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Sábado, 25 de mayo de 2019
Neurociencia

Neurogénesis y neuromitos

Ricardo Martínez

Esta semana un equipo de biología molecular, comandado por la española Elena Moreno-Jiménez reveló datos robustos de que el cerebro sigue generando neuronas nuevas a lo largo de la vida, incluso más allá de los noventa años. Este hallazgo contradice la creencia asentada de que las personas nacen con todas las neuronas que habitarán en su cuerpo en su vida, y da espacio para reflexionar sobre los neuromitos.

En el momento en que usted lee este artículo está ocurriendo uno de los fenómenos más sorprendentes del mundo conocido, una serie de manchas oscuras en una pantalla blanca es decodificada por su mente para formar palabras y oraciones. Y usted entiende qué es lo que estas palabras y oraciones comunican. 

El viaje de la luz desde su computadora portátil o estacionaria, o desde su tablet, o desde su smartphone, impacta en sus ojos y es transducido para que en su lóbulo occipital (que se encuentra bajo la parte trasera de su cráneo) estas señales tomen forma, y luego, en una zona de su cerebro llamada Visual Word Form Area (VWFA), estas formas se perciban como letras del alfabeto latino: una “A”, una “F”, una “M”. El viaje tiene muchas paradas más, las que serían imposibles si no fuera por unas células extremadamente pequeñas llamadas neuronas que hacen todo el trabajo.

Fue Santiago Ramón y Cajal -quizá el más grande científico español de todos los tiempos- quien por primera vez en el siglo XIX reparó en que las funciones del cerebro, aquello que permite que los humanos tengamos una mente, y pensamiento, y lenguaje (entre muchas otras habilidades, que también compartimos con muchas otras especies animales), estaban alojadas justamente en la actividad de las neuronas, lo que dio inicio a la neurociencia moderna.

Entonces apareció una pregunta clave: ¿cuántas neuronas hay en el cerebro?

Se estima que el número se encuentra en el orden de magnitud de los cien mil millones (aunque estudios recientes estiman que el número es aproximadamente un 14% menos que lo que se ha calculado anteriormente), y que tan solo un milímetro cúbico -el tamaño de la cabeza de un alfiler- alberga unas 27.000 de ellas.

Neurogénesis

Una segunda pregunta clave es si esas casi cien mil millones de neuronas nos acompañan desde el momento en que nacemos, o si se siguen generando (neurogénesis) a lo largo de la vida. 

Para esta segunda pregunta la respuesta hasta ahora ha sido esquiva, aunque el sentido común de mucha ciencia ha pretendido que la solución es que no hay neurogénesis, esto es, que nacemos ya con nuestro repertorio neuronal definitivo y por ello todo aquello que hagamos y que elimine neuronas lo hará de una vez y para siempre.

Sin embargo, esta semana, un equipo español liderado por Elena Moreno-Jiménez, ha presentado los resultados de una investigación extensa sobre el tema en Nature Medicine, que responde afirmativamente a la consulta sobre si existe neurogénesis.

Las autoras y los autores del estudio indican en el abstract (resumen) del mismo que, “mediante la combinación de muestras de cerebro humano obtenidas en condiciones fuertemente controladas y métodos de procesamiento de tejidos de vanguardia, identificamos miles de neuronas inmaduras en la DG [giro dentado] de sujetos humanos neurológicamente sanos hasta la novena década de la vida. Estas neuronas mostraron grados variables de maduración a lo largo de las etapas de diferenciación de AHN [neurogénesis del hipocampo humano]”.

El impacto de esta investigación es mayor, toda vez que hasta el momento no se disponía de evidencia sólida acerca de la neurogénesis en la especie humana y, en consecuencia, la postura sobre ella solía ser conservadora, manteniendo la idea de que “nacemos con todas las neuronas con las que vamos a vivir a lo largo de nuestra vida”. 

Un segundo impacto del estudio de Moreno-Jiménez y colaboradores, responde a que “estos resultados demuestran la persistencia de AHN durante el envejecimiento fisiológico y patológico en humanos y proporcionan evidencia de neurogénesis alterada como un mecanismo potencialmente importante que subyace en los déficits de memoria en la enfermedad de Alzheimer que podrían ser susceptibles de estrategias terapéuticas novedosas”.

A la caza de los neuromitos

Avances como el desarrollado esta semana se acumulan sistemáticamente desde quizá inicios de la década del 90, cuando emergió el sistema de neuroimagen (método para observar el cerebro en funcionamiento) conocido como fMRI (imagen de resonancia magnética funcional, por su sigla en inglés, con la “f” en minúscula) y se empezó a hablar posteriormente de la “década del cerebro”. 

Sin embargo, entre tanto hallazgo -en abril de 2012 una publicación de la revista Nature indicaba que, para mediados del presente decenio, las publicaciones de estudios basados en fMRI superarían los 1.500 papers anuales- a veces resulta difícil orientarse. Ello, porque no solo a menudo la cobertura de estos descubrimientos es tratada por los medios de prensa de manera exagerada, sino que porque también se produce mucha especulación desde la vereda de la propia ciencia.

Entonces aparecen los neuromitos.

¿Qué es un neuromito?

Según el diccionario McMillan un neuromito es una idea falsa acerca de cómo funciona el cerebro.

Quizá el neuromito más persistente sea aquel que reza que “ocupamos solo el 10% de nuestro cerebro”, y que, en consecuencia, si llegáramos a aprovechar el 100% por algún tipo de entrenamiento o salto fantástico de capacidades, habría una revolución en la inteligencia humana.

Sin embargo, si se presta atención a la afirmación del 10% con más detalle, esta no parece tener sentido. ¿El otro 90% del cerebro esta inactivo, esta apagado? El 10%, ¿significa que la intensidad de la actividad neuronal es un décimo de la máxima que se puede alcanzar?

La frase al 10% ha circulado en posters, libros y hasta memes, desde hace mucho tiempo y en algún momento las neurocientíficas y los neurocientíficos se decidieron a buscar dónde se originó este neuromito

Y lo que encontraron resultó una sorpresa.

Una publicación divulgativa del Centre for Educational Neuroscience del University College de Londres, indica que una de las fuentes originarias del 10% se halla en algunas ideas de William James. Pues bien, James fue un psicólogo clave en los Estados Unidos de fines del siglo XIX. Su libro Principios de Psicología, publicado en 1890, resulta uno de los volúmenes seminales sobre dicha área de estudio. Y él sostenía que había algo como una “reserva de energía mental”.

Cuando se toman imágenes del cerebro funcionando con fMRI, en los primeros estadios del procesamiento de los datos se observa que prácticamente todo el cerebro está activo siempre (aunque hay neuronas que no están disparando; el término firing se suele usar técnicamente para indicar que una neurona se encuentra activa), por lo que la idea del 10% se desmorona.

Un segundo neuromito ampliamente extendido es que el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho tienen “personalidades diferentes”, siendo el izquierdo más racional y analítico y el derecho más artístico e intuitivo.

Y una vez más, este neuromito empezó a ser promocionado por los propios investigadores. Por ejemplo, un psicólogo austriaco nacionalizado estadounidense que fue muy popular en Chile a fines de la década de los ochenta, Paul Watzlawick, llegó a escribir un libro llamado El Lenguaje del Cambio, publicado en castellano en 1980 en que hablaba de “nuestros dos cerebros” y promocionaba aquella idea de los hemisferios.

Un poco de paños fríos

¿Estaba Watzlawick mintiendo cuando hablaba de los “dos cerebros”?

La respuesta es que seguramente no. Con la evidencia disponible en aquellos momentos quizá la especulación sobre las implicancias de las diferencias entre el hemisferio derecho y el izquierdo parecían no tan descabelladas. No por nada en 1981 se concedió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología al estadounidense Roger Sperry que, según la propia página oficial del Nobel, se le otorgó “por sus descubrimientos sobre la especialización funcional de los hemisferios cerebrales”.

En una disciplina que ha experimentado un avance extraordinario a lo largo de los últimos dos siglos, como la neurociencia, mucho de lo que se descubre luego pasa a estar desactualizado y nuevas evidencias pueden echar por tierra lo que se creía hasta hace solo un par de meses.

Por ello es posible que mucho de lo que se cree o sabe hoy sobre el cerebro en un tiempo más llegue a ser otro neuromito. En consecuencia, hay que tomarse las cosas con calma y esperar que los hallazgos se consoliden y aparezca información de múltiples investigaciones y fuentes para poder realizar afirmaciones sobre el tema que no vayan a desacreditarse tan fácilmente en un momento posterior.

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