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Domingo, 24 de Octubre de 2021
Capítulo 22

El retorno de la esclavitud (extracto de 'Conexiones Mafiosas')

Manuel Salazar Salvo

Este es el capítulo 22 de la entrega de 24 capítulos de la investigación del periodista Manuel Salazar sobre organizaciones criminales alrededor del mundo, contenido en el libro 'Conexiones Mafiosas', de 2008. En este artículo, el autor se refiere al creciente fenómeno del tráfico de personas, el cual se ha transformado en un lucrativo negocio internacional que afecta a las personas más desvalidas del mundo, pero principalmente, a las mujeres de distintas latitudes del planeta.

Los historiadores estiman que demoró cerca de 400 años el traslado desde África de unos 15 millones de esclavos hacia América. Hoy, las Naciones Unidas (ONU) afirman que en la actualidad existe un comercio de seres humanos que afecta a unos seis millones de personas anualmente, por un valor que oscila entre los US$ 7.000 y US$ 10.000 millones. Este rubro del crimen organizado se ha ubicado inmediatamente detrás del tráfico de armas y de drogas, amenazando con convertirse en la principal actividad ilícita del planeta.

En el año 2005 se contaron en el mundo 175 millones de emigrantes documentados y se calcula que el número de indocumentados llegó a otros 90 millones. Aún mayor es el número de emigrantes internos -150 millones sólo en China- que se trasladan desde áreas rurales hacia ciudades en rápido crecimiento.

El tráfico de seres humanos constituye la más tenebrosa de las formas en que se está desplazando la mano de obra en la nueva economía globalizada. Sus víctimas terminan trabajando en extremas condiciones de explotación, sin ningún derecho, amenazadas y violentadas hasta lo indecible.

Una de las dimensiones más escabrosas de este tráfico es el comercio sexual. De China, India o Camboya a Tailandia; de Rusia a los Emiratos del Golfo; de Perú y Colombia a Japón; de la República Dominicana y Argentina a España; de Nigeria y Albania a Italia; y así sucesivamente. La nueva demanda es carne humana, joven y fresca, para satisfacer apetitos sexuales que no logran calmar con sus parejas habituales.

Desde la desaparición de la URSS, decenas de miles de mujeres han sido “exportadas” desde Rusia, Ucrania, Moldavia y Rumanía para ser explotadas sexualmente en las ciudades de Europa occidental y Japón.

En Londres, los traficantes de mujeres, prácticamente desconocidos hasta mediados de los 90, controlan el 80% de la prostitución. Interpol calcula que pueden suministrar mujeres traídas de los Balcanes en sólo 48 horas. Los encargados de reclutarlas llegan a cobrar hasta US$ 500 por cada una. Se les engaña con promesas de trabajo, se les pasa las fronteras pagando coimas y se las oculta en casas o departamentos discretos, en ciudades como Budapest, Praga, Lepzig o Sarajevo donde se las prepara para la prostitución a punta de drogas, palizas y violaciones.

En 1998 se descubrió en Florida, Estados Unidos, la presencia de esclavas mexicanas. Un informe gubernamental publicado en 1999 señala que las autoridades de inmigración habían identificado 256 burdeles en 26 ciudades que se abastecían de mujeres traficadas.

Diversos organismos internacionales estiman que unas 150.000 niñas y mujeres son introducidas cada año en el mercado sexual del sur de Asia. Sólo en India las personas contagiadas con SIDA superan los 2,5 millones.

Las víctimas de la esclavitud sexual son subyugadas con drogas y expuestas a una violencia extrema, privación de alimentos y tortura sicológica. Algunas sufren lesiones permanentes en sus órganos reproductivos y muchas mueren a causa de los malos tratos.

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Crece el problema en todo el planeta
Crece el problema en todo el planeta

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El transporte como en la antigua esclavitud
El transporte como en la antigua esclavitud

Novias por encargo

Los informes de la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR; la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, y otras entidades preocupadas del tema difunden aquellas horrorosas experiencias ocultando la identidad de las involucradas.

Cuentan que en uno de los destinos turísticos de Madagascar, una joven de 15 años es obligada por sus padres a ejercer la prostitución con hombres turistas mayores de edad para generar ingresos para la familia. Los habitantes locales observan que la joven vestida con ropa ceñida frecuenta lugares turísticos, y come y bebe con extranjeros hasta altas horas de la noche. Si el turista es acusado por la policía, le paga a la familia de la joven una pequeña suma de dinero para que no formulen cargos.

En Birmania, una joven viaja a la provincia Yunnan de China en busca de trabajo para escapar de las tristes condiciones económicas causadas por décadas de abuso del gobierno militar. Al llegar al pueblo fronterizo chino, le ofrecen empleo en un bar de la localidad. El dueño se da cuenta de que es una ciudadana extranjera sin documentación y procede a confinarla a un pequeño hotel donde es prostituida para el comercio sexual con turistas y comerciantes chinos.

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El comercio sexual tras la llegada a destino
El comercio sexual tras la llegada a destino

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Mujer colombiana comprada en España
Mujer colombiana comprada en España

En Afganistán, una joven es prometida en matrimonio a un hombre de una aldea cercana para resolver una larga disputa entre las familias. Aunque es todavía niña, la sacan de la escuela para que se case con alguien que nunca ha visto. A su llegada, la obligan a cocinar, limpiar y servir a toda la familia de su esposo unas 18 á 20 horas diarias. Si hace algo mal, le pegan y la amenazan con matarla si intenta escapar. Un día, su marido decide casarse con otra y simplemente la vende a otro hombre.

La OIM afirmó en diciembre de 2007 que 400 mujeres desaparecieron en Argentina, víctimas de la explotación sexual. En un informe sobre la trata de personas, sostuvo que en el mundo se somete anualmente a cuatro millones de adultos y dos millones de niñas y niños a condiciones de esclavitud, actividad que genera ganancias estimadas en US$ 32.000 millones, donde más del 85% proviene del comercio sexual.  

La entidad agregó que en América Latina, entre 700 mil y dos millones de personas son víctimas de los traficantes cada año. En la misma investigación se estableció que del total de mujeres ingresadas a Chile por organizaciones de trata de blancas, el 40% por ciento son argentinas y que más de la mitad de las jóvenes paraguayas captadas por bandas de proxenetas terminan esclavizadas en prostíbulos argentinos.

 

Uno de los fenómenos más destacables ha sido la aparición y desarrollo de corrientes migratorias feminizadas, donde las mujeres inician solas el proceso migratorio. Ello no es casual, en la medida en que se constata que la pobreza tiene rostro de mujer. En este sentido, las penurias económicas, las catástrofes naturales o políticas que se suceden en el Sur, el nivel de desempleo, las reformas económicas estructurales y la falta de oportunidades afectan en mayor medida a las mujeres que ven en la emigración una salida a su situación. 

En los países occidentales, a medida que las mujeres de clase media se incorporan al mercado de trabajo, aumenta la demanda de empleadas del hogar ya que muchas mujeres al insertarse en el mundo laboral, requieren el servicio doméstico para la realización de las labores como la limpieza, cuidado de niños y ancianos.

En estas faenas el idioma es fundamental. De ahí que sean cada vez más las latinas que intentan establecerse en España. Un informe reciente de Extranjería de ese país señala que sólo en Madrid tienen residencia autorizada 19.741 dominicanas, 17.119 peruanas, 9.866 cubanas, 9.619 colombianas, 8.350 ecuatorianas y 8.292 argentinas, entre otras nacionalidades de esta región. No se informa sobre las actividades que realizan.

En el año 1998, en tanto, una investigación realizada por la ONG Parsec calculó en un mínimo de 15 mil y en un máximo de 19 mil la presencia de prostitutas extranjeras en Italia. Un año después, la prensa entregó datos muy diferentes: 70 mil mujeres se prostituían en Italia, la mitad de las cuales eran extranjeras y diez mil menores de edad. Muchas de ellas procedentes de Nigeria, Albania y Colombia. 

Para el año 2004 ya eran 80 mil las personas ocupadas en el mercado de la prostitución. 50 mil extranjeras. El 48% había llegado de Europa del Este, el 22% de África, el 10% de Sudamérica y el 4% de otros países. La nueva investigación señaló también el aumento del número de los transexuales (5%) y de los travestis (0,8%), agregando que los principales centros de la actividad eran Roma, Milán, Turín, Florencia y Nápoles.

 

Por esa misma fecha, la policía colombiana informó que una organización criminal asentada en las ciudades de Cali, Palmira y Buenaventura estaba trasladando centenares de mujeres reclutadas en el país para ser enviadas a Milán después de un período de “capacitación” en Argentina, donde recibirían documentos falsos y pasaportes con apellidos italianos.

Unas 600 mil mujeres son introducidas legal e ilegalmente al año a Europa para dedicarse a la prostitución.

Otra actividad “suplementaria”, en diversos países, es el tráfico de  niños pequeños destinados a transformarse en mendigos o a ser vendidos para la adopción en Occidente. En Albania los traficantes ofrecen cinco mil euros a las familias pobres por un recién nacido e incluso los adquieren cuando la mujer está embarazada. Ofertas similares se realizan en América Latina e incluso en algunas regiones de Asia

La esperanza está en el norte

En algunos países, el crecimiento económico ha creado una necesidad de ciertos puestos de trabajo que excede la oferta de mano de obra local. En otros, a la mano de obra se la considera demasiado cara, sobre todo cuando existe gente dispuesta a trabajar a cambio de salarios inferiores. Quienes acuden a los trabajadores indocumentados son generalmente empresarios con necesidades a corto plazo, especialmente en los sectores de la hotelería, la industria textil y la construcción. En los países ricos y en desarrollo la afluencia de indocumentados está causando estragos en los mercados laborales que ya han sufrido recesiones y grandes cambios estructurales.

El territorio estadounidense de las islas Marianas del Norte es uno de los principales destinos de los inmigrantes ilegales procedentes de Asia. Los traficantes les aseguran que entrarán a EE.UU. pero luego se les conduce a fábricas de ropa que en ocasiones pertenecen a organizaciones mafiosas asiáticas, y se les obliga a trabajar para saldar sus deudas.

La ONU calcula que cada año los emigrantes envían a sus países de origen un total de US$ 165.000 millones en remesas. Las despachadas a América Latina crecen a un ritmo de 10% anual, y ya superan el equivalente al 10% del PIB en Haití, Nicaragua, El Salvador, Jamaica, República Dominicana y Ecuador. En Colombia igualan en volumen a la mitad de las exportaciones de café, mientras que en México se equiparan al total de ingresos por el turismo.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2003 en Estados Unidos, los precios para pasar clandestinamente la frontera desde México hacia EE.UU. saltaron de US$ 300 a más de US$ 2.000. En 2005 las autoridades estimaron que había unos 300 grupos con capacidad para intentar el cruce del río Grande. Uno de ellos era la organización Salim Boughader, llamada así por el nombre de su jefe, un mexicano de ascendencia libanesa, especializada en el transporte de inmigrantes ilegales procedentes del Cercano Oriente. Otra banda, llamada “M”, traficaba con egipcios que traían a Brasil como turistas, de allí a Guatemala, luego a México y enseguida  a EE.UU. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cree que hay 12,3 millones de personas en condiciones de trabajo forzoso, servidumbre, explotación infantil y esclavitud sexual en el mundo. Otras estimaciones mencionan un número que oscila entre cuatro y 27 millones.

Otro de los factores que más ha incidido en el aumento de la  migración ha sido la creciente diferencia en los niveles de vida y beneficios sociales y laborales entre los países ricos y los países en vías de desarrollo. En las últimas dos décadas esas disparidades han tendido a acentuarse, sobre todo la evolución de las remuneraciones. Mientras en los países del primer mundo los salarios han tendido a subir, en la mayoría de los países en desarrollo han tenido alzas leves, se han mantenido estacionarios o, en numerosos casos, incluso han caído. A modo de ejemplo, en 1980 la diferencia en el salario por una hora de trabajo de un obrero de manufacturas chino y otro estadounidense era US$ 0.25 a US$ 9.87; en 1995, la relación se disparó a US$ 0.25 contra US$17.20. De modo similar, en 1996, un obrero mexicano podía ganar en promedio hasta nueves veces más trabajando en Estados Unidos. 

En 1995 los costos por hora de trabajo en las industrias manufactureras eran, en dólares estadounidenses, de: 0,25 en India y China, 0,46 en Tailandia, 0,60 en Rusia, 1,70 en Hungría y 2,09 en Polonia; frente a 13,77 en el Reino Unido, 14,40 en Australia, 16,03 en Canadá, 17,20 en Estados Unidos, 19,34 en Francia, 23,66 en Japón y 31,88 en Alemania. 

Los cambios tecnológicos también han tenido una enorme repercusión en el aumento de la migración. La masificación del tránsito aéreo y las mejoras en el transporte terrestre y marítimo, han facilitado la migración al reducir el costo y aumentar la eficiencia. De igual modo, la creciente penetración de los medios de comunicación ha permitido a una mayor cantidad de personas en los países del sur enterarse de las condiciones de vida en los países del norte. 

Seducidos no sólo por las oportunidades económicas sino también por nuevos patrones culturales transmitidos por la televisión, el cine y el video, muchas personas han decidido emigrar de sus países. 

Pasaportes que valen oro

Como negocio, el tráfico de migrantes es sumamente lucrativo. Por pasar en automóvil ilegalmente a alguien a través de una frontera de Europa Oriental, o en una embarcación desde Marruecos a España, pueden cobrarse unos US$ 500 dólares, pero un complicado paquete de viaje para un emigrante indocumentado desde China a Estados Unidos puede llegar a costar hasta US$ 30.000. Este flujo ilegal de trabajadores ha dado origen a un gran mercado de documentos falsificados y Bangkok se ha convertido en un importante centro de producción de documentos falsificados, en especial pasaportes coreanos y japoneses que se venden a unos US$ 2.000 a los emigrantes chinos para viajar a otras partes del mundo. 

En Estados Unidos, la agricultura es el sector donde la participación de los inmigrantes alcanza cotas más altas; en Bélgica y los Países Bajos es el de la extracción y tratamiento de minerales; en Dinamarca, Alemania, Australia y Canadá es el sector manufacturero; en Francia y Luxemburgo, la construcción y la ingeniería civil; y en el Reino Unido, el sector de servicios. 

En América Latina si bien la mayoría de sus emigrantes van a Estados Unidos, existen otros flujos hacia Argentina, Brasil y México. Se calcula, por ejemplo, que hoy viven y trabajan en Argentina unos 200 mil inmigrantes indocumentados provenientes de Bolivia, Paraguay y Perú. En Chile, hay otros 200 mil, en su mayoría peruanos, cubanos y ecuatorianos (en 2008). 

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Intentos diarios por cruzar desde África hacia Europa
Intentos diarios por cruzar desde África hacia Europa

México, por su parte, atrae a emigrantes centroamericanos. Al otro lado del planeta, más de nueve millones de ex soviéticos se desplazaron hacia diversas regiones de Europa, mientras lo mismo hacían polacos, albanos, rumanos, húngaros y búlgaros.  En Japón, la escasez de mano de obra se agudizó tanto a finales de la década de 1980, que se permitió la entrada de numerosos inmigrantes con contratos temporales de corta duración. Como resultado de ello, la cifra de residentes extranjeros se infló como un globo hasta alcanzar 1,36 millones en 1995, casi el 1,1% de la población.  Hay, además, unas 300.000 personas que llegaron al país como turistas y que se cree que siguen en él una vez expirados sus visados.  

Las nuevas economías industriales de Singapur, Hong Kong, la República de Corea y Taiwán han atraído grandes contingentes de trabajadores no calificados, aun cuando tratan de controlar su afluencia. Singapur tiene el sistema más rígido, que impone severas sanciones a los empleadores de inmigrantes ilegales. Los países de la siguiente generación de “tigres asiáticos”, tales como Tailandia y Malasia, son fuente y destino de trabajadores emigrantes, así como en casi todos los países de esa región.

Cada uno de estos flujos, lo mismo que en todos los continentes, está siendo controlado por las cada vez más poderosas organizaciones criminales que, al igual que las grandes transnacionales, se están repartiendo el planeta. Esta vez, sin embargo, no son drogas, ni armas, ni productos electrónicos o automóviles de lujo. Son hombres, mujeres y niños, ansiosos de salir de la pobreza y dispuestos a cualquier sacrificio para conseguirlo, empresa que  muchas veces les cuesta sus vidas.

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Afiches sobre las inmigraciones
Afiches sobre las inmigraciones

 

Mañana: Los tucanes y el demonio.

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