudo han sido sometidos.

En tercer lugar, si bien los temas de reflexión que, en las versiones anteriores, acompañaban a cada capítulo señalaban correctamente hacia dónde se encaminaba nuestro afán educativo, los cuestionarios de autocontrol de lectura, en cambio, se prestaban más para medir la capacidad de repetición mecánica de las reflexiones y conceptos desarrollados en el capítulo que para medir su asimilación crítica.

En esta edición nos hemos esforzado por corregir estas deficiencias cambiando en algunos casos el orden de exposición pedagógica; agregando de otros elementos teóricos nuevos para ilustrar mejor 7 el contenido de cada concepto, sin que ello signifique que las referencias a los modos de producción servil, capitalista y comunista, agregadas en esta edición, puedan considerarse exposiciones acabadas de cada uno de estos modos de producción. Por último, hemos elaborado un tipo de cuestionario absolutamente diferente, mucho más acorde esta vez con el objetivo buscado. Para ayudar a comprender mejor cuáles han sido las modificaciones introducidas y su razón de ser, al final de cada capítulo figura una lista explicativa de ellas.

En esta edición hemos realizado dos modificaciones importantes de contenido: hemos reelaborado por completo el capítulo sobre el estado y hemos agregado un largo capítulo acerca del problema de la transición, no sólo para superar el eslabón más débil de las ediciones anteriores, sino porque consideramos que el desarrollo de este tema ayuda a comprender mejor en qué consiste el aporte de Marx en relación con la ciencia de la historia absolutamente ajeno al evolucionismo mecanicista y cómo esta ciencia debe aplicarse creadoramente en el análisis de situaciones concretas.

Para cumplir estos objetivos la nueva edición ha debido ser necesariamente más extensa. Esto explica también nuestra decisión de suprimir algunos textos: la presentación de Louis Althusser, el epílogo acerca del plusvalor y los textos escogidos.

También hemos suprimido los temas referentes a la dirección política revolucionaria que antes figuraban en el capítulo acerca de la lucha de clases, debido a que han sido ampliamente desarrollados en otro libro, complementario a éste: Instrumentos leninistas de dirección política. 

Hemos considerado importante introducir, sin embargo, bajo el título: “El marxismo: un antidogma”, fragmentos de entrevistas que nos han sido hechas en relación con nuestra trayectoria marxista, el objetivo pedagógico que perseguimos, nuestra apreciación acerca del papel desempeñado por Louis Althusser en el desarrollo del marxismo y nuestra actitud frente al maoísmo, cuestiones sobre las cuales nos interesa fijar posiciones.

Finalmente queremos agradecer a todos los que colaboraron directa o indirectamente en la gestación de esta nueva edición y esperamos que las modificaciones introducidas sirvan para hacer de ella un mejor instrumento de asimilación crítica y creadora del marxismo.

Marta Harnecker, La Habana, 2 de julio de 1984.

 

Introducción

"Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo pero de lo que se trata es de transformarlo". Marx: Tesis sobre Feuerbach, núm. 11

¿Qué significa este paso de la interpretación del mundo a su transformación anunciado por Marx, en la tesis 11 sobre Feuerbach? ¿Necesidad de abandonar la teoría para pasar a la acción?, es decir, ¿necesidad de abandonar el escritorio y los libros para comprometerse en forma exclusiva en una acción política revolucionaria?. Esta introducción integra las ideas esenciales de las introducciones a las anteriores ediciones y agrega algunas explicaciones importantes acerca de los objetivos y limitaciones de este esfuerzo pedagógico.

Muchos jóvenes latinoamericanos, cansados de la verborrea revolucionaria que jamás llega a producir ningún hecho político que transforme, realmente, las condiciones de miseria y explotación de las grandes masas de trabajadores de América Latina, caen en la tentación de interpretar esta frase como un paso de la teoría a la acción como si toda teoría fuera solo interpretación del mundo y como si toda acción implicara una transformación de éste.

Si así fuera, para ser consecuente, Marx debería haber abandonado los libros, el estudio, para dedicarse en forma exclusiva al trabajo político. Sin embargo, hasta su muerte, el trabajo intelectual ocupa gran parte de sus días, sin que por ello descuide la acción política inmediata.

La vida de Marx nos plantea, por lo tanto, una disyuntiva: o Marx no fue consecuente con su afirmación de la necesidad de pasar de la interpretación a la transformación del mundo, o considera que no puede existir transformación de éste sin un conocimiento previo de la realidad que se quiere transformar, sin un conocimiento previo de cómo ella está organizada, cuáles son sus leyes de funcionamiento y desarrollo, qué fuerzas sociales existen para realizar los cambios, es decir, sin un conocimiento científico de ella.

No cabe duda que esta última es la posición de Marx.

La tesis XI sobre Feuerbach no anuncia la muerte de toda teoría sino una ruptura con las teorías acerca del hombre, la sociedad y su historia, que hasta ese momento eran teorías filosóficas que se limitaban a contemplar e interpretar el mundo, siendo incapaces de transformarlo porque no conocían el mecanismo de funcionamiento de las sociedades.

Lo que hasta ese momento existía, en relación con la sociedad y su historia, eran: o bien teorías filosóficas acerca de la historia o filosofías de la historia, o bien narraciones históricas y análisis sociológicos que se limitaban a describir los hechos que ocurrieron en las distintas sociedades. Lo que no existía era un conocimiento científico de las sociedades y de su historia.

La tesis XI sobre Feuerbach indica, por lo tanto, una ruptura con todas las teorías filosófica acerca del hombre y de la historia que no hacen sino interpretar el mundo, y anuncia la llegada de una teoría científica nueva, la teoría científica de la historia o materialismo histórico, que funda un campo científico nuevo: la ciencia de la historia, de la misma manera que la teoría científica de Galileo funda un nuevo campo científico, la ciencia física.

Detengámonos un momento a analizar el significado de esta palabra “teoría” tan empleada en el lenguaje científico.

De la misma manera que en el proceso de producción material se pretende transformar una materia prima determinada (por ejemplo el cobre) en un producto determinado (por ejemplo, cañerías, cables eléctricos, etc.) mediante la utilización por parte de los trabajadores de medios de trabajo especializados (máquinas e instrumentos, etc.), en el proceso de producción de conocimientos se pretende transformar una materia prima determinada (una percepción superficial, deformada de la realidad) en un producto determinado (un conocimiento científico, riguroso, de ella). Esta transformación la realizan los trabajadores intelectuales utilizando instrumentos de trabajo intelectual determinados, fundamentalmente: la teoría y el método científicos. Se llama teoría al cuerpo de conceptos más o menos sistemáticos de una ciencia. Se llama método a la forma en que son utilizados estos conceptos.

Toda teoría científica, por lo tanto, tiene el carácter de instrumento de conocimiento; ella no nos da un conocimiento de la realidad concreta, pero nos da los medios o instrumentos de trabajo intelectual que nos permiten llegar a conocerla en forma rigurosa, científica.

Cuando se habla, entonces de teoría marxista de la historia se está hablando de un cuerpo de conceptos abstractos que sirve a los trabajadores intelectuales como instrumento para analizar, en forma científica, las diferentes sociedades, sus leyes de funcionamiento y desarrollo.

Pero aquí es necesario hacer una aclaración. En la teoría marxista de la historia es necesario distinguir entre los conceptos más generales, que conforman lo que Marx denominó: el hilo conductor de sus investigaciones, y los conceptos específicos que conforman la teoría de cada modo de producción.

Los conceptos generales que permiten al autor de El capital abordar el estudio de la historia desde un punto de vista científico, es decir, materialista, son los siguientes: proceso de producción, fuerzas productivas, relaciones de producción, infraestructura, superestructura, estructura ideológica, estructura jurídico-política, modo de producción, formación social, coyuntura política, determinación en última instancia por la economía, autonomía relativa de los otros niveles, clases sociales y lucha de clases, revolución, etcétera.

Se trata de un cuerpo de conceptos que posee una organización interna, es decir, que está estructurado de una manera sistemática. Esta estructura sistemática típica que unifica todos los elementos esenciales que conforman el pensamiento de un autor es lo que denominaremos “problemática”.

Los primeros fundamentos de este cuerpo de conceptos aunque todavía muy frágiles, se encuentran en La ideología alemana (1845-1846). Por ello, se puede considerar que esta obra marca una verdadera revolución teórica en el pensamiento de sus autores. Marx y Engels, al abandonar la problemática antropológica de sus obras anteriores y crear una nueva problemática, inauguran una ciencia nueva allí donde antes reinaban las filosofías de la historia; allí donde no existían sino filosofías de la historia y narraciones de hechos históricos empíricos.

¿Cuál es la envergadura de este descubrimiento científico?

Para explicarlo utilicemos una imagen empleada por Louis Althusser. Si consideramos los grandes descubrimientos científicos de la historia humana, podríamos imaginarnos las diferentes ciencias como formaciones regionales de grandes “continentes” teóricos. Podríamos afirmar que antes de Marx sólo habían sido descubiertos dos grandes continentes: el continente Matemáticas por los griegos (Tales o lo que el mito de este nombre así designa) y el continente Física por Galileo y sus sucesores. Una ciencia como la química fundada por Lavoisier es una ciencia regional del continente Física. Una ciencia como la biología, al integrarse a la química molecular, entra también en este mismo continente. La lógica en su forma moderna entra en el continente Matemáticas. Por el contrario, es muy posible que Freud haya descubierto un nuevo continente científico.

Si esta metáfora es útil podría afirmarse que Marx abrió al conocimiento científico un nuevo continente: el continente de la Historia.

Esta nueva ciencia fundada por Marx es una ciencia “materialista” como toda ciencia, y por ello su teoría general tiene el nombre de materialismo histórico. La palabra materialismo indica simplemente la actitud estricta del sabio frente a la realidad de su objeto, que le permite captar, como diría Engels, “la naturaleza sin ninguna adición desde fuera”. Pero, la expresión “materialismo histórico” es, sin embargo, algo extraña, ya que las otras ciencias no emplean la palabra “materialismo” para definirse como tales. No se habla, por ejemplo, de materialismo 6. Siguiendo a Allthusser, quien reconoce haber tomado este concepto de Jacques Martin Véase La revolución teórica de Marx, p. 53 7. Lenin y la filosofía (conferencia realizada en la Sorbona, 24 de febrero de 1968). 16 químico, o de materialismo físico. El término materialismo, utilizado por Marx para designar la nueva ciencia de la historia, tiene por objeto establecer una línea de demarcación entre las concepciones idealistas anteriores y la nueva concepción materialista, es decir, científica de la historia.

Hasta aquí hemos hablado del materialismo histórico y de la gran revolución teórica que su aparición provocó. Ahora debemos preguntarnos: ¿la teoría marxista se reduce al materialismo histórico, es decir, a una teoría científica?

No, la teoría marxista está compuesta de una teoría científica: el materialismo histórico, y de una filosofía: el materialismo dialéctico, que no es objeto de este libro. Sólo queremos adelantar aquí que Marx no elaboró en forma sistemática la nueva filosofía por él fundada y que es en El capital donde podemos encontrar los elementos más avanzados para realizar ese trabajo, ya que es en esta obra donde está genialmente empleada la dialéctica materialista en forma práctica.

Igual cosa casi siempre ocurre con los conceptos generales del materialismo histórico. Ni Marx ni Engels definen en forma metódica en lugar alguno de su extensa obra lo que entienden por fuerzas productivas, relaciones de producción, modo de producción, etc. Sin embargo, constantemente emplean estos conceptos generales para analizar el modo de producción capitalista y situaciones históricas concretas en las que domina este modo de producción. A través de El capital el proletariado internacional pudo conocer las razones de su miseria y los medios para acabar con ella de manera revolucionaria. Los prodigiosos descubrimientos de Marx y Engels permitieron a las masas obreras dar una orientación correcta a sus luchas. El régimen capitalista había sido puesto al desnudo. Se analizaban las condiciones de su nacimiento, de su desarrollo y de su destrucción. Se señalaban así cuáles eran las condiciones objetivas de la revolución. La época de las utopías había terminado.

Este cuerpo de conceptos que no fue desarrollado en forma sistemática por sus creadores, ha sido elaborado en forma desigual por sus sucesores. Los conceptos pertenecientes a la infraestructura, por ejemplo, han sido mejor elaborados que los pertenecientes a la superestructura. Esto no se debe al azar, sino al hecho de que éstos son los conceptos más utilizados frecuentemente por Marx en el análisis de la estructura económica del modo de producción capitalista. Estudiando la forma en que Marx los emplea en El capital se ha podido llegar a una elaboración más sistemática de ellos, aunque todavía insuficiente en muchos aspectos. La mayor parte de los otros conceptos permanece, por el contrario, en estado de “conceptos prácticos” (más que procurar un conocimiento indican las líneas generales que deben guiar la investigación).

Ahora bien, el estado poco desarrollado de muchos aspectos de la teoría marxista no debe descorazonarnos, sino que, por el contrario, debe impulsarnos a un estudio profundo y crítico de todo lo que ya existe y a una elaboración de los conceptos generales que son urgentes para el análisis de nuestras sociedades. Además, no debemos olvidar que los revolucionarios rusos, chinos, vietnamitas, cubanos, nicaragüenses, etc., no esperaron que la teoría marxista estuviera completamente desarrollada para comprometerse en la lucha revolucionaria. Y, por último, ha sido lo aprendido en la lucha misma lo que ha ayudado a desarrollar la teoría.

Tampoco debemos olvidar que la teoría marxista es sólo uno de los aspectos de la formación teórica de un militante revolucionario.

Si se nos pidiera señalar cuáles deberían ser las grandes líneas de una formación de este tipo diríamos que:

Un primer aspecto de la formación de un militante revolucionario es el estudio de la teoría marxista. La historia nos muestra que es la unión de la teoría marxista y el movimiento obrero lo que dio a los hombres de nuestro tiempo la posibilidad de “transformar el mundo” de “hacer la revolución”.

Ahora, para estudiar la teoría marxista no basta con detenerse en el examen riguroso de los conceptos generales que conforman la problemática materialista de la historia. Es necesario estudiar la teoría específica de cada modo de producción, y en particular la teoría del modo de producción capitalista, sin cuya comprensión es imposible comprender la sociedad en que vivimos.

Pero, aunque la teoría marxista es fundamental para la constitución de un movimiento revolucionario serio que pase del romanticismo y del voluntarismo revolucionario a una etapa del realismo y de preparación efectiva para la acción, ella, por sí sola, no basta.

El segundo aspecto que no debe olvidarse en la formación de un militante revolucionario es la aplicación creadora de la teoría marxista a la realidad concreta de su país.

No existen revoluciones en general, sólo existen revoluciones particulares, adaptadas a la situación de cada país.

Es necesario combatir el estudio que se hace frecuentemente del marxismo, no en función de las necesidades prácticas de la revolución, sino simplemente para adquirir un nuevo conocimiento.

Es necesario estudiar la historia de nuestros países, conocer las características específicas de nuestras formaciones sociales. Estudiar lo que define a nuestra estructura económica, la forma en que se combinan las diferentes relaciones de producción, cuál es la relación que domina, dónde está el punto fuerte y el punto débil de esta estructura. Estudiar la estructura ideológica, las ideas que dominan en las masas. Estudiar la estructura del poder, las contradicciones internas de ese poder, etcétera.

Este estudio de nuestras formaciones sociales concretas debe realizarse recogiendo el mayor número de datos acerca de esta realidad, criticándolos a la luz de los conceptos generales del marxismo-leninismo para poder obtener conclusiones correctas.

El tercer aspecto de la formación de un militante revolucionario es el estudio de la coyuntura política de su país y a nivel mundial. No basta conocer la historia de un país, conocer su etapa actual de desarrollo, es necesario pasar a un nivel más concreto, al estudio del “momento actual” de la lucha de clases en ese país y a nivel mundial, es decir, al estudio de la coyuntura política. Es fundamental determinar cuáles son los amigos y los enemigos de la revolución en cada etapa de su desarrollo, determinar el poder económico, político, militar y cultural de cada uno de los grupos que se enfrentan, etcétera.

Para evitar el teoricismo ineficaz y el practicismo sin sentido, es necesario que todo militante revolucionario llegue a formarse, de una manera más o menos profunda en los tres aspectos que hemos señalado.

Ahora bien, el objetivo de este libro es ser útil a quienes se inician en el estudio del marxismo, proporcionándoles una exposición pedagógica de los conceptos generales del materialismo histórico. Si hemos hecho referencia a modos de producción específicos: servil, capitalista, comunista, ha sido únicamente para ayudar a la comprensión de los conceptos generales aquí desarrollados. De modo alguno hemos pretendido exponer pedagógicamente, con toda la rigurosidad y profundidad requeridas, las teorías específicas de los modos de producción anteriormente señalados, cuyo conocimiento es, por lo demás, absolutamente indispensable para llegar a dominar los instrumentos teóricos sin los cuales es imposible un análisis científico de la 18 realidad concreta de cada país y de la actual situación mundial, tarea propia de cada movimiento revolucionario.

Los conceptos generales que conforman la problemática del materialismo histórico, desentrañados de los textos clásicos mediante el método de trabajo teórico y de lectura crítica que aprendimos estudiando las obras de Louis Althusser, principalmente, y de sus colaboradores, sirven a su vez para que nuestros lectores puedan ahondar en el estudio de la ciencia histórica inaugurada por Marx y Engels y desarrollada creadoramente por Lenin.

Este libro no pretende ser una exposición enciclopédica de toda la producción marxista existente en torno a los temas tratados. Sólo pretende profundizar en la herencia histórica, cuya lectura unilateral y acrítica ha transformado muchas veces al marxismo en un dogma, en una doctrina fosilizada, en un antimarxismo, en lugar de presentarla como una ciencia viva, esencialmente dispuesta a renovarse frente a los nuevos desafíos teóricos y prácticos que le presente la historia.

Para cumplir nuestro objetivo hemos empezado por el concepto de producción ya que es el concepto-base de la teoría marxista: en la producción de bienes materiales lo que servirá de “hilo conductor” para explicar los otros aspectos de la sociedad. Luego hemos estudiado los conceptos de: relaciones de producción, fuerzas productivas, estructura económica, infraestructura y superestructura, estructura ideológica, estructura jurídico-política, modo de producción, formación social, coyuntura política, transición. Todos estos conceptos, que son fundamentales para el estudio científico de la estructura social, son estudiados en la primera parte de este libro. Luego viene la segunda parte, que estudia los efectos de la estructura social sobre los individuos que la habitan y la acción que ellos pueden ejercer sobre esta estructura: las clases sociales y la lucha de clases. Por último, la tercera parte se refiere a la teoría marxista de la historia y nos da una visión de conjunto del aporte de Marx y Engels sobre este punto. Lo “normal” aparentemente hubiera sido empezar por esta visión de conjunto, como lo hacen todos los manuales; sin embargo, para formular esta visión de conjunto en forma científica y comprensible para el lector es necesario recorrer el arduo camino del estudio sistemático y riguroso de todos los conceptos anteriores.

El cuestionario que figura al término de cada capítulo tiene por objetivo principal evitar la repetición memorística de su contenido dirigiendo la mirada del lector hacia el análisis de su propia realidad. La asimilación crítica y creadora de estos conceptos generales sólo se pone a prueba cuando se aplica a la historia concreta, cuando sirven de instrumentos para conocer una realidad que no está contenida en dichos conceptos. Hay preguntas que difícilmente pueden responderse sin un estudio de la teoría específica de cada modo de producción. Nuestra intención es impulsarlos a ese estudio; no deben quedar satisfechos con el material pedagógico que este libro les entrega.

La bibliografía que sigue a este cuestionario pretende facilitar el estudio crítico de su contenido, señalando las fuentes en las que se basó nuestro trabajo.

La bibliografía general que figura al final del libro señala los principales textos que deben ser leídos en una primera etapa de formación. Cada texto está acompañado por un comentario crítico cuyo fin es orientar la lectura. Al final de esta bibliografía, en la que los textos de cada autor figuran en un orden cronológico, se dan sugerencias concretas de la manera en que puede organizarse en forma más efectiva la lectura de ellos.

El contenido de este trabajo no debe ser considerado como un dogma sino como un esfuerzo de investigación y exposición pedagógica de un cierto número de instrumentos de trabajo teórico. Si alguno de estos instrumentos, en lugar de facilitar el conocimiento de una realidad social concreta, lo dificulta, no cabe duda que debe ser modificado, perfeccionado, o, en un caso extremo, abandonado.

Por último queremos agradecer muy especialmente a nuestro profesor y amigo Louis Althusser y a todos los que de una u otra manera han hecho posible la realización de este trabajo colectivo y advertir a nuestros lectores que habrá sido absolutamente estéril si sólo se limitan a aumentar el campo de los conocimientos acerca de la teoría marxista. Recordemos que el objetivo último de Marx fue transformar el mundo.

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