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Viernes, 10 de julio de 2020
Violenta chilenización

'Aquí no hay negros': la desconocida historia del racismo del Estado contra los afrochilenos

Paula Huenchumil

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Félix Ríos Albarracín (1930) Azapa, Arica. Foto cedida por su familiar Cristian Báez
Félix Ríos Albarracín (1930) Azapa, Arica. Foto cedida por su familiar Cristian Báez

En el año 2000 el entonces presidente Ricardo Lagos dijo en la Conferencia Preparatoria de Durban que “en Chile no hay negros porque se murieron de frío". Un grupo de afrodescendientes de Arica -descendientes de la trata transatlántica de esclavos africanos- le dijo a Lagos “aquí estamos”, iniciando un trabajo que los llevó a su reconocimiento legal como pueblo en 2019.

“Mosca en leche, así me decían en el colegio. Yo cuando recibía esos insultos siempre me defendí. Me decían negra curiche, tantas cosas que le dicen a una cuando es niña. Te forman una personalidad de estar siempre a la defensiva. El maltrato, la violencia contra ti por tener la piel negra. Hemos vivido discriminación y racismo, y eso se va instalando en todos los procesos de la vida”, dice Marta Salgado Henríquez (73 años) afrodescendiente chilena de Arica y presidenta de la Organización No Gubernamental Oro Negro.

El año 2000 en el marco de una Pre Conferencia Regional Preparatoria de la III Cumbre Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial y otras formas conexas de Intolerancia realizada en Santiago, le preguntaron al entonces presidente Ricardo Lagos, si había negros en Chile, “él dijo que ‘no, porque se habían muerto de frío’, ahí nos paramos cinco personas que veníamos de Arica y alzamos la voz”, recuerda Salgado.

“Le dijimos que no nos habíamos muerto nada de frío. Muchos dirigentes de otros países que estaban ahí lloraron y nos abrazaron, porque Chile era uno de los países que negaba la presencia de los afrodescendientes y por lo tanto se cortaba el eslabón que da el proceso de la Ruta del Esclavo en el mundo. Era raro que acá no hubiera quedado impacto del proceso de la trata negrera”, explica Marta Salgado.

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Marta Salgado junto a su familia
Marta Salgado junto a su familia

La dirigente relata que su hermana, Sonia Salgado, fue una de las precursoras del movimiento. “Ella le preguntaba a mi mamá por qué ella tenía ese pelo tan crespo. Ya con el tiempo mi mamá dijo, ‘no le vayan a contar a nadie pero ustedes son descendientes de africanos’. En ese momento Sonia era alcaldesa de la comuna de Camarones y comenzó a establecer alianzas con otras personas afrodescendientes en el continente”.

El 16 de abril de 2019 fue histórico, ese día se promulgó la ley 21.151, la cual le otorga reconocimiento legal al pueblo tribal afrodescendiente chileno. La normativa indica que “los afrodescendientes chilenos son aquellos que se identifican como tal y comparten la identidad de los descendientes de la trata transatlántica de esclavos africanos traídos a Chile entre los siglos XVI y XIX”.

Camila Rivera (32 años), de la organización de mujeres afrodescendientes Luanda, es abogada y su tesis de grado fue precisamente sobre 'Los instrumentos internacionales de protección para el reconocimiento de los afrodescendientes en Chile', investigación que sirvió como marco teórico a la moción que en 2016 presentó el diputado Luis Rocafull.

“El trabajo de la ley es un trabajo colectivo. El reconocimiento a través de la ley es una reparación histórica de la presencia negra en Chile, pero falta mucho por concretar todavía. Faltan las políticas públicas, pero en virtud a todas estas contingencias, primero por el estallido social y ahora por la pandemia, se nos ha postergado. Nos han relegado pero entendiendo que el ejecutivo sigue enviando proyectos de Ley. Entonces, claramente la política pública no está viéndonos como prioridad y eso es parte también del racismo estructural”, dice Rivera.

La imposición del blanqueamiento: La chilenización que quiso borrar a los afrodescendientes 

Arica, ciudad y puerto del norte grande de Chile, se convirtió desde época colonial en un punto estratégico, debido a que su puerto fue ocupado para el transporte de mercancías y de la plata proveniente de Potosí hacia Europa, administrado en ese entonces por el Virreinato de Perú.

“La trata transatlántica de esclavos en la Colonia generó la mayor migración forzada de poblaciones africanas y el despojo de sus tierras. Su llegada a América del Sur tuvo estrecha relación con el auge minero en Potosí y africanos esclavizados desembarcaron desde el siglo XVI en Arica para trabajar tanto en las minas como en la agricultura de los valles de Azapa y Lluta, en plantaciones de caña de azúcar, algodón y luego olivo”, indica el libro Identidad negra en tiempos de chilenización; memorias de abuelos y abuelas afrodescendientes de Arica y el Valle de Azapa (2017) de las antropólogas Javiera Alarcón, Isabel Araya y Nicole Chávez.

Tras la proclamación de las independencias en la región a comienzos del siglo XIX, Arica fue administrada por la República del Perú. No obstante, a finales de ese mismo siglo, se produce la Guerra del Pacífico, hecho que produce un nuevo quiebre en la vida y en la identidad de las poblaciones afrodescendientes locales. 

Según explica el historiador chileno Luis Ortega en su libro Los empresarios, la política y los orígenes de la Guerra del Pacífico (Flacso, 1984), “el enfrentamiento fue impulsado por un segmento de la elite política y empresarial, que presionó al gobierno chileno, manejó la prensa y movilizó a las masas para que el conflicto condujera inevitablemente al estallido de la guerra e incorporara territorios ricos en salitres a la soberanía chilena”.

La victoria de Chile queda sellada bajo la firma del Tratado de Ancón, en octubre de 1881. Este concedió a Chile en forma permanente el Departamento de Tarapacá y en forma provisoria el de Arica, fijando en diez años el plazo para la realización de un plebiscito, para que fuera la población local la que decidiese a qué nación pertenecer. Finalmente, la votación no se realizó y se dividió en dos el territorio: Arica quedó definitivamente en territorio chileno y Tacna retornó a Perú, según recoge Memoria Chilena.

Cristian Báez Lazcano (45 años), afrodescendiente del valle de Azapa y presidente de la organización Lumbanga, explica que en esos tiempos, la ciudad de Arica arrojó en su último censo casi un 57% de población afro, solamente en la zona urbana, y un 90% en el Valle de Azapa. 

“La chilenización es igual a blanqueamiento. Ese momento histórico es muy negativo para nuestro pueblo afro porque es cuando comienza a negarse nuestra negritud. Para ser chileno uno tenía que ser blanco. Los mismos abuelos incluso tenían eso metido para describir a las personas. Mi abuela Rosa Ríos, que en paz descanse, cuando alguien venía a verme me decía ‘te estaban buscando Cristian’ y yo le decía ¿y quién era abueli? Y me contestaba, “no sé, pero era medio achilenao”. Eso quería decir que era blanquito. Nuestra identidad comienza a negarse hacia el exterior pero al interior de nosotros también. Había que casarse con gente blanca porque había que ‘arreglar la raza’, eso se decía mucho entre las familias afro de esta zona”, explica Báez.

Para Marta Salgado, la chilenización fue un proceso de “transculturación y aculturación”. “Después de ganar la Guerra del Pacífico o la Guerra del Salitre que también se llamó así, Chile impone el nacionalismo a la fuerza, lo que en un momento se llamó la guerra sin fusiles. Gastaron muchísima plata para este proceso. Vino en el tema de la escuela, la iglesia y la imposición del servicio militar. Luego también la creación de las Ligas Patrióticas y las organizaciones que se crearon desde la masonería. Toda una estructura administrativa para imponer el nacionalismo chileno en estos territorios”.

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Fotografía del libro "Lumbanga: memorias orales de la cultura afrochilena"
Fotografía del libro "Lumbanga: memorias orales de la cultura afrochilena"

Las Ligas Patrióticas existieron en forma intermitente desde la década de 1910 hasta 1930 principalmente en las provincias de Tarapacá y Antofagasta, caracterizados por un discurso xenófobo, racista y nacionalista. Según el artículo Las Ligas Patrióticas de la Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Tarapacá (2017) estos grupos paramilitares, eran “ilegales pero aceptados por la sociedad civil y el Estado chilenos, organizados con el propósito de expulsar a la población peruana residente previo al anunciado plebiscito de Tacna, contribuyendo con ello a terminar con el periodo internacionalista y pluriétnico de la región, e iniciar el periodo nacionalista y de región frontera”.

Báez, autor de Lumbanga: memorias orales de la cultura afrochilena (Centro Mohammed VI para el Diálogo de Civilizaciones, 2012), señala que estas brigadas, “recorrían la ciudad y sus valles para amenazar a las personas y así, se fueran de Arica o sino, los iban a matar por las noches. Este aviso tenía una señal, donde se les marcaba con una cruz negra en las puertas de sus casas, el cual esta señal era pintada con alquitrán”. 

En la investigación, recogió vivencias de abuelos y abuelas afrodescendientes, como el relato de Rosa Guiza Lanchipa, criada en la Chimba, una zona costera cercana a la ciudad, donde habitaban afrodescendientes hasta el periodo de la chilenización:

“Yo me acuerdo la cuestión del plebiscito, cuando se metían en las casas los chilenos que le decían; la policía, recuerdo que estábamos en la Chimba y andaban marcando las casas con una cruz con alquitrán, la casa de nosotros estaba marcada, entonces mi mamá tenía en la casa un baúl grande, donde guardaba toda la ropa que ella lavaba de los hoteles. Mi mamá sintió ruidos, mientras estábamos durmiendo, pero mi mamá y mi taita ya estaban prevenidos, como estaba la marca en la puerta, entonces llegaron, tocaron la puerta bien fuerte. Mi papá me dió un beso en la frente y se metió al baúl grande y yo le pesqué las piernas a mi mamá, nunca le solté las piernas, estaba muy asustada. Echaron la puerta abajo, entraron cómo cuatro o cinco, a mi mamá la tiraron a un lado. Entraron y revisaron todo, pescaron la ropa del baúl y luego la dejaron ahí mismo, y no lo pillaron fíjese, yo creo que mi papá se tuvo que haber meado ahí mismo. No eran carabineros por que andaban de civil y andaban con cordeles, me acuerdo que le preguntaban a mi mamá; “ya, donde está”, mi mamá les dijo; “mis hijos no han comido nada, mi marido salió a trabajar temprano y no ha vuelto”, yo no despegaba la vista del baúl, pero menos mal que no se dieron cuenta, después le dijeron ellos; “nosotros vamos a volver”. Se supo de que mataron bastante gente, había hartos desaparecidos, no se sabían por donde, mi mamá tenia familiares que habían desaparecido y no se supo más, pero mi papá tenia un tío que a los años apareció en Tacna, que se fue a las escondidas por la playa”.

La resistencia afrodescendiente

El baile de morenos de paso, la Cruz de Mayo, el tumbe afroariqueño, o el plato picante de mondongo son algunas de las tradiciones que el pueblo afrodescendiente realiza hasta la actualidad.

“Las mujeres hemos sido las guardianas y protectoras de nuestro patrimonio, a través de distintos mecanismos de resistencia logramos mantener una historia que fue invisibilizada y que trató de ser borrada. Las mujeres a través de distintos roles que generalmente nos dejan en el ámbito privado, lograron recuperar y transmitir la cultura afrodescendiente. En las historias de nuestras familias se cuentan cómo las mujeres comercializaban las verduras y las hortalizas, cómo bajaban desde el valle a la ciudad, cómo lavaban en la Chimba. Eran elementos claves para la producción económica de la ciudad. Vemos esta dicotomía que existe entre lo público y lo privado, donde las mujeres transmitían esta cultura”, dice Camila Rivera, una de las autoras del libro Desde las ancestras a la actualidad. Mujeres negras de Arica y sus resistencias (2019).

Para Cristian Báez, hay una herencia y una práctica cultural que está muy vinculada con los “territorios ancestrales”. “El territorio para nosotros ha sido fundamental como un espacio de resistencia y para mantener nuestra identidad cultural afro. Sin territorio ancestral, sin el Valle de Azapa, es muy probable que más allá de habernos blanqueado, al perder parte de los rasgos, nuestra identidad cultural se hubiera perdido. Hoy día nos aferramos a la Cruz de Mayo, a los bailes religiosos de la Virgen de las Peñas que está en la quebrada de Azapa, nos aferramos a los santos patronos, nos aferramos a nuestro carnavalón que tenemos enterrado, nos aferramos a nuestro río. Muchos elementos naturales también que nos identifican y que vuelven a salir a la luz con el movimiento que nace en el año 2000”.

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Ño Carnavalón, una de las tradiciones del pueblo afroariqueño. Foto: Daniel Domingo
Ño Carnavalón, una de las tradiciones del pueblo afroariqueño. Foto: Daniel Domingo

Pablo Domínguez Calderón, es profesor de historia en un colegio de Arica e integrante de la agrupación cultural Sabor Moreno, la cual nació en 2003 con el objetivo de rescatar las tradiciones musicales de las comunidades afrodescendientes. Esta es una de las agrupaciones pioneras en el rescate de la “tumba carnaval”, una danza y canto practicado durante la época de carnaval por las comunidades de la provincia de Arica.

Domínguez comenta que además del trabajo en el aula, lidera una academia de música, donde conmemoran y celebran distintas tradiciones de pueblos indígenas, así como del pueblo afrodescendiente, “los estudiantes no lo ven como algo folclórico. Arica rebosa en interculturalidad, en una sala de clases tienes estudiantes indígenas, afrodescendientes, mestizos y migrantes”.

“Nosotros enseñamos en Arica y hablamos todo el día de Santiago y de Concepción y quizás Copiapó. Arica no existe en la historia nacional, es super ilógico desde el punto de vista territorial. Yo soy más autodidacta en ese sentido para entregar la información porque el currículum escolar no contempla la historia de este territorio ni de nuestro pueblo. Hay un concepto del “curriculum oculto”, es decir el Estado propone la teoría, pero las personas hacemos el curriculum. Yo no puedo obviar la historia de acá, la violencia que hubo en la chilenización, no podemos seguir enseñándoles que celebren el 7 de junio de 1880, cuando fue el asalto y toma del Morro de Arica, que lo vean como una celebración sin cuestionar lo que pasó”, agrega.

En 2010 en Arica se creó la oficina afrodescendiente en la municipalidad, la cual fue impulsada por distintas organizaciones del sector, “para apoyar al pueblo afrodescendiente en las demandas culturales, sociales y políticas”, señala la encargada Milene Molina Arancibia. “Antes de la pandemia realizamos varias acciones buscando un cupo en el proceso constitucional, se nos está dejando afuera. Necesitamos que un afrodescendiente integre ese espacio, porque hemos sido invisibilizados en Chile, pero aquí estamos, en un eterno proceso de resistencia”.

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Comentarios

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deseo leer articulos completos

Muy buen artículo!!....donde se pueden conseguir los libros y artículos referenciados??

Muy buenos artículos

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