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Sábado, 22 de febrero de 2020
REPORTAJE EN PROFUNDIDAD

Liempi Colipi, los mapuche que enfrentan a las elites de la Araucanía y Santiago, la Conadi y Carabineros para recuperar sus tierras

Paula Huenchumil (desde Curacautín)
Catalina Mundaca

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Comunidad Liempi Colipi en ceremonia. Fotografía Catalina Mundaca
Comunidad Liempi Colipi en ceremonia. Fotografía Catalina Mundaca

La Conadi les reconoció la devolución de 1.000 hectáreas, pero ha sido imposible ejercer ese derecho sobre la tierra ancestral del Fundo Santa Filomena, arrendado por el empresario José Emilio Chahín, hermano de Fuad Chahín, presidente de la DC, cuya dueña es María Luisa Lyon, quien tiene acciones en CMPC y está casada con el fundador de la UDP.

Roberto Cheuquepan (21 años) es werken (vocero) de la comunidad Liempi Colipi y recorre junto a otros mapuche el Fundo Santa Filomena en Curacautín, Región de la Araucanía. Hace pocos minutos dos tractores del arrendatario del terreno, José Emilio Chahín, intentaron entrar al predio, pero fueron expulsados. La comunidad lleva más de un mes realizando una ocupación territorial ilegal, pero que reclaman como legítima.

Cheuquepan, aún con una cicatriz de un perdigón que recibió en su frente de parte de Carabineros, camina hacia uno de los cerros y mira la deforestación del terreno por la plantación de pinos, realizada por la propietaria María Luisa Lyon. Esas montañas antes estaban cubiertas de bosque nativo y eran parte del lof Kontué, la entrada hacia la zona cordillerana.

“Enfrentamos a familias que tienen poder, que pueden mover rápidamente Fuerzas Especiales de Carabineros. El primer día ya tuvimos orden de desalojo, no se concluyó porque tomamos la decisión de retirarnos del predio. El Estado chileno se comprometió a dar solución en dos días, pero no cumplió. Llevamos un mes de lucha porque estas familias solo quieren lucrar. Somos capaces de dar la vida por defender nuestro territorio, nuestra ñuke mapu (madre tierra)”, dice Cheuquepan a INTERFERENCIA, quien se autodefine como un weichafe, es decir, un guerrero mapuche. 

En 2009 la comunidad Liempi Colipi presentó una solicitud de reivindicación de 1.000 hectáreas en la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), y en 2013 esta institución les reconoció la solicitud, sin embargo los mapuche acusan que Conadi les compró cerca de 600 hectáreas en dos fundos que no habían solicitado. Esta comunidad mapuche afirma que su demanda histórica corresponde al hoy llamado Fundo Santa Filomena, el cual es colindante donde actualmente viven y solo lo separa un cerco, y el cual corresponde a tierras ancestrales perdidas en la expoliación de fines del siglo XIX.

Hace nueve años el fundo es arrendado por el empresario José Emilio Chahín, el medio hermano de Fuad Chahín -presidente de la Democracia Cristiana, DC- quien realiza actividades ganaderas y cosechas. La dueña es María Luisa Lyon, quien logró que Carabineros instalara a tres policías de forma fija para vigilarlos. Lyon tiene una plantación de pinos en el fundo, acciones en CMPC y está casada con Manuel Montt Balmaceda, descendiente de la emblemática familia Montt, rector fundador y miembro del Consejo Directivo Superior de la Fundación Universidad Diego Portales. El matrimonio tiene cinco hijas y once nietos.

Después de la entrega de las 600 hectáreas, Conadi ha hecho oídos sordos a la demanda de Liempi Colipi por las otras 400 restantes. Sostienen en el interior de la organización gubernamental que no negocian en un contexto de toma y también indican que ya se restituyeron más de las 186 hectáreas que informa el título de merced que posee la comunidad. Sin embargo, para muchos mapuche estos títulos son considerados como el documento legal del despojo, pues solo representa cómo fueron reducidos.

En tal sentido -en general- esos títulos de merced se consideran armas de doble filo, pues si bien demuestran derechos territoriales, también son expresión de los procesos de reducción y despojo a los que fueron sometidas las comunidades mapuche de la Araucanía.

Esta historia particular de la comunidad Liempi Colipi, quienes vienen del "brillo del volcán", también representa la historia de muchas comunidades mapuche despojadas, en sus procesos de reclamación territorial.

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Ceremonia de la comunidad Liempi Colipi. Fotografía Catalina Mundaca
Ceremonia de la comunidad Liempi Colipi. Fotografía Catalina Mundaca

La batalla de la recuperación

Fue el lunes 18 de noviembre de 2019 cuando la comunidad Liempi Colipi decidió instalarse de forma indefinida en el fundo.

No es el primer intento de recuperación por la vía de la ocupación, pues en 2012 y en 2014 ya lo habían intentado. En el último desalojo detuvieron a 30 personas, entre ellos, nueve menores de edad y un niño de tan sólo tres años de edad, situación que dio por terminada esa ocupación. 

“Mi comunidad, a la cual represento y dirijo, demandó al Estado hace unos años atrás. Llegamos al acuerdo que de 3.000 hectáreas que supuestamente perdimos, se nos iban devolver 1.000. Desde ese entonces ha habido un abuso continuo, tanto del Estado como de las personas que tienen usurpados nuestros territorios”, dice Juan Huenuhueque Cheuquepan, lonko (autoridad ancestral) de la comunidad.

Cuando terminaron la primera semana de la actual toma, la comunidad informó a través de redes sociales que el predio es arrendado por el hermano de Fuad Chahín, el empresario José Emilio Chahín, quien tiene 13 derechos de agua sobre el río Cautín, lo cual equivale 21.397,9 litros por segundos anuales en la zona. Además es dueño de cuatro fundos en la comuna según señala uno de los cuidadores.

Al día siguiente Fuerzas Especiales de Carabineros llegó a desalojar el Fundo Santa Filomena.

“Esta es la familia Chahín que promueve la paz y la nueva Constitución. Así quieren paz en el territorio mapuche”, reclama uno de los mapuche de la comunidad. Al ser consultado por INTERFERENCIA, Fuad Chahín señaló que no es cercano a su medio hermano y que incluso tienen posiciones politicas distintas. Además comentó que hace años no visita la comunidad. Cabe señalar que la familia Chaín pertenece a la región de la Araucanía, habiendo sido Fuad diputado por Victoria, Lautaro y Vilcún durante dos periodos legislativos anteriores al actual. 

Los efectivos que realizan los desalojos pertenecen a la Segunda Comisaría de Fuerzas Especiales de Carabineros de Pailahueque, la misma a la pertenecían los funcionarios del Gope del operativo que asesinó a Camilo Catrillanca, en la comunidad Temucuicui. De ese recinto también era Cristián Rivera Silva, el autor del disparo de Brandon Hernández Huentecol en 2016, baleado con 17 años en Collipulli y que hasta hoy vive con más de 90 perdigones de plomo en su cuerpo. 

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Fundo Santa Filomena, Curacautín. Fotografía Catalina Mundaca.
Fundo Santa Filomena, Curacautín. Fotografía Catalina Mundaca.

 

“No es recuperación de tierras, imagínese. Hacer destrozos en los árboles no es recuperación de tierras. Sacar por la fuerza a un empleado tampoco es recuperación de tierras. Vincular a un político que es hermano mío. Yo pienso que es tema político más que otra cosa. Y ahí yo no me meto, yo no soy político. Nosotros, como le vuelvo a decir, defendemos lo que es nuestro trabajo. Tenemos el derecho constitucional de poder trabajar tranquilos", expresa José Emilio Chahín, el hermano del presidente de la DC.

Pero el contacto de la comunidad Liempi Colipi con Carabineros no solo ocurre en los desalojos. A menos de cien metros del rewe, el lugar donde realizan las ceremonias, está la casa del cuidador del fundo, empleado de Chahín, en ella tres carabineros viven día y noche.Según comenta a nuestro medio el sargento primero Osvaldo Poblete Álvarez, su presencia ahí se debe a que la dueña del fundo, María Luisa Lyon, interpuso una medida de protección “para proteger bienes inmuebles y vidas”, mientras que las órdenes de desalojos provienen del arrendatario José Emilio Chahín.

Hace nueve años Chahín decidió arrendar 500 hectáreas del Fundo Santa Filomena. Él mismo reconoce a INTERFERENCIA que en ese momento la comunidad le dijo que estaban en un proceso de recuperación y que esperaban que Conadi comprara el predio. “Me lo dijo don Juanito Huenehuque, que es un caballero. Entonces les dije bueno, vean ustedes, si la dueña lo quiere vender yo termino antes el arriendo y me voy no más. Pero yo sé que la señora no lo vende, y hasta lo que yo sé, no pueden obligar a nadie a vender un campo ¿O sí? No se puede. Entonces, ella es la que tiene que decidir esas cosas. Ahora, lo único que hago yo es que cuido mi trabajo y el de mi gente, que es sembrar lo que colocamos sobre la tierra y nuestras cosechas, nada más. Yo no arriendo la Parte Forestal, por ejemplo. Yo me preocupo de lo mío no más”, dice José Emilio Chahín. 

Para Juan Huenehuque, el líder la comunidad Liempi Colipi aludido por Chahín, el hermano del timonel DC no ha cumplido el compromiso que realizó cuando llegó al lugar. “Nos dijo que arrendaría por siete años y que la señora le daría un año de gracia, que el negocio le convenía. Hasta el día de hoy, llevamos nueve años y el hombre sigue en el fundo”, dice.

“Lo único que quiere es seguir sacándole provecho a este fundo y que nosotros no podamos entrar. Cuando él llegó nosotros le dijimos ‘sabe señor Chahín, hicimos una demanda al Estado, ganamos, por tanto la tierra es de nosotros, estamos esperando que la señora Lyon acepte la plata que le entregue Conadi para nosotros ingresar. Me dijo ‘no me interesa, yo quiero trabajar el fundo, si la señora no quiere vendérselo no es problema mio’. Le pedimos que por favor no, porque iba a obstaculizar este proceso de negociación”, dice Huenehuque.

Huenuhueque también explica que la propietaria María Luisa Lyon ya no dialoga con la comunidad. “Creo que cambió de opinión, ella es la dueña con escritura, nosotros los dueños ancestrales”.

Los lucrativos pinos de María Luisa Lyon

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Deforestación de pinos en el Fundo Santa Filomena. Fotografía Catalina Mundaca. .
Deforestación de pinos en el Fundo Santa Filomena. Fotografía Catalina Mundaca. .

Según señala el Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces desde el año 1956 María Luisa Lyon es dueña del fundo Santa Filomena, luego de adquirir mediante herencia alrededor de 600 hectáreas.

Integrantes de la comunidad Liempi Colipi comentan que diariamente, antes de la toma, salían camiones cargados de madera desde el fundo, provenientes desde las plantaciones de pino las cuales han sido reemplazadas por bosque nativo. Dichas forestaciones generan diversos impactos negativos en el medio ambiente, como la afectación a la biodiversidad de la flora y fauna, así como los recursos hídricos del territorio. 

Lyon figura como accionista con menos del 1% de la propiedad de Empresas CMPC S.A. Esto equivale a 85 millones de dólares, puesto que la revista FORBES (Global 2000) en su publicación de 2019, comunicó que el valor de mercado de la empresa corresponde a 8.500 millones de dólares.

Según un artículo de la BBC, estas plantaciones son de crecimiento rápido, al igual que el eucalipto, y pese que representan una amenaza para las especies nativas, existen por una razón económica, puesto que elevan la productividad de los suelos, satisfaciendo la demanda de productos derivados de los bosques, como la madera y la celulosa, aunque producen sequedad en el suelo y en las napas de agua subterránea. 

“A este fundo solamente se le ha sacado dinero, nada más. Porque tienen donde sembrar sus pinos, sus eucaliptos. Tienen donde cosechar. Este fundo es muy rico -o lo era- en agua, esteros, ríos, canales que pasaban, pero gracias a los pinos todo eso ya se han ido secando. Entonces, para la crianza de cabezas de ganado era muy favorable, pero hay muchas cosas que ya no están. Ya no están los esteros, hay muchas partes que ya no están como antes. Las praderas ya están divididas, que eran hermosas y hoy están llenas de pinos. Ellos se han hecho ricos a base de eso. De explotar la tierra”, comenta Doris Huenuhueque Soto de la comunidad Liempi Colipi. 

Títulos de merced: armas de doble filo

Corría el año 2007 cuando Juan Huenuhueque recordó que la familia Lyon construyó lo que describe como un chalet o casa patronal. “Todas nuestras familias trabajaron allá y les daban un poco de comida. Mi comunidad completa eran los mozos que tenían estas personas que llegaron a poseer nuestras tierras, pero ya no somos mozos de ellos”, reflexiona.

“Nos criamos humillados hasta decir basta. Nuestras tierras que están en manos de ricos, que viven en Santiago y vienen un par de días a veranear”, dice el lonko.

Ese año Huenuhueque organizó una reunión masiva y tomaron la decisión de demandar al Estado. “Ganamos, porque logramos reunir muchos antecedentes. Dijeron que nos entregarían 1.000 hectáreas y aún no cumplen y por eso tomamos esta decisión de ocupar, porque nos cansamos de dialogar y tocar puertas. La Conadi nos dio la aplicabilidad, pero hemos sufrido mucho”, dice el lonko.

Relata que en el actual territorio que reivindican vivieron sus abuelos y bisabuelos. “El Estado nos usurpó las tierras, antiguamente esta comunidad vivía en 3.000 hectáreas y pasamos a vivir a 186 hectáreas, 118 familias”.

Según señala el libro Cartografía Cultural del Wallmapu (LOM ediciones, 2019) la comunidad Liempi Colipi quedó registrada a nombre de Carmen Paillao, viuda de Liempi y Mateo Colipi que desde el año 1899 comenzó a realizar la solicitud.

“La extensión territorial ancestral del lof hoy alcanza un total de 33.752 hectáreas, lo que contrasta con las actuales 186 hectáreas de tierra que le asigna el título de merced, las que corresponden apenas al 0,55% del territorio ancestral”, establece la investigación.

Mediante el título de merced número 1.546 del 07 de mayo de 1901, y datos cruzados de topónimos, cementerios indígenas, testimonios orales y el número de rol de la comunidad -que es el mismo que tiene el fundo Santa Filomena (202)- la comunidad logró la aplicabilidad que les reconoce el terreno ante la Conadi. Además, en el Informe Jurídico Administrativo del caso, se acredita que la comunidad Liempi Colipi presenta una problema de tierras contemplado en el artículo 20, letra B de la Ley 19.253 (Ley Indígena), la cual establece "financiar mecanismos que permitan solucionar los problemas de tierras, en especial, con motivo de cumplimiento de resoluciones o transacciones, judiciales o extrajudiciales, relativas a tierras indígenas en que existan soluciones sobre tierras indígenas o transferidas a los indígenas, provenientes de los títulos de merced o reconocidos por títulos de comisario u otras cesiones o asignaciones hechas por el Estado en favor de los indígenas".

Ante ello, la Conadi actual responde que la aplicabilidad depende del gobierno de turno y que por título de merced solo les corresponde 186 hectáreas. Asimismo, comunican que el organismo compró 600 hectáreas el año 2014 para la comunidad.

“Las comunidades indígenas son quienes presentan los predios que quieren reivindicar ante Conadi para iniciar un proceso de compra. Ellos son los que los eligen de acuerdo a sus necesidades mediante un acta firmada por los socios. La mencionada comunidad indígena tiene una compra grande hecha hace poco tiempo de casi 600 hectáreas, la cual triplica su título de merced original en superficie adquirida, por lo que su demanda ancestral estaría ya cubierta. Siempre como institución se privilegia comunidades que no tengan compras previas. Como Conadi por ley no podemos negociar predios tomados o en conflicto porque Contraloría no lo permite", explican desde la institución.

El lonko Huenuhueque contradice la versión de Conadi: “Nos impusieron la compra de otros fundos, quisieron evitar problemas negociando con este fundo, por eso nos derivaron a otros lados. Esa tierra sí la estamos ocupando, con siembra y crianza, pero siempre hemos luchado por este territorio. Llegaremos hasta la muerte, nosotros no nos vamos a salir. Al Estado se le acabó la credibilidad”.

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Título de Merced de la comunidad Liempi Colipi. Documento adquirido en el Archivo General de Asuntos Indígenas (Conadi).
Título de Merced de la comunidad Liempi Colipi. Documento adquirido en el Archivo General de Asuntos Indígenas (Conadi).

Por su parte, José Emilio Chahín, plantea que “hay cumplir la ley como está redactada; compensar la misma cantidad de hectáreas, para comprar las quinientas hectáreas o mil hectáreas que les faltan, pero tienen que buscar un campo que se venda. A mí me parece correcto que ellos negocien el campo que les guste, que la Conadi se los vea, bien, que traten con el dueño, si es que lo quiere vender, bien. Pero si no lo quiere vender, no lo vende, no lo pueden obligar”.

El investigador Miguel Melin Pehuen, quien fue parte del estudio de la cartografía cultural y territorial de Curacautín, explica que el fundamento mapuche para la recuperación territorial se basa mucho más en el argumento del Convenio 169 de la OIT vigente en Chile que habla de las tierras ancestrales, que en la Ley Indígena, que se basa en los títulos de merced.

“Los títulos de merced son los documentos del despojo territorial del cual fuimos víctimas como pueblo mapuche entre fines del siglo XIX y principios del XX, cuando el Estado confiscó y despojó al pueblo mapuche del Wallmapu. A los sobrevivientes de esta guerra de ocupación y exterminio, les entregó estos títulos, como un regalo, desplazándolos a distintos territorios en las tierras menos aptas para la ganadería y cultivo. Entregaron aproximadamente 3.000 títulos de merced”, señala el profesor de estudios interculturales.

Un día en la comunidad Liempi Colipi

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Ceremonia de la comunidad Liempi Colipi. Fotografía Catalina Mundaca
Ceremonia de la comunidad Liempi Colipi. Fotografía Catalina Mundaca

Son cerca de las siete de la mañana del sábado 14 de diciembre de 2019. Los integrantes de la comunidad mapuche Liempi Colipi de Curacautín comienzan a llegar el Fundo Santa Filomena para realizar una rogativa debido a que cumplirán un mes en la toma. Quienes durmieron en el lugar ya encienden el fuego para calentar agua para los mate.

Llegan familias completas, todos aportan con rokin (alimentos) que instalan al frente del rewe como señal de agradecimiento. Algunas mujeres terminan de amasar las sopaipillas sin zapallo, como es tradición en la cultura mapuche. Roberto Cheuquepan las va friendo.

“Nuestra lucha es justa, muertos nos iran a sacar el Estado o las Fuerzas Especiales”, enfatiza el lonko Juan Huenuhueque tras dirigir el llellipun, una rogativa mapuche que busca prepararse espiritualmente para alguna acción. Ese día pidieron tener newen (fuerza) para continuar con la recuperación territorial.

Segundo Huenuhueque Cheuquepan (65 años) trabajó cuando era niño en el fundo, dice que tenían buenas relaciones con los jefes, “a pesar de que esas personas tenían mucho poder”. Recuerda que podían circular libremente por el predio, pero desde la llegada de José Emilio Chahín “se cortaron las relaciones, nos prohibió entrar, quisimos dialogar cuando llegó, pero nunca fue nada favorable”.

Luego de la ceremonia los integrantes de la comunidad se reúnen alrededor del fuego, recién se puede comer, debido a que ya le agradecieron a la ñuke mapu (madre tierra). Los niños juegan con wiños, el bastón de madera para jugar palin. Sale el sol y por momentos juegan con aguas y piedras en un canal.

“Estoy apoyando a mi peñis (hermanos) acá, porque yo ya fui beneficiado con tierras”, dice Domingo Zuñiga (68 años), quien desde el año 2011 participa en el proceso de recuperación. Zuñiga recuerda que cuando conversaba con su padre, él le contaba que cuando era niño vio cómo instalaban los cercos en el Fundo Santa Filomena con Carabineros armados quitándole alrededor de 1.000 hectáreas a la comunidad.

Cerca de las 11 de la mañana dos tractores intentan entrar al Fundo Santa Filomena para cosechar el pasto. Los weichafe corren rápidamente, juntan madera y arman una barricada en una de las entradas principales del fundo. 

El arrendatario José Emilio Chahín califica estas acciones como violentas. “Cortaron árboles, hicieron fuego, no dejaban entrar, cortaron la entrada de allá. No podíamos entrar nosotros a trabajar, no pudimos entrar durante cuánto tiempo… quince días”, dice. Según señala, los 120 animales que tenía en el fundo, los trasladó a otro de sus campos. Acusa que la comunidad mató a cinco animales, situación que niegan desde Liempi Colipi, para quienes su principal preocupación es que sus trabajadores entren a cosechar el pasto.

“Tengo compromisos que pagar. Porque tengo que pagarle a los bancos, tengo que pagarle sueldos a la gente, tengo que pagar combustible, tengo que recuperar la plata invertida, que son 90 millones de pesos acá”, agrega Chahín.

Tras el fallido intento del ingreso de los tractores, el lonko Juan Huenuhueque se acercó a la casa del cuidador donde se turnan diariamente los tres carabineros mandados por orden de María Luisa Lyon. Huenuhuque les planteó a los policías que ya le habían comunicado en reiteradas ocasiones a Chahín que no se podía hacer ingreso y que por seguridad de todos, era mejor que ellos estuviesen al tanto. El uniformado se comprometió a llamar a la central para comunicar la situación a la base de Curacautín. El diálogo terminó con un apretón de manos. 

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Fundo Santa Filomena, la comunidad impide que ingresen los tractores. Fotografía Paula Huenchumil
Fundo Santa Filomena, la comunidad impide que ingresen los tractores. Fotografía Paula Huenchumil

 

“Yo hago cumplir la ley, porque si yo necesito que se desaloje algo que la ley me lo permite, tendré que hacer cumplir la ley. O sino los tribunales. Ahora, si no cumplen... Es problema de Carabineros cómo lo hacen cumplir. No es mi responsabilidad, es responsabilidad del que está usurpando el predio, y del que lo desaloja”, expresa Chahín.

La comunidad Liempi Colipi se organiza juntando dinero y uno de los integrantes va en su camioneta a comprar un cordero, lo cuelgan ya muerto y comienzan a sacarle el cuero. Otros preparan ensaladas. La ocupación sigue siendo indefinida y ese lugar se transformó en la casa de aproximadamente 100 familias que se turnan para realizar lo que denominan como una recuperación justa y territorial.

“El recuperar nuestra tierra es volver a nuestras raíces. Hablan tanto del medio ambiente y aquí solo vienen a destruir nuestro territorio. A nosotros la tierra nos da fortaleza”, dice Segundo Huenuhueque.

“Estamos haciendo uso del territorio que nos pertenece. No tiene fecha de término. El recuperarlo sería demasiado significativo para todos nuestros antepasados y para nosotros que estamos conociendo la verdadera historia que pasó aquí, de la usurpación”, dice la werken (vocera) Doris Huenuhueque Soto de la comunidad Liempi Colipi del Lof Contue de Curacautín. 

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