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Martes, 27 de Julio de 2021
Ciclo electoral 2021

La derecha se hunde en su peor ciclo electoral en más de medio siglo

Lissette Fossa

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Luciano Rivas celebrando su triunfo junto a Sebastián Sichel, el senador Felipe Kast e Ignacio Briones.
Luciano Rivas celebrando su triunfo junto a Sebastián Sichel, el senador Felipe Kast e Ignacio Briones.

La derrota del Rechazo en octubre, el fiasco en las elecciones de constituyentes y sólo un gobernador en todo Chile, que además ni siquiera es militante, confirman el desplome de Chile Vamos. Ayer, los candidatos del sector hablaban más como jefes de campaña de Orrego que como aspirantes a La Moneda. ¿Huele a 1964-1965?

Abrigados con bufanda y parcas, Ignacio Briones y Sebastián Sichel, dos de los cuatro precandidatos presidenciales del oficialismo, acompañaron este domingo al único gobernador regional que tendrá la derecha chilena en los próximos cuatro años: Luciano Rivas, un independiente cercano a Evópoli, que triunfó con un 58,2% en la región de la Araucanía. Y aunque las mascarillas no dejaban ver bien sus expresiones, sonrisas no abundaban.

La jornada electoral de este 13 de junio vino a sellar para este sector una dura derrota en los comicios a gobernadores. Esta ya se vislumbraba en las votaciones del 15 y 16 de mayo, cuando no obtuvo ningún triunfo y sufrió el desplome de su gran carta para la Región Metropolitana, Catalina Parot, que sólo logró el cuarto lugar. Con todo, el oficialismo instaló a nueve candidatos para la segunda vuelta, mientras que en otras cuatro regiones con balotaje no hubo ningún representante de la derecha. Excepto Rivas que retuvo una región que ha sido un bastión histórico de la derecha, ayer todos los candidatos oficialistas perdieron.

Todas las derrotas fueron contundentes, en especial para los cuatro candidatos de la UDI, cuyo abanderado presidencial es Joaquín Lavín.

Poco más de un tercio de la votación total de Orrego provino del distrito 11.

El mejor resultado de la UDI lo obtuvo Jezer Sepúlveda en la región de Ñuble con 47% de los votos (perdió con Óscar Crisóstomo Llanos del PS). Y el peor resultado lo tuvo en el Bío Bío, región en que la UDI ha sido fuerte durante años de la mano de Jacqueline van Rysselberghe. La candidata de ese partido, Flor Weisse, sólo obtuvo 28,6%, perdiendo ante el independiente Rodrigo Díaz (ex DC).

En la región de Coquimbo, el UDI Marco Antonio Sulantay fue aplastado por la ecologista Krist Naranjo, la que logró 62% de los votos frente a 38% del candidato oficialista. Y en la región de O’Higgins el UDI Eduardo Cornejo tuvo 42,3% frente a 57,7% del socialista Pablo Silva.

A las tres cartas de RN, partido del precandidato Mario Desbordes, les fue incluso peor. El mejor resultado corrió por cuenta de María José Gatica en la región de los Ríos, donde obtuvo 40,8%, perdiendo ante Luis Cuvertino Gómez del PS que logró 59,2%. Un poco más al sur, en la región de los Lagos, el RN Ricardo Kuschel marcó 37,6% frente al 62,4% de Patricio Villaspín de la DC. Y en la región de Antofagasta el candidato de ese partido, Marco Antonio Díaz, apenas reunió 27,9% de las preferencias, siendo derrotado por Ricardo Díaz, independiente que iba en la lista Unidad Constituyente (ex Concertación).

La derecha no había sufrido un ciclo electoral tan duro desde las presidenciales de 1964 y las parlamentarias de 1965. Ese período terminó con la desaparición de los partidos Conservador y Liberal que marcaron más de 100 años de vida política en el país.

Hubo dos candidatos independientes que iban en la lista de Chile Vamos. En Arica y Parinacota Enrique Lee obtuvo 42,3%, perdiendo por 15 puntos frente al DC Jorge Díaz. Y en la Araucanía se dio el solitario triunfo de Luciano Rivas.

De esta manera, entre los primeros gobernadores electos en la historia del país no habrá ningún militante de la UDI, RN o Evópoli.

Lavín y Desbordes pidiendo agua

Los resultados del domingo vienen a confirmar que el actual ciclo electoral es el más devastador para la derecha desde mediados de los años 60.

Aunque todavía faltan las elecciones legislativas y presidenciales de noviembre de este año, la profundidad de las derrotas derechistas resulta evidente si se considera que muchos representantes de ese sector se alegraron ayer con el triunfo del representante de la tradicional centro izquierda Claudio Orrego en la Región Metropolitana.

Más allá del fiasco en las elecciones a gobernadores, la derecha sufrió dos derrotas que marcan un futuro poco prometedor, no sólo en el ámbito electoral, sino también en la batalla por conformar un nuevo modelo de desarrollo. En octubre la opción de Rechazo en el plebiscito constitucional apenas superó el 21%. Y en las elecciones a la convención constituyente, la derecha ni siquiera logró el tercio de los representantes que le hubiera permitido cierto poder de veto o de negociación.

La derecha no había sufrido un ciclo electoral tan duro desde las presidenciales de 1964 y las parlamentarias de 1965. En estas últimas, los tradicionales partidos Conservador y Liberal apenas lograron 12,9% del total de los votos, frente a 12,7% del Partido Comunista o el aplastante 43,6% de la DC. Ese período terminó con la desaparición de esos dos conglomerados que marcaron más de 100 años de vida política en el país, dando paso a un solo partido unificado de la derecha: el Partido Nacional.

Algunos elementos del fin de ciclo que vivió la derecha tradicional en los años 60 se están repitiendo en esta década. Tanto hace más de medio siglo como hoy, el temor de amplios sectores conservadores ante una avalancha de izquierda los movilizó para votar por el llamado mal menor.

Ayer, los votos del electorado de la derecha fueron clave en el triunfo de Claudio Orrego, tal como lo fueron en 1964 para el triunfo de Eduardo Frei Montalva. Con poco más de 235 mil votos, el distrito 11 -el baluarte de la derecha desde 1990 y que comprende las comunas de Las Condes, Lo Barnechea, Vitacura, La Reina y Peñalolén- fue por lejos el que más sufragios aportó al candidato de la ex Concertación. Poco más de un tercio de la votación total de Orrego provino de ese distrito electoral.

"El triunfo de Orrego es un triunfo del cambio social. Pero del cambio social en acuerdo, paz y unidad”, dijo Lavín, sonando más como jefe de campaña de Claudio Orrego que candidato de la UDI a La Moneda. 

Quizás la diferencia más sustantiva entre el ciclo electoral 2020-2021 y el de 1964-1965 sea la participación electoral. La antaña configuración de los tres tercios no atrae mucho al electorado actual que, hace años ya, viene registrando abstenciones históricamente altas. La participación electoral de ayer apenas fue de un 19,6% (en las parlamentarias de 1965 fue 80,6%), probablemente la más baja desde que se implementó el voto universal en los años 50.

Un indicio del debilitamiento de la derecha es que incluso sus candidatos presidenciales han dado señales de querer aliarse con los sectores más conservadores de la ex Concertación.

Ayer, Mario Desbordes emplazó a la Democracia Cristiana a buscar nuevas alianzas. Un coqueteo que no pasa inadvertido si se considera que Orrego no sólo ganó con el apoyo de la derecha, sino que es un partido que viene herido tras las negociaciones infructuosas que mantuvieron el Partido Socialista y el PPD, sus tradicionales aliados, con el Partido Comunista y el Frente Amplio.

“La pregunta se la hago al electorado democratacristiano, ¿cuál es su aliado? ¿Con quién se van a juntar? ¿Con el que le pide una declaración de garantía, que no confía en ustedes? ¿O se va a juntar con los que permitieron que hoy Claudio Orrego fuera electo gobernador regional?”, comentó Desbordes en Canal 13.

En el mismo canal, Joaquín Lavín fue invitado anoche como una especie de analista para comentar los resultados electorales. "Todos los que vivimos las elecciones del 15 y 16 de mayo ya sabíamos más o menos cómo iban a ser los resultados", comentó Lavín. El candidato de la UDI confirmó de paso que votó por Orrego en esta vuelta.

"El triunfo de Orrego es un triunfo del cambio social. Pero del cambio social en acuerdo, paz y unidad”, dijo Lavín, sonando más como jefe de campaña de Orrego que candidato de la UDI a La Moneda. “Y (también es) una derrota de un discurso más odioso, extremo y radical, que fue el de Karina Oliva".

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Comentarios

Comentarios

Con respecto a Orrego, me limitaré a parafrasear a Iriarte: "Si la izquierda no aplaude, malo; pero si la derecha celebra, peor".

Esto confirma que la "maquinaria del poder en Chile" (según Mauro Daza) está comenzando hacer funcionar sus mecanismos con las correas de sus ex socios golpistas la DC. No creo que ahora puedan hacerlo de nuevo.

Muy interesantes sus reportajes

Interesante análisis, sin embargo, habría que ver que opina el 80% que no votó.

Con este interesante análisis de las votaciones, que pasara con las presidenciales, parece que ya se empieza a sentirse ese olor a 1964-1965.

Cierto es que hay similitudes, que es de esperar que sean eso (similitudes superficiales). No deberemos olvidar lo que trajo como consecuencia lo ocurrido en esa época y que significó, para muchos la pérdida absoluta o parcial de vida y cuyas consecuencias aún persisten como determinantes en nuestro ordenemiento jurídico. Los privilegiados, aunque son una minoría, no estan dispuestos aperder sus privilegios y la historia así lo demuestra. La "Guerra del Pacífico" y la "Revolución de 1891", que costaron miles de vidas de compatriotas; sólo produjeron beneficios a unos pocos que ni siquieran tuvieron la decencia y valentía de tener participación directa en ellas y se escondieron fuera y dentro de chile en la seguridad de la clandestinidad hasta que pasado el peligro salieron, como siempre, a arrogarse resultados. Es efectivo que los tiempos son distintos, pero se siguen exltando pseudos valores de ¡Orden y Seguridad! ; que por lo demás solo pretenden evitar la pérdida de privilegios. Confío en que el acceso a la educación y a la cultura, haga a la gran mayoría de las personas actuales a ser más solidarias, empáticas y éticamente humanas. La estratificación de la sociedad no es aceptable, bajo ningún concepto moral: de raza, potecial intelectual, capacidad económica y menos aún ubicación social. No podemos pretender que seamos iguales, pero tampoco, que seamos distintos.

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