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Miércoles, 24 de febrero de 2021
Entrevista a Felipe Lecannelier

Sicólogo infantil: “Chile es uno de los países que más castiga a sus niños”

Joaquín Riffo Burdiles

Este académico ha desarrollado investigaciones conjuntas con otros países por más de 10 años que arrojan una preocupante estadística sobre la realidad de la salud mental infantil en Chile: el país encabeza la mayoría de los listados sobre problemas como angustia, depresión, miedo y problemas para dormir.

En estos días, el psicólogo especializado en salud mental en la infancia, Felipe Lecannelier, ha publicado distintas columnas de opinión y cartas al director en diferentes medios de comunicación nacionales advirtiendo una realidad: en Chile hay una ‘epidemia de salud mental’ en los niños. 

Su planteamiento no es antojadizo. Es algo que según el profesional viene advirtiendo hace varios años y está sustentado en investigaciones que datan desde hace 10 años, donde se advirtió cómo en 2011 Chile encabezó un ranking de 28 países que estudiaron el comportamiento de niños entre 1 a 5 años, presentando la tasa más alta de todos los problemas mentales. De ahí en adelante, advierte Lecannelier, distintos estudios similares sólo han reafirmado esta situación. 

El investigador cuyas primeras investigaciones las hizo mientras se desempeñaba en la Universidad del Desarrollo, y de ahí en adelante ha seguido profundizando en el tema, incluso financiando su propio trabajo de investigación, hasta llegar a su trabajo actual en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago y en la Sociedad Apego & Complejidad Infantil profundizó con INTERFERENCIA respecto a distintos aspectos que justifican su crítico diagnóstico sobre la niñez en el país.

Usted viene esgrimiendo hace tiempo que en Chile hay una ‘epidemia de salud mental infantil’, basado en las investigaciones que ha desarrollado desde hace varios años. ¿Podría profundizar en esos antecedentes?

Hace 10 años hicimos un estudio donde lo que quisimos era evaluar cómo estaba la salud mental en niños de 1 a 5 años, y se llegó a juntar a 24 países, a quienes se les pasó el mismo instrumento para una muestra cercana a los 500 niños, todo en el contexto de un estudio multicultural para entender cómo era la comparación entre distintos lugares. Ahí salieron los primeros datos en donde Chile salió en primer lugar en todas las tasas de problemas de salud mental que se evaluaron. Entre ellas, agresión, tristeza, depresión, angustia, problemas para dormir y problemas para concentrarse. Nosotros quedamos consternados porque uno entendería que la realidad puede ser distinta si te comparas con algunos países de Europa, pero también se consideraba a Kosovo o Lituania que son zonas que con suerte tienen alguna política de infancia o también a países que se encontraban en guerras y conflictos armados.

En un segundo estudio hicimos algo similar, nos juntamos 16 países para evaluar a niños de 1 a 5 años pero esta vez en su comportamiento y desarrollo en los jardines infantiles. Esa vez Chile salió número quinto, sólo superado por Kosovo, Lituania, Irán y Rumania, nuevamente países de pre y post guerra, guerras civiles o dictaduras. Establecimos un promedio entre los países que están en un rango ‘esperable’ y aquellos que están en un rango ‘clínico’. Esto último implica que el paciente está enfermo y hay que hospitalizarlo urgente. En ambos estudios aparecimos por encima del rango, por lo que ahí empezamos a acuñar que esto era una ‘epidemia’ a nivel país.

Un grupo de investigadores internacionales hicimos un consorcio dedicado a entender las diferencias de cada sociedad en cómo están los niños a nivel emocional. En un primer estudio juntamos a Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur, Polonia y Chile. Nos llevamos la tremenda sorpresa de que los niños chilenos casi duplicaban a los otros países en casi todas las variables. Por ejemplo, tenía casi cinco veces el concepto de ‘miedo’ que Corea, entendiendo que se trata de un país con una tremenda exigencia académica para los jóvenes y con la tasa más alta de suicidios adolescentes en el mundo, aunque nosotros estamos en segundo lugar.

“La idea es tener un trabajador a futuro que sea obediente, callado y trabaje en función de metas, un empleado ideal. Esto es fundamental, porque acá en Chile se mira el criar como una lista de metas, no como un placer”.

Empezamos a consultar a gente más experta y les pareció lo mismo. Es raro hacer tres estudios en diferentes momentos, con diferentes muestras y que Chile aparezca siempre como el país que está más grave de todos. Así que nos juntamos 14 países y evaluamos los mismos factores pero en torno a la crianza. Y por cuarta vez, Chile aparece como el país con los peores indicadores en salud mental y bienestar, o sea, se vuelve a confirmar lo que teníamos antes pero se le agrega el concepto de crianza, donde nos vemos como el país que más le grita a los niños, que más los castiga, que más les hace el ‘time out’. Los resultados arrojaron que Chile tiene una crianza ‘a lo Foucalt’, basada en ‘vigilar y castigar’. No hay juegos, no hay conversación con el niño, ni respeto por sus necesidades.

Ahora tenemos lo que llamamos la ‘revolución respetuosa’. Es decir, mostrar cómo Chile cría como educa, y educa como cría. Y en ambos, existen patrones culturales comunes, y en ellos el niño no existe y por ende el niño está enfermo. Ahora estamos en la postura de no quedarnos más callados y empezar a viralizar estos estudios por la mayor cantidad de lugares que podamos, y seguimos esperando alguna respuesta desde el mundo político a una epidemia que vemos más que grave.

Cuando uno analiza las variables que ustedes consideraron en sus estudios, ¿cuáles son las explicaciones a estos indicadores tan negativos? ¿Qué acciones concretas está realizando la sociedad chilena que han sido perjudiciales para el desarrollo de sus niños, comparado con otros países?

Lo primero que hicimos fue analizar los datos chilenos y encontramos algo que se llama el ‘síndrome internalizante’. Cuando un niño está estresado, algunos tiran el estrés hacia afuera y otros el estrés se lo guardan, y esos son los que después tienen depresión, angustia, timidez o miedo. Nos encontramos que Chile tiene un síndrome internalizante muy pronunciado. Por ejemplo, la tasa de este problema en la mayoría de los países no supera el 4%, y nosotros tenemos de 16 a 20%.

“La educación no tiene nada que ver con los niños, simplemente es un peón que tiene que tener una nota y dar el Simce, pero si le están pegando, le hacen bullying o los padres se están separando, no existe esa institucionalidad”.

La crianza chilena es igual a la educación chilena. Es una crianza donde al niño tienes que controlar para que cumpla ciertos estándares. Tenemos muchos datos de educación y todo indica que el niño está formado simplemente como un producto, que se fabrica en serie y como parte de un ‘rebaño’ donde son todos iguales, todos tienen que aprender lo mismo, todos tienen que usar uniforme, no pueden alegar. La idea es tener un trabajador a futuro que sea obediente, callado y trabaje en función de metas, un empleado ideal. Esto es fundamental, porque acá en Chile se mira el criar como una lista de metas, no como un placer.

Mucho se ha hablado sobre los altos niveles de ‘adultocentrismo’ en el país, para criticar a ese tipo de actitudes y de crianza que no considera a los niños en ella. ¿Cómo ven ustedes a Chile bajo ese concepto?

Es un concepto del que venimos hablando hace 15 años, cuando uno revisa las teorías psicológicas, la educación, la crianza y las políticas públicas de infancia y son todas ‘adultocéntricas’. La educación no tiene nada que ver con los niños, simplemente es un peón que tiene que tener una nota y dar el Simce, pero si le están pegando, le hacen bullying o los padres se están separando, no existe esa institucionalidad. Por eso planteamos que la educación está deshumanizada, el niño no es considerado, ni tratado ni empatizado como un ser humano.

¿Qué ejemplos han visto de países que estén haciendo bien las cosas y en qué aspectos la sociedad chilena podría cambiar en el mediano plazo?

Hay 20 años de investigaciones que te muestran cómo es una buena educación. Si tú literalmente tomas cada uno de los aspectos de esas investigaciones, verás que nosotros hacemos todo lo opuesto a lo señalado en el caso de educación y crianza.

Si la pregunta es que hacen otros que nosotros hacemos mal, la respuesta es que la educación hay que darla vuelta entera. Por ejemplo, somos el país número de la OCDE en cuanto a las horas que los niños pasan en sala, por una cantidad de horas diarias que no la aguanta ningún cerebro. Entre las horas de clases, el exceso de materias que son completamente irrelevantes, pocos recreos, la actitud de los profesores y el hecho de que no es coincidencia que los niños entren al colegio a una hora y salgan a la misma hora que sus papás llegan del trabajo, entonces es un todo.

Nosotros tenemos una propuesta que pareciera irreal de educación basada en la evidencia. Es una educación que no es ‘adultocéntrica’, enfocada en el niño y sus necesidades para su bienestar.

Además de las instituciones de educación, hemos visto casos emblemáticos de abandono y maltratos en sedes del Sename y también vejaciones a niños y niñas en operativos policiales y allanamientos. ¿Cómo ven el rol que ha cumplido la institucionalidad estatal con la niñez en Chile?

Hace un año, estudié todas las normas técnicas del Sename, que son las pautas que rigen a los psicólogos de la institución. Una de mis especialidades es el tema del trauma en los niños y al revisar estas normas desde el 2000 hasta el 2020, nuevamente se repite el caso de que hacen todo lo opuesto a lo que han arrojado 20 años de investigación en el tratamiento de residencias de niños. La gente piensa que uno exagera al decir esto, pero es así. Hay ligas internacionales que están instando a los países a cerrar este tipo de residencias y Chile es de los últimos países que se opone a clausurar estos recintos.

“El primer estallido ocurre en la adolescencia, lo que se ve reflejado en ser el segundo país con la tasa más alta de suicidio adolescente, y somos el país más drogadicto de Latinoamérica”.

El Sename es prácticamente un centro de tortura y de trauma de niños. A estas alturas, soy un pesimista. Hace 20 años uno hablaba de esto y te miraban como si estuvieras loco. Hoy todo el mundo lo reconoce pero hay resignación, muchos opinan que desde su profesión o cargo no es mucho lo que pueden hacer en una institucionalidad que necesita un cambio estructural.

Tenemos uno de los presupuestos más bajos en el mundo en salud mental, con eso te queda todo claro. Con todo lo que implica, no es un tema relevante para Chile. Y creo que no es relevante, porque cuando te empiezas a meter en salud mental, ingresas a una caja de pandora que va en contra de la productividad económica de un país. Y eso es algo que me encantaría decírselo a alguno de los políticos es lo que ejemplifica la OMS, cuando dice que los países más internalizante -Chile, entre ellos-  de aquí a 20 años la productividad se irá a pique. ¿Por qué? Porque estos niños internalizantes son tipos que están deprimidos en el trabajo y te van a llenar de licencias médicas. Y una licencia por depresión pueden ser seis meses.

Estos niños formados bajo un modelo productivo en algún momento estallan. El primer estallido ocurre en la adolescencia, lo que se ve reflejado en ser el segundo país con la tasa más alta de suicidio adolescente, y somos el país más drogadicto de Latinoamérica.

Con lo sucedido en la pandemia, en el entendido de que por el confinamiento muchos padres tienen que convivir más frecuentemente con sus hijos ya que están trabajando o estudiando bajo el mismo techo, ¿es una oportunidad para afianzar la crianza y corregir algunos aspectos que han estado descuidados?

‘Chile Crece Contigo’ presentó hace poco unos datos que dan para pensar que hay un relativo optimismo de que muchos papás pudieron conocer mejor a sus hijos y los niños también estaban más contentos de estar con sus padres. Pensábamos que era obvio que iba a ser así pero ahora hay ciertos datos que lo ratifican.

Ahora qué va a pasar cuando se vuelva a la normalidad será un desafío. Hay que considerar que el promedio de tiempo que un padre pasa con un hijo al día es de una hora. Y el promedio de tiempo que pasa jugando o interactuando, es de 15 minutos a la semana, según un estudio que realizamos hace un tiempo.

Lo que estamos viviendo es grave, es urgente. Y no sé si el presidente Piñera sabe que en su país hay una epidemia gigantesca de salud mental infantil, siendo que su eslogan era poner a ‘Los niños primero’.

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Comentarios

Comentarios

La realidad chilena es realmente penosa y grave . Cuando nuestros niños se están formando definitivamente de la peor forma que se conoce , el futuro de este pais será terriblemente malo.El sistema en el cual se vive y se forma la gente ha sido un experimento cruel e insensible que sólo pone por delante de las narices de quienes gobiernan y son gobernados tan soloel aspecto económico sin poner ni siquiera un leve acento en lo social y en lo formativo del ser humano integral. Una pena y al miemo tiempo un Horror.

Muy interesante

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