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Domingo, 9 de agosto de 2020
Gasto fiscal en la pandemia

“Las consecuencias de no hacer algo drástico en apoyo a los latinoamericanos pueden ser graves”

Víctor Herrero A.

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Foto: El Financiero / Bloomberg
Foto: El Financiero / Bloomberg

Gustavo Flores-Macías, profesor de la Universidad de Cornell, advierte en entrevista a INTERFERENCIA que América Latina no ha hecho los suficientes esfuerzos fiscales para hacerle frente al coronavirus. “El desencanto [con la democracia] seguramente se profundizará con la actual crisis. Y si a ello se suma la creciente militarización de la región, puede llegar a ser un cóctel explosivo”, dice. 

A mediados de junio The New York Times publicó una columna que circuló ampliamente entre la elite política de América Latina, aunque pocos medios de prensa de la región la recogieron.

“Las políticas de austeridad para responder a la pandemia podrían traer a la región males mayores al que buscan conjurar”, aseguraba su autor. “En el contexto de desencanto con la democracia y fuerzas armadas políticamente activas, una crisis económica grave podría ser la gota que derrame el vaso. Si los gobiernos civiles se muestran incapaces de atajar la crisis económica que viene, los países de la región podrían tomar la senda del autoritarismo una vez más”.

De un plumazo, Gustavo Flores-Macías, profesor la Escuela de Gobierno de la prestigiosa Universidad de Cornell del estado de Nueva York, recordaba la fragilidad de la situación económica y política de nuestra región. “Los costos de no atajar la crisis de manera frontal serán elevados, no solo en el ámbito económico sino también en el político”, escribió en su texto titulado Una tormenta azotará las democracias latinoamericanas (ver aquí versión en español).

Las investigaciones académicas de Flores-Macías se han centrado en temas de desarrollo político y económico de América Latina, así como en sistemas tributarios y capacidad fiscal. Ha publicado numeroso artículos en renombradas revistas académicas y es autor de varios libros, entre estos After Neoliberalism? The Left and Economic Reforms in Latin America (¿Después del neoliberalismo? La izquierda y reformas económicas en América Latina).

Además, ha publicado columnas de opinión en medios como The New York Times, The Washington Post y O Estado de São Paulo, y ha sido invitado a programas políticos de los mayores canales de TV de Estados Unidos.

El pasado miércoles 8 de julio, INTERFERENCIA conversó con el profesor Flores-Macías acerca de la actual situación política, económica y social que enfrenta América Latina en medio de la pandemia desatada por el coronavirus.

Estos son los principales extractos.

- ¿Cree que América Latina con la crisis asociada a la pandemia se enfrenta a una nueva década perdida?

- Es una pregunta difícil, pues no sabemos cuánto va a durar esta crisis. Había mucho optimismo al principio de que iba a ser algo corto. Incluso en Estados Unidos se pensaba que la crisis ya se había superado cuando el número de casos de contagiados había bajado en Nueva York, Seattle y San Francisco, donde al principio hubo una explosión de casos. Por eso los analistas pensaron que esto sería una recuperación rápida, y que si esto ocurría iba a ser seis meses o a lo más un año perdido. 

Es un poco prematuro todavía saber cuánto va a durar esta crisis, pero sí hay evidencia a partir de los datos del primer y segundo trimestre, de que es la crisis de mayor envergadura que ha enfrentado América Latina en varias generaciones, comparable a la crisis que enfrentó durante la Gran Depresión. Desde luego que hay países que enfrentarán la crisis mejor o que están en mejor posición que otros, pero independiente del país que se trate, esta crisis será el mayor reto económico para la región. 

Sobre Chile, veía un pronóstico del Fondo Monetario Internacional que hablaba de una caída del PIB de cerca del 7,5% anual. Todos estos son estimados que muy probablemente se deterioren todavía más. Creo que son optimistas, pero aún no sabemos. Aún a un 7,5% es un gran reto para la economía chilena. Y si pensamos en una economía como la de Argentina, que está en graves aprietos por cuestiones de la deuda, o la economía venezolana que está en ruinas, pues naturalmente los gobiernos están en aprietos para hacer frente a la crisis. 

- En ese contexto, ¿cree que los gobiernos de la región -independiente de su signo político- están haciendo suficientes esfuerzos fiscales tomando en cuenta la envergadura histórica de esta crisis?

- A mi me parece que no. Desde que publiqué ese artículo ha habido esfuerzos en algunos países en el sentido que yo apuntaba, que es una política contracíclica. Chile es un ejemplo, donde incluso el gobierno ha gastado más y ha bajado aún más las tasas de interés. Otros países como Colombia o México, han hecho mucho menos que Chile.

Se estima que en Chile el estímulo fiscal que se ha hecho a través de varias instancias es de más o menos el 8% del PIB. Esto todavía se queda corto respecto de lo que necesita el país para realmente hacer frente al shock económico que viene. Hay países que pueden bajar todavía más sus tasas de interés. Hay otros que no tanto. Pero si vemos países como Colombia, que ha gastado muy poco, o México, que incluso ha optado por medidas de austeridad en vez de aumentar el gasto, creo que esos países se encontrarán en una posición sumamente pobre para poder enfrentar esta crisis. 

- Cuando afirma que en Chile se calcula un estímulo en torno al 8% del PIB, ello suena ambicioso. Pero cuando uno observa al mundo desarrollado -Estados Unidos, Europa o Japón- los esfuerzos fiscales han sido muchísimo mayores. ¿A qué se debe eso? ¿Simplemente no hay plata en América Latina, o hay algún tipo de complejo económico respecto de sobregastar dada la historia de nuestro continente?

- Creo que hay un poco de todos esos elementos que menciona. Por un lado, la historia de América Latina, con las crisis económicas recurrentes, ha generado una especie de inercia, de políticas de austeridad en que los gobiernos se muestran renuentes a aumentar el gasto más de lo estrictamente necesario por temor a que la inflación se salga de control, por ejemplo. Entonces hay un fundamento histórico para entender por qué existe esta renuencia a gastar más. 

"Los gobiernos latinoamericanos no tienen el lujo de explorar ese tipo de política de imprimir dinero a toda costa y estimular la economía a toda costa".

Por otro lado, creo que hay una importante diferencia con América Latina. Y esta tiene que ver con las expectativas de la fortaleza de sus monedas. Si en América Latina los gobiernos se ponen a imprimir dinero a lo loco, pues la confianza en la moneda de los gobiernos se puede desplomar con consecuencias graves para la región. Ahora bien, en Estados Unidos pasa algo interesante, pues parece inexistente la preocupación de la política de gobierno respecto de seguir estimulando la economía con fondos y seguir bajando las tasas de interés. En Estados Unidos estas medidas no asustan al capital, y por ende no se va a otro lado, sino que al contrario, sigue atrayendo al capital financiero internacional. 

Creo que eso es una diferencia clave. Los gobiernos latinoamericanos no tienen el lujo de explorar ese tipo de política de imprimir dinero a toda costa y estimular la economía a toda costa. Pero creo que es importante ver a otros países en desarrollo que han buscado estimular la economía dentro de lo posible.

Menciono el caso de la India, por ejemplo. De entrada generó un estímulo fiscal interno del 10% del PIB. India es un país en desarrollo, desde luego habrá muchas características diferentes para compararlo con un país como Chile: la población, la magnitud de la economía, el tipo de industrias, etcétera. Pero independientemente de eso, medido como porcentaje del PIB, sirve como parámetro de lo que puede hacer el mundo en desarrollo sin necesariamente mirar lo que están haciendo los países desarrollados. 

- La deuda podría ser una salida, endeudarse más soberanamente, pues las tasas están bajas. Pero tampoco vemos a los gobiernos de la región muy entusiasmados con esa opción.

- Creo que efectivamente la gran mayoría de los gobiernos de la región está en una posición mucho mejor que en años anteriores para endeudarse. Una metáfora que sirve para entender la magnitud de la crisis es que, primero hay que salvar al paciente y luego preocuparse por el costo del servicio médico. Yo creo que es válida la comparación en el sentido de que si los gobiernos están preocupados ahora por una posible escalada inflacionaria que venga después, creo que podría ser que ni a eso lleguemos. El descalabro de la economía podría llegar a tal punto que ya quisiéramos preocuparnos de eso en algunos años. 

Las consecuencias de no hacer algo drástico en este momento, para un alto porcentaje de la población en la mayoría de los países de la región, pueden ser graves. Lo vemos principalmente en el sector de la informalidad. Algunas medidas del gobierno son, por ejemplo, estímulos fiscales a las empresas. Pues eso no le llega a la gente que trabaja de manera informal. Es un gran reto para los gobiernos hacer que la gente tenga dinero en los bolsillos de manera directa, independiente del sector en el que se encuentre. 

"Primero hay que salvar al paciente y luego preocuparse por el costo del servicio médico".

- La enorme crisis económica y social que está desatando la pandemia, viene tras varios años de bajo crecimiento económico. Usted lo mencionaba en su artículo en The New York Times. Después de la década de oro de los recursos naturales, desde 2014 en adelante la región creció en promedio sólo 0,6%. O sea, ya venía con poco músculo económico. A eso hay que sumar que muchos países de la región vienen de un escenario de fuerte descontento social. Basta con ver todo lo sucedido el año pasado en Ecuador, Chile, Bolivia y en menor medida Colombia. Entonces, a diferencia del caso de India, en América Latina hay otros factores que podrían complicar aún más el escenario. 

- Coincido, es una combinación peligrosa. Está el descontento de la gente que ya existía en Brasil, en Bolivia, las protestas de Chile y Ecuador. Hay un alto descontento, y eso no solo es lo que ve uno en cuestión de las protestas, sino que está respaldado en las encuestas. Latinobarómetro, por ejemplo, y otras encuestas que hacen la misma pregunta a gente de toda la región. Preguntan, por ejemplo, "¿qué opina usted sobre la democracia?, ¿es el mejor sistema político o no?". 

Vemos una caída sistemática en la región en lo que se refiere al apoyo ciudadano al sistema democrático. Para dar una idea, en 2010, cuando a la gente se le preguntaba si prefiere la democracia o un gobierno autoritario, un 61% de los latinoamericanos preferían la democracia. En 2018, que es el último registro de Latinobarómetro, el respaldo cayó a 48%. Y esto ni siquiera incluye las protestas de los últimos años. 

Es una caída importante, y si se ve país por país, hay casos realmente preocupantes. México, por ejemplo, donde en 2018 no más del 38% de los encuestados apoya al sistema democrático. Lo mismo ocurre en Brasil, donde el porcentaje es de 34%. Y los países centroamericanos, como El Salvador o Guatemala, andan alrededor del 28%. Esto es sumamente preocupante. Son países donde claramente los gobiernos se han mostrado incapaces de resolver problemas sociales, que a veces tienen que ver con la inseguridad, el desempleo, o la combinación de problemas. 

"Las consecuencias de no hacer algo drástico en este momento, para un alto porcentaje de la población en la mayoría de los países de la región, pueden ser graves".

Este desencanto [con la democracia] seguramente se profundizará con la actual crisis. Y si a ello se suma el preocupante factor de la creciente militarización de la región, puede llegar a ser un cóctel explosivo en el que la gente busque una solución a la incapacidad de los gobiernos civiles de resolver problemas, y busque a los militares para tratar de encontrar esta solución.

Eso sería un retroceso enorme para la región. Varios países han recurrido más a sus Fuerzas Armadas, sea para controles sanitarios, para fabricación de insumos o, como en el caso de Chile, mantener un toque de queda nocturno que ya lleva cuatro meses. ¿Piensa que la pandemia puede ser una excusa para tentar a los gobernantes con aplicar medidas más fuertes de control ciudadano? ¿Cuál es el peligro de que los militares tengan un mayor protagonismo en vida pública en medio de esta crisis?

- Creo que es sumamente preocupante. Desde el exterior, uno ve a Chile como un ejemplo de un país que parecía que tenía el control [de la pandemia] y de pronto pierde el control de los contagios. Uno entiende que el gobierno tenga que adoptar ciertas medidas drásticas, pero es importante que, en un sistema democrático, estas medidas sean civiles. Una situación de prohibirle a la gente que salga no tiene por qué ser algo que involucre a los militares. La policía debería poder hacerse cargo de eso. Yo sé que en Chile hay una cuestión histórica con los Carabineros, que tienen una tradición militar o paramilitar. Entonces yo sé que esto depende de la realidad de cada país. Pero lo que es preocupante es que esto se tome como una excusa para darle mayor juego a los militares. 

Y no es un caso aislado. Está el caso del comentario que fue muy criticado, por lo menos en el exterior, de Sebastián Piñera que señaló durante las protestas que el país estaba en una situación de guerra. Estas metáforas militares y el mayor juego que se le da a las Fuerzas Armadas preocupa, porque hasta un cierto punto vuelve más legítimo el accionar de los militares. También está lo que sucede en otros países donde ha habido un aumento dramático del protagonismo del Ejército, en El Salvador, en Honduras, en México, en Guatemala, en Colombia en Venezuela. Son pocos los países que se escapan. 

"El desencanto con la democracia, sumado al preocupante factor de la creciente militarización de la región, puede llegar a ser un cóctel explosivo en el que la gente busque una solución a la incapacidad de los gobiernos civiles de resolver problemas".

Desafortunadamente debido al crimen organizado las Fuerzas Armadas se han vuelto protagonistas en muchos países de la región. Y no solo en cuestiones de seguridad pública, sino que también en cuestiones políticas. En México el Ejército está construyendo aeropuertos y está a cargo de proyectos de infraestructura, lo que es sumamente preocupante. Quizás el caso de Chile podría uno pensar que no tiene nada que ver con esto en comparación con México, pero lo que me preocupa es que cada vez se normalice involucrar al Ejército en este tipo de asuntos, que desde mi punto de vista, pertenecen a los civiles. 

- Es interesante lo que plantea sobre el uso de lenguaje y metáforas militares para influir en la gente. Más allá del “estamos en guerra” de Piñera,  durante la pandemia el uso de imágenes y frases bélicas ha sido común en Chile. El Presidente ha aparecido en varias fotos rodeado de militares o buques de guerra y el ex ministro de Salud habló de "La Batalla de Santiago" cuando se inició la cuarentena en la capital chilena. Me da la impresión de que no ha sido lo mismo en otros países.

- Creo que el populismo punitivo está en aumento y se vuelve cada vez más común en América Latina, y algo menos en Europa y Estados Unidos. Esto tiene que ver con las promesas de soluciones fáciles a problemas complejos de seguridad pública. En Estados Unidos tal vez no llega al nivel de involucrar a las Fuerzas Armadas, pero con la pandemia y las protestas por la brutalidad policial con víctimas afroamericanas, hubo incluso un senador de Arkansas que pidió, en una columna en The New York Times, que había que meter al Ejército para hacer frente a las movilizaciones de protesta de la sociedad civil… 

- … hecho que produjo la salida del editor a cargo de la sección de opinión, dicho sea de paso...

- … Exactamente. Para mi esto es parte de lo mismo. Yo no sé si realmente la gente que propone estas soluciones se lo cree o no, pero es buscar una solución políticamente popular al problema. La militarización en América Latina es una política popular, incluso en países como Chile, Uruguay o Argentina, donde las tasas de homicidio y crimen son relativamente bajas comparados con el resto de la región. Incluso en estos países, por lo menos el 50% de la ciudadanía apoya el empleo de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública. Y si en Chile y en Uruguay, está cerca del 50% ese apoyo, pues en países como El Salvador o Honduras, llega a casi 90%. 

En Estados Unidos, las Fuerzas Armadas son muy respetadas y existe una especie de idea romántica de que las Fuerzas Armadas lo pueden todo, no son corruptas, son muy disciplinadas y deben entrar a poner orden. Entonces hay una corriente populista punitiva que se antoja fácil en estos tiempos, y creo que está permeando en la región e incluso en otros países del mundo desarrollado. 

- ¿Cuáles deberían ser unas dos o tres directrices que puedan encaminar a América Latina a no vivir un retroceso democrático, y para no repetir la década perdida de los años 80?

- Lo primero sería adoptar políticas contracíclicas, pero con ganas. Con ganas de hacer frente a la crisis más grave que ha enfrentado la región desde la Gran Depresión, o incluso peor aún. Entonces, no tener miedo a que las presiones inflacionarias puedan descontrolar la economía. De lo contrario, lo que va a pasar es que la región terminará con millones de personas que se quedarán en la calle y no tendrán comida. Entonces eso es lo primero, tener la mano firme a la hora de hacer frente con medidas económicas de emergencia para suavizar el golpe de la crisis. Porque incluso con esas medidas, la crisis se sentirá y afectará a sectores amplios de la población, sobre todo a los más vulnerables y al sector de empleo informal.

En segundo lugar, está el ámbito político. Es importante que el espectro social cierre filas en torno a los gobiernos civiles y le cierren la puerta a cualquier tentación de involucrar a las Fuerzas Armadas en las soluciones de las crisis políticas que puedan ser consecuencia de la crisis económica. Esto va a ocurrir, habrá mucho mayor desencanto en cuanto la gente empiece a sentir los efectos verdaderos de la crisis, y el desencanto hará que a algunos sectores políticos se les pueda hacer fácil decir que el Ejército podría hacerlo mejor. 

Se ha visto históricamente que el momento en que se abre la posibilidad de que sectores de clase media o sectores empresariales coquetean con las Fuerzas Armadas, es cuando se puede dar un golpe de Estado; lo hemos visto muchas veces en América Latina. Los golpes de Estado no ocurren porque las Fuerzas Armadas hagan esto solas. Ocurren cuando encuentran sectores sociales que les abren la puerta, que los apoyan y que les dan legitimidad para buscar el cambio por la vía armada. 

Creo que el tercer punto es enfatizar que los gobiernos adopten políticas que busquen privilegiar a los sectores más desfavorecidos. Este es el mayor reto que tienen. Hay países donde por lo menos el 50% de la población económicamente activa se encuentra en la informalidad. Desde mi punto de vista es especialmente importante diseñar programas sociales que generen un piso de servicios médicos, educativos, para que incluso la gente que no tiene mayor ingreso pueda gozar de ciertas condiciones mínimas para poder vivir con cierta dignidad. Sobre todo ante la crisis de salud que estamos viviendo en este momento. 

"Está el caso del comentario que fue muy criticado, por lo menos en el exterior, de Sebastián Piñera que señaló durante las protestas que el país estaba en una situación de guerra. Estas metáforas militares y el mayor juego que se le da a las Fuerzas Armadas preocupa, porque hasta un cierto punto vuelve más legítimo el accionar de los militares"

- ¿Y qué pasa con las clases medias? Se lo pregunto por un fenómeno que está pasando en Chile. Una parte importante de la clase media que surgió a finales de los años noventa y principios de siglo logró acceder a mejor condiciones de vida a través de créditos de consumo, hipotecarios, créditos para estudiar. Pero enfrentada a esta crisis, y sin muchas opciones de aliviar sus deudas, corren el riesgo de volver a la pobreza. ¿Esa clase social no es también altamente vulnerable en esta crisis?

- Si, desafortunadamente esto afectará también de forma importante a la clase media en toda la región. Habrá un retroceso en el avance de la expansión de la clase media, como también en el combate a la desigualdad, que es otro aspecto en el que hubo avances en América Latina. 

Es una situación compleja, porque no es que subiendo los impuestos a los más ricos se pueda hacer frente a esta situación. Yo creo que al contrario, pues si uno sube los impuestos se desacelera más aún la economía, lo cual terminará afectando de todas maneras a los sectores medios y más bajos. Por desgracia hay que endeudarse si es necesario, echar mano a las reservas internacionales de los gobiernos, y buscar generar empleo y conservar el empleo de la clase media a toda costa. 

En cuanto a la clase media, pequeñas industrias y empresas, incluso trabajadores del gobierno, es importante procurar la conservación del empleo. Las cifras de desempleo van a subir tarde o temprano, lo cual será otro desafío importante para la región. 

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